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Proyecto 91. Capítulo 8: Ciudad del Crimen. Parte 2

fictograma [Unofficial] May 17, 2026
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La habitación estaba iluminada por 2 luces que colgaban del techo como candelabros. Más allá de la fachada precaria de la ciudad, todo el ambiente se veía bastante limpio y lujoso. Ahí, en la cama, un hombre estaba postrado con dos cortesanas a cada lado. Las mujeres acariciaban sus pectorales con suavidad mientras acurrucaban sus genitales entre sus piernas.

En ese momento, una llamada sonó en el celular.

—Diga.

—“Tengo un trabajo para tí”.

—¿De qué trata?

—“¿Lo harás?”

—Suena a problemas.

—“Será peor si lo dejamos pasar… Revisa tu bandeja de entrada”

“tzz”

El tipo revisó el nuevo mensaje. Al verlo, no pudo evitar entrecerrar los ojos.

—El encargo que me pides… Es complicado, ¿sabes?

—"¿Entonces no puedes hacerlo?”.

—Yo no dije eso. Pero… es una lástima…

—“… Es peligrosa”.

—No será barato

—“No te preocupes por eso. Lo tengo cubierto”.

El hombre sonrió en ese momento. Colgó la llamada y volvió a mirar la foto en su celular.

—En verdad es una lástima… —Dijo en voz susurrante.

En la foto, una mujer de uniforme y placa estaba retratada. Su cabello castaño y atado, y su rostro serio reflejaban su profesionalismo.

El hombre miró entonces a las dos bellezas que se postraban a su lado.

—Lo siento. La pasé bien anoche, pero no puedo dejar testigos…

—¿Eh?

De un movimiento con sus manos, sus cuellos fueron dislocados. Ambas murieron al instante. El tipo se levantó de la cama luego de eso.

—Limpien —Dijo, y al instante, dos subordinados entraron a quitar los cuerpos sin vida de las cortesanas.

Malena recorría la ciudad en busca de pistas, había venido con bajas expectativas, pero todo indicaba que era peor de lo que imaginaba. No podía confiar en la policía local por lo que prácticamente estaba investigando sola. Se sentía como haber entrado a la boca del lobo, aún así, no se arrepentía.

Creía que estaba cerca de revelar una verdad, pero debía ser cautelosa estando en un terreno desconocido.

Mientras caminaba, los ojos dirigidos hacia ella no paraban. Fue ahí, donde de entre todas las miradas fugaces que la apuntaban, una figura llamó su atención; un hombre alto y robusto, casi anormal para la complexión de una persona. Pero esto no fue lo que captó su mirada, sino que aquel hombre no concordaba con la atmósfera de Cerros. Mientras que todos la veían con ojos afilados, él simplemente caminaba como si su entorno no le importara demasiado; ni siquiera dirigió su vista hacia ella o la gente que lo pasaba por al lado.

La silueta anormalmente grande le recordó a alguien que había conocido en Kallin, alguien muy peculiar y sumamente sospechoso.

¿Podría ser…?

Aún así, no le dió muchas vueltas al asunto: Una sospecha no basta para estar segura. Se limitó a observarlo un poco más antes de seguir su camino.

Hizo varios paraderos en restaurantes, casas, hoteles, y otros lugares de la ciudad preguntando sobre la situación. A pesar de todo, la gente era esquiva. Muy pocos decían algo realmente relevante, lo que dificultó la investigación y aumentó aún más sus sospechas sobre Cerros.

Entonces entró en un mercado, el movimiento de la gente yendo y viniendo parecía una vista atípica para toda la atmósfera.

Se acercó a un empleado y se presentó mostrando su placa.

—Buen día. Detective Malena Persong. ¿Le importaría responder unas preguntas?

—Es raro ver a un policía hacer su trabajo. No parece de aquí.

El tono áspero e inquietante empezaba a sentirse como algo común en los habitantes. Malena comenzaba a acostumbrarse a este tipo de trato.

—¿Ha habido movimientos sospechosos en Cerros los últimos días?

—Bueno, lo sospechoso aquí es muy común, me sorprende que no esté al tanto… Detective.

—Hábleme más sobre eso.

—No es mucho, solo digamos que es muy normal salir “desnudo” de la ciudad.

A pesar de su tono, parecía estar respondiendo obedientemente cada pregunta. Lo que a ella le dió una perspectiva mucho más clara; de alguna forma comenzaba a simpatizar con las personas de la ciudad, parecían gente cansada.

—¿Ha visto movimientos inusuales durante la noche?

—No mucho, solo sé que hay un grupo de tipos que aparecen y desaparecen. Como una leyenda.

—¿Los ha visto?

—No exactamente, hay quienes dicen haberlos visto. Pero ya sabe… las leyendas son eso.

—Hábleme de quienes lo dicen.

—Solo escucho rumores que pasan por mis oídos ¿Cómo voy a saberlo?

—… ¿Qué otra actividad sospechosa ha visto?

En ese momento el empleado estaba por responder cuando.

—¿Es oficial de policía? Tengo algo que informarle.

Un hombre de aparente edad avanzada interrumpió. Tenía la cara de alguien que vivía solo en el bosque; una personalidad directa y afilada que sin embargo, no terminaba de encajar en Cerros.

Malena se dio la vuelta al oír la voz del hombre que se acercaba.

—Detective Malena Persong —Dijo mientras mostraba su placa.

—Mi nombre es Darius Ingrid.

—Dijo que tiene algo que decir, ¿qué es?

—Bueno, no es algo sospechoso como tal. Pero me pareció muy extraño, por lo que decidí reportarlo.

Ante su respuesta ella frunció el ceño.

—¿Qué vio exactamente?

—Yo vivo cerca del bosque, no muy lejos de la ciudad. Estaba revisando la periferia de mi casa cuando ví algo moverse por el rabillo del ojo. Al inicio creí que era un oso, durante esta temporada suelen volverse muy agresivos y territoriales. Sin embargo la figura desapareció en cuanto dirigí mi mirada.

Malena quedó extrañada. El relato se salía por completo del tema objetivo, pero seguía siendo inquietante, como si su instinto le dijera que había algo más.

—¿Y no cree que haya sido un espectro ocular?

—Es imposible que solo haya sido mi imaginación, revisé luego de eso, pero las trampas para osos estaban intactas. Y había huellas anómalas y extrañas esparcidas por el terreno.

—… Hábleme de esas huellas.

—Es algo que nunca vi. Parecían de alguna clase de reptil desconocido, nada que se asemeje a un oso. Pero al menos quiero creer que fue un oso anormalmente grande.

—¿Dónde vió esas huellas?

La descripción le recordaba a algo que ya había visto, por lo que quería estar segura.

—Si sale al sur, solo hace unos 15 km y entra en el primer camino de tierra, llegará a mi hogar. Alrededor puede ver esas huellas. Tenga cuidado con los osos, como le dije están muy activos en esta temporada… Y también con las trampas.

—Gracias.

—Como sea, solo espero que sea un oso.

—…

Malena salió entonces del mercado, había obtenido más respuestas de lo que esperaba y como si fuera parte de un bonus extra, una corazonada la llevaría a pistas que puedan dar con el paradero del forastero. O al menos eso creía.

La figura caminaba por las calles con un bolso cargado de dinero. Cualquier persona habría atraído visitas indeseadas por esto, pero no había muchos que quisieran meterse con alguien tan grande como él. Después de todo, los rumores en el bajo mundo se esparcían como agua, y la historia sobre un solo hombre que aterrorizó a toda la “Banda Del Oso Negro” proliferaba entre las pandillas esparcidas alrededor de la ciudad.

Paró frente a las puertas de un hotel. La fachada, como siempre, descuidada mostraba una vista lamentable de su interior.

La recepcionista se encontraba detrás del mostrador, ordenando papeles como si fuera costumbre. En ese momento, un hombre entró con un bolso al hombro. Era normal que la gente tuviera una actitud tajante cuando se trataba de Cerros. Sin embargo, la figura frente a ella era alta, robusta y de cuerpo prominente, por lo que no pudo evitar sentirse intimidada por su abrumador cuerpo. Incluso podría verle un atractivo rostro, pero su sola presencia mataba todo el ambiente.

—Ah ¿En qué puedo ayudarle? —Dijo, como si estuviera hablando con un tigre.

—Una habitación, me quedaré unos días.

—S-si, son 3 terales y 50 céntimos la noche.

El hombre desplazó unos billetes hacia la recepcionista en respuesta.

—Conserva el cambio —Dijo.

—… Gracias.

Entonces ella buscó una de las llaves que tenía debajo del mostrador y se la entregó obedientemente.

—Habitación 7 en el primer piso… L-las escaleras están al costado.

—Gracias.

—Su nombre.

—¿Disculpe?

—N-necesito su nombre para anotarlo en el registro, señor.

—… Isaak Malmsteen.

Luego de eso Isaak se dirigió a las escaleras para subir a su habitación, la figura de su espalda alejándose recordaba mucho a la postura de un guerrero.

—Uuff.

La recepcionista no pudo hacer más que suspirar ante dicha vista.

Al llegar a su habitación, abrió la puerta revelando su interior. Como si fuera un contraste con la fachada precaria, la habitación parecía bien cuidada; al menos estaba limpia y mantenida regularmente. Pero Isaak no se fijó en estos detalles, con solo tener un lugar en el que dormir, le bastaba.

Revisó el armario, la cama y rincones en busca de un lugar donde pudiera guardar su bolso. Finalmente lo colocó dentro de un armario, tomó unos billetes y salió. No era un tonto, sabía que ir de aquí para allá con un bolso cargado de dinero eventualmente despertaria la sospecha y curiosidad de muchos, por lo que prefirió conservarlo en su guarida y solo desplazarse con lo justo.

Al salir del hotel, la recepcionista no pudo evitar dirigir su mirada hacia él. Alguien tan prominente sin dudas sería la atracción de muchos ojos.

El primer lugar que se topó Isaak luego de salir fue una tienda de ropa. Entró, tenía curiosidad por si había prendas de su talla y más importante aún, necesitaba encontrar una forma de cubrir su cara. Cerros no tenía tanta presencia militar, pero eso no significaba que no estuvieran merodeando. Su capacidad de polimorfia además no le permitía cambiar sus rasgos faciales, por lo que podría ser reconocido si se exponía sin cuidado. En este punto, se volvió minucioso.

No había mucho que llamara su atención, a pesar de la variedad, no encontraba nada de su talla y la atención era prácticamente mediocre; inexistente.

Se dirigió entonces a una sección donde parecía haber sombreros, y unas capas que por alguna razón lo atrajeron visualmente.

—¿Cuánto cuesta esto? —Preguntó mientras señalaba un sombrero de cuero lo suficientemente grande para cubrir su cara.

—15 terales por ese sombrero.

—… Lo llevo… También esta capa.

En la dirección a la que miró había una capa de cuero pesada y forrada con lana de cordero; era tan grande que podía llegar a sus rodillas y tan ancha como para cubrir sus hombros y cuello.

—Ahh, esa está 75 terales… Si me permite señor, si va a comprar ese conjunto, tenemos ropa de su talla que puede combinar perfectamente.

—¿Es así?

—Sígame por esta sección.

Isaak siguió al empleado a una sección donde había ropa que tenía el mismo estilo que el sombrero y la capa; Botas de cuero de diferentes tipos, pantalones de jean y cargo que eran muy comprados por muchos, e incluso remeras, camisas y buzos que encajaban con su cuerpo.

Al verlo no se contuvo, eligió lo que mejor le iba y compró cada conjunto: Un pantalón cargo, botas tácticas, camisa henley y una chaqueta double-duty que le quedaba a la perfección. Además, el sombrero y la capa complementaban su estilo.

—Le queda bien señor… creo que unos lentes lo harían ver como todo un cazador jeje.

—… ¿Tiene billeteras?

—De todo lo que busque.

El empleado era anormalmente agradable, al ver todo lo que iba a comprar, sus ojos se abrieron siguiendo el camino del dinero.

Al final, compró una billetera y unas gafas. También una bufanda y guantes de cuero forrados con lana de cordero. No porque el empleado se lo haya recomendado, sino por sus propios intereses. Salió de la tienda satisfecho.

Siguió recorriendo las calles, esta vez, se detuvo en un restaurante, quería comer algo después de su largo viaje.

El empleado no pudo evitar sorprenderse al ver al cliente que se aproximaba a una mesa.

Increible —Pensó.

La figura, con capa y sombrero prominente, era lo suficientemente grande para intimidar hasta el hombre más fuerte. Era una mezcla de miedo y admiración por la espectacular vista.

—¿Qué se le ofrece? —Preguntó.

—¿Qué hay?

—Tenemos cortes clásicos de la región con algunas especias.

—Traigame eso.

—¿Algún platillo en particular?

—No.

—Enseguida.

Isaak esperó el pedido sentado. Para comer necesitaba liberar su boca, por lo que se quitó la bufanda y las gafas, revelando su rostro. Nadie lo habría reconocido, excepto por dos personas que se acercaban…

—¡Es él!

Al voltear en la dirección, dos niños que aparentaban tener unos 10 años venían corriendo.

—Hola.

—Salvador, jeje.

—…

A Isaak no le molestó su actitud juguetona, aunque estaba desconcertado por su repentino comportamiento; no esperaba que se dirigieran hacia él cuando no se conocían.

—¿Cómo te llamas? —Preguntó el niño.

—Isaak

—Yo soy Kael, y ella es mi hermana Yuna… Gracias por salvarnos señor.

—No hice mucho. ¿Dónde están sus padres?

Al escuchar la pregunta, los niños bajaron su cabeza con una mirada amarga. Isaak entendió el porqué, pero no era como si pudiera hacer algo para aliviarlo.

—No tenemos padres.

—… Lamento oírlo.

Justo entonces, el mesero se acercó con el platillo.

—Otra vez estos ladrones ¿Lo están molestando señor?

—Vienen conmigo.

—Ah, lo siento.

Ante sus palabras el empleado palideció, no por la respuesta en sí, sino por su mirada.

—No lo dejaré pasar la próxima vez.

El hombre tragó saliva, no quería imaginarse lo que pasaría si volvía a abrir la boca.

Uuff

Kael y Yuna miraron el platillo de comida servido frente a Isaak, algo que él no se perdió. Entonces un estómago gruñó.

—Ah —Fue el de Kael.

Isaak levantó la mano al mesero y dijo.

—Trae dos platillos más.

—Eh, no tiene que…

Por alguna razón, sintió que quería ayudar a esos niños, no podía entender porque, pero de alguna forma los comprendía. Como si hubieran pasado por situaciones similares.

Al rato, el mesero trajo dos platillos más y los colocó frente a los niños.

—Coman —Dijo Isaak.

—Gracias señor.

Los tres comenzaron a comer sin preocuparse por su alrededor. Fue una escena invadida por la tranquilidad.

Cuando terminaron sus platillos, salieron del restaurante.

—Gracias una vez más señor.

—Ya te lo dije, no hice mucho.

Isaak respondía en tono frío y evasivo, los halagos lo hacían sentirse incómodo.

—Aún así nos ayudó.

—…

—Entonces, señor, qué hará ahora.

—Seguiré recorriendo la ciudad… Llamame Isaak.

—Podemos acompañarte.

—Podría ser peligroso…

—Somos muy buenos guías.

Incluso con su advertencia Kael respondió con una sonrisa. Isaak lo pensó bien y llegó a la conclusión de que era estúpido decirle eso a un niño que vivía en peligro todos los días.

—Está bien.

—Jeje, no se arrepentirá… Entonces guiaré el camino.

Con todo dicho, los tres comenzaron a caminar por las calles. Isaak iba detrás de los niños, quedándose donde podía verlos. Por su contraparte, Kael y Yuna eran muy alegres pese a las dificultades. Estaba claro que cuando crecieran desarrollarían personalidades fuertes.

De hecho, por alguna razón, la personalidad de Kael le recordó a Tim.

Me pregunto cómo estará él ahora —Pensó, mientras acompañaba a los niños delante de él.

Un hombre y dos niños ahora transitaban por las calles.

A unos 15 kilómetros al sur de Cerros, un vehículo patrulla dobló en una bifurcación del camino.

Al llegar a su destino, Malena bajó del auto. Frente a ella había una finca rodeada por un frondoso bosque.

Comenzó a recorrer los alrededores. La mayoría de las trampas para osos estaban intactas, lo que indicaba la diligencia y regularidad con la que el dueño las revisaba.

Siguió buscando dentro de toda la vegetación recubierta de hojas secas. Entonces, en su trayecto, una voz llamó su atención.

—Detective ¿Vino sola? Eso es de admirar.

Era Darius Ingrid, el dueño de la finca.

—¿Tiene licencia para manejar esa arma? —Preguntó Malena mientras miraba la escopeta en sus manos.

—¡Claro que la tengo! Vivir en este entorno es difícil, no puedo no tenerla.

—¿Por qué vive aquí entonces?

—Porque es mucho mejor que vivir en una maldita ciudad.

—…

—Debería de tener cuidado con los osos.

—¿Puede guiarme a donde vio las huellas?

—Por supuesto, no está muy lejos de aquí… Sígame.

Darius la guió hacia las huellas anómalas en el terreno.

—Es aquí, por aquí vi que cruzó la figura.

—¿Dice que lo esquivó en cuanto dirigió su mirada?

—Sí, es como si supiera que lo observaba, pero no estoy muy seguro.

Malena observó las huellas, cinco huecos como dedos largos se encontraban en la tierra. Era algo que nunca nadie había visto, excepto ella; lo recordaba en varias ocasiones: Las ruinas de Balus, la periferia de Kallin, y ahora en un bosque frondoso. Todo conectado con una sola persona, “el forastero”.

Es él

No tenía pruebas, pero estaba segura. Eran demasiadas coincidencias para no estarlo.

—¿Cree que se trate de algún oso muy grande?

—Lo dudo.

—Tsk, como pensaba, ¿Qué animal podría ser entonces?

—No estoy segura.

—¿Nunca vio algo así?

—No soy bióloga…

—Tsk ¿Por qué vino entonces?

—Estoy investigando un caso. Además usted me contactó.

—Debí contactar autoridades pertinentes.

—…

El tono de Darius estaba cargado de decepción, pero no es como que a ella le importara. Se levantó e hizo una llamada.

—“Jefa”

—Envía un equipo de investigación, te enviaré la ubicación al PAD… Que vengan biólogos en el equipo.

—“Comprendo, ahh Jefa, ¿que hay del grupo que investigamos?”

—Aún no consigo nada relevante.

—“¿la policía local no está colaborando?”

—…

—“Por su silencio…”

—Jacob, puede que esté pasando algo más grande de lo que imaginamos.

—“¿Qué haremos?”

—Aún no he terminado.

—“Jefa…”

Luego de decir lo justo, colgó la llamada y se dirigió hacia su vehículo por el camino en el que vino.

—Señor Darius, puede estar contento, un equipo pertinente vendrá.

—Yo solo espero que sea un oso muy grande.

Ella se alejó, no sabía porque aquel viejo decía eso, pero tampoco le importaba demasiado; ya había obtenido lo que quería y ahora era tiempo de regresar a Cerros: El atardecer se acercaba.

La habitación estaba oscura, solo iluminada por una pantalla que mostraba imágenes y videos de lo que parecía ser una escalofriante batalla entre un escuadrón y una criatura desconocida.

En una de las tomas, la figura había tomado el arma de un soldado caído y disparó hacia la cámara. El hombre, que observaba el video, lo pausó justo en el momento en que tomó la herramienta. No pudo evitar sonreír siniestramente ante este hecho.

Es perfecto —Pensó.

Sus ojos estaban enfocados únicamente en la criatura, como si lo que pasara a su alrededor no le importara. Ver hasta dónde podía llegar una de sus creaciones lo llenó de satisfacción: Él era el científico encargado de dirigir el “Proyecto 91”, no podía esperar a que lo atraparan.

Luego de mirar a la criatura mostrada en pantalla, observó un suero catalizador que conservaba en una muestra. El nombre “Complejo Helix-∝” se hallaba en la etiqueta.

Sí, es perfecto —Se dijo para sí mismo una vez más mientras observaba la muestra con una sonrisa.

En ese momento, la puerta sonó.

“Tac tac”

—Quién.

—Señor.

—Qué ocurre.

—Habrá una junta en dos días.

—¿Otra más…? ¿Lo encontraron?

—Aún no señor.

—Bien. Retírate.

—Sí señor.

Si no lo encontraron, ¿qué quieren discutir ahora…? Tsk, molesto

El hombre continuó observando la muestra y las imágenes luego de que lo interrumpieran. Lo consideró una molestia, pero no tenía intención de cuestionarlo.

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