El Cuerno del Toro - Capítulo 5
Capítulo 5: A quiet time.
—¿Qué te trae por aquí, Alexander? —Preguntó Lupe, mientras le daba un cigarro.
—Rescaté del calabozo a Nahomy.
—¿De verdad? Ya la daba por muerta.
—No ha sido fácil. Se la llevaron a la colonia de San Salvador y ahí no tengo mucho poder. Está en la enfermería de la comisaría ahora mismo. Sólo vine para informarle a “Cadejo” y que me pagase por el rescate.
—¿Y cómo está?
—Le falta un brazo y no le dirige la palabra a nadie. Si yo fuese “Cadejo”, le recomendaría que o tratase de revenderla o sacrificarla. Sólo va a ser una boca más que alimentar.
—¿Crees que haya hablado?
—Por cómo educa tu chico a sus “Lágrimas”, lo dudo bastante.
--
Mientras Lupe y Alexander hablaban, Mérida se encontraba sentada en el sofá junto con Greg, quien se estaba pasando una bolsa de hielo por la espalda después de tener la “conversación” con David.
—Gracias por ayudar a mi hermano.
—Tranquilo. No es nada. —Hubo un momento de silencio entre los dos. —¿Tu hermano se encuentra bien? Digo de… —Dijo mientras se señalaba la cabeza.
—Si estamos hablando de la paliza, mejor. Si estamos hablando mentalmente… Bueno, ¿qué puedes esperar de un drogadicto? —Respondió con una sonrisa algo amarga.
—¿Por qué le pidió a esos pandilleros que lo mataran?
—Las “Lagrimas” no estamos bien. Ni aquí ni en ninguna parte. Emilio ya ha asumido que la única salida de esta vida es la muerte. —Greg se rascaba los ojos mientras suspiraba con un tono cansado. —Es agotador ser su hermano mayor. Siempre haces todo lo posible para que esté bien y, aún así, te quedas con el deseo de hacer más.
Mérida se quedó unos segundos callada mientras se acomodaba en el sofá, algo incómoda por la situación, tratando de encontrar las palabras adecuadas hasta que, finalmente, le puso una mano en el hombro a Greg, como símbolo de consuelo.
—Si alguna vez me vuelven a asignar a Emilio en un trabajo, me aseguraré de que no le pase nada.
—¿Por qué te molestarias?
—¿Por qué no lo haría?
Greg sonrió ante la respuesta.
—Creo que eres la primera humana que me dice eso… Eres una buena persona, Mérida. No sé por qué te has metido en esto, pero espero que estas personas no te cambien.
—Yo también lo espero.
—Mérida. —Interrumpió David la conversación, fumando un cigarro. —Greg… —Murmuró con un tono más serio.
—¿Qué pasa, “Cadejo”? —Preguntó Mérida.
—Aún no has cobrado lo de hoy. —Declaró mientras sacaba dinero de su bolsillo trasero. —Toma. Quinientos.
—¿Quinientos? —Preguntó extrañada mientras agarraba los billetes y los examinaba. —Es… Bastante menos que ayer. Y creo que hoy hice bastante más.
—Es lo que hay. Si no se consigue dinero en la misión, no te puedo prometer esas cantidades.
—Ajá. —Murmuró con un tono molesto. —Claro.
Mérida se levantó del sofá y se dirigió hacia la puerta principal de la base. Lupe, quien ya había terminado de hablar con Alexander, se aproximó a ella.
—¿Quieres ir al Lisa?
—No.
Mérida salió por la puerta y Lupe, algo confundida, salió junto a ella y caminó a su lado.
—Oye, ¿qué te pasa? Llevas varios días que se te queda cara de culo cuando me ves.
—Aún estoy enfadada contigo. —Responde, sin parar de caminar.
—¿Conmigo? ¿Y yo qué te he hecho?
—Hoy, por ejemplo, he hecho un trabajo y sólo cobre quinientos. —Respondió dándose media vuelta para confrontarla directamente. —“¿En qué otro sitio puedes conseguir dos mil dólares en un solo día?” —Dijo, tratando de imitar la voz de Lupe. —¿Qué clase de sistema de monetización tenéis que, ayer, que prácticamente no hice nada, cobré más y hoy menos?
—Conseguiste dos mil quinientos dólares en dos días. Yo creo que está bastante bien. —Replicó con un tono de voz algo más serio. — Pero, de todas formas, nunca dije que fueses a cobrar cantidades así todos los días.
—No. No me vengas con esas. —Dijo levantando algo más la voz y acercándose más a Lupe. —No te hagas la idiota porque sabes perfectamente lo que implicaba decirme eso y el haberme invitado a unirme y todo.
—¿Pero qué coño me estás recriminando ahora?
—Que me estás metiendo en esta mierda hasta el fondo.
—¿Disculpa? —Preguntó con un tono algo enfadado.
—¡Qué me estás metiendo en esta mierda hasta el fondo!
—¿Yo te estoy metiendo en esta mierda hasta el fondo? —Gritó de vuelta. —Yo te ofrecí meterte a la “Trece-dieciocho” porque, según me dijiste, necesitabas dinero rápido. Pero fuiste tú quien decidió entrar. Hasta donde yo sé, no te apunté con una pistola para que te unieses.
—Pero me influiste.
—Dios, deja de joder, Mérida. Tienes veinte años. Eres una adulta. Hazte responsable tú de tus propias decisiones en vez de echarle la culpa a los demás. —Lupe tomó aire mientras se pasaba la mano por la cara, dando una breve pausa a la conversación. —Mira, si no te gusta esto, siempre estás a tiempo de irte. Será una pena para la situación con tu papá, pero tú misma.
Hubo un momento de silencio, Mérida resoplando mientras miraba al cielo, tratando de relajarse.
—Está bien, lo siento. —Se disculpó Mérida finalmente.
—Tranquila. —Dijo tras suspirar, tratando de calmarse. Sacó un cigarrillo y se lo puso en la boca antes de posar una mano en el hombro a Mérida. —¿Vamos al Lisa? Pago yo.
—Siempre pagas tú.
—Porque soy una buena persona.
—Venga, vamos.
--
—Negro. Otra vez… —Decía Pliskin, quien se encontraba en un antiguo hangar equipado con un traje NBQ amarillo, mientras analizaba un líquido negro que había sobre una placa de vidrio con una varilla.
Tetsuo, quien también se encontraba en el lugar, pero sin el traje, se acercó para ver la masa líquida que había creado Pliskin, mostrándose algo serio viendo el resultado.
—¿Por qué no pruebas a hacer algo distinto, Pliskin? Quiero decir, llevas meses haciendo lo mismo esperando un resultado distinto. ¿Te estás volviendo loco?
—No. Estoy segurísimo de que este es el procedimiento a seguir.
—No puedes estar tan seguro cuando no está arrojando los resultados que buscamos.
—Creo que nos falta algo más. Pero es… Un poco complicado de conseguir.
—Tú pide. Haré lo que esté en mi mano.
—Necesito una parte de un “Hijo de Plutón”. Y a poder ser que esté inactivo.
—Vale… Definitivamente te has vuelto loco.
—Me has dicho que pidiera. Sin eso, dudo bastante que pueda seguir la investigación. Puedo tratar de mejorar el procedimiento de fusión mientras tratáis de conseguirlo. Pero, como dije, estamos contra un muro ahora mismo.
—Pues si no queda de otra… —Suspiraba. —Llamaré a mis chicos para que me consigan toda la información necesaria. A ver si conseguimos algo antes de que me tenga que ir.
—Gracias.
--
Mérida terminó su café, suspirando profundamente mientras dejaba la taza sobre la mesa.
—Me ha sentado como Dios. —Murmuraba satisfecha.
—Bebes café demasiado rápido. —Señaló Lupe, sentada frente a ella. —¿No te quemas?
—Pliskin dice que tengo la boca de cerámica. —Reía ligeramente. —Oye, una cosa. ¿Qué es eso de “Halcón”?
—Mi mote. Todos tenemos uno, incluso tú. ¿Qué tiene de raro?
—Ya, no, si eso lo sé. Me refiero a el por qué escogieron “Halcón” para ti.
—Porque mi especialidad es ser francotiradora. Simplemente por eso.
—Ah…
—A lo mejor algún día tienes el honor de verme disparando, “Extranjera”. —Dijo con una sonrisa.
—Ya. —Murmuró mientras miraba por la ventana. —¿Y qué lío lleváis con la “NMDS”?
—¿Conoces a “El Sombra”? —Preguntó, pareciendo ignorar a Mérida.
—Eh… Algo he escuchado, sí.
—Bueno, pues él es el líder de la “NMDS”.
—¿Ajá?
—Y es el hermano de David.
—No jodas.
—Sí. David y yo pertenecíamos a la “NMDS” en el pasado, de hecho. No llegué a tatuarme, pero David sí. En el estómago.
—¿Y qué pasó? ¿Por qué os fuisteis?
—Ni idea. Esos dos se pelearon como siempre y David decidió hacer su propia pandilla.
—¿Eres su novia y no te interesas en sus disputas familiares? —Provocaba con una sonrisa.
—No es mi novio.
—Uy, pues yo os veo a los dos muy cariñosos. —Se burlaba mientras juntaba sus manos en forma de pico, como si estuviera simulando un beso.
—Babosa… —Murmuró antes de dirigir la mirada a su café, algo melancólica. —La verdad, le echo de menos. A “El Sombra”, digo.
—¿Echas de menos a uno de los criminales más peligrosos de El Salvador?
—Tampoco es como si tuviese la moral para juzgarlo. Le respeto, eso es todo. Le debo la vida. —Reflexionó con una sonrisa algo amarga. —Supongo que en eso te pareces a él.
—Pero no nos dará problemas, ¿no?
—Él y David tienen un pacto en el que nuestras pandillas no se pueden matar mutuamente. Pero sí que podría sabotearnos.
—Bueno, podría ser peor.
—En fin, voy a volver a casa. ¿Tú qué vas a hacer?
—Probablemente lo mismo.
—Muy bien. Ya nos veremos.
—Claro.
—Te llamaré si hay algún trabajo.
—Claro…
--
Mérida, una vez volvió a casa, se encontraba sentada frente a la mesa del salón, observando la pistola que había usurpado de la misión de ese día mientras escuchaba música. El arma era tan pequeña que cabía perfectamente en la palma de su mano y el modelo tan antiguo que no recordaba haberlo visto en ningún otro sitio, por lo que creía que podía servirle para expandir su conocimiento a la hora de montar armas. Intentaba buscar referencias en Internet, pero no parecía dar con el modelo exacto.
Justo cuando estaba tratando de abrir el arma, Pliskin y Tetsuo entraron a casa. Se levantó de la silla y saludó a ambos, acercándose para darle un fuerte abrazo a Pliskin. Tetsuo se acercó a la mesa para ver el arma con la que Mérida estaba lidiando.
—¿De dónde has sacado esto? —Preguntó mientras agarraba el arma con una mano y la observaba a ella con la otra.
—Un cabrón me ha intentado atracar con esa pistola. Así que me la he traído a casa para analizarla, como siempre hago.
—Pero estás bien, ¿no? —Preguntó Pliskin, algo preocupado.
—¿Me ves que esté mal? —Preguntaba de forma retórica y con una sonrisa.
—Una FP 45 liberator. —Determinó Tetsuo.
—¿Conoces el modelo? —Preguntaba Mérida mientras se acercaba a Tetsuo y Pliskin salía del salón.
—La usaban las guerrillas durante la Segunda Guerra Mundial. La verdad es que un modelo raro de encontrar, y más raro aún que te hayan intentado atracar con esto. —Dijo con un tono más bajo.
—Bueno, quién sabe. A lo mejor el que me atracó era un… un… ¿coleccionista? —Dijo mientras recuperaba el arma de las manos de Tetsuo y se volvía a sentar.
—Si de verdad fuera un coleccionista, ¿por qué necesitaría atracarte en primer lugar? —Tetsuo acercó una de sus manos hacia Mérida para observarla mejor, haciendo que a ella le recorriera una gota de sudor frío por la frente del nerviosismo. —¿Sabes? Me jugaría el brazo a que nos escondes algo.
—Te imaginas cosas. —Respondió tratando de parecer lo más neutral posible, aunque en el fondo su corazón latía rápidamente. Casi sentía que no podía respirar.
Tetsuo se quedó un rato mirándola hasta que, finalmente, retiró su mano.
—Sí, disculpa. Probablemente sea eso. —Dijo con su tono alegre de siempre. —Voy a ver si Pliskin necesita algo.
Tetsuo salió de la habitación y, seguidamente, Mérida soltó un gran suspiro de alivio, como si se hubiera estado aguantando la respiración toda la conversación. Apoyaba su cabeza contra la mesa y movía la pierna derecha repetidamente de arriba a abajo mientras se repetía a sí misma en su cabeza que, efectivamente, era mala mintiendo.
--
—¿Entonces “La Extranjera” cumple con tus expectativas? —Preguntaba Lupe a David, sentada en el sofá de su casa mientras fumaba un cigarro junto a él.
—Es un poco pronto para decirlo, pero hasta ahora está siendo útil. Aunque creo que no hemos explotado todo su potencial todavía.
Hubo silencio en la habitación durante unos segundos, David tomó una gran calada de su cigarro mientras Lupe le miraba fijamente.
—Conozco esa cara. —Señaló ella. —¿En qué estás pensando?
—Nada. Recuerdos del pasado, eso es todo.
—¿Estás pensando en ir a por tu papá nuevamente? —David no respondió. —Olvídalo. La última vez que intentamos algo contra él casi nos matan a todos. Es mala idea y lo sabes.
—Alexander está ascendiendo en la policía. Nos podría ayudar. Y, además, ahora tenemos a la mismísima “Extranjera” con nosotros.
—David, Mérida es fuerte, pero no es invencible. No pienses que puedes hacer lo que se te dé en gana sólo porque forma parte de la pandilla ahora.
—Eso habrá que verlo. —Murmuró con una sonrisa antes de tomar una calada. —Pero le auguro un buen futuro a nuestra chica…
Discussion in the ATmosphere