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Los Viajes de Shin

fictograma [Unofficial] June 19, 2026
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Capitulo Diecinueve: La capital de la Ruina

Llevaban horas de viaje pasando por varios planetas con vistas similares en cada uno.

Chatarra flotando en el espacio. Restos de algo tan viejo y casi olvidado que se negaba a desaparecer, orbitando aquellos planetas como una memoria que nadie había reclamado.

Ambos estaban sentados pero era Shin quien pilotaba mientras comía un plato de fideos con crema espesa, igual que Darko a su lado, mientras charlaban.

—Entonces sería algo como “Spraba bliznak”. ¿Lo pronuncié bien?

Preguntó el chico tanteando la palabra en su lengua.

—Eh… sí, algo así. —Bostezó ella con aburrimiento— ¿Darko, para qué te sirve aprender exquemano?

Preguntó mientras dejaba el plato a un lado y dirigía la nave despacio hacia un planeta que se acercaba de frente.

—Simple curiosidad. Me gusta la historia.

—Te gusta una lengua muerta. Literalmente.

—Para mí, mientras recuerdes la historia no está del todo muerta.

Shin negó con la cabeza abriendo la boca para responder, pero fue interrumpida por la voz del sistema automático saliendo de la consola.

—Advertencia. Usted ha entrado al sistema del planeta capital del viejo Imperio de Exquema. Sus actos son considerados terro…

Otra patada de Shin lo silenció mientras se acomodaba derecha en el asiento y aumentaba la velocidad hacia el planeta

La turbulencia sacudió la nave al entrar en órbita y luego en la atmósfera, cruzando las nubes espesas que lo cubrían. Gotas de agua aparecieron de golpe sobre el vidrio de la cabina.

Una vez por debajo de las nubes Shin tiró de los controles y ajustó el vuelo. Sus manos se movían con total calma, casi con cara de aburrimiento, mientras Darko miraba hacia los lados y hacia el suelo debajo de ellos.

—Es increíble pensar que este lugar fue una capital…

Comentó con admiración y desconcierto a partes iguales.

Lo que veían no merecía el nombre de capital. Era un páramo olvidado con construcciones viejas hundidas en el suelo. Sin vegetación. Sin animales. Solo tierra seca y desprovista de vida hacia donde alcanzaba la vista.

—Revisa el mapa. Quiero ver dónde estamos.

Darko asintió y desplegó el mapa táctil sobre la consola moviéndolo con los dedos.

—Estamos… eh… ¿Valkan? —Movía los dedos buscando orientarse— Hay que cruzar un poco de mar y llegamos.

Ella ajustó el rumbo sin responder. Salieron del páramo muerto y sobrevolaron el mar, con las olas moviéndose despacio debajo de ellos.

Poco a poco una niebla comenzó a cubrirlos, seguida de vientos fuertes que desviaban su rumbo y nieve que caía frente a ellos. Shin se movía con costumbre total incluso con la visibilidad reducida. Bajó un poco la altitud para poder ver el suelo y guiarse.

La vista se aclaró lo suficiente para que Darko pudiera ver.

Nieve cubriendo todo. Nada más. Solo naturaleza sin vida ni movimiento, construcciones más grandes que las anteriores hundidas bajo metros de blanco, casi tragadas por completo.

Todo el planeta parecía lo mismo. Un lugar vacío y frío que había olvidado que alguna vez tuvo gente.

Shin comenzó a reducir la velocidad. Su vista no se despegaba del frente, más concentrada que en todo el viaje.

—Llegamos.

Fue lo único que dijo mientras aterrizaba despacio.

Darko miró hacia afuera con los ojos abiertos.

Frente a ellos se divisaba un castillo enorme y aún en pie. Destrozado por fuera en partes, pero con las murallas firmes, resistiendo. De piedra rojiza y negra cubierta por la nieve blanca que se acumulaba en cada grieta y cada cornisa.

El chico miraba hacia todos lados como si quisiera grabar cada detalle en la memoria mientras Shin aterrizaba dentro de las murallas, en el patio interior del castillo.

La nave dio una última sacudida y se detuvo.

Shin se levantó estirándose y fue hacia la parte trasera donde tomó un abrigo negro largo hasta las rodillas con pelaje blanco a lo largo de la espalda y los hombros. Se lo ajustó sobre la camisa sin apresurarse y miró a Darko.

—¿Te mueves o te quedas aquí?

El chico elevó una ceja con la boca levemente abierta antes de ponerse de pie y tomar su propio abrigo de pelaje café.

Shin apretó un botón y la puerta trasera comenzó a bajar dejando entrar el viento frío de golpe. Tan helado que incluso con el abrigo Darko comenzó a tiritar al instante.

Shin sonrió.

Cuando la puerta tocó el suelo salió con pasos tranquilos pisando la nieve blanca con las botas, seguida por los pasos más apresurados de Darko.

—Pues aquí tiene. —Abrió levemente los brazos hacia las grandes puertas del castillo— Bienvenido a Exquema.

Darko miraba por encima de ella el castillo enorme que parecía tocar las nubes nevadas. Tragó saliva con el rostro pálido.

—Dioses…

Lo dejó salir en voz baja antes de comenzar a caminar detrás de ella con pasos lentos.

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