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Los Viajes de Shin

fictograma [Unofficial] May 27, 2026
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Capitulo Once: Fuego agonizante

Shin y su contraparte estaban frente a frente, separadas apenas por unos metros en llamas. Los ojos de Shin buscaban penetrar el acero del casco de su rival, pero en su interior sabía que aquellos ojos ajenos ya la estaban devorando, estudiando cada línea de su rostro, cada temblor de su cuerpo.

Entonces ocurrió.

Con un grito desgarrador y metálico, su contraparte se lanzó de lleno contra ella.

El choque fue brutal. Espada contra espada, acero contra acero. Cada golpe resonaba como un trueno en el campo ardiente, esparciendo chispas a su alrededor. Sus armas cantaban al unísono, golpeando con furia, y el calor verde del bosque en llamas convertía cada movimiento en algo casi irreal, como pelear dentro de una hoguera.

Su contraparte era errática, con golpes imprecisos pero tan fuertes que hacían temblar los brazos de Shin y la sacaban de su postura con cada impacto. Había luchado antes contra gente así, gente que sin verle el rostro dejaba claro que peleaba con rabia pura. Este era otro caso, pero diferente. Esta era fuerte. A la par de ella misma, incluso más, considerando las desventajas que Shin cargaba encima. Frío. Hambre. Una sensación ácida persistente en el estómago. Todo eso hacía imposible entrar en su estado de concentración más profundo, pero estaba resistiendo, ganando terreno a medida que su contraparte se agotaba lanzando golpe tras golpe sin control.

Entre el intercambio de acero Shin comenzó a ver la grieta. Cada vez que su contraparte levantaba la espada por encima de la cabeza para cortar hacia abajo, había un instante. Breve. Suficiente.

Esperó.

Cuando volvió a abrirse ese instante lanzó una estocada precisa hacia el centro del pecho. La hoja se deslizó entre las llamas, alcanzó a entrar levemente en el centro de la armadura, y fue detenida en seco por la palma cerrada de su contraparte.

La sangre comenzó a caer, bajando por el dorso de la mano y evaporándose antes de tocar el suelo por el calor extremo.

Su contraparte tiró de la hoja y la partió en dos, quitándole su única defensa.

Shin dio pasos hacia atrás para reposicionarse, esperando el siguiente ataque. Pero su contraparte se quedó de pie, sacudiendo la mano herida levemente de arriba hacia abajo mientras la sangre dejaba de fluir.

—Así que por fin luchas tú mismo… —apretó el puño— Ya estaba harta de que usaras tus ilusiones para el trabajo sucio, Loky…

Shin lanzó la espada rota al suelo con un sonido de dientes apretados.

—No soy ese tal Loky… Me llamo…

No alcanzó a terminar antes de tener que esquivar una estocada directa hacia su garganta.

—Ya me hartaste…

Lo murmuró con desdén y se lanzó contra su contraparte sin más, sorprendiéndola incluso a sí misma, tacleándola al suelo con todo su peso.

Su contraparte intentó apartarla con la espada pero Shin la detuvo con la palma, cerrando los dedos sobre la hoja igual que ella lo había hecho antes, y la partió. Un sonido Gutural salió desde el interior del casco antes de que Shin lo tomara con ambas manos y comenzara a golpearlo contra el suelo una y otra vez.

El aura de llamas verdes alrededor de su contraparte ardía contra la piel de Shin y contra su ropa, pero poco le importaba. Gritó de furia y dolor y siguió golpeando el casco con los puños.

El aura comenzó a apagarse. El cuerpo debajo de ella daba espasmos con cada impacto. Las manos de su contraparte buscaban el rostro de Shin, su garganta, pero eran apartadas una y otra vez. El casco cedió. Se partió poco a poco cayendo como si fuera de vidrio, dejando ver la expresión de horror de su contraparte, cuyos intentos de apartarla se hacían cada vez más débiles.

Shin golpeó sin parar con los puños ensangrentados hasta que el casco quedó hecho pedazos sobre el mismo rostro de ella, con trozos de acero incrustados y sangre por todos lados.

Una mano pasó sobre su cara.

Una voz agónicamente baja salió desde abajo.

—Basta…

Shin tenía el puño en el aire. Lo mantuvo ahí un momento, inmóvil, mirando el rostro iluminado por el fuego verde que aún ardía en el bosque consumiéndose a su alrededor.

Su propio rostro. Destrozado por sus propias manos.

Se puso de pie con dificultad y dio un paso al lado. Jadeaba con fuerza, el aire frío saliendo en nubes desde sus pulmones. Su contraparte intentó incorporarse, apoyándose en las manos temblorosas, pero cayó boca abajo antes de lograrlo. Sin ningún otro movimiento.

Shin tragó saliva. Pasó la mano por su cara intentando calmarse sin darse cuenta de que se había teñido con la sangre de su contraparte.

Se arrodilló a su lado y la giró boca arriba con esfuerzo.

Apartó la mirada de inmediato.

Su propio rostro hecho pedazos por ella misma. No podía mirarlo. Le revolvía el estómago de una manera que ningún campo de batalla había logrado antes.

La respiración de su contraparte era baja, lenta, agónica. No estaba muerta. Pero no estaba lejos. Shin se puso de pie mirando el cielo. La lluvia de meteoritos seguía, indiferente, como si el universo no hubiera notado nada de lo que acababa de ocurrir.

Bajó la vista hacia el cuerpo en la nieve.

Hacia su propio rostro.

Y no supo qué hacer con eso.

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