CAPITULO 8: LLAMAS ARIDIENTES
fictograma [Unofficial]
June 29, 2026
—Entonces no me contendré, Raiden —expresó Kasai, dibujando una gran sonrisa en su rostro.
—Eso espero —respondió el castaño, devolviéndole una mirada cargada de admiración y adrenalina.
El pelirrojo separó las piernas y flexionó las rodillas, anclándose firmemente al suelo en una postura baja para absorber el retroceso de su propio don. Alzó ambos brazos hacia el frente, juntó las manos y extendió los dedos índices simulando el cañón de un arma. El aire a su alrededor comenzó a distorsionarse violentamente por el calor extremo, mientras una luz incandescente se acumulaba en la punta de sus dedos.
Raiden lo observó, un poco atónito ante la inusual postura de su amigo.
—¡Katondan! (Balas de fuego) —exclamó Kasai con fuerza.
Al simular el movimiento del gatillo con los pulgares, ráfagas de llamas ultra concentradas salieron disparadas de sus manos como si fueran proyectiles de un revólver, perforando el aire con un agudo silbido ardiente.
¡Tas!
¡Tas!
¡Tas!
Las balas ígneas volaron en dirección a Raiden. El castaño comenzó a esquivarlas con cierta dificultad; algunas lograron rozarle los hombros o impactar de refilón en sus piernas, pero, por alguna extraña razón, el fuego no parecía causarle ningún daño.
¡Tas!
¡Tas!
¡Tas!
Kasai continuó disparando sin tregua, pero no se percató de que la fricción y los constantes impactos contra el suelo estaban levantando una densa nube de humo. En cuestión de segundos, la plataforma entera quedó cubierta por una cortina grisácea que anulaba la visión. El pelirrojo detuvo su ataque y adoptó rápidamente una postura defensiva.
¡Frusss!
Un objeto salió disparado desde el humo a una velocidad vertiginosa. Kasai actuó por puro instinto y ladeó la cabeza; el proyectil lo rozó, dejándole un fino corte en la mejilla antes de estrellarse contra el muro de las gradas.
¡Pas!
—¿Qué fue eso? —se preguntó Kasai, mirando sorprendido los pedazos de baldosa destrozada.
¡Frus!
¡Frus!
Varios objetos más salieron disparados en su dirección. Sin dudarlo, Kasai extendió ambos brazos hacia el frente.
—¡Masani akkan no honō no uzu! (Remolino recto de fuego).
Un poderoso tornado de llamas horizontales brotó de sus palmas, desviando los escombros hacia los lados.
¡Pas!
¡Pas!
A medida que el viento y el fuego disipaban el humo, la figura de Raiden se reveló. Estaba agachado, arrancando pedazos de la plataforma de piedra con sus propias manos.
—Vaya, conque era eso —murmuró Kasai con una sonrisa curiosa.
—Ah, me descubriste —dijo Raiden. Tomó dos trozos de baldosa, uno en cada mano, se puso de pie y llevó los brazos hacia atrás para tomar impulso.
¡Fasss!
Lanzó ambos escombros con una fuerza brutal. Los pedazos de piedra giraban sobre sí mismos a tal velocidad que parecían discos de sierra cortando el aire. Kasai apenas tuvo tiempo de agacharse; los proyectiles le rozaron el cabello antes de hacerse añicos contra la pared del coliseo.
—Eso estuvo cerca… —suspiró el pelirrojo, con el corazón acelerado.
Pero Raiden no le dio respiro. Ahora sostenía una pequeña piedra entre el pulgar y el índice, adoptando la postura de un lanzador de béisbol profesional.
¡Fas!
La piedra salió disparada como si fuera la bala de un francotirador.
¡Pala!
El diminuto proyectil impactó de lleno en el hombro izquierdo de Kasai. La fuerza del golpe le rasgó la ropa, dejando un agujero circular perfecto y una marca intensamente roja en la piel.
—¡Ahhhhh! —gritó Kasai por el dolor repentino mientras se sujetaba el hombro, apretando los dientes. La pequeña piedra cayó al suelo soltando volutas de humo por la fricción.
¡Tap!
¡Tap!
Aprovechando la distracción, Raiden acortó la distancia corriendo a una velocidad sobrehumana. En un parpadeo, ya estaba frente a Kasai, agachado y con el puño derecho cargado hacia atrás. El pelirrojo no pudo reaccionar a tiempo; solo alcanzó a ver cómo el nudillo de su amigo se acercaba implacablemente hacia su rostro.
¡Pam!
El impacto desfiguró temporalmente la cara de Kasai, levantándolo del suelo con violencia. Salió despedido hacia atrás, con los brazos colgando, directo hacia el vacío fuera de la plataforma.
A centímetros de quedar descalificado, Kasai abrió las palmas de sus manos y las apuntó hacia abajo.
¡Frug!
Dos potentes chorros de fuego lo impulsaron hacia el cielo. Demostrando una agilidad impecable, dio un par de volteretas en el aire y aterrizó elegantemente en el extremo opuesto del cuadrilátero. Llevó su mano a la nariz, comprobando que un hilo de sangre escurría por su rostro. Miró a Raiden con asombro; en todos los años que habían entrenado juntos, el castaño jamás había demostrado semejante poder.
La multitud estalló en gritos eufóricos.
En las gradas, el capitán de los guardianes y su subordinado observaban boquiabiertos.
—¡Guau! Esta batalla sí que está sorprendente —comentó el guardia menor—. No creí que ese chico de cabello castaño fuera tan fuerte.
—Sí, está muy entretenida.
—Capitán, ahora que ve esto, ¿quién cree que gane?
—No sabría decirte… No pensé que el combate llegaría a ser tan reñido.
Abajo, en la arena, Raiden observaba a su amigo con una expresión severa.
—Te conozco muy bien, Kasai —dijo con voz grave—. Y sé que no estás peleando con todas tus fuerzas.
Kasai abrió los ojos con sorpresa.
—Yo estoy peleando con todo lo que tengo y todo lo que soy —continuó Raiden, señalando hacia kasai—. Si tú no haces lo mismo, será igual a humillarme.
Kasai inhaló profundamente, asimilando la determinación de su amigo. Su mirada cambió, volviéndose afilada y decidida. Sus manos estallaron en llamas.
—Entonces ya no me contendré más.
Kasai alzó ambos brazos hacia el cielo con brusquedad.
¡Fasg!
Un enorme muro de fuego brotó del suelo, dibujando un círculo perfecto que los encerró a ambos en una arena ardiente.
—¿Qué? ¿Por qué nos encierra en un círculo? —se preguntó Raiden, sorprendido. «Ya veo. Es para limitar mis movimientos. Él puede pelear a cualquier distancia, pero yo dependo de tener espacio libre para maniobrar y acercarme. Conque eres todo un prodigio, ¿eh, Kasai?», pensó con una sonrisa desafiante.
Kasai extendió las manos hacia el frente y comenzó a moverlas en círculos, concentrando el calor hasta formar una esfera llameante gigantesca.
—¡Hinotama! (Bola de fuego).
¡Fab!
El inmenso proyectil salió disparado a una velocidad aterradora.
—¡No puede ser! —gritó Raiden.
¡Tak!
En el último instante, Raiden dio un salto impulsado por toda su fuerza de voluntad. La enorme esfera pasó rozando la suela de sus zapatos… pero se desvaneció en el aire antes de tocar los bordes de la plataforma.
¡Tap!
Al caer al suelo, Raiden comprendió el engaño. «¡Ah, no puede ser, era una distracción!», pensó con frustración, girando la cabeza de inmediato.
Kasai ya estaba a un par de metros de distancia. Había utilizado llamas en sus espaldas para impulsarse como un misil. Juntó ambas manos al frente, acumulando una energía tan densa que el fuego se tornó de colores rojos, amarillos y naranjas puros.
—¡Shōka haikan! (Cañón de fuego).
¡Fah!
Un torrente continuo de fuego impactó de lleno a Raiden. El castaño solo alcanzó a cruzar los brazos frente a su cara por puro instinto de supervivencia. El ataque a quemarropa se prolongó durante diez infernales segundos antes de disiparse.
El cuerpo de Raiden comenzó a inclinarse hacia adelante, como si estuviera a punto de colapsar. Pero justo antes de tocar el suelo…
¡Pam!
El puño del castaño se hundió profundamente en el estómago del pelirrojo. El golpe fue tan devastador que mandó a Kasai arrastrándose hacia atrás, haciendo rechinar las suelas de sus zapatos contra la piedra.
«¡No puede ser! ¿Cómo es que sigue intacto después de ese ataque?», se preguntó Kasai mientras intentaba frenar. «Me va a tocar usar esto».
Sus pies se envolvieron en llamas, logrando frenar su derrape. Sin perder un segundo, Kasai moldeó el fuego en sus manos, dándole la forma de un arco largo y una flecha incandescente. Apuntó directo a la cabeza de su rival y soltó la cuerda.
¡Fas!
La flecha ígnea cortó el aire con precisión letal. Raiden, en un acto de reflejos puros, alzó las manos y atrapó el proyectil al vuelo. La fuerza cinética lo empujó hacia atrás, pero logró desviar la trayectoria en el último momento. Soltó la flecha abrasadora, que salió disparada hacia las gradas.
Al impactar contra la pared, la flecha provocó un estallido que encendió un pequeño incendio en el muro.
—¡Ahhhh! —La multitud comenzó a gritar y a alejarse de la zona presa del pánico.
Kasai miraba la escena con las piernas temblorosas. «¿Cómo es posible que pudiera sostener ese ataque y además desviarlo?», pensó, atónito.
—No… puedo creer… que me lanzaras eso —dijo Raiden, jadeando con dificultad, apoyado en el suelo sobre una rodilla.
De repente, un mechón de su cabello castaño se prendió en llamas.
—¡Eh! ¡Ay, ay, ay, me quemo, me quemo! —gritó Raiden, saliendo de su pose seria para darse palmadas frenéticas en la cabeza y apagar el fuego.
A unos metros de distancia, Kasai cayó de rodillas al suelo. El dolor del golpe en el estómago se mezcló con las secuelas de la explosión que había sufrido en su pelea anterior.
¡Gag!
El pelirrojo vomitó un poco de saliva mezclada con sangre.
—Lo mismo digo… —jadeó Kasai—. ¿Desde cuándo golpeas así de fuerte?
—Desde siempre, por supuesto —respondió Raiden, exhibiendo una gran sonrisa.
—No te creas tanto… si antes golpeabas como una niña.
—¡Oye, no digas tonterías! —le gritó Raiden, fingiendo molestia.
—Bueno, continuemos con esto —dijo el castaño, levantándose como si nada. Chocó su puño contra la palma de su otra mano y se hizo crujir los dedos vendados.
¡Track!
¡Track!
Kasai se levantó lentamente. Sus piernas aún temblaban. «No estoy acostumbrado a recibir golpes tan masivos. Ni siquiera mi padre golpea con tal nivel de brutalidad», admitió para sí mismo.
De repente, la mitad izquierda del cuerpo de Kasai se encendió en llamas descontroladas.
—¡Ugh! —soltó un quejido de dolor agudo, cerrando su ojo derecho por el ardor. «No puede ser… ¿Por qué ahora?».
Raiden lo miró con auténtica preocupación. «No me digas que…».
En las gradas, el capitán de los guardianes entrecerró los ojos.
—Mmm. Ni un prodigio se salva de su propio don.
—¿Qué quiere decir con eso, capitán?
—Je. Solo sigue mirando, novato —respondió, sin apartar la vista del cuadrilátero.
—Tengo que asegurarme —murmuró Raiden, dando un paso cauteloso hacia atrás.
—Oye, déjame preguntarte algo, Raiden.
—Mmm, ¿qué cosa?
—¿Cómo es posible que no te haya afectado ninguno de mis ataques? Literalmente recibiste un impacto de lleno.
—Mmm… la verdad, no lo sé —respondió Raiden ladeando la cabeza con total honestidad.
Kasai parpadeó, sorprendido por lo simple de la respuesta.
—Ah… bueno, no importa. Continuemos.
Kasai extendió su brazo izquierdo, el que ardía con más fuerza.
—¡Hi no doragon! (Dragón de fuego).
Las llamas se arremolinaron, creciendo hasta tomar la forma de un gigantesco dragón oriental compuesto de puro fuego que rugió hacia el cielo.
—Oh, vaya… es la primera vez que veo un dragón —comentó Raiden, justo antes de empezar a correr por su vida.
¡Palck!
El monstruo ígneo se abalanzó sobre él lanzando una poderosa mordida. Raiden rodó hacia adelante, esquivando las fauces apenas por milímetros. Las mandíbulas de la criatura se estrellaron contra la plataforma, derritiendo la piedra y dejando una grieta profunda.
«¡Por poco! No puedo dejar que eso me atrape o estaré literalmente frito», pensó Raiden.
¡Palck!
¡Palck!
¡Palck!
El dragón atacó una y otra vez de forma implacable, pero Raiden logró esquivar cada embestida leyendo los movimientos.
—¡Ya estoy harto de esto! —gritó el castaño.
Cuando el dragón se lanzó para una última mordida, Raiden se plantó firme en el suelo.
¡Pam!
Extendió ambos brazos y sostuvo las mandíbulas de la bestia de fuego con sus propias manos. El dragón intentaba cerrarlas para aplastarlo, pero la fuerza bruta de Raiden era superior. Sin embargo, en un parpadeo, la inmensa criatura de fuego simplemente se desvaneció en el aire.
—¿Eh? —Raiden quedó con las manos extendidas, completamente desconcertado.
¡Pam!
Un puño envuelto en llamas impactó violentamente contra su estómago. Raiden escupió sangre mientras la fuerza del golpe lo levantaba del suelo, lanzándolo varios metros hacia atrás. Apenas logró detener su cuerpo derrapando.
—En… en qué momento… —jadeó, buscando a su rival con la mirada.
¡Pam!
Antes de poder terminar la frase, un segundo golpe lo conectó desde el cielo, estrellando su espalda brutalmente contra la plataforma.
«¿Desde arriba?», pensó Raiden, cruzando los brazos en forma de “X” sobre su rostro. «Sigo cayendo en sus engaños…».
Al abrir los ojos, descubrió la terrible realidad: Kasai se movía a una velocidad demencial, atacando desde múltiples ángulos.
¡Pam!
¡Pam!
!Pam!
¡Pam!
Raiden solo podía cubrirse. Las ráfagas de puños de fuego llovían sobre él sin piedad. El suelo bajo su espalda comenzó a resquebrajarse cada vez más, hundiéndolo en un cráter mientras recibía castigo tras castigo.
De repente, la piedra agrietada debajo de Raiden comenzó a brillar con un intenso color amarillo.
¡Paf!
Una explosión volcánica surgió del subsuelo. Una enorme columna de fuego mandó a Raiden volando a decenas de metros de altura. Y mientras estaba indefenso en el aire…
¡Pam!
Kasai apareció sobre él y descargó un último puñetazo descendente con todas sus fuerzas.
¡Pack!
El cuerpo de Raiden se estrelló contra la plataforma como un meteorito. El impacto destrozó lo que quedaba del cuadrilátero, levantando una nube de polvo espeso que silenció por completo al coliseo.
Kasai aterrizó a unos metros de distancia, jadeando exhausto, con los brazos colgando por el cansancio extremo tras haber gastado tanta energía.
Las gradas murmuraban con miedo y asombro.
—¿Se encuentra bien?
—¿Se habrá muerto?
—¡Hinokami es demasiado fuerte!
Entre el polvo y los escombros…
—¿Eh?
La silueta de Raiden comenzó a ponerse de pie lentamente. Se sacudió el polvo de los hombros con tranquilidad.
—Sabes, Kasai… Mi abuelo me ha golpeado muchas veces.
Un frío escalofrío recorrió la espalda de Kasai. Sabía perfectamente que el viejo maestro de Raiden tenía una fuerza descomunal y no tenía piedad en los entrenamientos.
—Ese golpe en el estómago… fue tu venganza por el mío, ¿verdad? —preguntó Raiden, esbozando una sonrisa afilada.
—Jejeje… me descubriste —admitió Kasai con una risa cansada.
—¡Desgraciado! ¡Ahora sí que te voy a golpear en serio! —Raiden flexionó las piernas y se lanzó a correr hacia él como un tren fuera de control.
Al ver la inquebrantable fuerza de voluntad de su amigo acercándose, Kasai sintió una profunda sensación de satisfacción en el pecho. Sonrió genuinamente, levantó ambas manos hacia el cielo y gritó a todo pulmón:
—¡Me rindo!
Raiden intentó frenar de golpe al escuchar las palabras, tropezando con sus propios pies y dando un par de vueltas cómicas sobre la piedra resbaladiza antes de detenerse.
—¡Oye, Kasai! ¿Qué fue lo que dijiste? ¡Creo que no escuché bien! —reclamó Raiden, con los ojos abiertos de par en par.
—Dije que me rindo —repitió Kasai, cruzándose de brazos con una sonrisa relajada.
—¡¿Ehhhhhhhhhh?! —gritó Raiden, llevándose las manos a la cabeza.
—¡¿Ehhhhhhhhhh?! —exclamó el juez desde la barrera de seguridad, casi dejando caer su micrófono.
—¡¿EHHHHHHHHHH?! —rugió la multitud entera, incapaz de procesar el giro de los acontecimientos.
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