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"publishedAt": "2026-06-24T15:19:42.989Z",
"site": "https://fictograma.com",
"textContent": "## I\n\nLa cría corría de vuelta a casa.\n\nPasó por el viejo parque, centrado en los deberes que tendría que entregar el último viernes de marzo.\n\nTenía que leer el cuento de Caperucita Roja, el cual nunca le llamó demasiado la atención cuando su madre se lo narraba.\n\nAl pasar por un sendero peligroso, una figura entre harapos clamó:\n\n—Si fuera por un buen niño, me traería del Perdón del Mundo la santa eucaristía, además de la sangre en vino de Cristo.\n\nPero el niño, atontado ante aquella petición medio extraña, medio en broma, quedó en silencio un momento y finalmente dijo:\n\n—Eres tú, lobo feroz.\n\n—Valga el día en que Euristeo vio viajar a Ítaca. Para mi célebre escucha, sí, sí soy el lobo feroz.\n\nLa carcajada del niño, atónito y medio tonto al escuchar tantos nombres y palabras que ni sabía que existían, cautivó a la cría. Tomando toda su atención, respondió al ver a aquella figura medio muerta, en huesos y sucia:\n\n—Pero, lobo feroz, ¿por qué tienes los dientes tan desgastados?\n\n—Por raspar las piedras del Leteo y poder recordar cómo llegar a mi propia casa.\n\n—Pero, lobo feroz, ¿por qué tienes las orejas tan sucias?\n\n—Para poder volar cual colibrí y escapar por fin del Laberinto de Creta.\n\n—Lobo feroz, ¿por qué estás tan delgado?\n\n—Porque tuve que dar mi pecho a Rómulo y Remo, para que al final me traicionaran y fundaran con sus pequeñas manos la Torre de Babel. ¡Pero ahora yo te haré una adivinanza!\n\nCon aún más entusiasmo, la pequeña cría nada más pudo responder:\n\n—¿Qué es una adivinanza?\n\nLa extraña figura quedó callada ante la ignorancia de su pequeño nuevo amigo y finalmente dijo:\n\n—Un acertijo, sí. Una cuestión y una solución. Igual que ayer hice con otro niño vestido de esfinge. Creo que su nombre era Heráclito… Mmm… ¿Qué hay en tu bolsillo izquierdo? ¿No será una moneda para este pobre tonto?\n\nFue grande la sorpresa del extraño cuando vio que la cría llevó las manos al bolsillo izquierdo… y no había más que un hueco.\n\nLa cría, al ver la decepción del que para él ya no era un lobo feroz, sino un gran sabio medio carcomido, preocupado, solo pudo decir:\n\n—Espérame mañana. Te traeré una moneda.\n\n—Bendito sea tu nombre.\n\n## II\n\nCorría el día en la escuela y, hasta la salida, no dejó de sostener la pequeña moneda de dólar.\n\n—¡Viejo! ¡Viejo! ¿Dónde estás?\n\n—¡Hablad con orgullo si traéis vuestra presencia ante el Rey de los Morros!\n\n—¡Ja, ja, ja! ¿Qué es un morro?\n\n—Ah, pequeño tonto, pronunciad bien los nombres de los descendientes de Noé.\n\n—Sí, escuché de Noé por mi abuela.\n\n—Te contaré dónde está enterrado el Tesoro de Atahualpa si me traes de la iglesia la salvación. ¿Traes contigo las monedas de oro? Si es así, id y traed de la cruz el Perdón del Mundo.\n\n—Eh, sí… Ya te traigo algo de la tienda de doña Maruja.\n\nFue corriendo a la tienda de la esquina.\n\nTrajo todo lo que la moneda le alcanzó a comprar.\n\n—Aquí está.\n\nExtendió las pequeñas manos y, al recibirlas, el tonto las sintió pesadas.\n\n—Ah, al fin el milagro de las estrellas.\n\n—Te equivocas. Es pan de ayer y Coca-Cola retornable.\n\nCon lágrimas, comió del pan duro y bebió de la cola. Pero antes de responder, ya fuera para quejarse o agradecer, la cría se fue corriendo y gritando a sus espaldas:\n\n—¡Te veré mañana! ¡No olvides devolver la botella!\n\n## **III**\n\nAquella misma tarde pasó de nuevo junto al viejo parque y encontró al viejo abriendo los brazos, recibiendo el sol de lleno.\n\nLa cría preguntó:\n\n—¿Qué haces, viejo tonto?\n\n—¿Qué no se ve, pequeño niño? Trato de contener al sol en un abrazo. ¿Y tú qué haces?\n\n—Mi madre me mandó por fréjol a la tiendita de doña Maruja. ¿Devolviste la botella de Coca-Cola?\n\n—¡Calla y no me distraigas! Que, si tomo mucho sol, podré ser como Superman.\n\n—A mí me gusta más Condorito.\n\n—¿Qué trae a cuenta De las locuras y los divanes con un superhombre o El corazón de un perro?\n\n—¡Ja, ja, ja! Nunca entiendo lo que dices.\n\n—Yo siempre hablo con la verdad de las eras. Las mentiras se resbalan en mi poderoso y oscuro cuerpo, del cual incluso Sansón tendría envidia.\n\n—Pero si estás en los huesos.\n\n—¿Qué no has escuchado de las reglas de Platón? ¡Qué Platón ni qué comedia! Ni Charles Chaplin soportaría ver mi plato medio vacío.\n\nAcercándose a los trastes, la cría vio entonces la botella retornable y finalmente dijo, sin entusiasmo:\n\n—¿No devolviste la botella?\n\n—¿Por qué me das de la amarga Coca-Cola y no del rico ron? Ah, el lamento de El camino a escena o las Obras negras de Vincent van Gogh. Más ahora, sumiso, casi al lloro, pregunto: “Ser o no ser; esa es la cuestión”. Aunque ahora recuerdo Las cosas de vosotros y digo: “Sin más alternativa”.\n\nDespués de todo,\na ratos,\nme da ganas de ser como vosotros.\n\nAyudadme a comer\ntantas mentiras.\n\nHabló en silencio el tonto, pues la cría ya hacía mucho que se había ido.\n\n## **IV**\n\nEl sol ya estaba en lo alto del mediodía y, al sonar las campanas de la escuelita, las crías volvían junto a sus madres a casa.\n\nPero el tonto quedó en silencio ante la presencia de la cría, que lo saludaba vivazmente.\n\n—Hola, viejo tonto. Te traje la cena.\n\n—Te equivocas. Es mediodía; a esta hora se come el almuerzo.\n\n—Te equivocas tú. El pan de ayer y la Coca-Cola son desayuno.\n\n—¿Qué vas a saber tú? Trae acá.\n\nLa cría miraba a su amigo comer con vivacidad, pero la curiosidad pesó más y preguntó al fin:\n\n—¿Tienes hogar? ¿Tienes nombre? ¿Tienes perro?\n\n—¡Ba, ba, basta de tantas preguntas! Una por una.\n\nPor un momento ambas figuras quedaron en silencio, hasta que finalmente una vocecilla dijo, con temor y al borde del llanto:\n\n—¿Tienes reino?\n\nPregunta tonta, sin duda, al ver la precariedad de su amigo. Pero al volver a ver su rostro lleno de emoción, finalmente dijo:\n\n—Mi reino está más allá de Judea. Pero ahora está gobernado por Alejandro Magno y vive en conflicto con América y su dictador, Yeonsan Gun. Más ahora te daré un deber: has de leer los Versos Apócrifos y mañana, a esta misma hora, esperaré tu respuesta.\n\n—¡Así será! No olvides devolver la botella.\n\n—Has de ir, hijo de Dios, por un mañana donde no habite en ti la locura.\n\n## **V**\n\nNo aguantó al salir de clases, pero fue castigado hasta tarde por no haber hecho los deberes.\n\nCondenado a limpiar el aula, se demoró aún más.\n\nSalió hambriento y, con la única moneda que tenía, no pudo resistirse: lo único que le alcanzó fue para pan de ayer y una Coca-Cola retornable.\n\nCuando la cría se topó con su amigo, solo pudo ponerse a llorar, pues había llegado sin migaja alguna.\n\n—¡Viejo, perdón! No te he traído ni retazo de queso ni pescado que compartir, porque me lo he comido…\n\n—Ah, los lamentos del día son el hambre del mañana. No os preocupéis, pequeño niño. Mira: yo soy tan alto que cogeré huevos de las águilas, y peso tanto que, al sumergirme en los mares, rescataré al Titanic y de paso traeré de vuelta las sepias y las haré rico sushi.\n\n—¡No! Sé que si no comes ahora, mañana ya no estarás. Mi madre dice que si no comes la sopa caliente, mañana no despertarás.\n\n—Ah, mi buen amigo, no lamentes el melocotón maduro cuando sus raíces aún no han sido dadas al ayer.\n\nEntre lágrimas y risas profundas, la cría nada más dijo:\n\n—Ja, ja, ja… Eso no tiene sentido…\n\n—Los caminos de Dios no tienen razón de ser, y así debe ser. Del misterio ha de quedar el misterio. Pero al final siempre el sol saldrá en la mañana. Y, si quieres seguirme, estaré en el Quinto Hemisferio, y sobre mi cabeza resplandecerá la estrella más brillante. Que Perdonaris ilumine al Perdón del Mundo. Ahora id, id e iros sin lloro, pues con una sonrisa me encontraréis mañana.\n\n## **VI**\n\nCon nuevas esperanzas en su corazón, la cría volvió a casa, olvidando el cansancio y con nueva hambre de comerse al mundo con lo aprendido.\n\nEsperaba charlar de nuevo con el viejo medio tonto, a quien ahora consideraba un sabio de eras antiguas.\n\nDurmió y, al amanecer, volvió a la escuela.\n\nDurante las primeras horas de clase estuvo atento y avispado en las manualidades. Admiraba a sus compañeritos, pues pensaba que algún día alguno —y por qué no él mismo— podría ser tan sabio y carismático como el viejo sabio.\n\nLas campanas llamaron a la salida y las madres llegaron a recoger a las crías.\n\nEntre ellas vio una figura familiar.\n\nEra su madre, pero en su rostro habitaba una gran pena.\n\n—Cariño, lo siento… pero tu amigo ahora está con Dios.\n\nNo entendió aquellas palabras, pero algo se encogió en su pequeño corazón.\n\nFinalmente dijo, al borde de las lágrimas:\n\n—¿Dónde está el viejo? ¿Quiero verlo?\n\nLa madre tan solo pudo responder con tristeza ante la incomprensión de su hijo:\n\n—Vamos a despedirnos.\n\nLlegaron al viejo parque.\n\nMiró las cosas del viejo tiradas, ahora olvidadas, y se preguntó qué sería del recuerdo de aquel hombre cuyos relatos y Cuentos Fantásticos jamás volverían a ser narrados.\n\nLa pena estrujó su pecho.\n\nAntes de que se tirara al suelo llorando, su madre dijo:\n\n—Sé que ahora la tristeza de este recuerdo te dolerá, pero verás que mañana el sol saldrá de nuevo. Sus historias ahora viven en ti, y eso está bien. Creo que eso diría tu gran amigo.\n\n—¿Cómo murió? ¿Qué pasó con él?\n\n—No te lamentes. No tienes la culpa de nada. Pero lo encontraron esta mañana… Había muerto de hambre. Los seres humanos no pueden alimentarse solo de pan viejo y Coca-Cola. Por eso tienes que comer tus verduras y tomar toda la sopa.\n\n—Sí… Volvamos a casa. Ahora sé que la voluntad de él vive en mí. Solo espero que sus historias y los nombres de sus personajes no lamenten la pérdida de su maestro.\n\n—Cariño, todos sus personajes eran, en verdad, personas reales.\n\n—Entonces en verdad él habita al Perdón del Mundo.\n\nCon una sonrisa que su madre no quiso borrar, respondió al final:\n\n—Claro que sí, cariño.\n\n**\nColección de _Cuentos Fantásticos_ … 70°C**",
"title": "Mi amigo, Don Evaristo. Colección de Cuentos Fantásticos 70°C",
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