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  "publishedAt": "2026-06-25T15:22:57.198Z",
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  "textContent": "Una pareja sentados juntos, enfrente a un lago, en el atardecer del día.\n\nLa conozco desde hace tres años. Llevamos uno viviendo prácticamente como novios, aunque nunca lo hemos sido oficialmente.\n\nEntramos en una especie de duelo silencioso: ella esperaba que yo me declarara y yo nunca lo hacía. Con cada mes que pasaba, su ilusión crecía más.\n\nA este paso, ya no esperaba una declaración de noviazgo, sino una propuesta de matrimonio.\n\nUna tarde, finalmente me lo reclamó.\n\nMe dijo que si vivíamos juntos, comíamos juntos y hacíamos prácticamente todo juntos, ¿por qué nunca le había pedido que fuera mi novia?\n\nEntre lágrimas, me confesó que soñaba con una boda, un vestido blanco, una iglesia, nuestras familias reunidas y felicidad por todos lados. Me dijo que desde niña había imaginado ese momento, que esperaba que algún día llegara su príncipe azul.\n\nTambién me dijo que estaba cansada.\n\nQue quizás yo era egoísta.\n\nQue tal vez la había utilizado para cumplir mis propios caprichos.\n\nQue probablemente no quería nada serio.\n\nQue quizás ni siquiera era la única mujer en mi vida.\n\nQue había sido muy fácil estar juntos por comodidad y por los gastos compartidos, pero que nunca la había visto realmente como mi mujer.\n\nLa observé llorar.\n\nCada segundo que pasaba comprendía más cuánto tiempo había guardado todo aquello en silencio.\n\nEstaba cansada de la farsa.\n\nDe la apariencia.\n\nDe una mentira disfrazada de felicidad.\n\nPara mí, aquello parecía el final.\n\nElla había iniciado y concluido toda nuestra historia mientras yo permanecía callado.\n\nY entendí algo: no decir nada también dice mucho.\n\nCon un nudo en la garganta comencé a hablar.\n\nLe conté cómo nos conocimos.\n\nIba rumbo al trabajo cuando choqué accidentalmente con ella.\n\n¿Fue amor a primera vista?\n\nQuizás.\n\nRecuerdo que el tiempo pareció detenerse.\n\nLa ayudé, ella siguió su camino y desapareció entre la multitud.\n\nPensé que aquel encuentro no había significado nada. Continué con mi vida.\n\nUna vida solitaria, repetitiva y vacía.\n\nHasta que un día volvió a aparecer.\n\nLa vi nuevamente y, por segunda vez, mi mundo se detuvo.\n\nReconocí en sus ojos la misma soledad que existía en los míos.\n\nLa vi alejarse otra vez entre la gente.\n\nPero entonces ocurrió algo diferente.\n\nElla se detuvo.\n\nVolteó hacia atrás.\n\nMe miró.\n\nY yo la miré.\n\nMe hizo una señal.\n\nSin pensarlo corrí hacia ella.\n\nCuando alcancé su mano, nuestros mundos volvieron a encontrarse.\n\nTal vez no sucedió exactamente así.\n\nPero para mí ella fue un faro en una noche llena de niebla.\n\nFue el ruido que rompía mis noches silenciosas.\n\nFue mi sol cuando todo parecía oscuro.\n\nDe ella aprendí a amar.\n\nAprendí a querer.\n\nAprendí todo lo que sé.\n\nElla fue mi todo cuando yo sentía que no tenía nada.\n\nDesde que la conocí jamás entendí por qué la amaba tanto.\n\nNunca pude decidir si me gustaban más sus ojos o su sonrisa.\n\nY ojalá nunca descubra la respuesta.\n\nPorque mientras no la encuentre, seguiré enamorándome de ella cada día.\n\nAmaba despertar a su lado.\n\nComer con ella.\n\nDormir junto a ella.\n\nSimplemente estar con ella.\n\nPor eso creí que era evidente cuánto la amaba.\n\nPero desperté de mis pensamientos y la vi frente a mí, llorando, preguntándome algo muy simple:\n\n—¿Me amas? Y claro que la amaba.\n\nClaro que quería casarme con ella.\n\nClaro que quería pasar toda mi vida a su lado.\n\nEntonces, ¿por qué nunca lo había dicho?\n\nPorque tenía miedo.\n\nMiedo a que todo terminara.\n\nMiedo a amar tanto y descubrir que el para siempre no existe.\n\nMiedo a despertar un día y no verla junto a mí.\n\nMiedo a comer sin ella.\n\nA vivir sin ella.\n\nA existir sin ella.\n\nYo solo ya no sabía quién era.\n\nElla se había convertido en una parte tan importante de mí que imaginar una vida sin ella me destruía.\n\nConstruí un escudo hecho de miedo.\n\nY me convencí de algo absurdo.\n\nPensé que si nunca hacía una promesa, nuestra historia jamás tendría un final.\n\nPensé que mientras no hubiera una fecha, una boda o un compromiso, podríamos permanecer juntos para siempre.\n\nNo era que no quisiera casarme.\n\nNo era que no la amara.\n\nSimplemente veía las promesas como fechas de caducidad.\n\nCreía que el “felices para siempre” solo era posible mientras no dijéramos nada.\n\nPero ella estaba frente a mí.\n\nY comprendí que tal vez el error era mío.\n\nQuizás para ella una promesa no significaba el final de algo.\n\nQuizás era el comienzo.\n\nAun con miedo, pensar en verla todos los días de mi vida hacía que ese miedo desapareciera.\n\nDespués de decir todo aquello, me puse a llorar.\n\nPensé que cualquiera se alejaría después de escucharme.\n\nPensé que merecía alguien mejor.\n\nElla era hermosa.\n\nPerfecta.\n\nMi mundo.\n\nY yo solo era un hombre lleno de dudas. Pasaron unos segundos.\n\nEntonces apoyó su cabeza sobre mi hombro.\n\nSentí su calor.\n\nSentí su presencia.\n\nY dijo:\n\n—Solo necesito que lo digas, y estaré contigo toda la eternidad.\n\nEn ese momento toda nuestra vida juntos pasó por mi mente.\n\nLas risas.\n\nLos abrazos.\n\nLos momentos simples.\n\nTodo.\n\nY comprendí algo.\n\nHabía pasado tanto tiempo preocupado por el futuro que olvidé vivir el presente.\n\nQuería estar con ella mañana.\n\nEn diez años.\n\nEn veinte años.\n\nPero había olvidado estar con ella hoy.\n\nHabía olvidado abrazarla hoy.\n\nHabía olvidado decirle “te amo” hoy.\n\nPensé tanto en el mañana que dejé escapar el ahora.\n\nY entendí que mi verdadera eternidad no estaba en el futuro.\n\nEstaba en cada instante que compartíamos juntos.\n\nQuizás el error fue mío por tener miedo.\n\nQuizás el suyo por esperar tanto tiempo.\n\nPero por poco, ese miedo nos separa para siempre.\n\nEntonces la abracé.\n\nY le dije:\n\n—Te amo tanto que jamás te lo dije.\n\n—Te amo tanto que sin ti no soy nadie.\n\n—Te amo.\n\n—Te amo.\n\n—Te amo.\n\nNo sé por qué tardé tanto. Pero…\n\n—¿Quieres casarte conmigo?",
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