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"publishedAt": "2026-06-18T13:08:44.810Z",
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"textContent": "Mi loquero me ha recomendado que escriba un relato de los hechos para evitar en lo posible desarrollar un trastorno de estrés postraumático. Aunque me parece una soberana estupidez, voy a hacerlo porque si no sigues el tratamiento recomendado: mejor ni pidas consejo al especialista. Pero quiero que quede claro que sé que un TEPT se tiene o no se tiene, no “se desarrolla”.\n\nComo los hechos aún están siendo investigados y para preservar el anonimato usaré un seudónimo para mi y un nombre de hospital ficticio. Por si esto llegase a la prensa de algún modo indebido: que sepan que están violando la confidencialidad entre psicólogo y paciente.\n\nSoy Niles Smith y trabajo como cirujano en el General. En mis quince años de cirugía general he visto cosas que dudo mucho que nadie pueda imaginar. Evidentemente hay personas que introducen cosas estrambóticas por orificios corporales. Lo lamento por los que creían que eran leyendas urbanas pero son historias reales. Termómetros de mercurio por la uretra, pilas alcalinas ingeridas por una apuesta… Los adolescentes tienen la excusa de tener las neuronas locas de remate… pero el del termómetro tenía unos cincuenta años.\n\nLas heridas más impresionantes y complejas de solucionar suelen ser las que se producen en el trabajo de los obreros de la construcción o la industria del metal. Perforaciones, amputaciones, elementos incrustados. Muchos de ellos vienen conscientes y hasta a mí me dan repelús a primera vista.\n\nSin embargo no es ninguno de estos casos el causante de mi trastorno. Y debo aclarar que yo tampoco esperaba que, después de haber atendido, hace unos años, un código rojo múltiple por un atentado en un autobús, el que me iba a dar problemas fuera un payaso.\n\nHagamos un inciso aquí, no lo llamo payaso de forma peyorativa; es que era un payaso de circo. Don Patricio, para ser más exactos. El Circo de la Alegría llevaba dos semanas actuando, con la carpa en el parking del Norte, y tenía payasos, equilibristas, la mujer barbuda, un motorista volador y hasta un hombre bala que por lo visto lanzaban desde un cañón.\n\nDe todos los personajes y accidentes posibles, la ambulancia me trajo al protagonista del número cómico. Don Patricio tenía los zapatos enormes, la nariz de pega, la cara pintada de blanco con su sonrisa roja, una peluca afro de color naranja neón y una fea herida en el abdomen. Los compañeros de número parece ser que eran más cómicos que lanzadores de machetes. No tengo ninguna formación —ni ganas de tenerla—, en temas policiales, pero diría que en este caso lo preocupante para los detectives era que se suponía que los cuchillos estaban trucados y, por lo que pude ver en cuanto examiné al herido, uno de ellos al menos tenía filo de verdad.\n\nPrepararon al paciente, vino el anestesista, hice mi rutina de limpieza quirúrgica. Me puse la bata, los guantes, el gorro, los patucos, me ayudó un enfermero para no contaminar ningún material. Cuando Don Patricio estuvo profundamente dormido, con el campo quirúrgico preparado, comencé la incisión. Había peligro de perforación de una arteria aunque la hemorragia no era severa, en cualquier caso tenía que revisar la herida, desbridar, observar su alcance real, extraer los órganos para revisar su integridad.. y ahí fue cuando la cosa se puso muy rara.\n\nAl meter el instrumental para mantener abierta la incisión se empezó a oír un tic tac. El paciente estaba desnudo, por protocolo se le había revisado para quitar _piercings_ , prótesis dental removible… así que no llevaba reloj, hubiera sido un descuido imperdonable. De todos modos miré la cara pálida, ya desprovista del maquillaje, de Don Patricio y le inspeccioné ambas muñecas. Limpias. Volviendo a la zona de trabajo observé que dentro de la incisión que había practicado paralela a la herida, que debía ser una zona de acercamiento al trayecto del arma blanca nada más, había algo de una textura extraña. Pedí las pinzas y empecé a tirar. Primero salió una tela de color azul, seguida de otra verde, una amarilla… uno tras otro atados por un nudo saqué como 20 pañuelos. El número de magia más truculento de la historia. Los deposité en la bandeja que me acercó el enfermero. Y ya tuve que pedir que me secaran el sudor de la frente.\n\nEl ambiente en quirófano se había enrarecido un poco, pero recuerda que hay pacientes que comen pilas, así que no estábamos tan asombrados como uno cabría esperar. Seguí limpiando la incisión y desbridando la herida.. y saqué una flor trucada que echaba agua, el mecanismo con tubo flexible de dicha flor, una nariz de espuma roja de repuesto, las llaves de un Volkswagen Beetle y un despertador antiguo. Ahí teníamos lo que hacía _tic tac._\n\nAdmito que ya con el despertador en la mano comencé a sentirme mal. Me subía un calor sofocante por el cuello hasta la cara, las manos me hormigueaban y se me nubló la vista. El médico residente de cirugía me sujetó por el codo un momento. Pero llevábamos un tiempo excesivo en quirófano, él parecía más blanco que la leche, y yo no podía pedir que acudiera a reemplazarme otro cirujano ahora, así que me repuse.\n\nNo podía creer que estuviera en un escenario real en todo caso y actué en un estado de ensoñación desde ese momento. Seguramente era el sobre esfuerzo de las guardias interminables. También me había afectado aquella operación que debería haberse hecho en cirugía pediátrica. Lavé y desbridé la cavidad, realicé la sutura por planos de los tejidos internos y valoré colocar una malla de polipropileno para reforzar la pared abdominal, pero la descarté por el alto riesgo de infección. Finalmente, aproximé los bordes de la piel. Miré el cronómetro, casi tres horas de anestesia general.\n\nMe di la vuelta para pedir al residente que suturase él la incisión, en parte para darle algún trabajo y en parte para cerrar también en mi mente aquel episodio, cuando de repente se oyó:\n\n-¿Cómo están ustedeeeeees! -era Don Patricio, que se había sentado en la mesa de operaciones, con una gran sonrisa y miraba al vacío con los ojos bien abiertos.\n\nMe eché la mano al pecho por el susto y, alternativamente, miré al anestesista, vi que la pantalla de control BIS marcaba que el paciente aún estaba dormido y observé la incisión que empezaba a sangrar levemente. Sin mediar palabra alguna, entre el residente y yo volvimos a tumbar al paciente y terminamos de cerrarlo.\n\nDesde entonces me tiembla el pulso cuando cojo un bisturí; me dieron de baja porque no puedo realizar mis funciones como cirujano. No puedo dormir, me sobresalto cuando oigo un ruido fuerte y tiemblo cuando veo un cartel publicitario del circo. Podría haber sido una pesadilla o una alucinación, seguramente habría sido lo mejor porque ahora tengo que testificar sobre el caso, repasar el informe de quirófano delante del juez, rememorar lo sucedido. Porque Don Patricio sobrevivió, sí, pero alega que siente que “le falta algo” y que se trata de una mala praxis. Claro… le faltan cosas, eso es evidente, pero éramos cuatro trabajando en aquel quirófano y eso es lo malo porque además de compañeros son testigos.",
"title": "¡El espectáculo debe continuar! Relato III de «¡Qué paranormal es todo!»",
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