{
  "$type": "site.standard.document",
  "bskyPostRef": {
    "cid": "bafyreihzmnenq4f2i4t3kaqqz4dwh5s7ay4ffdt3ltnd6dxh5shkbjo5fm",
    "uri": "at://did:plc:vzh4bg7wcdwdz7dh5cf2niuz/app.bsky.feed.post/3moiz3zszxs42"
  },
  "coverImage": {
    "$type": "blob",
    "ref": {
      "$link": "bafkreifnljnayhurosesxzfwjlsrcpnm2mj3yuqqmtgkbzxqeicc4gvcmu"
    },
    "mimeType": "image/png",
    "size": 1991121
  },
  "path": "/d/3255-la-presion-espacial-capitulo-15-entrevista/1",
  "publishedAt": "2026-06-17T19:07:06.119Z",
  "site": "https://fictograma.com",
  "textContent": "### Cap. XV: Entrevista\n\nLa noche había caído sobre el mar Mediterráneo y en la cumbre de aquel extraño edificio que aparecía desde el agua para elevarse sobre las olas, Teo trataba de decidir si todo aquello le parecía algo realmente serio o solo un montón de humo.\n\nRül había encendido unos tubos de neón, que empezaban a ser necesarios para verse las caras, pero que debían verse a kilómetros de distancia, aunque su luz fuera tenue. Allí arriba, la luz debía verse desde la lejanía como un faro. Había algo en esa despreocupación que a Teo le preocupaba. ¿Iban tan sobrados que les daba igual? ¿O sería que eran tan insignificantes que no valía la pena ni ir tras ellos?\n\nLa información que tenía sobre el grupo previa a este contacto era casi nula. Apenas había escuchado su nombre un par de veces en las noticias, y ambas asociadas a delitos o inconveniencias que podrían denominarse “molestas”, o quizá “delictivas”, pero no “terroristas”.\n\nAdemás, todo el mobiliario de aquella habitación gritaba “soy cutre” y pese a que podía entender que un grupo clandestino no iba a estar gastando dinero en muebles caros, la falta de otros signos de clandestinidad le hacía dudar.\n\nNo sabía exactamente cuáles eran los métodos que gastaba aquel grupo autollamado terrorista, pero desde luego, en imagen tenían mucho que mejorar. Lo único de allí que le había provocado cierto respeto eran los brazos de Tomás.\n\nDelante de él tenía a aquel hombre repeinado, que sería apenas unos años mayor que él, con un bigotillo fino que le resultaba demasiado evidente y unas gafas de cristal redondo que él debía pensar que le hacían verse más intelectual, pero a Teo se le hacían casi chistosas.\n\nSi debía juzgar por las apariencias, a Teo le parecía un pretencioso.\n\n—¿Cómo que usted es el Grupo? ¿Usted solo? —preguntó, mientras Rül dejaba el tubo de neón recién conectado apoyado en la pared.\n\n—Oh, no, no… ja ja ja —Rül, volviendo a su asiento tras la mesa, se mostró divertido, aunque Teo no encontraba la gracia por ningún lado—. Qué va, qué va. A lo que me refiero es a que yo te envié ese e-mail que te ha hecho venir aquí y a que soy una parte del grupo. Todos los que estamos aquí somos Pueblo Defensor. Tomás, los chicos de la cantina, los de mantenimiento. Todos somos un pequeño porcentaje del grupo y todos somos igual de importantes. Y todos, hasta yo, tuvimos una entrevista parecida a ésta.\n\n—Pues no se oye hablar mucho de ustedes, la verdad —confesó Teo—. Sólo sé que existen por el correo que me envió y poco más. Antes, yo creo que solo había escuchado el nombre un par de veces por televisión. La última, la recuerdo perfectamente: habían robado unos coches de lujo en Zaragoza. ¿Son esas cosas las que suelen hacer?\n\n—Bueno… eso y otras cosas. Esa fue una maniobra de financiación. Vendimos esos coches para conseguir dinero. Pero también hacemos otro tipo de actuaciones. Desde que estamos aquí, por ejemplo, hemos aportado material para la red eléctrica alternativa que están haciendo en tu barrio. Colaboramos con una cooperativa local. También hacemos otras cosas parecidas en otros sitios.\n\n—No me parece mal. Pero yo pensaba que los grupos terroristas se dedicaban a otra cosa. Como sembrar el terror entre la gente que nos putea, por ejemplo.\n\n—Eres un impaciente, Teo. Sí, ese es el objetivo y ya hicimos un par de cosas así, aunque no se hizo pública nuestra autoría. Ese es otro problema que tenemos. Es difícil que la gente sepa que hemos hecho algo cuando no se informa de ello en los noticiarios. Cortamos el agua en la Ciudad de Málaga hace unos meses. Toda la zona centro, las viviendas de la élite, las tiendas de lujo… todo estuvo sin agua por más de dos días. Pero lo arreglaron y aunque salió en las noticias, dijeron que se había tratado de un problema técnico y se quedaron tan panchos. Y nosotros no tenemos aún poder suficiente para hacer que los periodistas prefieran hacernos caso que obedecer a sus amos.\n\nTeo entendía que debía ser difícil, pero al mismo tiempo se le ocurrían unas cuantas cosas que hacer para que no les ignoraran, y no eran cortar el agua. Aquella historia no le había sacado de su duda.\n\n—Bueno… ¿me dice por qué me mandó el correo? ¿De qué va todo esto?\n\n—Pues verás… alguien nos habló de ti. Nos comentaron cuáles eran tus características, cuál es tu posición actual y cuáles tus capacidades. Necesitamos en el grupo a gente como tú. Sé que has pasado por una mala racha y sé que no te lo mereces.\n\nTeo no pudo más que lanzar un pequeño suspiro y sonreír sarcásticamente.\n\n—¿Y qué les han dicho de mí? No soy nadie especial. Pueden darle una patada a una piedra en mi barrio y saldrán seis como yo. Creo que están equivocados con respecto a mí.\n\n—No lo creo —contestó el entrevistador—, la información proviene de alguien que te conoce bastante bien. Y estás dando muestras de ser exactamente como te habían descrito.\n\nAbrió el único pequeño cajón que tenía aquella mesa. Sacó de él una libreta con un bolígrafo metido en la espiral metálica que unía sus hojas. La abrió y leyó algo que había allí apuntado.\n\n—“Es un cabezota y sólo querrá hacer las cosas a su modo, pero es muy inteligente y puede hacer cosas increíbles con los números y con ordenadores”.\n\n—Pfff —Teo resopló, incrédulo—. Quién le haya dicho eso tiene una gran visión de mí, pero muy errónea. Lo mismo la primera parte de la frase es cierta, pero no la segunda. Estudié matemáticas e informática en un instituto de segundo grado, pero ya está. Puedo hacer cosas con números y con ordenadores, pero son cosas bastante normales. Muy creíbles.\n\n—Hum —Rül pareció pensar para sus adentros, pero contestó en seguida—. Aun así, no tenemos apenas informáticos. Serías valioso para nosotros.\n\n—¿Haciendo qué? Mire, le voy a ser sincero —Teo se puso serio. Había ido allí esperando un cuartel clandestino y había esperado encontrar allí a alguien dispuesto a joder el sistema, pero en su cabeza cada vez veía más una oficina improvisada a lo cutre y a un tipo cuya definición de terrorismo parecía ser “hacer un poco el gamberro y sin molestar demasiado” —. Si he venido aquí es para alistarme. Pero para alistarme en algo que nos haga avanzar. ¿Tienen pensados más movimientos?\n\n—Los tenemos —contesto Rül, tras la mesa—, pero como comprenderás, no los puedo compartir ahora mismo aquí, contigo.\n\n—¿Y esos movimientos comprenden algo más que robar unos coches o cortar el agua un par de días? ¿O todo lo que hacen son cosas así?\n\n—¿Crees que ayudaríamos más no haciendo nada? —Rül contraatacó.\n\n—No digo eso. Pero quizá deberían pensar mejor qué cosas hacer. Con esto no consiguen nada. ¿Qué consiguieron con el robo de los coches? ¿Quién de su “Pueblo Defensor” anda por ahí en un Cadillac?\n\n—Los coches los vendimos, Teo, lo he dicho antes. El dinero que sacamos por ellos es parte del presupuesto que permite que hayamos podido estar en este edificio durante dos meses reclutando a gente y haciendo operaciones, como colaborar con la Cooperativa de tu barrio.\n\n—Pues creo que deberían utilizarlo mejor. ¿Qué es lo que se supone que haría, si me alisto? ¿Eso me lo puede decir?\n\n—Pues, en primer lugar, colaborar con nuestros grupos de activismo. Nada inmediato, lo más seguro. Estarías disponible en una localización y cuando te necesitáramos, alguien contactaría contigo para decirte lo que tienes que hacer. Siendo que sabes de matemáticas e informática, seguro que después de participar en un par de acciones te pasarían al cuerpo de planificación, o a tesorería. Yo no soy quien decide esas cosas, pero sería lo lógico. Lo que te puedo prometer es que nunca te faltaría un plato de comida y la protección necesaria, eso lo puedes dar por seguro.\n\nTeo quedó pensativo. Le estaban intentando comprar por un plato de comida. Así estaban las cosas. Pero claro, realmente, ese plato de comida era importante. Tan importante como que, si uno deja de comer, se muere. Por otro lado, la comida la tenía “asegurada” con sus viajes al vertedero. No era comida sana, pero era comida. No le parecía un precio justo en relación al riesgo.\n\nNo se lo parecía porque sabía que fueran cuales fueran las acciones, si detenían a un activista, no era precisamente un juicio justo lo que le esperaba, pero, sobre todo, no se lo parecía porque aquel tipo y aquel “grupo terrorista” no le decían nada.\n\nMovió la cabeza en gesto negativo. Rül se percató de su lenguaje corporal, e inició de nuevo el ataque.\n\n—Teo, nosotros estamos en el mismo barco que tú. Yo hace un par de años no tenía donde caer muerto. Malvendí mi casa por una miseria y dormía en un callejón, en Albacete. Trabajamos por mejorar la vida de la gente y eso mejora nuestras vidas —paró un momento para hacer un gesto con las manos mostrando el traje que llevaba puesto—. Estoy seguro de que llevas semanas decaído, jodido, amargado, porque sé que te has quedado sin trabajo y que no tienes un crédito. Ahora irás tirando, pero en un tiempo, sucumbirás por completo. Créeme, he pasado por ahí. Si estás con nosotros, sentirás que estás ayudando a la gente y que te estás ayudando a ti mismo.\n\n—¿Cómo? ¿Robando Lamborghinis?\n\n—¡Oh, Teo! ¡Estás obsesionado con lo de los coches! Te vuelvo a repetir que fueron vendidos y el dinero se utilizó para algo útil. ¿Cómo te crees que conseguimos el dinero necesario para aseguraros que vais a tener donde vivir y no vais a pasar hambre? No podemos limitarnos a acciones ideológicas.\n\nTeo se quedó callado. Estaba hasta las narices. Le intentaban comprar barato, apelaban a su mala situación económica para presionarle y recurrían a frases de libro de autoayuda. Si lo primero que tenían que hacer era mejorar en imagen, lo segundo era buscar reclutadores que supieran hablar.\n\nY lo tercero, buscarse activistas que estuvieran dispuestos a arriesgar el culo por chorradas que no llevaban a ningún sitio, porque él no iba a ser uno de ellos.\n\n—Mire… —dijo— no me parece mal lo que hacen, pero le voy a ser sincero, me da la impresión de que son ustedes una especie de comuna o asociación de ayuda. No estoy en contra, para nada. De hecho, me parece loable, pero no es un lugar donde creo que me gustaría estar. No es lo que esperaba. Lo siento.\n\n—Eres un radical, Teo —le contestó Rül, mirándole fijamente—, y lo comprendo. Muchos de los que entran aquí, lo hacen con esa actitud. Es entendible que estés rabioso y hastiado, y que quieras soluciones rápidas. Pero te convencerás. No existe una gran batalla que luchar, Teo. Existen miles de pequeños desafíos que tenemos que ir contestando. Ahora mismo no tenemos el suficiente poder como para hacer algo como lo que tú quieres. Requiere tiempo, pero andamos en camino.\n\nTeo se pasó la mano por la cara y el pelo. Le costaba pensar. Le costaba asimilar que pudieran hacer tan poco. Tenía más que decidido que no quería alistarse y la cháchara de aquel hombre le estaba empezando a agobiar.\n\nLe parecía muy bien que hubiera un grupo que clandestinamente ayudara a la gente y colaboraran en cosas como las redes eléctricas alternativas y todo eso. Le parecía perfecto, pero sabía que aquello no era más que subsistencia y que esa subsistencia conllevaba aceptación.\n\nNo quería aceptarlo. Se negaba por completo. Lo que él quería no era subsistir, era existir.\n\n¿Pero existía algo que le permitiera luchar por eso? Parecía que no. No conocía otro grupo, ni había escuchado hablar más que de las cooperativas de los barrios. Nada que plantara cara, todo eran simples operaciones para ir poniendo tiritas allí donde se necesitaba. Conseguían que las heridas sangraran menos, pero seguían sangrando. Y eso sólo duraría hasta que al enfermo le fallara el corazón.\n\n—Bueno, Rül, pues creo que ya lo tenemos claro. Les apoyo en lo que hacen, se lo puedo decir: estoy totalmente a favor. Les agradezco que lo hagan. Pero creo que no van a conseguir nada más que poner parches. ¿Puedo irme ya?\n\n—Espera, hombre. Déjame que te presente a la persona que nos ha informado sobre ti. Habla un poco con ella. Quizá te haga cambiar de idea.\n\nTeo estaba harto, pero aceptó. Lo que fuera por terminar pronto y largarse de allí. Había tomado su decisión hacía tiempo y cada vez tenía más hambre. Quería irse y ver si podía conseguir algo de cenar donde fuera, o cenar con Doug a cambio de traerle la comida por la mañana. No quería pensar más en el grupo Pueblo Defensor, ni en más monsergas. Quería pensar en sí mismo. Volver a su casa y reflexionar. Hablaría con quien fuera y se marcharía de allí. Rápido.\n\nRül se levantó de su silla y Teo hizo lo propio por pura imitación. Le dijo que le siguiera y salieron por la misma puerta por la que se habían marchado Dougie y Tomás, el militar.\n\n—Vamos a la cantina. Está allí.\n\nTeo comenzó a pensar en quién podía ser esa persona. ¿Algún profesor de su colegio?, ¿Compañero del instituto?, ¿algún vecino del barrio?, ¿un antiguo amigo de sus padres? Hasta pensó que podía haber sido el propio Dougie.\n\nPero fue cuando entraron por la puerta de la habitación donde se ubicaba “la cantina” cuando se dio cuenta de quién había sido en realidad.\n\nLa vio allí de pie, junto a un fogón portátil que estaba calentando un gran puchero sobre una mesa construida con un tablón y unos caballetes, removiendo el contenido con tranquilidad, como tantas veces la había visto hacer cuando era un niño.\n\nSu madre.\n\nY era su madre de verdad, no aquel monstruo de treinta kilos con los ojos hundidos en la calavera que recordaba de su último encuentro.\n\nCon el pelo recogido en un pequeño moño en la parte de atrás de la cabeza y un delantal blanco con algunas manchas mal lavadas, removiendo un buen pucherazo caliente mientras sonreía y hablaba con una compañera.",
  "title": "La presión espacial. Capítulo 15: Entrevista",
  "updatedAt": "2026-06-17T18:36:21.000Z"
}