Venezuela, Lorca y la lección que dejan los terremotos: los mapas que casi nadie mira hasta que la tierra tiembla
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June 27, 2026
Los dos terremotos que han sacudido Venezuela en apenas 40 segundos han vuelto a evidenciar una de las grandes paradojas de la sismología. La ciencia sigue siendo incapaz de anticipar cuándo se producirá un gran seísmo, pero sí dispone desde hace décadas de herramientas para identificar qué zonas presentan un mayor riesgo y cuál podría ser la intensidad de las sacudidas. Esa información queda reflejada en los denominados mapas de peligrosidad sísmica, documentos técnicos que sirven de base para diseñar edificios, planificar infraestructuras o elaborar normas urbanísticas con el objetivo de reducir el número de víctimas cuando la tierra tiembla. El doble terremoto registrado en Venezuela ha vuelto a situar el foco sobre una herramienta poco conocida fuera del ámbito científico, pero presente en la planificación territorial de numerosos países. Lejos de ser simples mapas geológicos, estos documentos condicionan desde la resistencia que debe tener un hospital hasta las exigencias estructurales de una vivienda o la ubicación de determinadas infraestructuras estratégicas. Su utilidad, sin embargo, depende de que la información científica termine trasladándose a la normativa y a las políticas públicas. No dicen cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí dónde puede ser más devastador Una de las ideas más extendidas tras cada gran seísmo es que, si los científicos conocen las fallas activas de una región, deberían ser capaces de anticipar el siguiente terremoto. Sin embargo, la comunidad científica insiste desde hace años en que no existe ningún método capaz de predecir con precisión el momento, el lugar exacto y la magnitud de un terremoto. Lo que sí puede hacerse es calcular la probabilidad de que determinadas zonas registren movimientos sísmicos de una determinada intensidad durante periodos prolongados de tiempo. Para elaborar esos mapas, los investigadores combinan información sobre el movimiento de las placas tectónicas, la localización de las fallas activas, los registros históricos de terremotos, estudios geológicos y modelos matemáticos que permiten estimar cómo se propagará la energía sísmica en cada territorio. El resultado no es una predicción, sino una estimación del peligro sísmico que sirve como referencia para las administraciones. El caso de Venezuela ilustra bien esa diferencia. Su ubicación sobre el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana hace que el riesgo sísmico de buena parte del país sea conocido desde hace décadas. Los especialistas sabían que esa región podía registrar terremotos importantes, pero no era posible anticipar que dos seísmos de gran magnitud se producirían con apenas 40 segundos de diferencia. Las placas tectónicas del planeta. Venezuela se sitúa sobre el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, una de las zonas con mayor actividad sísmica del norte de Sudamérica. Wikimedia Commons. Por qué los terremotos no matan tanto como los edificios La verdadera utilidad de estos documentos comienza cuando abandonan el ámbito científico y se convierten en una herramienta para arquitectos, ingenieros y administraciones públicas. Los mapas de peligrosidad sísmica sirven para establecer códigos de construcción, definir los requisitos estructurales que deben cumplir los edificios o determinar qué infraestructuras...
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