Corral de la Morería, museo de juerga
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May 20, 2026
Setenta años ya, alcalde, setenta años de alta noche cumple mañana el Corral de la Morería. Es el cumpleaños de un modo de asistir a Madrid, un modo desvelado, alegre, canallita y elegante. Y es ese modo ha reunido en el tiempo a un duque y a un vagabundo, a una estrella de Hollywood y a un gitano que canta con oro vivo en la garganta. Por el Corral han pasado Mick Jagger y Nicole Kidman, Marlon Brando y Bette Davis, Ava Gardner y Marcelo Mastroianni, y aquí estrenó disco Paco de Lucía, y se lució Camarón de la Isla. El Corral de la Morería aúpa y prorroga una estirpe de lugares únicos donde la ciudad se reconoce a sí misma mientras se mira en el espejo de la noche. Aquí el flamenco no se representa, porque sucede. Más allá de quien brindó aquí, o quien cantó, o bailó, nos importa que un milagro como este local aún siga ocurriendo. En una época de franquicias, de ocio prefabricado, aún sobrevive intacto un rincón donde se funda la emoción verdadera. Porque el flamenco, si es de verdad, admite la elementalidad, y no acoge, por tanto, simulacros. El Corral se ha sostenido durante décadas, terco y encendido, explicando una forma de belleza, el flamenco, que no tiene, en rigor, explicación. Hay en Madrid muchos lugares admirables, pero pocos bajo el linaje sentimental del Corral de la Morería. Tiene el escenario justo, pero infinito, y una intimidad de muchas sillas y algún exceso de terciopelo. No es sólo un tablao, naturalmente, sino un archivo estremecido de la ciudad inolvidable y a menudo salvaje. No es fácil cumplir setenta años defendiendo el arte de la verdad, entre copa y copa. De modo que hay que celebrar mucho este museo de la juerga. Larga vida al Corral.
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