El Sistema Solar pudo tener, y expulsar, un tercer planeta gigante de hielo
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June 9, 2026
Nadie se para a pensarlo. Nos hemos acostumbrado a mirar al cielo nocturno y pensar en nuestro vecindario cósmico como en un reloj de precisión. Un Sol imponente en el centro y una serie de mundos girando a su alrededor en un delicado equilibrio, todos ordenados y silenciosos. Pero no siempre fue así. Hace miles de millones de años, nuestro rincón de la Vía Láctea fue un auténtico infierno, un lugar violento, denso y turbulento en el que los mundos chocaban, se empujaban unos a otros y, en ocasiones, eran expulsados para siempre al oscuro abismo interestelar.Y ahora, una nueva y rompedora investigación recién publicada en ' Icarus ' nos cuenta una historia que desafía mucho de lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes. Según el estudio, liderado por el astrofísico estadounidense Matthew Clement, de la Universidad Johns Hopkins, nuestro joven Sistema Solar albergó en sus caóticos inicios al menos un gigante de hielo más. Es decir, un planeta masivo, hermano gemelo de Urano y Neptuno, que terminó siendo arrojado a las frías profundidades del espacio exterior para no volver jamás.El Modelo de NizaPara llegar a estas conclusiones, los investigadores sometieron a dura prueba la teoría más aceptada sobre la formación planetaria : el famoso 'Modelo de Niza'. Podemos pensar en el Sistema Solar primitivo como en un enorme pinball. Los gigantes gaseosos acababan de formarse y comenzaron a migrar, a desplazarse a través de un disco primordial repleto de gas, polvo y millones de asteroides y cometas. Y al moverse, sus monstruosas gravedades actuaban exactamente igual que los 'flippers' de la máquina, golpeando y desviando a cualquier cuerpo que se cruzara en su camino, creando una enorme inestabilidad que sacudió los cimientos de todo el sistema.Noticia relacionada general No No La Vía Láctea quedó destruida hace 11.000 millones de años y tuvo que volver a formarse José Manuel NievesHasta ahora, el Modelo de Niza ha funcionado muy bien a la hora de explicar eventos cataclísmicos como el llamado Bombardeo Intenso Tardío , la intensa lluvia de meteoritos que durante varios cientos de millones de años acribilló a los planetas interiores, incluidas la Tierra y la Luna, o para comprender cómo Júpiter capturó a su vasta colección de asteroides troyanos. Pero esta vez los científicos querían ir un paso más allá, y observar los detalles con una 'lupa' mucho más fina. Y se preguntaron qué le ocurre a algo tan delicado como una luna en medio de semejante huracán gravitatorio.Para averiguarlo, los investigadores diseñaron un software de simulación 'ad hoc' y le introdujeron hasta 122 versiones distintas de nuestro Sistema Solar temprano, enfrentándolo a escenarios que incluían a ese quinto, e incluso a un sexto planeta gigante perdido, y observando después su comportamiento y sus complejas interacciones gravitatorias a lo largo de eones. El resultado fue devastador.Lunas destruidasCuando los gigantes gaseosos se acercaban demasiado unos a otros, sus muchas lunas quedaban, literalmente, destrozadas. «Descubrimos que la probabilidad de supervivencia para los sistemas lunares de Júpiter y Urano fue inferior al 15%», explican los investigadores en su estudio. De todos los múltiples caminos posibles puestos a prueba, solo uno arrojaba como resultado que las lunas originales consiguieran sobrevivir ilesas junto a sus planetas anfitriones.En el caso particular de Urano, el drama rozaba lo catastrófico. Las inmensas fuerzas de marea desatadas por los roces planetarios garantizaban casi al cien por cien la aniquilación total de su familia de satélites. Sin embargo, esas lunas no salían despedidas hacia el infinito, sino que colisionaban brutalmente entre ellas a altísimas velocidades. Y al cabo del tiempo, se volvían a formar.Para visualizar el proceso, podemos imaginar que lanzamos una gran bola de nieve contra un muro de piedra. La bola se hace pedazos y los fragmentos saltan por los aires, pero si los recogemos y los volvemos a apretar con las manos, obtendremos una nueva bola. Estará llena de fisuras y bultos, pero volverá a ser esférica. De la misma manera, la órbita de Urano se llenó de los escombros helados de sus lunas que, con el tiempo, volvieron a agruparse por la fuerza de la gravedad. Así es exactamente como los astrónomos creen que nació Miranda, una de las lunas visualmente más caóticas y parcheadas de nuestro entorno cósmico.«Nuestros resultados -reza el artículo- indican que las lunas de Urano probablemente fueron perturbadas hasta el punto de chocar al menos dos veces: como resultado tanto del impacto que inclinó el planeta como de la inestabilidad de los planetas gigantes». No hay que olvidar que Urano es un 'bicho raro' que gira completamente 'tumbado' de lado sobre su órbita, cicatriz evidente de que un objeto gigantesco chocó contra él hace miles de millones de años.Un resultado improbableFrente a la rotundidad de los datos, el equipo destaca que «estos resultados tienen tres posibles implicaciones». O bien las lunas de Urano se despedazaron en varias ocasiones durante esa turbulenta adolescencia solar, o el Modelo de Niza necesita una profunda revisión. O, y esta es la opción que más vértigo produce, «el Sistema Solar es el resultado de una evolución de inestabilidad bastante improbable que no implicó casi ningún encuentro profundo entre Urano y los demás planetas gigantes».Dicho de otra forma: somos el fruto de una milagrosa carambola cósmica. Habitamos un vecindario que tomó un 'atajo evolutivo' tan extraordinariamente raro que permitió que Júpiter y Urano se libraran por los pelos de chocar frontalmente, conservando así sus preciosos sistemas de lunas primigenios.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Comíamos insectos, sí, pero muchos menos que los neandertales noticia Si El accidente más nutritivo de la historia: cómo una botella cambió la infancia para siempreReconstruir los hechos que tuvieron lugar en medio del caos hace más de 4.000 millones de años no es tarea fácil. «Es muy probable -confiesan los autores- que ninguna de las inestabilidades modeladas contenga las secuencias precisas de encuentros que se necesitan para reproducir exactamente todos los aspectos del Sistema Solar». Aunque sin duda es posible que los cuatro sistemas primordiales de satélites regulares del Sistema Solar exterior no se vieran afectados por los encuentros planetarios, nuestros resultados sugieren fuertemente que este no es el caso«.
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