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  "publishedAt": "2026-06-29T15:30:04.592Z",
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  "textContent": "> Imágenes realizadas con IA.\n\nEl trabajo del Ratón Pérez va pasando de generación en generación.\n\nEl actual Ratón Pérez es de color gris claro, con manos y pies rosados y una nariz negra y respingona. Le gusta usar la mochila que heredó de su padre, que fue el ratón Pérez anterior, para llevar pequeños regalos a los niños a los que se les ha caído un diente.\n\nSu mujer, Carmen Pérez, es una ratona de color blanco. A ella le gusta organizar los objetos que recolectan y elegir entre ellos el ideal para cada niño.\n\nSu hijo, Manu Pérez, tiene el pelaje a parches grises y blancos. Le gustan las aventuras y se siente mayor porque terminó el colegio hace unos meses.\n\nAquella noche el Sr. Pérez tenía un trabajo.\n\n—Papá, ¿puedo ir contigo a por el diente de Matías? —le preguntó Manu al Sr. Pérez.\n\nSu padre lo miró atentamente, de arriba a abajo y de lado a lado.\n\n—La verdad es que ya has crecido bastante, mides un centímetro más que el año pasado. Ven conmigo ¡Va siendo hora de que entrenes para tu futuro trabajo!\n\nMamá Pérez les dio dos bolitas de queso para el camino. Revisó el trastero donde guardaban las cosas que recolectaban, dio también dos monedas de un euro a su marido y un besito de esquimal a cada uno.\n\nPadre e hijo se pusieron en marcha.\n\n—Cuéntame otra vez por qué recogemos los dientes, por favor —le dijo el ratoncito a su padre.\n\n—¿Otra? Nunca te cansas de oír la historia, ¿eh? —contestó este sonriendo. —Hace muchos, muchos años, antes de que tu bisabuelo Rafael naciera, el cielo tenía millones de estrellas resplandecientes que iluminaban la noche para que los niños no tuvieran miedo.\n\nManu esquivó un bache del suelo mientras intentaba seguir el paso de su padre.\n\n—Porque si los niños tienen miedo, no pueden ser felices —dijo siguiendo la historia.\n\n—Eso es, hijo. Pero poco a poco, la energía de las estrellas se fue agotando y muchos niños pequeños no paraban de llorar a la hora de dormir.\n\n—Esa parte siempre me pone triste —dijo Manu haciendo un puchero.\n\n—Entonces a uno de los grandes pensadores de nuestra madriguera se le ocurrió que esa energía que en los niños parecía inagotable: ¡podría alimentar a las estrellas de nuevo y hacerlas brillar más que nunca! —respondió su padre, sonriendo.\n\n—Y llegamos a un trato con los niños para que nos dieran una parte de ellos, una que no iban a echar en falta, porque les saldría un diente nuevo… —interrumpió el ratoncito, impaciente.\n\n—No es así, no del todo —le respondió su padre.\n\nMientras hablaban ya habían recorrido, escondidos, un par de kilómetros. Camino a casa de Matías, al que se le había caído su primer diente de leche y esperaba, intentando permanecer despierto, su llegada.\n\n—Nos pusimos de acuerdo con los papás de los niños en que nos cedieran una pequeña parte de ellos, algo que no iban a echar en falta, pero muy valioso, que brillaba como las estrellas. Los dientes de leche que se les fueran cayendo.\n\nAl Ratón Pérez le pesaba un poco la mochila esa noche, normalmente llevaba solo una moneda. Los dos ratones hicieron un alto en una alcantarilla para comerse sus trozos de queso.\n\n—Y entonces —insistió Manu—, para que los niños se pongan contentos, nosotros recolectamos pequeños objetos del mundo humano: monedas, chocolatinas, juguetes, pastas de dientes diminutas y hasta plumas y gominolas, en nuestro trastero.\n\n—Sí, pero tu madre no tenía que habernos dado dos monedas, pesan mucho. Aunque entiendo por qué lo ha hecho, el primer diente es el más valioso —se quejó el Ratón Pérez y volvieron a ponerse en marcha.\n\nSe asomaron con cuidado a la calle, subieron un escalón, treparon por un canalón y el quicio de la ventana del cuarto de Matías, que sus padres habían dejado un poco abierta para darles facilidades. Ya en el suelo de la habitación esquivaron dos calcetines sucios, tres piezas de lego y un trozo de galleta… que Manu se acabó llevando movido por sus ganas de dulce.\n\nMatías estaba medio dormido así que el Sr. Pérez sacó de un bolsillo de su mochila polvo de hadas y lo esparció por su almohada, haciendo que se pusiera a roncar muy bajito.\n\nUna vez que comprobaron que no les iba a pillar, cogieron el diente y dejaron las dos monedas de un euro en su lugar. El hijo del ratón Pérez se permitió darle un beso en la frente al niño. Su padre sonrió satisfecho.\n\nLuego cruzaron el suelo de la habitación de nuevo, esquivaron los dos calcetines sucios y las tres piezas de lego. Bajaron por la ventana, que el padre de Matías había dejado un poco abierta, y se deslizaron por el canalón hasta la calle.\n\nCaminaron un poco y cuando llegaron a un parque solitario hicieron su ritual cantando alegremente:\n\n—Rayo de luz, luz de las estrellas, tenemos energía ¡Baja por ella! Rayo de luz, luz de las estrellas, tenemos energía ¡Baja por ella! Rayo de luz, luz de las estrellas, tenemos energía ¡Baja por ella!…\n\nUn rayo de luz de Luna les alumbró y el Sr. Pérez alzó el primer diente de Matías, blanco, reluciente, hacia el cielo. La luz tocó la mano del Ratón Pérez, y los ojos de su hijo Manu, al verlo, se abrieron como dos canicas enormes. Se oyó un canto muy bajito en respuesta:\n\n—Hadas de luz, luz de las estrellas, vemos su energía ¡Venimos por ella! Hadas de luz, luz de las estrellas, vemos su energía ¡Venimos por ella! Hadas de luz, luz de las estrellas, vemos su energía ¡Venimos por ella!\n\nY el diente se movió en la mano del Ratón Pérez…\n\ntembló y se elevó como si subiera en un ascensor.\n\nY subió y subió y subió…\n\nhasta llegar al cielo, donde la Luna, guardiana de la noche, le indicó un lugar a su derecha y allí se colocó, empezando a brillar muy fuerte.\n\nLas hadas dejaron de cantar, la luz que ascendía se apagó… una nueva estrella había transformado el cielo nocturno y el resto de estrellas empezaron a saludarla haciendo parpadeos luminosos. Entonces los dos ratones sonrieron satisfechos. El padre con cansancio. El hijo con ojos soñadores.\n\nAquella noche ya habían cumplido su misión.\n\nEl trabajo del Ratón Pérez va pasando de generación en generación. Y Manu sabe que, cuando sea lo suficientemente mayor, podrá hacerlo él solo.",
  "title": "El Sr. Pérez y el brillo de las estrellas.",
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