Restos de Almas Rotas: Capítulo 23
Capítulo 23
Mariposas
Son las 8 de la mañana. La cocina del campamento está a rebosar de personas. Es un lugar abierto con una sola muralla cubriendo un lado del edificio, hay mesas de madera en varias filas a lo largo junto a sus respectivas bancas en cada lado y una gran estufa con forma de pirámide en el centro, que parece ser un calefactor de exterior. Ya hay personas sentadas comiendo, entre 20 y 25 personas de todas las edades y géneros, incluso niños.
Aiden y Erina están formados en una fila que termina en una recepción, en cuyo fondo está la cocina, hay más personas dentro, y la que da las raciones es una mujer mayor, de unos 60 años. La fila avanza con relativa agilidad en lo que preparan las bandejas con los alimentos.
—¿Pero si estás bien o no? ¿Qué más te dijo el médico?
—Fueron muchas cosas de golpe, y no sé si creer la mitad de ellas, pero supongo que no tenía malas intenciones.
—¿Por ejemplo?
Aiden está tras Erina en la fila, quien camina de lado mientras conversan.
—Después puedo hablarte de eso, que es algo privado.
—Ay, pero…
—Has estado nerviosa todo este rato intentando sacarme conversación, ¿Estás bien?
—Este, sí, o sea, ¿Por qué no? —Suelta una risilla.
Erina mira hacia las mesas con gente, ve hacia todos lados antes de hacerle una seña con su mano a Aiden para que se acerque, y este, agacha la cabeza para escuchar lo que tiene que decir.
—Es que me pone nerviosa ver tanta gente… No me gusta —susurra en su oído.
—¿En serio? —dice sin bajar su tono de voz.
—Oye, shhh —susurra otra vez con un poco más de intensidad.
—Bueno, bueno, pero ¿Por qué?
—No sé, es que… Solo me da cosita y ya.
—No pensé que fueras tan cobarde.
—Oye, que yo le di unos buenos balazos en la cabeza a esa cosa de ayer y ahí me quedé.
—Me refiero a otro tipo de valentía, pero ya da i—
Un hombre mayor que estaba justo detrás de ellos les llama la atención aclarando su garganta con fuerza. Su intercambio de susurros se ve interrumpido y Erina corre al frente de la fila al darse cuenta de que ya no hay nadie delante. Aiden se endereza de golpe y se disculpa con el hombre para luego seguir caminando hacia el frente.
Antes de llegar, Aiden ve como la señora le entrega una bandeja con comida a Erina, y ella sin decir nada, agacha la cabeza en un gesto afirmativo como si estuviera dando las gracias y se aleja rápido hacia un lado.
Ni siquiera le dio bien las gracias, Erina, no te olvides que somos invitados aquí.
Siendo ya su turno, Aiden se acerca a la ventanilla. Estando ahora cerca, se puede ver con claridad, hay mujeres mayores en la cocina, todas están haciendo su parte, una lavando los trastes, otra preparando los platillos, y otra—
—Tú debes ser el muchacho del que Raél me habló, ¿cómo estás?
La mujer le habla con una naturalidad que sorprende a Aiden, un tono amable, como si ya lo conociera.
—B-bien, gracias.
—Uy, pero mírate, estás todo golpeado, debiste haberla pasado muy mal antes de llegar aquí, qué suerte que nos encontraron, ¿No?
—Supongo.
Me recuerda a… No, no realmente.
La mujer esboza una sonrisa tierna. —Ten.
Le acerca una bandeja con comida, que, comparando con las demás, tiene una porción notablemente más grande.
—Pero—
—Raél me dijo quién eras, así que supuse que comes mucho, me tomé la libertad de darte algo más de comida, espero que no sea mucha.
—N-no, no lo es, me preocupaba ser una molestia.
—Que honesto eres… Pero no te preocupes, mientras yo esté en la cocina no quedarás con hambre, ¿Entendido?
Aiden queda con la boca abierta, pensando en qué decir.
—E-está bien, gracias…
—Estupendo, ahora ve a sentarte con la muchachita con la que venías, se notaba que la pobre lo estaba pasando mal, seguro que quiere tu compañía.
—Lo haré, gracias de nuevo —Da una pequeña reverencia con la cabeza y se retira de la fila.
Siento algo bonito en el pecho, ¿por qué…?
No importa.
Aiden se aferra a la bandeja metálica, con toda la comida que hay, fácilmente pesa un par de kilos. A unos pasos de la cocina, está Erina de pie sosteniendo su bandeja; mira hacia todos lados como si estuviera buscando algo, hasta que Aiden se cruza en su campo de visión.
—Te tardaste… Ven, vamos, ahí hay un espacio libre.
—Bueno, bueno.
El ruido del comedor oculta casi cualquier conversación cercana, los choques de la loza con los cubiertos, los ocasionales golpes de los vasos de vidrio sobre la madera, todo termina por dar un aire de familiaridad ajeno a la crueldad del exterior. Como si fuera un mundo diferente.
Ambos toman asiento en un rincón desocupado. Erina se sienta contra una de las paredes, mirando hacia el resto del comedor y evitando estar cerca de cualquiera, y Aiden simplemente se sienta de frente, con su vista bloqueada por la pared y sin prestarle atención al resto del lugar.
—Oye, te sirvieron un montón, y tú tan tímido que decías ser, vas y le pides más comida a la pobre mujer.
—Yo no se lo pedí, Raél le habló de mí, así que supongo que algo le tuvo que decir.
—Pues tiene sentido, ¡a comer! —Sonríe con emoción.
Aiden también se sumerge en su bandeja. Tiene una porción generosa de arroz con, al parecer, un guiso de diferentes tipos de carne, un trozo de pan integral, un pequeño cuenco de madera lleno con ensalada de tomate y lechuga, y un vaso de vidrio relleno con…
¿Jugo…?
Aiden huele el vaso.
De durazno, qué rico…
Le da un sorbo pequeño para probarlo.
Es jugo en polvo… Está bueno de todas formas.
Terminar de examinar su bandeja le da el pistoletazo de salida para comenzar a comer. Comienza con la ensalada. Luego vierte una porción de guiso sobre el arroz, pero antes de probarlo, unta un poco de pan en el caldo. Finalmente, alterna el arroz con los sorbos de jugo, todo en aquel orden específico como si fuera un ritual metódico.
—Sí que tenías hambre, y eso que ya habías comido algo en la casa —Interrumpe Erina.
Aiden murmura en tono de pregunta y voltea los ojos hacia ella, quien había dejado de comer un momento. Él traga y responde.
—Es que me había levantado temprano, y no hemos tenido una cena en condiciones en días.
—Bueno, tienes razón. Pero ¿A qué te habías levantado temprano?
Aiden se detiene en seco.
—Me dijiste que hablarías con la verdad —Habla Erina interrumpiendo lo que Aiden iba a decir.
—Lo sé… Me levanté porque no podía dormir, solo es eso.
—No es solo eso —Juega con su cuchara —. esa no es una explicación, dime ¿Por qué no podías dormir?
Aiden mira su bandeja con comida al bajar la mirada.
No quiero que esto se ponga incómodo de nuevo, pero también le prometí que ya no le ocultaría nada… Bah, no debería ser para tanto.
—Estaba… No podía dormir porque me dolía todo el cuerpo, así que me levanté, comí algo, limpié mi espada y me bañé, eso es todo.
—O-oh. Creo que no debí haberte… —Se detiene antes de seguir y desvía la mirada hacia su plato.
—Ah, no, no fue eso, no te preocupes. Mis heridas están sanas, es solo que aún las siento como si estuvieran abiertas, pero es solo dolor.
—¿E-el médico te dio algo para eso?
—Si, un plástico con pastillas de codeína.
—¿Y qué es eso?
—No lo sé… Algo para el dolor supongo.
Ante su respuesta, Erina saca su celular de su bolsillo y teclea algunas cosas.
—Ah, sí, es un medicamento para el dolor que solo se entrega con receta. Para tratar dolores que los analgésicos comunes no pueden aliviar, además de para suprimir la tos. Está bajo receta médica ya que puede ser adictiva por derivar del “Opio”
—¿Opio? ¿La droga? ¿De dónde sacaste esa información?
Erina oculta su sonrisa. —Antes de que el internet se fuera, descargué una enciclopedia completa para casos como este, inteligente ¿Verdad?
—No se me había ocurrido, sí que es útil, pero ¿cómo tienes batería?
—Cargándolo pues, hay electricidad aquí.
—Me refería a que ¿estuviste con un cargador en la mochila todo el tiempo?
—Sip, pero uno chiquito para que no estorbara.
Aiden entrecierra los ojos un momento y afirma con la cabeza un par de veces, dándole la razón.
Vuelve a su comida otra vez, Erina está jugueteando con su celular, cuando de repente se escucha un sonido de captura proveniente de este.
—¿Qué fue eso?
—¿Qué fue qué?
—Eso, ¿Tomaste una foto?
—Emm… S-sí, del lugar, para tenerlo de recuerdo.
—Ah, bueno, está bien —Baja la mirada otra vez y sigue comiendo.
Sí, es eso, pensé que podría haberme tomado una foto a mí.
Que arrogante soy…
Erina baja la mirada y guarda su celular, pareciera que oculta algo. Al ponerlo en su bolsillo vuelve a mirar su bandeja con comida y prosigue con el desayuno.
Aiden está completamente sumergido en su comida, y Erina desvía su atención constantemente entre su plato y los alrededores.
Algunas personas se levantan de sus asientos y otras toman su lugar, y aunque nadie se sienta cerca de ambos, no saben si llamarlo suerte.
Erina nota unas voces de entre toda la multitud, vienen de los asientos tras Aiden. Aquellos murmullos son débiles, pero Erina les presta toda la atención que puede para alcanzar a distinguir las palabras sin subir la mirada.
—¿Y qué crees que harán aquí?
—Tal vez estén de paso, aunque invitarlos a comer creo que es demasiado…
—Oye, no seas así, nosotras también llegamos aquí como invitadas.
—Bueno, sí, pero mira a ese chico, está todo golpeado, puede que sea problemático.
Erina levanta la cabeza ligeramente, es un grupo de 3 chicas jóvenes quienes están hablando.
—No creo.
—¿Por qué tan segura?
—Hmm, no lo sé, creo que lo conozco.
—Ah, ¿sí? ¿Es guapo?
—Te digo que no sé si lo conozco, pero me suena de algo, no lo he podido mirar bien.
—Eres una golosa —Interrumpe la tercera entre risas.
—No me culpes, solo me da curiosidad ver gente de nuestra edad, casi todos son adultos aquí.
—Pero nosotras también.
—Ay, sabes a qué me refiero, es…
Erina vuelve a perder el hilo de la conversación al tratar temas banales, pero se queda con el rostro de aquella que pareció reconocer a Aiden. Es una chica de pelo largo, de un color violeta oscuro o azulado, parece estar en sus veintes.
—Psst, oye Aiden —susurra.
—¿Hmm? —Levanta la cabeza con la boca aún llena de comida.
—¿Escuchaste eso?
Traga. —¿Qué cosa?
—Eso pues, hay unas chicas que estaban hablando de ti.
—¿Qué? ¿Dónde?
—Atrás de ti.
—Ah, no sé, no prestaba atención, me importa un comino de lo que hablen.
—Parece que una te conoce.
—No lo creo, quizás hablaban de otra cosa. Nosotros venimos de lejos, ¿Recuerdas? Sería una coincidencia enorme toparnos con un conocido aquí.
—A ti, solo te conoce a ti.
—Da igual, no les hagas caso y termina tu comida, hay algo que debo hablar con Raél y quiero que estés presente.
—¿Yo? ¿Por qué?
—Porque tiene que ver con algo que no te he contado.
A pesar de estar pendiente de su plato, Aiden nota la penetrante mirada de Erina como si le atravesara el cráneo. Sube la vista enseguida.
—N-no, no es nada grave, no te lo oculté, solo no te lo dije y ya porque no era para tanto…
—Y sigues, y sigues cavando tu tumba.
—Ahh, quiero decir que solo se me olvidó, no tiene nada que ver conmigo, es por eso.
—¿Seguro?
—Seguro… —Erina lo observa con los ojos entrecerrados —¡Seguro!
—Bien, más te vale.
Ambos toman sus cubiertos y vuelven a comer.
Los minutos pasan, la gente va y viene pero el ruido en el ambiente se mantiene. El calor de aquella gran estufa llega lo suficientemente lejos para calentarlos un poco, Aiden no tiene problemas, pero Erina parece ser quien sufre por el frío, constantemente teniendo que calentar sus dedos usando su aliento.
—Te dije que tenías que traer algo que te cubra más.
—Sí sé, pero no creí que fuese a hacer tanto frío, se supone que aún estamos en verano.
—¿Te imaginas que tenga que ver con esas enormes grietas en la tierra? Como lo que ocurrió en la ciudad, y además, esa cosa gigante debió salir de algún lado.
—¿Y qué tendría que ver eso con el frío que hace…?
—No sé… —Da un sorbo a su vaso de jugo.
—Anticlimático… Creí que ibas a decir algo inteligente.
—Oye… ¿Esperabas que dijera algo como que los gases liberados del fondo de la tierra, los cuales tornaron el cielo rojo por unas horas, son conformados principalmente por azufre y provocaron que el calor del sol rebotara hacia el espacio debido a que formó una especie de paraguas turbio que impide que la superficie del planeta se caliente adecuadamente…? Porque eso no tendría demasiado sentido.
Aiden no levantó la mirada de su plato en ningún momento. Erina lo mira boquiabierta.
—¿C-cómo sabes todo eso?
—Erina, por favor, estudiaba una ingeniería, mi trabajo era saber el porqué de las cosas.
—¿Eras ingeniero? ¿Cómo es que me vengo a enterar ahora?
—No era ingeniero, dije que estudiaba.
—¿Ingeniería en piedras o qué?
—No, en sistemas, no tiene nada que ver realmente, pero una vez leí un artículo al respecto sobre algo similar que ocurrió hace cientos de años, y pues me llamó la atención…
—Eso es muy conveniente…
—¿Por qué? Realmente saberlo no sirve para nada ahora.
—Pues… En eso tienes razón.
—Bueno, ¿ya terminaste? Vamos para que me ayudes a buscar a Raél.
—¿Podemos ir a mirar a los alrededores? Me interesa conocer el lugar.
—Claro, solo termina de comer.
—¡Bueno!
Erina no tiene demasiado en su plato, y en cambio, Aiden tiene completamente limpio los suyos. No pasa mucho tiempo hasta que termina de comer, por lo que ambos se ponen de pie y llevan las bandejas a una pequeña ventanilla en donde las están recibiendo.
—Joven, ¿qué tal estaba la comida? Vi que dejaste los platos tan limpios que casi hace falta limpiarlos —Ríe.
—Estaba muy bueno, muchas gracias, hasta me comería una porción más.
—¿En serio? Pobrecito, supongo que fuera era difícil conseguir comida.
—No tanto realmente, nos las arreglamos bien.
—Oye, ahora no puedo, pero vuelve en un rato más, cuando todos terminen de comer. Te daré algo rico.
—¿No será demasiado?
—No te preocupes, nosotras siempre nos guardamos un par de postres que sobran, no me molesta.
—Entonces eso haré, gracias de nuevo —Se despide con una pequeña reverencia nuevamente.
Camina hacia la salida y pasa frente de Erina, quien se había escondido a la vuelta de la esquina.
—Es de mala educación no dar las gracias.
—E-es que me dio cosita…
—La próxima entonces, vámonos.
Ambos salen del comedor y se encuentran nuevamente con el frío del exterior. El vaho de sus respiraciones se nota de inmediato apenas ponen un paso en la tierra.
El pasto húmedo que sale de la tierra se aplasta bajo sus botas, el piso está algo blando, pero no lo suficiente para formar barro.
—Aiden, ¿Cómo es que hablas con tanta libertad con la gente aquí? ¿No te da miedo?
—No realmente.
—¿Ni con esa señora?
—Menos, realmente la forma en la que me habla me recuerda a…
¿A quién…?
—¿A tu madre…?
¿Ella? ¿Realmente me recuerda a ella?
No, no lo creo. ¿Es que siquiera lo que siento es un recuerdo lejano?
—No, mi madre era completamente distinta.
La luz del sol se filtra por la densa niebla, ya no hay luces presentes en las casas y la gente camina de lado a lado, cada una con sus propias preocupaciones, ignorando por completo que Aiden y Erina se habían quedado parados en medio al conversar.
—No sé si deba preguntar…
—No te preocupes, es como dije, realmente no siento nada, ni siquiera enojo. Lo que recuerdo de cuando vivía con mi familia es algo vago, solo se me viene a la cabeza lo invisible que me sentía allí… “Yo también importo”, solía pensar, pero ya dejé de intentarlo.
Erina arruga la frente ligeramente al mirar a Aiden.
—O-oye… No te pongas así que sabes cómo me pongo yo…
—Ah, pero no es nada, en serio. Me terminé acostumbrando, así fui criado al final. Por eso decía que esa señora no se parece en nada.
—Te dije que no…
Los ojos de Erina parecen dos huevos fritos por un instante, o al menos eso cree Aiden.
—Perdón, es que tú preguntaste, vamos, busquemos a—
Justo cuando Aiden se da la vuelta, Raél aparece a la vuelta de la esquina.
—¿Aiden? Genial, justo estaba buscándote, imaginaba que seguirías en el comedor.
—¿Sí? Qué coincidencia, yo también te iba a buscar.
—¿En serio? Pues no perdamos el tiempo y vamos.
—Está bien, ¿Erina?
Su rostro vuelve a la normalidad. —Ah, ¿sí?
—Querías ir a explorar, ¿verdad? ¿Qué tal si vas y luego te busco?
—P-pero es que… Tú dijiste que me necesitabas contigo…
Raél mira de reojo a Aiden, una mirada que lo juzga con todas las de la ley.
Voltea a ver a Erina y a Raél girando la cabeza varias veces.
—Yo no dije… Eso no fue lo que… —Exhala derrotado —Ya no importa, vamos.
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