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Los Viajes de Shin

fictograma [Unofficial] May 25, 2026
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Capitulo Diez: Porque tú eres real

Ambas se sostenían la mirada fijamente. Los ojos rojos de Shin conectaban con los de su reflejo perfecto sin poder distinguir bien el color en aquellos ojos al otro lado de las llamas.

Ambas jadeaban, no por esfuerzo sino por una molestia sorda en el estómago y la cabeza que las aturdía mientras se negaban la una a la otra.

La Shin de armadura roja levantó un dedo hacia ella con expresión de disgusto.

—Ya estoy harta de tus juegos, Loky… —Con esa misma mano desenvainó su espada y la giró en la palma— Eres solo otro dios rastrero que se rehúsa a morir…

Shin entrecerró los ojos y levantó las manos lentamente con las palmas abiertas, poniéndose un poco más derecha con las llamas ardiendo entre las dos.

—Aguarda… no sé de qué estás hablando… —Extendió la mano hacia ella con calma— Podemos… hablar…

—¡Vete a la mierda, Loky!

Sin más, su contraparte se lanzó sobre ella con la espada a dos manos y un tajo descendente que Shin logró esquivar saltando hacia atrás, resbalando sobre la nieve.

—¡Detente!

Su voz salió con urgencia mientras intentaba procesar la situación entera de un golpe. Una situación de ilusiones y espejos reales que no debían existir.

Su contraparte no hacía nada más que atacar, furiosa, lanzando gritos con cada tajo que intentaba darle.

—¡Muérete de una maldita vez!

Gritó al ser esquivada mientras Shin seguía retrocediendo con pasos desequilibrados hasta que su espalda chocó contra el tronco de un árbol deteniéndola en seco.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando vio la hoja venir directo hacia su cabeza. Se desvaneció en el último segundo dejando plumas negras que se disolvían en el aire mientras la hoja de su contraparte partía el árbol en dos.

—¡Loky!

El grito subió hacia el cielo con una fuerza que sacudió la nieve en las copas de los árboles.

Shin reapareció detrás de ella envuelta en plumas que se desvanecían, tomando una postura firme y defensiva.

—¡Te dije que te detuvieras! —gritó también, en un choque de voces iguales— No me obligues a callarte por las malas…

—¡Púdrete!

Respondió su contraparte con más fuerza aún mientras el casco volvía a acomodarse en su cabeza y apretaba ambos puños.

Cuando puso la espada apuntando hacia Shin, la hoja se prendió en llamas verdes que comenzaron a consumir todo su cuerpo, envolviéndola en un aura de fuego que ardía con una luz casi hermosa.

—¡Kurda!

A su orden las llamas se intensificaron, prendiendo el bosque a su alrededor y volviendo el aire sofocante para Shin, que solo podía observar con una fascinación que no quería sentir. Había algo en ese poder que reconocía desde adentro, desde algún lugar que no sabía que tenía.

Cuando por fin vio a su contraparte lanzarse hacia ella tuvo que desvanecerse otra vez, apareciendo esta vez cerca del cadáver del hombre muerto en la nieve.

Rápidamente tomó la espada del cuerpo frío y la blandió con ambas manos quedando frente a frente contra una guerrera envuelta en fuego que quemaba hasta el aire a su alrededor.

Shin tomó aire despacio para concentrarse, despegando la mente de lo que estaba viviendo y entrando en ese estado que había practicado desde sus primeros años como militar. El estado donde solo existía el oponente y el siguiente movimiento.

Su contraparte giró la espada en la palma una vez, luego otra, caminando hacia ella ahora como hacia un rival real.

—No te basta con robar mi rostro… —Apretó la espada con ambas manos y la levantó por encima de la cabeza— Ahora también robas el arma de mi hermano…

—Haré que me escuches… —Shin giró la espada dejando el filo hacia atrás en su costado y se agachó levemente— Aunque tenga que romper mi propio rostro para conseguirlo.

Sus ojos rojos se encendieron con un leve resplandor entre un bosque que ardía en llamas verdes consumiéndolo todo.

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