Sin desempuñar el arma.
Aunque no era la persona más amable del lugar, se esforzaba en ser, como mínimo, alguien honesto, con un sentido de la humildad, de saber cómo tratar a los demás. En cualquier caso, un monstruo que aparentemente había desertado del lado del villano no iba a ser fácilmente bien recibido, aunque fuera algo difícil de asumir. Tanto para el desertor como para las personas que tenían que vivir con un vecino que resultaba ser más que un poco peculiar.
Durante los primeros meses, pareció funcionar. Se encargaba de algunos trabajos meniales, cooperaba siempre que estuviera en su mano y seguía adelante. Su forma de pensar era sencilla: si es capaz de hacer cosas que alivien la vida de los demás, ¿No tiene sentido hacerlo, sin esperar retribución alguna?
Eso en sí mismo, hacer el bien, es una recompensa justa. Aunque sí se alinea con el objetivo de hacerse la vida más fácil: alguien que actúa de manera casi servil, con educación, resulta un blanco difícil de atacar, independientemente de lo que pueda ser.
O al menos así debería haber sido, hasta que un día, al regresar de cazar, se vió expulsado de Kakariko a horcas y con antorchas en mano. Algo sobre que aquello era predecible, que había sido un mentiroso... Eso no tenía ningún sentido en su mente rígida.
Había mantenido sus propias opiniones constantemente y nunca había actuado más allá de sus firmes principios. Para cuando llegó al campamento que había construido en el cementerio, la realización le golpeó con más fuerza. Una tienda de lona a modo de cobertizo, un hoyo para el fuego y algunos de sus objetos personales estaban en desorden, quemados o simplemente destrozados.
Cualquier persona consideraría derrumbarse cuando algo así ocurre: tuvo que abrirse paso a la fuerza para regresar, romper los brazos de alguien, o más bien los de varios alguien, solo para abrirse camino y apartar a los demás. No disfrutó de nada de ello, pero era necesario para su propia seguridad. En cuanto sintió que ya no había una turba pisándole los talones, su mano derecha fue adonde debía: a su espada. Incluso cuando no se está preparando para la violencia, ha notado que lo hace cuando está sumido en profundos pensamientos o... En cualquier otro momento, también.
"Madre mía." Sacude la cabeza mientras los hombros se le desploman. El sol se pondrá pronto y buscar un lugar seguro además de evaluar qué pertenencias suyas pueden conservarse resultará ser una molestia a la que no tiene ningún interés en someterse. Estaba a punto de agacharse cuando notó los pasos de otro: más pesados que los suyos. Ah, es ese tipo otra vez. Su antiguo capitán, al parecer. Tal era la jerarquía entre aquellos dos, aunque Kael pasó a considerarle igual en el momento en que se separaron. O más bien, cuando esa jerarquía pasó a ser nula para él.
"..."
No hay ni siquiera un reconocimiento. Sabe que está aquí, ¿por qué debería entonces señalarlo? Sería un desperdicio.
"Qué situación más asquerosa en la que te encuentras." Su voz es tan desagradable como siempre lo ha sido. El Darknut más veterano escupe al suelo mientras da otro paso hacia un todavía estoico Kael.
"¿Tus mascotas decidieron volverse contra ti? ¿Cómo pudo haber ocurrido algo así?"
"No tengo ni idea. Pero tú pareces saberlo, tanto eso, como dónde he estado estos últimos meses. Si quieres contarme lo que has hecho, deberías ser directo. No voy a intentar adivinar a ciegas lo que sea hayas hecho tú, o cualquier otro."
Por mucho que intente ser articulado con sus pensamientos, no es alguien naturalmente hablador, lo que a veces hace que resulte innecesariamente tedioso hablar con él. El Capitán frunce el ceño ante la insubordinación percibida de un desertor, pero no se acerca de nuevo.
"Se volvieron contra ti." Su voz era casi perezosa. "Como animales asustados. Uno pensaría que después de todos esos meses portándote bien, habrían confiado más en ti. Una pena. De verdad."
La mano de Kael no se había movido del pomo. "Sabes algo al respecto."
"Sé muchas cosas. Es mi deber saber sobre mis reclutas."
"Dime qué hiciste."
"¿Qué te hace pensar que hice algo?"
Kael lo miró fijamente durante un largo momento. "Porque estás aquí. De lo contrario, no estarías."
La sonrisa se desvaneció. "Solías ser menos... Directo. Prefería que fueras más cauteloso."
El sol poniéndose a sus espaldas no le permite ver muy bien la expresión de Kael. Ansía ver rabia o algo quebrarse. Había preparado una sesión de castigo bastante larga. Si resultaba no tener mucho efecto para desmoralizar o quebrar a su objetivo, tomarlo por la fuerza o ejecutarlo debería bastar. No es la primera vez que hace algo así.
Sin embargo, nada en Kael parece haber cambiado. Mira al contrario sin pestañear y su mano permanece en la empuñadura de la hoja.
"Me das asco. Podrías haberte impuesto sobre ellos, reclamado esto como tu territorio por la fuerza y no me habría importado."
"No tenía tal necesidad."
"Estarías actuando como un hombre de verdad.
Mendigas migajas de gratitud de criaturas que te llegan a la mitad y que nunca te verán como nada más que una bestia. Haces que el resto de nosotros parezca que podemos ser domesticados. Y eso es inaceptable. ¡No podemos ceder ante débiles a los que podríamos arrancarles la garganta con los dientes!"
Una vez más, intenta escudriñar el rostro del joven imitador de caballero. La expresión de Kael permanece tranquila y serena ante todo esto, en absoluto lo que había esperado: ni derrumbarse en el suelo para ser reeducado debidamente, ni la rabia de un niño cuando se acaba el recreo. Pero, una vez más, nada de eso ocurre.
"..."
"Los herejes como tú son un dolor de muelas. Y siempre acaban muertos o volviendo a casa: ¿Qué crees te espera? Echa un buen vistazo a tu campamento y considera bien tu respuesta..."
Da otro paso más, mirando a Kael a los ojos. No hay ni un atisbo de orgullo herido ni la desafío que esperaba de alguien de su edad. Parece absorto en algo, pero ¿en qué?
"¿Me estás escuchando, chaval?"
"Estoy escuchando. Sin embargo, con lo que estoy luchando es con deducir qué es lo que quieres. Te tomaste el tiempo de encontrarme, de destruir la vida que estaba preparando aquí. Era un buen plan.
Te funcionó, no te diré lo contrario, pero hay algo a lo que debo encontrar respuesta."
"Quemé tus provisiones. Volví a esos... Insectos, en tu contra. Y tú simplemente te quedas ahí. Como una piedra. No puedo decírtelo de otro modo, la gente como tú me da asco. No sé cómo puedes vivir con eso, ni cómo has llegado hasta aquí después de tantos años.
Se acabó para ti aquí, o en cualquier otro lugar, Kael. Vuelve, o púdrete."
Y esta vez fue Kael quien dio un paso más cerca. La mano del capitán se deslizó hacia su propia espada, sin desenfundarla todavía. "Lo que sea que tengas en mente, no me das miedo."
"No." Kael dio otro paso, con la mano aún en la empuñadura de su espada. Estaban cerca ahora. "Tú quieres algo más, ¿verdad?"
"Quiero que dejes de fingir, chico. Que dejes de arrastrarte a los pies de criaturas que nunca te verán como nada más que..."
"No. Quieres verme en el suelo." Kael interrumpió sin parecer darse cuenta. "O como mínimo, que me someta a tu forma de pensar. Si ninguna de esas cosas puede aplicarse, aceptarás que esté muerto en tu lugar."
"¿Sabes con quién estás hablando, no?" El capitán gruñó, pero su voz carecía del mismo peso que tenía un momento antes. Miró a Kael a los ojos y la inquietud se instaló en su estómago. No podía encontrar a nadie detrás de ellos. Kael no le miraba con odio, ni siquiera con rabia. Había una persona hablando, sí, pero no había nadie en casa.
La mirada de Kael no pareció inmutarse mientras fruncía el ceño lentamente y miraba ligeramente hacia abajo, comprobando cuán preparado estaba su oponente. "Entonces, ¿Qué problema hay? ¿No deberíamos empezar a pelear a muerte el uno con el otro?
Para eso viniste aquí. No nos queda mucha luz del día. Aprovechemos."
"No me interesa romperte los huesos hoy." Intentando desesperadamente racionalizar la situación y recuperar el control. Su mano se quedó en su espada, pero no la había desenvainado. Kael tampoco, aunque a diferencia del veterano más mayor, el joven Darknut no parecía considerar el desenfunde con ninguna urgencia o pánico.
"Todavía eres útil. Vuelve. Sirve debidamente. Esto no tiene por qué terminar con tu muerte."
"Eso es lo que querías, ¿verdad?"
"¿Por qué crees que vine aquí?"
"Tienes que querer algo. De lo contrario, esto es un simple desperdicio. Me quieres a mí, derrotado. O muerto. Esas siempre fueron las opciones que aceptarías de cualquiera que estuviera por debajo de ti."
"Vine a llevarte de vuelta a donde perteneces. Si te niegas, tendré que castigarte."
"No." No era una persona que respondiera, pero parece que algo se ha encendido metafóricamente. Su tono parece llevar una autoridad y una certeza que podría y silenciaría a un hombre como su antiguo superior.
"Cualquiera de las opciones resulta en la pérdida de mi libertad o en mi destrucción." La voz de Kael era plana, vacía de acusación. "He considerado ambas. En otras circunstancias, te diría que que someterme a tu yugo es preferible a mi destrucción, pero siendo justos, no acepto ninguna de las dos."
"¡¿Entonces qué es lo que quieres?!" Tartamudeó, dando medio paso atrás mientras el peso sofocante de la nada de Kael le presionaba. "Ni siquiera sabes lo que yo quiero de ti, no me busques las..."
"Quiero una vida cómoda." Kael continuó, como si no hubiera interrumpido. "Quiero vivir sin que alguien mande sobre mí. El miedo que impongo, aún sin quererlo puede convertirse en un tipo diferente de obediencia: una nacida del respeto y adoración a los más fuertes. Eso es lo que quiero." Miró hacia abajo los restos. Su escudo, habitualmente de un brillante color rosa rojizo, había tomado los colores del hollín.
"Has hecho eso imposible aquí. Lo harás imposible en cualquier otro lugar al que huya."
"No sabes eso..."
"Te conozco y te he conocido durante años. No pararás. Nunca pararás.
No hasta que esté muerto o bajo tu bota. Y encuentro que cualquiera de esas dos opciones es inaceptable para mi supervivencia, de modo he de tomar una decisión acorde." Las palabras quedaron en el aire. El tono de Kael no sonó ni siquiera perturbado, a pesar del contenido de sus palabras.
"¿Quién te crees que eres para amenazarme?"
"No, no es una amenaza. Es una afirmación." Entró directamente en el espacio del Capitán, su mirada vacía y su tono desprovisto de pasión. "Necesito que desaparezcas. Para que mi propia vida funcione. Si quiero vivir cómodamente, no puedes seguir vivo. Esto tampoco es una amenaza: simplemente estoy declarando lo que es verdad.
Nunca pararás. Así que tengo que matarte. Es así de sencillo, de veras."
"Estás diciendo que me matarás." Algo en ser amenazado de manera tan abierta se sentía extraño al decirlo. "¡Lo estás diciendo de verdad, al fin tienes algo dentro de tu cabeza! ¡Estoy tan orgulloso de ti que casi consideraría no matarte, si le hubieras dicho esto a cualquier otra persona!"
"Digo que peleemos hasta que uno de los dos caiga muerto. Eso es una propuesta, tampoco una amenaza. Eso es lo que querías, ¿verdad? ¿Por qué si no habrías arreglado las cosas para que resultaran así? Después de dejarme sin refugio ni formas de comerciar, qué otra cosa puedo pensar que no sea que quieres que esté muerto."
La mano de Kael comenzó a apretar el mango de la espada. No estaba considerando las transgresiones de su antiguo capitán, ni lamentaba su campamento. Si su vida cómoda se había ido, eliminar al culpable era el único paso lógico a dar en tal situación. No lo restauraría, pero debería proporcionar una paz algo más duradera que la de huir.
"Eso es para lo que viniste aquí. Permíteme preguntarte por qué dudar. Confío en que has luchado a muerte con otros en el pasado."
Podía sentir el acero bajo sus dedos. Había soñado con este momento, que Kael finalmente dejara caer la pretensión, que finalmente le diera la pelea que merecía antes de ser abatido. Pero no así. No con ese cobarde mirándole como si ya estuviera muerto. "Yo... Esto no es..."
"Vamos. Saca tu espada", dijo Kael. "Tus manos parecen listas."
Su espalda chocó contra un árbol. No se había dado cuenta de que había estado retrocediendo.
"¿Qué te pasa?"
Kael consideró la pregunta. Su expresión no cambió. "Nada. Estoy haciendo lo que me parece justo razonable. Quieres pelear. He decidido que necesito que estés muerto.
Esas dos cosas coinciden en su resultado. No entiendo por qué dudas en pelear."
"Porque tú no estás..." En este punto su voz se quebró del todo. "No estás enfadado. No eres nada. Simplemente estás ahí parado, hablando de matarme como..."
"¿Como qué? Creo que esto no es nada fuera de lo ordinario." Kael ladeó la cabeza confundido: ¿había algo tan malo en afrontar un desafío de frente? Eso también era lo que le habían enseñado a él.
"¡Como si esto no fuera nada!"
"Pero es así de simple."
"¡¿Y entonces qué?!" Exigió el Capitán, con la voz elevada. "¡¿Crees que Ganondorf simplemente te dejará marcharte?! ¡¿Crees que no enviará a otros?! Me matas a mí, y enviará a una docena más. Luego a cien. ¡No puedes luchar contra todos ellos!"
"Oh. Buen punto. En ese caso, también los mataré a ellos."
Y en ese momento, su sangre se heló. Estaba hablando con un hombre, aunque faltaba algo que podía encontrar en los Hylianos, en los monstruos que serían sus compañeros, incluso en Ganondorf. Había una ausencia de algo que creaba una criatura horrible.
"No puedes..." Una parte de él quería creer que esto era un delirio. Que Kael estaba siendo engañado por su propia, por mucho odiase admitirlo, asombrosa fuerza. "No puedes decir eso sin más.
¡Es el Gran Rey del Mal. ¡Eres un! ¡Un solo desertor patético! ¡¿Estás intentando que te maten?!"
"No necesito ni deseo luchar contra un ejército. Solo necesito luchar contra quien venga a por mí. Uno a la vez. dEl mismo modo que tengo la intención de matarte a ti ahora." Y como de costumbre, la voz de Kael permaneció perfectamente tranquila. "Si envía más, entonces mataré más. Si viene él mismo, también le mataré a él. Eso es todo.
Por supuesto, podría morir entonces, de camino a tal punto o esta noche.
También podrías morir esta noche. Eso es lo que ocurre en una pelea."
En este punto, no le importaba particularmente la vida y la muerte. Había algo horrible en Kael que tenía que comprender. Antes de que ninguno de los dos matara al otro. "Realmente no te importa, ¿verdad? No quieres alzarte contra el dominio del Señor Ganondorf. Solo velas por ti mismo y nadie más."
"No. Quiero ocuparme de mis problemas personales, como tú estás haciendo ahora mismo. Es así de simple: eres una amenaza para mi seguridad y has demostrado repetidamente que hablar no sirve de nada. Así que he decidido que a raíz de todo eso, voy a matarte.
Si Ganondorf se convierte en una amenaza para mi comodidad, tendré que matarlo si no da marcha atrás. Si alguien más intenta impedirme vivir una vida cómoda y se niega a hablar de nuestros problemas, los heriré hasta que paren o los mataré en última instancia." Kael parpadeó lentamente.
"No es tan complicado. ¿No estoy expresándome bien? Sé nunca fui bueno con eso"
"... ¿Matarías al Gran Rey del Mal... Por tu comodidad?"
"Para que mi vida funcione. Sí. Mataré a cualquiera que rechace el diálogo. No dejaré que nadie me intente tirar abajo, como has hecho tú. Saca tu espada ya.
Ha caído la noche en esta discusión sin sentido."
"No eres como yo." No pudo evitar reír, aunque dicha risa fue tan hueca como la de su antiguo subordinado. Había mencionado que debería haberse apoderado de Kakariko con puño de hierro: ¿qué le impedía hacerlo entonces? ¿Era que no tenía necesidad de hacerlo?
"... Diosas ayudadme, no lo eres. Eres algo mucho, mucho peor."
"Desenvaina. O corre. De cualquier manera, esto termina aquí."
"Tengo gente", intentó, con la desesperación filtrándose en su voz. "Aliados. Si me matas, ellos..."
"Te dije que también los mataré a ellos, igual que a cualquiera que venga a por mí.
O me matarán a mí. De cualquier manera, el problema de alguien quedará resuelto. Así es como funcionan estas cosas."
"Estas cosas..." La voz se quebró. "Hablas de asesinato y muerte como si fuera el tiempo. Yo he matado. Lo he disfrutado. Pero no hay nada en ti. ¿No te molesta eso?"
"Desenvaina tu espada, o no lo hagas. De cualquier manera que elijas, he terminado de hablar."
La mano del Capitán se alejó de su espada. No podía hacerlo. No solo porque tenía miedo de perder, sino porque el instinto de matar en Kael era una bestia que no podía comprender. Tampoco quería comprenderla.
"¿Qué te pasa?" La pregunta salió como un susurro.
"Nada", dijo. "Solo estoy haciendo lo que me parece razonable.
Te has convertido en mi enemigo. Intenté hablarlo antes de abandonar el campamento. Luego, cuando fui arrastrado de vuelta a ello, huí y destruiste mi vida durante los meses venideros. Que decida matarte no debería ser ninguna sorpresa.
... Vamos. Saca tu espada ya."
No lo hizo. Corrió hasta que sus pulmones ardieron y sus piernas cedieron hasta que finalmente se derrumbó en las laderas, mirando atrás. No estaba siendo seguido
Kael seguía de pie en su tienda junto al cementerio, con la mano lista, mirando el espacio donde había estado su antiguo superior. Simplemente se quedó allí parado durante un largo y silencioso momento, suspiró... Y se giró hacia su campamento en ruinas, se arrodilló, y reanudó la tarea de ordenar entre las cenizas.
Discussion in the ATmosphere