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Eurovisión 2026: el año que a España le van a salir más caros los 'zero points'

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] May 16, 2026
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Tal y como está el patio, el hecho de estar escribiendo esta crónica canalla y de haberme tragado las dos semifinales de Eurovisión de este año me convierte directamente en semita o projudío. Yo la verdad es que me estoy sintiendo más un outsider, como en una regresión a finales del siglo XX, cuando decirle a los colegas (si te atrevías) que veías el Festival era motivo de mofa, lo cual hacías a escondidas en la habitación y con tele catódica. Ahora ha tocado hacerlo con el portátil y con anuncios saltando cada 20 minutos en el canal de Youtube del concurso.Acabo de volver de la Bienal de Venecia, que eso ha sido como el ensayo general de la edición eurovisiva de este 2026, pero con muchos más participantes. Un mundovisión de manual. Noticia relacionada general No No Orden de actuación de países y canciones en la final de Eurovisión 2026 Inés RomeroY allí también todo estaba emponzoñado, en la zona de los pabellones nacionales, por los titulares de prensa: Irán retirándose en el último momento (por un Ormuz o por lo que sea); Venezuela diciendo que 'volveremos', que Maduro está 'para cantar', pero otras cosas y en otros escenarios; que si Estados Unidos con el pabellón vacío porque la gente le hace ídem; y sobre todo, que si Rusia troleada por las Femen, las Pussy Riots y cualquier 'performancer' con ganas de tunearse 'mierda pa ti' en su 'outfit'. E Israel, con obras en su pabellón, okupando otro que no es suyo en el Arsenale (¿de qué me sonará todo esto?) y con dos 'carabinieri' en la puerta por si a alguno se le ocurre atentar contra ellos ('atentar contra ellos', en una ciudad que, como muchas otras en el mundo, se mueve principalmente por el dinero del lobby judío). Modo esquizofreniaMientras, España –nuestra querida España–, revelando (y rebelando) su esquizofrenia. A la Bienal sí que vamos (y eso que el Pabellón español depende de Exteriores y no de Cultura; del mismísimo Albares, que tiene claro que a los judíos y rusos ni agua, de forma que nuestra ausencia allí debería haber estado cantada), pero nos sumamos a todas las ocurrencias que se vayan sucediendo por esos lares (como que no nos voten, que lo del voto popular se nos da fatal). Y a Eurovisión, que se nos pase por la cabeza lo de ir. Que si los austriacos nos hicieron a nosotros boicot en 1969 en la edición celebrada en Madrid tras el triunfo de Massiel, nosotros se la devolvemos ahora. ¡Chupa del frasco, tirolés! Así que en Venecia, cuando no nos da una venada, se puede disfrutar de las 50.000 postales de Oriol Vilanova. ¡Fíjate tú que curioso! Postales. Lo mismo que reciben los 25 participantes de esta edición de Eurovisión, en unas 'cartolinas' de presentación que dan un poco de bajona, hechas con croma y con los cantantes encerrados en una habitación, como si fueran el pasaje del MV Hondius temerosos del hantavirus. Y el caso es que, a nosotros, el no ir nos va a salir muy caro. Exatamente entre 200.000 y 500.000 euros más caro. Porque el presupuesto de la delegación española en los meses del festival suele rondar entre los 500.000 y 800.000 euros. El programa 'La Casa de la Música', con el que RTVE se contraprograma como Big Five a sí misma esta noche superará el millón. Será una sola noche. ¡Pero, qué noche, contoneando caderas con Raphael o Ana Belén! ¡Nada de mamarracheo o frikismo como en Eurovisión! Van a ser nuestros 'zero points' (pronúnciese en inglés), 'zéro point' (pronúnciese con boquita de piñón), más caros de nuestra Historia. Una Historia que marcaba hasta ahora un récord (ser uno de los poquísimos países con una presencia continuada longeva, de hasta 64 años) que nosotros mismos interrumpimos.En las imágenes, 'Ferto', canción de Grecia; la representante australiana, con todos los tópicos eurovisivos habidos y por haber; y el cantante noruego, entre el glam y el gótico EFE / AFPDe alguna manera, estaremos presentes. Y aunque en el Wiener Stadthalle desde el que se retransmite la competición desluce muchísimo este año la ausencia de rojigualdas (para bien o para mal, somos de las delegaciones que más eurofans exporta al mundo), el idioma de Cervantes seguirá haciendo acto de presencia en la que es la 70 edición del festival: aparece encriptado en dos frases, al comienzo del todo («Mi ambicion es fuego, nunca fracaso / No hay límite, todo lo arraso») de la entrada de Grecia, uno de los favoritos, y repetido hasta la saciedad en el estribillo lituano («Solo quiero más»), cuyo 'metalizado' intérprete tiene el honor de reunir el mayor número de desafiniaciones en tres minutos de toda la Historia del certamen. Los moldavos lo utilizan para informarnos de que están a punto de invadir Palma de Mallorca y a los armenios no les funcionó apostar por una rumba adquirida en Temu o AliExpress. Hemos perdido también el control sobre la lengua...Deslucida, desnatada y descoloridaAunque, si les digo la verdad, mejor apearnos de una edición, la que homenajea siete décadas de Eurofestival, deslucida, desnatada y descolorida, en la que ya hemos visto en las semifinales las consecuencias de la 'espantá' de cinco países –España (miembro del Big Five, ahora Big Four), Países Bajos (uno de los fundadores del Festival), Irlanda (de los que ostentan de los mejores palmarés de victorias), Islandia (que aporta unas cuotas de fidelidad y audiencias que ya las quisieran en otros países) y Eslovenia (que en los 90 abanderó la llegada de nuevos países del bloque soviético a la competición, junto a Croacia y Bosnia)–: un presupuesto menor (¡y vaya si se nota en los rellenos de los intervalos o las cartolinas!) y dos galas mediocres que son como el chiste ese de 'van dos y se cae el de en medio': se hacen dos eliminatorias con quince para quedarte con 10 en cada una. Vamos, para reírte de lo lindo de los que están entre los cinco que no pasan: del cromo de Portugal, con su grupo de rondalla, únicos de la preselección lusa a los que no les importaba ir al Eurofestival, a San Marino, que seguro que pagó más a Boy George por su acto de presencia sobre el escenario que la organización por los chandals del presentador y los gags de los intermedios; del anuncio 'Herbal Esences' de Luxemburgo, a los 'tendidos' de Azerbaiyán en su homenaje al 'Amanecer' de Edurne... Que luego dicen que Eurovisión es apolítico, pero qué casualidad que las mamarrachadas de Moldavia, Bulgaria y Rumanía (¿Megara no y Alexandra Căpitănescu, sí?), los tres países que la UER ha conseguido convencer para que vuelvan y que la caída de delegaciones no sea tan clamorosa, han pasado a la final de hoy.En las imágenes, Noam Bettan, el representante israelí haciéndonos añorar el «Michelle» de los Beatles; Italia, a la caza del voto católico; y la representante chipriota, que no Shakira EFE / AFPY total, para que todo siga igual: con Israel como el matón de la clase (que la solución no es irnos los demás, sino expulsar al marrullero. De hecho, ahora que se plantea un Eurovisión Asia, estaríamos encantados de verlos cantar junto a Irán, Irak o Afganistán). Su delegación ya ha ridiculizado a las croatas, pero ha puesto el grito en el cielo cuando abuchean a su represente o le espetan que 'pare el genocido'. Paralelamente, la UER le lee la cartilla (pero no lo expulsa) por hacer campaña de voto, lo que tienen totalmente prohibido los intérpretes, y con rumores (y reportajes de la prensa de EE.UU.) de que el país compra el telefónico, razón por la que este año ha habido que meter jurado profesional también en las semis y reducir los votos que se puede emitir desde casa a diez, con petición expresa de los presentadores de que seamos promiscuos y 'polinicemos' el mayor número de países posibles.Asi está Finlandia acaparando el título de favoritos en casas de apuestas (muy por encima del griego 'peluchón' y con despegada final de la muy europea Australia), no porque el 'violinismo' nos parezca ahora lo más o la pirotecnia una cosa nunca vista, sino porque el voto de castigo se está concentando en su propuesta, la de un país que ha sido tremendamente crítico con el gobierno israelí y que ha conseguido que estos se planteen no acudir a Helsinki en 2027 si los nórdicos ganan. En su memoria, el mal sabor de boca que dejó Malmö hace dos años.¿Qué podemos esperar de la gala de esta noche? Pues no mucho más de lo paniaguado que hemos visto el martes y el jueves: un dúo de presentadores que repiten el tópico machista de chica guapa, chico gracioso; homenajes forzados por obligados al 70 aniversario del festival (Il Volo amenaza con darse un garbeo); guiños a la comunidad LGTBIQ+ (aquí sí hay que reconocer que han hilado fino con la intro de la primera semi y el descanso de la segunda con un alumno preguntándose 'por qué hay tantos gays en Eurovisión': lo que empezaba como un chiste de Jaimito acaba con un alegato a lo Lula da Silva en los JJ.OO: de los 69 ganadores de Eurovisión hasta la fecha menos de diez se han reconocido abiertamente LGTBQ+)... Y veinticinco delegaciones donde no brilla nada (ni Suecia, que se tapa la boca por no hablar) y donde se observa a todas luces que a los países les ha costado encontrar cantante este año (el italiano, directamente parece puesto a dedo por el Presidente de la Bienal de Venecia, puesto a su vez a dedo por Meloni), y un sinfín de 'eurodramones' que no podremos protagonizar.A nosotros, esta vez, nos tocará votar desde España (si es que alguien es capaz de tragarse esto vía Youtube: eso sí que es de eurofan eurofan) en el grupo 'Resto del mundo'. Curiosamente, nuestro proyecto en Venecia se titula así. 'Los restos'. ¿Premonición? Para eso hemos quedado.

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