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Los senderos que permanecieron ocultos - 25

fictograma [Unofficial] June 26, 2026
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Antes de tener consciencia ya estábamos bautizados. Cientos, miles, millones saliendo de una fábrica de pensamiento único. De la nariz nos arrastraron haciéndonos creer que había elección, capacidad de decisión, múltiples caminos allá afuera, esa cosa llamada futuro. Solo teníamos que seguir sus lecciones, sus dictámenes, sus dictados. Apenas entramos apagaron las luces, y soltaron los gases, como hicieron también con ellos. Por un único sendero nos hicieron caminar, en fila india siguiendo a alguien que cambiaba cada año, que no conocía el camino, ni por qué lideraba a un grupo de jóvenes borregos. Una ruta diseñada para hacer creer que escogías algo para el resto de tu vida, que la potestad la tenía uno, el camino se forjaba al andar. Jamás nos mostraron los desvíos, dentro de ese afán por nublar al discernimiento. Se avanzaba con una lista de promesas vendidas y el cuento más grande jamás contado. Desde el suelo cubierto de cuerpos efímeros ahogados hay que repensarlo todo, buscar una señal que diga “Salida” y abrir los ojos al haber sido vomitados a una realidad que no fue la que nos prometieron. Insatisfechos con un sistema que es una mentira y una burla. Buscando un espacio propio que nos diga que realmente tenemos aquello que anhelamos. El primer día en la fábrica una voz potente debió gritar: “Sus elecciones serán siempre una ilusión. Existe un camino ya trazado y cualquier desvío lo podrán ahogar en el alcohol de la melancolía”. Debió de haber señales que dictaran las reglas: “Hay que ponerse el traje. Hay que ponerse en fila. Hay que ponerse a producir”. La oportunidad para realizarnos fue tan cierta como que todos pueden llegar a ser lo que desean. Con las cabezas sumergidas, las ideas distraídas, se nos pasó la hora para reorganizarnos, para iniciar desde cero, para darnos cuenta de que nos tomaban por estúpidos. Por todos lados voces nos bombardeaban, gritando, eufóricas, como si realmente lo creyeran, que éramos el futuro, los nuevos líderes, los que íbamos a lograr el cambio. Voces escondidas que nos condenaban a la misma inutilidad sistémica en la que sin consciencia se encontraban. Nada se ve viable, no hay oportunidad alguna para lograrlo, así tenga uno escritos todos sus deseos. Un círculo de supervivencia, que nos envuelve como una gran red en la que damos vueltas, mirándola y pensando que sería bueno que alguien la rompa, pero que sea otra persona la que lo haga, porque da mucha flojera, demasiada flojera, es una red demasiado grande para una sola persona, mejor hay que olvidarnos de su existencia, mejor dejar de sentir que estamos envueltos, mejor estar ebrios de ignorancia dentro del gran círculo que nunca abandonaremos, porque nuestros padres lo vivieron, sus padres lo vivieron y nuestros hijos, si es que los tenemos, también lo harán. Porque estar sujeto por la red, sostenido, cobijado por esta, un piso seguro sobre el cual pretender poder alzarse, es cómodo, es fácil, es seguro, no hay que detenerse a sacarse la resaca del mareo para poner los pies por primera vez en el suelo real, el suelo que tiembla, inestable y desconocido para sacudirse la consigna de tan solo sobrevivir, de tan solo existir por existir, quitarse la supeditación de los hombros, cortar las cuerdas que mueven nuestras cabezas, vomitar lo que nos hicieron tragar, ese gran cuento, esa ilusión de ser libres, ese fin inalcanzable de la vida por la vida, para enfrentar al gran vacío del albedrío, en el que nos sumergiremos sin miedo, sin saber qué será de nosotros, qué será de todo, qué es lo que nos aguarda, qué significa ser, pero en algún momento lo alcanzaremos, ojalá que lo alcancemos, aquello que anhelamos, lo que alimenta todas las angustias de vivir, lo que no deseaban que pudiéramos ver, la única respuesta que nos debieron de dar, ser, tan solo ser.

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