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  "textContent": "> #### **_~ Último cuento._**\n\n**_El Generalísimo._**\n\nEl primero de los asesinatos ocurrió el lunes 14 de septiembre de 1987. El general en ascenso, Camilo Galán, nos relató hace no tanto en los fértiles palacios de algodón y yuca de su finca, los detalles con los que se habría llevado a cabo la purga en la que en total, se tomaban las cuentas de más de un centenar de víctimas, todas, al parecer, falsos positivos.\n\nYa en el 83 había ocurrido que dentro de las desapariciones se habría producido un deceso, podríamos decir que terrible, entre las numerosas personas del pueblo.\n\nEl Generalísimo nos manifestaba, algo entusiasmado por nuestra visita —claramente con el fin de documentar los “años del terror”\n\n—, lo que en aquella ocasión la maquinaria que había de empezar todo, acabaría con su propia autodestrucción con la firma de los tratados en la Confesión de la Paz, a la que se sometieron los milicianos participantes a espaldas de los medios y del Congreso.\n\nLa finca en la que permanecía indefinidamente, proclamada en la alcurnia estatal, no se jactaba por ser una de las más grandes en extensión, sin embargo, un lugar así era algo inusual dentro de los prados cerrados a las cercanías de los montes del viejo poblado.\n\n**[AVISO DE PROTECCIÓN CIVIL Y PERIODÍSTICA].**\n\nLa identidad de los reporteros con los que me hacía el honor de acompañarme aquella vez, me los reservo por motivos extraordinarios.\n\nEste reportaje fue realizado a petición del Generalísimo, a la par de aquellos que deseaban saber, con todo lujo de detalles, lo que habría sucedido ya hace tiempo, en vísperas de aquella ola invernal a principios de la década.\n\nLa entrevista ha de constituirse en tres diferentes partes en las que se grabaron originalmente las tomas. Por nuestra parte, los nombres de las posibles víctimas serán censurados por juicio de La Alta Corte y de responsabilidad dentro del ejercicio del oficio.\n\n> **I. Insinuamiento.**\n\nRecuerdo el día de la entrevista. La tarde nos resultaba solemne ese día, por lo que resultó fácil dialogar con aquella persona, una figura un tanto descifrada, aunque también enigmática.\n\n—Ya se sabe de su fama, y por esto quise preguntarle también: ¿Con qué imagen cree usted que lo ven las personas de todo el país? —asentí con curiosidad.\n\n— Ya ve usted cómo es que se oyen esas voces por allá. La gente a veces es voca mala, pero a lo largo de mi gestión he sabido cómo tratar con ellos; mas con los que tienen el voto con los del Congreso. Pa’allá la vaina, como quien dice, ha sabido estar bien —respondió con un tono sereno, el mismo con el que daría la totalidad de su testimonio.\n\n—¿Cómo logró, junto a sus condiscípulos, ya lo sabe usted, […] ganar terreno para terminar de ganar las elecciones? ¿Usted supo lo que había pasado antes?\n\n—Usted quiere que le responda, ahora yo le contesto. Las elecciones se hicieron pa’ que la gente votara. Nosotros nos expusimos. Verá, en aquella época, por la cuestión de la invasión creciente de los canales de la coca, tuvimos que dar la cara y elegir; negociar o acabar. El resultado: las elecciones fueron un rotundo éxito. Los señores del poder se desgarraron; no pudieron con ellos. Se rindieron. Lo único que quedó fue el tema del unipartidismo. Así se fue todo, vea usted.\n\n—¿Ya se enteró de lo sucedido?\n\n—Sí —respondió, riendo esta vez, un tanto serio.\n\n—En estos instantes, ¿qué opina de ello?\n\n—El protagonismo se lo llevaron ellos, lo saben. Yo no tengo nada que hacer ahí. […] Será el trabajo de otros.\n\n—¿Y qué fue de los militares y los subalternos?\n\n—Ellos hablaron, Dios supo lo que hacía.\n\nLa tarde se nos iba. El equipo lo ofuscaba con preguntas y más preguntas, sin embargo, nos atendió con su más característica nobleza. Mas, pues, se nos terminó por acabar el día de palabra en palabra.\n\nAl llegar la noche se sentía animado, y nos entretuvo, durante la cena, con un curioso y breve relato.\n\n> **II. Los Marginados.**\n\n—Imagínense cómo un carruaje está a punto de llegar a su destino, pero sin nadie adentro. De repente, se detiene el corcel: recibe a una muchacha, ella entra, pone encima sus dos maletas y le dice al cochero que la deje en la morgue más cercana. En ese lugar encuentra que el olor es terrible, por lo que decide dejar tirados los dos bultos para echarse a correr sin sentido alguno. Supongan ustedes ahora: ¿a dónde va a agarrar la muchacha?, ¿para qué se fue a la morgue? y sobre todo, ¿de qué le sirvió llegar con los motetes para dejarlos tirados? Nos jodimos el cuero lidiando con esa situación. Fíjese, ¡casi se nos encasquilla el arma! —dijo ensimismado, gesticulando todo su rostro con una mirada de satisfacción pulcra.\n\nRecuerdo como las caras ruborizadas de mis compañeros llenaban el comedor de intriga, como si hubiese algo que no hubiera quedado claro del todo.\n\nAl día siguiente la rutina se hizo evidente. Ya no íbamos solos. Esta vez se nos otorgó el permiso de llevar —como para una ocasión especial— a un invitado. En aquel entonces nos hallábamos en una estancia cercana al pueblo, así que tomamos la decisión conjunta de ofrecerla a un señor, ex partidario político y pacifista del PNM.\n\nEstacionados en el portalón de la finca, nos recibieron un conglomerado de milicianos y agentes en traje, ya que la reunión era de carácter nacional, y también por ello allí estaban los políticos y congresistas más mediáticos. He de decir que se estaba organizando un discurso televisado por parte del Generalísimo y los ministros acompañantes.\n\nAl interior de una glorieta monástica, con aires rurales y con cúpula que se ubicaba en los porvenires de las plantaciones, se hallaban, ya arreglados y organizados para la trasmisión, un atril presidencial y un alto trípode sin micrófono que ocupaban una pequeña porción del espacio ocupado por los ministros, el ex partidario y algunos milicianos, además del Generalísimo, que se encontraba al frente.\n\n> **III. El Confesionario.**\n\nDurante los actos protocolarios se dio un hecho un tanto inusual e inesperado: un vaho pestilente, provocado por la llegada de la res para los almuerzos, empezó a invadir la cúpula, acumulándose vehemente por las sienes, bajando por las narices de los presentes y agilizando de esta forma un corte un tanto imprevisto en el que el general Camilo empezó sin más ni menos su tan aclamado discurso a la nación.\n\n—Estimados; excelentísimos señores ministros, milicianos, civiles y periodistas de la nación. Bienvenidos a El Paraíso —Abrió en un cerrar de ojos el discurso. —Proclamo ante ustedes nuestra bandera. El primero de los actos de tan oportuno mes se nos es especial y de tal grandilocuencia. Es de mi agrado presentar mis honores y discurso por parte de nuestro amado pueblo.\n\nPasados algunos minutos, ocurrió una situación que pareció estar fuera de todo tipo de acción rutinaria que caracteriza este tipo de eventos: el Generalísimo había de ceder, con sus fieles maneras y formas extrovertidas, el micrófono a la misma persona que habíamos traído, y que hace unos instantes, en la entrada, se le había despojado hasta del honor de llevar consigo sus documentos y exposiciones. Ahora, pues, estaba al frente de todos, sin excepción alguna.\n\nComenzó su discurso cuando una clarividencia pareció iluminarle el rostro y sollozar entre lo que parecían ser sus primeras palabras.\n\n—Me costará, estimados presentes, victimarios de la nación, y prevalecidos en los que en su altar descansan… Nuestra oración es de un ceder especial. Nuestra fuerza no es más que nuestro propio engaño. La ilusión se ha convertido en nuestra mejor pesadilla. Los días han transcurrido durante el mandato del bien y del mal. Nuestro amor por la genealogía nos ha sublevado. Nuestro Paraíso es la vigencia de nuestra bandera. Se nos han acabado los días y han de empezar las noches. Mi saber es su constitución, ahora, no es más que mi honor. Cuando el fin era la memoria, el olvido se ha vuelto hilo… Que el señor M. se encuentre en nuestro propio Paraíso. — Exclamó impávido, retirándose y dando por terminado su discurso.\n\nMientras el vaho se alimentaba del ámbito de la glorieta, en paralelo ocurría en el pueblo la exhumación del 89′.\n\nLos cadáveres fueron hallados en diferentes lugares, apartados dentro de los perímetros próximos a la carretera vieja. Al parecer, en casi todos no habían signos de tortura mínimos. Solo aparecían sin vida, como la última vez que la tuvieron, con maletas en los alrededores del lugar de los posibles homicidios; todas vacías y absorbidas a causa del creciente azote de la ola invernal y de su posterior olvido.\n\nDe esta manera se acabó el día. La transmisión ocurrió, después de tantos infortunios y descuidos, sin pena ni gloria. Al día siguiente todo marchó igual, y estos formatos narrados aquí en forma de entrevista, quedaron archivados hasta el sol de hoy, que han vuelto a ver la luz después de años.\n\nNuestros agradecimientos por esta obra documentada van estrechamente solicitados: «a C.G.M. Bienvenido a El Paraíso».\n\n**_21 - 01 - 26_**\n\n**FIN.**\n\n_Gracias por leer La Trilogía: El Generalísimo._",
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