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El padre Pilón, el jesuita que buscaba agua

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] June 18, 2026
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En la España de mediados del siglo XX todavía había pueblos donde la noticia de la llegada de un hombre corría más deprisa que el peor de los chismes del bar. Bastaba que alguien dijera «ha venido el padre Pilón» para que los vecinos abandonaran la partida de cartas, los agricultores dejaran el apero junto a la tapia y los curiosos se acercaran al campo donde iba a desarrollarse la ceremonia. Porque aquello tenía algo de ceremonia casi celestial. Un sacerdote jesuita , educado en colegios y universidades, avanzaba despacio por una finca sosteniendo entre las manos una varilla o un péndulo. No buscaba almas ni predicaba sermones. Buscaba agua. Y lo impresionante de todo es que, encima, la encontraba. José María Pilón había nacido en Madrid en 1924 y pertenecía a esa estirpe de jesuitas españoles que creían que el mundo debía ser observado antes de ser juzgado. Estudió Filosofía, Teología y Humanidades, fue ordenado sacerdote en 1957 y podría haber llevado una vida discreta entre aulas, retiros espirituales y ejercicios en Loyola. Pero le ocurrió algo que suele sucederles a ciertos personajes singulares, pues acabó siendo más conocido por una rareza que por su profesión. Había adquirido fama de zahorí.Noticia relacionada reportaje No No GATOS QUE FUERON TIGRES Silverio Lanza, cuando tu gremio es tu firma Alfonso J. UssíaEn aquella España que todavía dependía de los pozos, encontrar agua no era una extravagancia. Era casi una cuestión de supervivencia. Los campesinos no discutían sobre energías renovables ni teorías misteriosas. Querían saber dónde cavar. Y el padre Pilón, con una mezcla de paciencia sacerdotal y convicción personal, señalaba lugares concretos Después vendrían las perforaciones. Y entonces comenzaba la verdadera prueba.Si aparecía agua, la fama del jesuita crecía algunos kilómetros más. Si no aparecía, el fracaso se olvidaba con la misma rapidez con que se olvidan casi todas las derrotas rurales. Así se construyen muchas reputaciones españolas: a base de aciertos recordados y errores enterrados en la memoria de quienes no quisieron verlo. Lo curioso era que Pilón no tenía aspecto de iluminado. Los que trataron con él hablan de un hombre culto, educado, reflexivo. Precisamente por eso resultaba tan difícil despacharlo con una sonrisa. No era un charlatán de feria. Tampoco un científico convencional. Habitaba ese territorio tan español donde conviven la razón, la fe y una cierta simpatía por los enigmas.Con los años dejó de interesarse únicamente por las corrientes subterráneas. Empezó a investigar otros fenómenos que atraían la atención del público: apariciones, sucesos extraños, casas supuestamente encantadas. En 1987 fundó el Grupo Hepta, que acabaría convirtiéndose en una referencia para varias generaciones de aficionados al misterio. Pero incluso entonces seguía conservando algo del viejo buscador de pozos. Había cambiado el objeto de la búsqueda, pero no el impulso que la movía. Quizá el padre Pilón represente una España que está desapareciendo. La España en la que un sacerdote podía citar a Santo Tomás por la mañana, hablar de psicología por la tarde y terminar la jornada recorriendo una finca para indicar dónde abrir un pozo. La España donde la frontera entre la ciencia popular, la experiencia práctica y la creencia nunca estuvo completamente definida.Cuando murió en 2012, desapareció uno de esos personajes difíciles de clasificar que tanto abundaron en el siglo pasado. No fue exactamente un científico, ni exactamente un místico, ni exactamente un aventurero. Fue algo más que todo eso. Un hombre que pasó la vida buscando lo que estaba oculto bajo la superficie de las cosas. Y eso es una forma bastante precisa de definir tanto a un jesuita como a un zahorí, aunque en el caso de este humanista tan particular, lo suyo es reconocer que fue un tigre de lo gato que era.

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