Los Viajes de Shin
Capitulo Quince: Bestia
La lluvia de artillería atravesaba el vacío del agujero sin ningún sonido de por medio más que el del propio fuego de la nave.
No había explosión. Solo la vista de la munición entrando hacia la oscuridad y desapareciendo.
La turbulencia sacudía el pequeño transporte con fuerza. Su contraparte mantenía las manos firmes en los mandos pero poco podía hacer ante la corriente que comenzaba a arrastrarlas hacia el agujero y el cinturón de escombros que amenazaba con golpearlas.
El gran destructor también era arrastrado poco a poco, incluso con sus enormes motores a máxima potencia, dejando un fuego azulado verdoso por detrás que no alcanzaba para detener su deriva.
El agujero crecía. Tragaba los escombros que lo orbitaban uno a uno.
—¿¡Qué es esa cosa!?
Gritó su contraparte entrando en pánico al no poder detener el arrastre por más que pusiera la nave a máxima potencia.
Shin pateó la puerta a su lado desprendiéndola. Salió volando hacia el agujero y desapareció al instante. Se asomó hacia afuera tomando con fuerza el borde de la cabina con una mano mientras miraba hacia adentro. Su cabello se alborotaba ante la fuerza de succión. Estaban cerca.
El gran destructor pasó a su lado descargando toda su artillería. Poco servía contra algo que se comportaba como un agujero negro.
No pasó un segundo más cuando una onda salió del interior del agujero, tan fuerte que sacudió ambas naves y las alejó lo suficiente para no ser tragadas, desestabilizándolas en el vacío y casi lanzando a Shin hacia afuera antes de empujarla de vuelta al interior de la cabina.
Se sacudió la cabeza, aturdida. Los controles de la nave no tenían ninguna luz encendida. La alarma había cesado.
—No tenemos energía —comentó su contraparte con la voz tensa mientras volvían a ser arrastradas hacia atrás.
El destructor también parecía apagado. Había cesado su ataque y flotaba dando lentas vueltas a su lado, igual que ellas.
Todos los escombros que rodeaban el agujero habían sido tragados. Desde el planeta, las nubes comenzaban a ser absorbidas en un remolino que subía hacia él.
Ambas se asomaron por cada lado de la cabina mirando hacia adentro cuando poco a poco comenzó a salir del agujero una masa carnosa. Tentáculos amorfos con extrañas aberturas llenas de colmillos tan grandes como el destructor mismo. Salían serpenteantes, uno a uno, de tamaños imposibles de calcular, con un sonido de crujidos húmedos mientras se estiraban y contraían.
En el cuerpo de ambas algo se apretó al mismo tiempo. Un instinto ajeno a cualquier entrenamiento.
Era como enfermar de un segundo a otro, un mareo vomitivo que crecía a medida que más de esas cosas brotaban del agujero. El cerebro mismo parecía resistirse a procesar la vista, como si no hubiera espacio en él para algo así.
El destructor, más cerca del agujero, fue tomado por varios tentáculos que lo enredaron como si fuera un juguete y lo partieron en pedazos, arrojándolos hacia el centro. Algunos tripulantes flotaban muertos o agonizando en el vacío, todos con el mismo destino: las bocas de los tentáculos o el agujero mismo.
Su nave también se acercaba y ninguna de las dos podía moverse. Sus cuerpos no respondían. Como si en lo más profundo de ellas hubiera un miedo existencial que anulaba todo lo demás.
Mientras luchaban por salir de ese trance el agujero seguía creciendo, tragando las nubes del planeta desde abajo, y los tentáculos no dejaban de multiplicarse.
Entonces un estruendo las sacudió desde el lado opuesto, arrastrándolas hacia atrás.
Al alejarse un poco sus cabezas se despejaron. Lentamente, pero podían moverse.
Su contraparte comenzó a vomitar de manera descontrolada en el vacío mientras Shin miró hacia atrás y dejó salir un sonido gutural al ver cómo el espacio mismo comenzaba a quebrarse en silencio, una rasgadura de color morado oscuro que se abría como una boca generando otro agujero. Del que también comenzaban a salir esas cosas.
Estruendo tras estruendo las azotaba. Hacia donde alcanzaba la vista, en el vacío espacial, más y más agujeros se abrían. Ambas quedaron atrapadas en un mar de bestias a merced de algo que no tenía nombre ni forma comprensible.
Shin se metió a la cabina y tomó a su contraparte arrastrándola hacia adentro también.
Esta seguía vomitando incluso cuando ya no tenía nada que expulsar.
—¡Reacciona!
Le gritó sacudiéndola del hombro mientras con la otra mano intentaba poner en marcha la nave.
Nada respondía. Golpeó el panel con el puño hundiéndolo sin lograr nada.
Miró alrededor. El espacio entero estaba cubierto de agujeros con tentáculos saliendo de ellos, cada vez más enormes. El planeta comenzaba a ser arrastrado hacia los diferentes agujeros, consumido poco a poco. Incluso su luna era despedazada por la fuerza de arrastre.
Shin miró a su contraparte, que se limpiaba la boca despacio, pálida, con la vista perdida sobre los controles.
—¡Tenemos que salir de aquí!
—¿Hacia dónde?
Lo dijo sin mover la vista, con una voz baja y sin fondo.
Shin la tomó del hombro y la giró para mirarla a los ojos.
—¡Hacia adentro de esas cosas!
Las palabras encendieron algo en los ojos de su contraparte.
Con fuerza apartó su mano y se echó hacia atrás.
—¡Esta Demente!
—¡Escúchame! Yo estuve dentro del lugar de donde salen esas cosas. —Se ajustó mirándola fijo— Si no lo hacemos moriremos.
El rostro de su contraparte tembló un poco. Miró el apocalipsis a su alrededor durante varios segundos antes de asentir de manera resignada.
Ambas salieron de la cabina y se pusieron de pie sobre el techo de la nave, manteniéndose en equilibrio mientras buscaban el agujero más cercano.
—¡Ahí! —gritó su contraparte apuntando hacia abajo donde uno recién comenzaba a formarse, sin tentáculos saliendo todavía.
Shin asintió y caminaron hasta la cola del transporte con pasos lentos y tambaleantes.
Quedaron de pie lado a lado mirando hacia abajo.
Su contraparte la miró a los ojos, tomó aire y asintió con la cabeza preparándose para saltar, pero un agujero se abrió justo sobre ellas con una onda estruendosa que las sacudió a ambas.
Perdieron el equilibrio y cayeron.
Shin logró aferrarse a la cola de la nave con los dedos que por la fuerza se hundieron en el metal. Su contraparte no tuvo la misma suerte. Cayó un poco dejando salir un grito de miedo antes de quedar flotando unos segundos, para luego ser arrastrada hacia arriba por el agujero que se había abierto sobre ellas.
Shin se impulsó desde su agarre intentando tomarla, pero la cola de la nave se desprendió y ella también fue arrastrada hacia arriba, justo por debajo de su contraparte que se sacudía en el vacío.
—¡Toma mi mano!
Su contraparte se giró hacia ella estirando el brazo, buscando tomarse antes de entrar al agujero. No estuvieron cerca de rozarse los dedos cuando varios tentáculos salieron del agujero directamente hacia ellas.
Su contraparte se giró hacia ellos.
—¡Kurda!
Lo gritó con desesperación envolviéndose en llamas verdes. No fue suficiente.
Uno de los tentáculos la golpeó con tal fuerza que separó su cabeza en dos. Otro la atravesó y la partió por la mitad. Un tercero devoró lo que quedaba.
Shin lanzó un grito horrorizado apartando la vista en el mismo instante en que otro tentáculo venía hacia ella. Lo tomó con ambas manos, sintiendo la textura carnosa, helada y viscosa, y la fuerza abrumadora de algo que no debería existir.
Apretó con todo lo que tenía para no soltarse. Apoyó los pies en la superficie del tentáculo y se impulsó con toda su fuerza hacia el agujero.
Miró hacia atrás por última vez.
El torso de su contraparte flotando en el vacío.
Elisium siendo consumido.
Y luego la oscuridad.
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