El búnker que usa la Moncloa con los papeles del 23F: así funciona la tecnología militar española para guardar y escanear sus mayores secretos
El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha publicado este mismo miércoles la orden definitiva para la desclasificación de los documentos del fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. En una semana de máxima tensión política, el Gobierno ha comenzado a volcar a lo largo de la mañana en la web de La Moncloa los archivos afectados, un día después de que el Consejo de Ministros aprobase la medida anunciada previamente por Pedro Sánchez.
El cruce de declaraciones no se ha hecho esperar. Mientras el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, defendía que, “aunque tarde, el Gobierno está haciendo su trabajo”, desde la bancada de la oposición, Alberto Núñez Feijóo cargaba con dureza contra el presidente, acusándole de «arrasar con todo» y rematando con un dardo directo: “Si sigue así, nos intentará hacer creer que el 23-F lo paró usted”.
Pero más allá del enorme revuelo mediático y político, la liberación de estos miles de folios esconde un desafío tecnológico monumental. Sacar a la luz archivos clasificados de hace más de cuatro décadas no consiste en meterlos en la fotocopiadora del despacho, ya que exige un despliegue de hardware especializado, protocolos militares y almacenamiento blindado.
Cómo recuperan los archivos
El papel utilizado en los años 80, especialmente en copias de carbón, despachos confidenciales y teletipos, es extremadamente frágil. La celulosa se oxida y la tinta mecanografiada tiende a desvanecerse. Por eso, introducir los documentos originales del 23F en un escáner de rodillo convencional para crear un archivo digital los destrozaría en segundos por la fricción.
Para la digitalización de secretos de Estado y Patrimonio Histórico, los laboratorios institucionales utilizan escáneres cenitales robóticos. Estas máquinas, cuyo coste supera los 30.000 euros , fotografían el documento desde arriba sin que ningún cristal presione el papel. Y lo más interesante está en la iluminación, ya que usan lámparas de luz fría con LEDs calibrados estrictamente, libres de emisiones ultravioleta e infrarroja. Esto se hace así para evitar que la luz altere la composición química de la tinta original de los papeles.
A nivel de software, el proceso se complementa con potentes algoritmos de reconocimiento óptico de caracteres, es decir, una inteligencia artificial entrenada para ignorar las manchas de humedad del papel antiguo e interpretar las imperfecciones de las máquinas de escribir de la época. De esta manera, se convierte la fotografía en un texto digitalizado donde los historiadores pueden buscar nombres o fechas concretas.
¿Cómo evitan el robo de los papeles?
Una vez que el documento físico se convierte en un archivo digital de altísima resolución, comienza el riesgo de internet. ¿Cómo evita la Presidencia del Gobierno que un servicio de inteligencia extranjero robe los documentos antes de su desclasificación oficial? Lo hacen a través de lo que se denomina Air-Gap o aislamiento físico.
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