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Esmeralda

fictograma [Unofficial] May 18, 2026
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Capítulo 27

Al día siguiente, Jensen buscó una camioneta en diferentes agencias de autos usados. No estaba acostumbrado a andar en bicicleta por mucho tiempo y la irritación del trasero lo fastidiaba.

El sol estaba agotador. Su camisa escurría sudor y se sacudía con el viento que forzaba el avance en la subida infinita.

Por fin llegó al negocio. Sus piernas temblaban de cansancio. Sacó del compartimento exterior del morral una botella casi vacía de agua, ya tibia.

—Te dije que trajeras el termo con hielos, pero no. El hombre actúa sin ningún planeamiento —gruñó Vicente—. Haces las cosas al revés. Primero compras la camioneta, después te deshaces de la vieja.

—Ya no está Susana; ya no está la camioneta —respondió Jensen, como si eso explicara todo.

—Hola, buenas tardes. Soy Camargo, Miguel Camargo. ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Estás buscando algún vehículo?

—Sí. Necesito una camioneta de color verde, pero no cualquier verde. Es un verde particular.

—Con mucho gusto te mostraré las camionetas verdes que tenemos. Sígueme, por favor.

Caminaron por el parque vehicular. Los autos estaban estacionados sobre tierra, dentro de un terreno rodeado de malla ciclónica.

Ninguna camioneta tenía el color o tono que estaba buscando, hasta que llegaron a la última.

Los ojos de Jensen se iluminaron.

—Quiero esa.

—Con mucho gusto. Nos llegó hoy en la mañana y la acaban de lavar. Voy por las llaves para que la pruebe manejándola a la redonda, pero necesitaré su licencia.

—Solo dime cuánto cuesta y llenemos los papeles.

Jensen estaba ansioso, respetuoso y con un brillo de entusiasmo. Realizaron todo el trámite y por fin le dieron la llave y los documentos. Se sentó al volante como un niño chiquito acariciando el volante, el asiento.

Encendió el motor y cerró los ojos por un momento para que sus oídos saborearan el sonido. Comenzó a manejar hacia la salida, pero se detuvo antes de salir del estacionamiento.

Se bajó apresurado bajo la mirada lejana del vendedor. Agarró una piedra mediana y se acercó para comenzar a golpear y rayar el costado izquierdo de la camioneta. Otro golpe, otro rayón, solo en el lado izquierdo. Aventó la piedra a la orilla del camino y se detuvo para acariciar con las yemas de los dedos los rayones, del mismo modo que los clientes de Esmeralda acariciaban sus heridas. Con la respiración agitada subió a la cabina.

Del morral sacó unas letras adheribles para pegarlas en la parte alta del parabrisas.

ESMERALDA.

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