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"publishedAt": "2026-06-20T17:12:43.271Z",
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"textContent": "## EL NAHUAL\n\nLa noticia causó, más que una impresión de dolor, un efecto de honda satisfacción: el brujo de la ranchería, más temido aun por sus dotes de **nahual** , había muerto. A pesar de la lluvia del amanecer, la noticia iba por las casas, de puerta en puerta.\n\nSabedores todos de que una de las familias en pugna había traído de lejano lugar a otro brujo poderoso, de los trabajos de éste hacían derivar la muerte del hechicero local. ¡Y qué muerte! Aunque del acontecimiento se ocupaban todos, de la causa íntima sólo aventuraban sus noticias los que confiaban completamente en el interlocutor.\n\nMás bien se pensaba, sin decirse, que había caído la primera víctima de la contienda, de la guerra entre las dos familias, distanciadas por la muchacha que solicitaran dos jóvenes de la ranchería: el uno inválido para el trabajo; el otro, en plena fuerza de una juventud sana.\n\nLos temores que infundía el **nahual** muerto, eran tan sólo la sombra de los temores que supo sembrar en vida. De él se contaban hechos tremendos y misteriosos: para castigar a un vecino que robara unas mazorcas de maíz, le había dejado seca la mano, encogida, como un martillo informe. Pagado para saciar una venganza, acabó no tan sólo con toda una familia, sino hasta con los animales, muriendo todos a causa de una rara enfermedad.\n\nY qué maleficio el de su mirada: si un niño resultaba grato a sus ojos, caía enfermo, y era necesario que el brujo lo sahumara entre rezos y raras ceremonias para devolverle la salud. Si acaso iba por un campo de labor y la lozanía del sembradío despertaba su codicia, las matas se doblaban como bajo la lumbre de una larga sequía. Pero todo ello resultaba pálido ante las versiones sobre las correrías y prácticas nocturnas del **nahual**. No faltaron quienes hicieran notar que durante la noche anterior los perros habían aullado incansablemente y que, además, el tecolote había cantado o llorado cerca de la casa del desaparecido. Por algo existe entre los naturales la creencia de que los perros tienen la facultad de ver en medio de la noche, lo que resulta invisible para los humanos, como también creen que el tecolote pronostica la muerte.\n\nNoches llenas de espanto, esas en que perros y tecolotes rompen el silencio de las rancherías: los niños, pegados al pecho de sus madres, temblando de miedo; las mujeres, con la mano del hombre entre las suyas; y el hombre, con el oído atento a las misteriosas voces de la noche, en un inútil afán de penetrar en el sentido que hay más allá de los fenómenos borrosos. ¿Por qué es que en esas noches los perros no ladran como al enfrentarse al tigre o al perseguir al ciervo, sino que lo hacen acobardados, siempre en un ímpetu de huida al rincón más protector de la casa? ¿Por qué en esas noches el tecolote no canta con su voz ronca y bonachona, sino que a ratos parece reír y a ratos llorar?\n\nPero nada tan imponente como la relación y los antecedentes. El brujo se hallaba muerto en su propia cama hecha de otate, pero presentaba huellas de lesiones en todo el cuerpo, como si hubiera pasado por todos los zarzales de la sierra, como si hubiera sido desgarrado por toda una jauría. Gracias al conocimiento previo de las actividades nocturnas del hombre, todos se explicaban lo sucedido.\n\nAdemás de brujo era tenido por **nahual**. Aseguraban que, cuando la ranchería ya se encontraba en calma bajo el peso de las noches más oscuras, él procedía a transformarse en tigre, en oso o en una enorme serpiente, para ir a excursionar impunemente por campos y ranchos, robando lo más valioso que hallaba. Por eso en su casa abundaban la carne y los granos.\n\nContaban sus vecinos, con toda la seguridad de lo que es veraz, que encerrándose perfectamente en su casa, pronunciaba palabras misteriosas, echaba **copal** en la lumbre y en medio de la humareda saltaba por sobre las piedras del fogón, saliendo convertido ya en la fiera cuyo aspecto había elegido previamente, capaz de traer en las fauces el cerdo gordo o la docena de gallinas robadas.\n\nA su regreso era la mujer la encargada de ejecutar la rara liturgia que lo reintegraba a la forma humana. Del padre del brujo se contaba una leyenda mucho más espantosa: decían que, cansada de los malos tratos o bien por inclinación a otro hombre, la mujer se negó a restituirlo a la humanidad al regreso de una de sus correrías nocturnas. Como es de ritual que la transformación reivindicadora de la forma humana se efectúe antes de que alumbre el día, el **nahual** arañó durante la madrugada la puerta de su propia casa, pidiendo entrar. A medida que iban aclarándose los callejones, fue perdiendo toda memoria, como si se le metieran en la cabeza todas las sombras fugitivas. Y así, ajeno a todo su pasado, con la forma de un leopardo de extraño pelaje, se marchó a la montaña. Dicen que unos cazadores lo encontraron muerto: tenía facciones que fluctuaban entre las de un hombre y las de un puma, y el pelo tan crecido que le llegaba a los hombros.\n\nSu hijo, el **nahual** heredero de la rara sabiduría, murió, en cambio, en su propio lecho. Los mejor enterados contaban discretamente que el brujo fue sorprendido en una de sus correrías nocturnas, que acaso se encontró con otro **nahual** más fuerte o que, tal vez, cayó en una trampa, donde fue mordido por los’ perros hasta que éstos olfatearon, con su instinto, la verdad, y lo dejaron escapar.\n\nYa herido, huyendo entre las breñas, llegó a su casa, con las fauces vacías. La mujer aún pudo reintegrarlo a la forma humana. Y allá estaba, en la tarima de otates, todo ensangrentado y lleno de lesiones, unas como rasgaduras de espinas y otras como dentelladas de perros.\n\n—Muy poderoso ha de ser —decían— el brujo traído de la otra ranchería, cuando pudo causar la muerte del **nahual**.\n\nOtra víctima de esas luchas que duran siglos de superstición, entre familias que se transmiten los odios, como una herencia.\n\n> **_Continúa en el siguiente capítulo…_**",
"title": "El Indio - Segunda Parte: El Nahual - Gregorio López y Fuentes",
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