BOFOS
El enfermera
En los pasillos de el hospital mental “Dr. Federico Mora”, el silencio de cierne sobre el mundo, por primera vez desde hace 40 años, Sara se despertó en un cuarto vacío, la luz de la luna llena ilumino su cara, no sabia hace cuento se habia dormido. Recordaba el pánico y los disparos que se escucharon al caer la noche, su mente todavía estaba confundida “¿porque empezaron a disparar a los pacientes’” era en todo lo que podía pensar. A penas podía contener sus lagrimas al recordar como a su paciente de 80 años, una abuela con demencia; relativamente calmada y dulce en sus momentos de lucidez, le atravesó una bala la cabeza, la pobre señora quedo desparramada en el pido, convulsionando y su cuerpo liberaba todo lo que traía dentro, verdaderamente una horrible forma de morir para una señora que, según sus nietos, su mayos pecado habia sido quedarse con su esposo ebrio y golpeador hasta que murió de cirrosis. Recordaba como vio un destello en el bosque que rodeaba el hospital, y escuchaba botas acercándose, el como gritaban que se pusieran contra la pares una pasillos mas adelante, para luego escuchar mas disparos. Solo se movió cuando su compañera, una enfermera 10 años mayor que ella, la tomaba del brazo y la metía en una habitación vacía.
“Escondeté” le dijo, ni siquiera recordaba su nombre.
Se metió de bajo de una cama cercana, no podía hacer mas que respirar con dificultad y sentir como su cuerpo temblaba sin que pudiese hacer nada, el frio piso en el que se acostó era la calara señal de que no era un sueño, era una pesadilla traída al mundo real. Durante un rato, no se escucho nada mas que disparos y mas botas marchando por los pasillos. El silencio era lo peor, no sabia que hacer, si salía podía ser el nuevo blanco del alguna bala, y si no salía seguramente alguien vendría y tal vez no fuera diferente a la primera opción, ambas opciones eran un asco y al final no pudo decidir. Por lo menos hasta que se escucharon gritos por todos lados, unos gritos que solo habia escuchado una vez en su vida.
A los 9 años, se encontraba en su casa, almorzando con sus primos, su casa no era la mas lujosa o la que mas espacio tuviera para jugar con sus primos, que en total eran 9 mas ella. Pero todo lo que no tenían en dinero o en especio lo compensaban con la familia, algo incondicional en su vida. O al menos eso creía, Afuera de su casa se escucho un grito de muerte, algo que una persona solo puede hacer una vez en su vida, un grito de desesperación e inminente final. Su tío, alcohólico por su puesto, se encontraba en la entrada, con un machete, cortando y brutalizando a un joven, ella lo habia visto antes, era uno de los chavos que solía llegar a la tienda de su papa, usualmente para ver a su prima Jimena. No sabia muy bien porque, pero parecía que algo grave habia hecho. Lo primero que vio fue a su prima llorando y pidiendo que se detuviera entre gritos, su madre la estaba sosteniendo desde atrás, mejor que fuera el chico y no su hija. Y al ver a su tío el horror de la sangre, el sudor, una rabia irracional impulsada por el alcohol y un semblante que parecía no ser humano, no pudo evitar mearse encima; Eso de por si ya era malo, pero lo que verdaderamente hizo que el recuerdo no hubiese salido hasta hoy, fue el rostro de el chico, arrodillado en el piso, el un charco de su propia sangre y meados, una cara muy golpeada y llena de cortes, el peor de estos era uno que iba desde la corona, pasaba por el ojo izquierdo, y llegaba hasta su clavícula, totalmente abierta y pulsante, incluso parecía que uno de sus ojos habia salido de su cabeza pues tenia el ojo izquierdo totalmente cerrado, todo lo cerrado que puede estar con el corte del machete, y hundido. La imagen de lo que paso la hizo vomitar y la dejo sin voz como para poder hacer algo mas que tirarse y correr hasta el cuarto donde ella y sus padres dormían. Los gritos que escucho ese día nunca los olvidaría ¿Quién podría olvidarlos? Al menos el recuerdo le dejaba una cosa clara, lo que pasase afuera solo significaba que salir no era una opción.
Como si fuese poseída por algo, salió debajo de la caman y empezó a mover cualquier cosa que pudiese a la puerta, con su 1. 58 y sus 55 kg de pura desesperación y miedo, logro hacer una barricada en la puerta. Los gritos no hacían mas que acosarla, empezaron a tocar la puerta desesperadamente, pedían entrar entre llantos y vómitos, algunos suplicando y llorando, otros exigiendo llenos de rabia ordenándole que los dejasen pasar, que sabían que estaba ahí. Pero nada de eso servía, Sara solo cubrió sus oídos, dejo que el miedo la atrapase y se acurruco en la única cama libre que quedaba, poco a poco los gritos pararon, los empujones y golpes cesaron, y los llantos se detuvieron, lo ultimo que se escucho fue un disparo, y carros yéndose. No sabe en que momento paso, pero se quedo dormida en la cama.
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