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Tené en cuenta que es una fantasía #2

fictograma [Unofficial] June 22, 2026
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La niña de la ventana del tercer piso.

Hace tiempo me columpiaba entre el trabajo y la depresión, eran días de escrutinio perdiendo el pelo y el pudor.

Bajaba una escalera, tres pisos que mataban mis pies. Estos edificios tan nefastos no me dejaban respirar.

En el segundo piso había unas barras metálicas en el pequeño balcón de las escaleras, un buen lugar para fumar.

Ahí me detenía a mirar el cielo pues el pequeño espacio entre los tres edificios que pululaban ahí no dejaba ver ápice de tierra.

Vivía ahí pero no conocía a alguien realmente. Aunque habían pasado años y años dejando las colillas en aquel lugar.

Tosí varias veces hasta sentir mi garganta desgarrarse.

Un día bajando aquella tortuosa escalera me detuve como siempre en aquel lugar, mirando una jaula de periquitos que aquel lugar en medio habitaban.

Puse el cigarro en mi boca y saqué el mechero preparado para hundirme en la miseria.

Apreté la rueda con fuerza encendiendo el mechero y una llama ardió frente a mí, los periquitos hacían ruido como si en días no hubieran comido.

No lo pensé mucho, el cigarro encendido en mis labios esperaba ferviente volverse ceniza.

Mi vista se levantó hacia arriba como si algo me hubiera llamado… Estaba ahí, una niña color cielo, flaca, con cabellos largos mirándome con ojos negro azabache.

Movía su cabeza apenas dándome una sonrisa de picardía mientras intentaba alcanzar el cielo con su mano.

No fumé ese día.

Me di la tarea inalcanzable de parecer un adulto responsable aunque internamente solo fuera otra excusa para ocultar mi mediocridad.

Sus colores cambiaban, algunos días eran más cálidos otros más fríos, a veces me saludaba antes de que yo llegara y otras yo la sorprendía… Más que estaciones sus colores eran el arcoíris que vi de niño en aquel lote baldío y desolado al que alguna vez llamé hogar aunque ahora solo perros caminaban sobre la tierra de allí.

Uno de esos días me detuve completamente a observarla, me aferré a aquellas barras frías y saqué mi lengua. Ella devolvió el gesto sacándome una sonrisa aunque pequeña apenas.

No fumé ese día.

Los meses pasaron y llegó el invierno, los periquitos se juntaban en sus ramas falsas para calentarse.

Me quedé observándolos un rato pues la pequeña niña de la ventana dejó de hacer presencia luego de que roja se pusiera su nariz.

No fumé ese día.

Era el día de fin de año, como esclavo trabajé hasta el reducto del día, aquella nieve me acompañaba en las escaleras.

Los periquitos hoy estaban callados, incluso al picotear la comida.

Tosí brevemente al estornudar sintiendo picazón en la garganta antes de hablar.

—Feliz año nuevo. —Un viento frío impactó mi rostro, aquella pequeña niña me miró otra vez. Saludándome con su mano mientras sonreía como si a sus oídos mis palabras llegasen.

Hoy era negra como la noche que me persiguió hasta ahí, aunque en su cabello una cinta azul brillaba danzante.

Ese día… no fumé.

El día siguiente todo estaba forrado de blanco, las escaleras eran frías, sin luces. Me paré en aquel lugar aunque tiritaba de frío, los periquitos hacían ruido otra vez.

Saqué mi mechero, lo dejé encendido en el borde de aquel balcón donde la nieve acumulada se derritió a su alrededor.

No sé si logró ver aquel mechero o si fue solamente mi ilusión, pero la niña de la ventana del tercer piso cerró su ventana para siempre.

Aquel día yo era azul.

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