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"publishedAt": "2026-06-17T17:07:13.261Z",
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"textContent": "**Capítulo 4: Dead Weight.**\n\nMérida llegó, esta vez por su propia cuenta, a las puertas de la base de la “Trece-dieciocho”, mientras escuchaba su lista de música. Se sorprendió de no haber tenido ningún problema de camino hasta el lugar con los habitantes del Provincial, pero asumió que, como era tan temprano, todos se encontraban durmiendo todavía. Dio un par de golpes a la puerta de metal y al poco rato se entreabrió, encontrándose a Lupe del otro lado.\n\n—¿Contraseña?\n\n—Esta. —Respondió Mérida, sacándole el dedo corazón mientras se quitaba uno de los auriculares.\n\n—Si te sirve de consuelo, yo también he tenido que madrugar. —Dijo abriendo la puerta del todo, con una sonrisa y saliendo del recinto.\n\n—Odio que me despierten. Ya duermo mal de por sí. No esperes que esté muy amigable durante un rato. —Dijo antes de bostezar. —¿De qué se trata el trabajo?\n\n—Te explico por el camino. Es urgente, pero sencillo. Y, bueno, tener tu ayuda no me vendría mal.\n\n—Solo llévame al sitio…\n\nAntes de que pudieran comenzar a andar hacia el lugar del trabajo, David salió de la base junto con Emilio.\n\n—¡”Halcón”! —Gritó David, tratando de llamar la atención de Lupe.\n\n—No. —Respondió secamente a la llamada de David antes de darse la vuelta.\n\n—Linda, no te estoy pidiendo mucho.\n\n—No pienso llevarme al Emilio a esta misión. Mírale la cara, está hecho mierda.\n\n—No habrá nadie en la base y sabes que no se debe quedar sólo.\n\n—Que se haga cargo su hermano. No soy su niñera.\n\n—Greg está en una misión. Todos tenemos cosas que hacer.\n\nSeguidamente, le dio una palmada en la espalda a Emilio, haciendo que se tropezase en dirección a Mérida, quien lo agarró para evitar que se cayera al suelo.\n\n—Como el trabajo salga mal por culpa de este guarumo suicida…\n\n—¿Qué te pasa hoy? Anoche no protestabas tanto. —Provocaba mientras reía y se encendía un cigarro antes de comenzar a caminar en dirección opuesta del grupo.\n\n—¡Eres un cabrón! ¡Esta noche no me tocas! —Gritaba Lupe mientras David se alejaba y resopló mientras se estiraba la cara con la palma de la mano. —Vamos. Ustedes dos.\n\n—¿Cómo estás? —Le preguntó Mérida a Emilio mientras caminaban hacia el lugar designado.\n\n—Me siento miserable. —Murmuraba con la voz seca.\n\n—Ya…\n\n--\n\nLupe observaba las ventanas de un edificio que parecía abandonado desde abajo mientras Mérida y Emilio la esperaban apoyados en una pared. Cuando terminó el reconocimiento de la zona, dio unos pasos hacia aquella misma pared para hablar con ellos.\n\n—No hay mucha gente. Emilio, tú te vas a quedar fuera. Dale tu pistola a Mérida.\n\n—¿A quién hay que matar? —Preguntó Mérida de forma irónica mientras agarraba el arma de Emilio y comprobaba el cargador.\n\n—A nadie. No tenemos permiso para matar en este trabajo. Solo usa la pistola para incapacitar si las cosas se ponen feas.\n\n—¿Y eso? —Preguntaba mientras comenzaba a caminar hacia el edificio, dejando a Emilio detrás, y se subían el pañuelo para taparse la cara. —Quiero decir, no es como que quiera despachar a nadie, pero me parece un poco raro viniendo de gente como vosotros.\n\n—Son de la “NMDS”.\n\n—Ah, sí. He escuchado sobre ellos. Son como los peces gordos de esta colonia, ¿no?\n\n—No solo de esta. De todo el país en general. Y en nuestro caso… Bueno, ya tenemos el ojo por ojo y no queremos el diente por el diente. ¿Entiendes?\n\n—¿Eso creo?\n\n—Ayúdame a subir a esa ventana.\n\nMérida se agachó, poniendo las manos en forma de cuenco para que Lupe pudiera poner el pie y subir hasta la ventana, ayudando luego Lupe a Mérida desde arriba.\n\n—Tenemos que buscar dos cajas grandes. Rojas. —Susurraba. —Haz el menor ruido posible. Y agacha la cabeza.\n\nMérida trataba de agachar su cuerpo mientras caminaba, costándole ligeramente mantener el ritmo debido a su rigidez. Al poco rato de haber entrado, fueron alertadas por el sonido de unos pasos que venían del otro lado del pasillo.\n\n—Escóndete. —Susurró Lupe apresuradamente.\n\nMérida y Lupe se escondieron tras la pared que conectaba con dicho pasillo y observaron cuidadosamente la llegada de dos hombres armados del otro lado. Uno de ellos vigilaba las calles a través de la ventana mientras el otro paseaba lentamente por la habitación.\n\n—Encárgate del de la ventana. —Ordenó Lupe.\n\nLentamente, las dos mujeres se fueron acercando a los pandilleros silenciosamente cuando el que se estaba paseando se puso de espaldas a ellas. Lupe sacó su pistola y apuntó con el cañón a la nuca del que le correspondía a ella mientras le tapaba la boca. Mérida, mientras tanto, se acercó al que estaba en la ventana y rodeó su cuello con el brazo para, seguidamente, neutralizarlo al suelo y estrangularlo ahí mismo, dejándolo sin conocimiento en pocos segundos.\n\n—Vigila que no venga nadie. —Dijo mientras agarraba de la camisa a su presa y lo empujaba hasta una pared, aún a punta de pistola.\n\n—No vas a sacar nada de mí.\n\n—¿Dónde están los explosivos?\n\n—¿Estás sorda? ¡He dicho que-!\n\nLupe lo interrumpió agarrándolo del cuello y apretándole el acero contra la sien.\n\n—Vuelve a alzar la voz. A ver qué pasa. —Le susurró cerca del oído.\n\n—Eres de la “Trece-dieciocho”. No puedes matarme.\n\n—Puede ser. Pero te puedo dar un levantón a mi base. Y, créeme, allí puedo hacer que prefieras estar muerto antes que aguantarme un segundo más. ¿Entiendes?\n\nHubo un momento de silencio antes de que el pandillero se dignase a responder.\n\n—A “El Sombra” no le va a gustar esto.\n\n—Me importa una mierda lo que quiera “El Sombra”. —Susurraba mientras constringía con más fuerza su cuello. —Ya puedes ponerte a hablar.\n\n—Está en el piso de arriba. —Dijo finalmente, después de un momento de silencio. —Dentro de una habitación con la puerta blanca. Es la única que está cerrada con llave.\n\n—Perfecto.\n\nSin lidiar más palabras, Lupe pegó con el mango de la pistola al sujeto en la cabeza, dejándolo inconsciente.\n\n—Ya lo has oído. Vamos arriba.\n\nMérida y Lupe tomaron unas escaleras que les llevó al piso superior, parándose antes de subir del todo para ver qué había del otro lado. Consiguieron interceptar a un pandillero a unos cuantos metros de distancia, custodiando el pasillo en dirección a ellas. Rápidamente, volvieron a tomar cobertura con la pared, sin que el hombre se diera cuenta de su presencia.\n\n—¿Qué hacemos? —Preguntó Mérida.\n\n—Bueno, dudo que se vaya a mover de ahí. —Murmuraba mientras miraba a sus alrededores.\n\nLupe observó la parte superior de la pared en la que estaban apoyadas, dando con una rejilla de ventilación.\n\n—Mérida, súbeme ahí arriba.\n\n—¿Para qué? —Preguntaba mientras se ponía de rodillas para que Lupe se subiese a sus hombros.\n\n—Tal vez la ventilación me lleve al otro lado para poder tomar su espalda. —Dijo mientras empezaba a desatornillar la rendija con su cuchillo.\n\n—¿Y si tu suposición es equivocada?\n\n—Bueno, siempre puedo volver aquí.\n\nLupe retiró con cuidado la rendija y se la pasó a Mérida para, posteriormente, colarse dentro del conducto de ventilación y comenzar a arrastrarse por él. A los pocos minutos, consiguió salir del otro lado de la pared para tomar al pandillero por sorpresa, golpeándolo con la culata de la pistola en la nuca para dejarlo sin conocimiento al instante. Mérida se asomó antes de acercarse a la posición de Lupe, alerta.\n\n—No parece haber nadie más aquí arriba. Tranquilidad.\n\nMérida y Lupe examinaban el piso, buscando la susodicha puerta blanca. Una vez la encontraron, comprobaron que, efectivamente, se encontraba cerrada con llave.\n\n—¿Ahora cuál es el plan?\n\n—El truco de la tarjeta.\n\nLupe sacó su cuchillo y lo encajó en el hueco de la puerta. Después de un rato, con maña y con un poco de fuerza al final, consiguió abrir la puerta. Cuando entraron, el trastero estaba lleno de armas de fuego y, apartadas a un lado, dos grandes cajas rojas.\n\n—Bien. Me gustan los tipos sinceros.\n\nAntes de ayudar a Lupe con una de las cajas de madera, Mérida observó un modelo de pistola que le llamó la atención y decidió llevárselo con ella, guardándose el arma en el bolsillo.\n\n—Vamos a llevar las cajas a la ventana.\n\nMérida y Lupe comenzaron a volver por donde habían venido lentamente y, cuando Mérida se preparaba para saltar por la ventana para interceptar las cajas desde abajo y que no se rompieran, se percató de que Emilio no estaba donde lo habían dejado.\n\nUnos pocos segundos después, escuchó como unos pandilleros que se encontraban en el piso de abajo le estaban gritando a alguien. Mérida tuvo un mal presentimiento y se bajó de la ventana para volver a entrar en el edificio y bajar al piso de abajo.\n\n—Mérida, ¿a dónde vas? —Preguntó extrañada mientras dejaba las cajas en el suelo y comenzaba a seguirla\n\nCuando ambas bajaron las escaleras, vieron a Emilio acercándose con una mirada vacía a los pandilleros, quienes no se habían percatado de la presencia de Mérida y Lupe.\n\n—Por favor, matadme. —Suplicaba Emilio mientras seguía caminando en dirección a los pandilleros. —No os estoy pidiendo tanto.\n\n—Cabrón, tienes tres segundos para salir de aquí y ya van dos. —Respondió mientras agarraba una cañería de metal oxidada.\n\n—Sabía que iba a pasar esto… —Murmuró Lupe con un tono molesto mientras se pasaba la mano por la cara.\n\n—¿Qué hacemos? —Preguntó Mérida, algo preocupada.\n\n—Nada. Él se lo ha buscado.\n\nEl pandillero con el hierro en la mano se acercó con paso acelerado hacia Emilio y le golpeó fuertemente en las costillas con la cañería, haciendo que cayera al suelo de dolor y, posteriormente, comenzar a patearle la cabeza. Mérida ignoró la orden de Lupe y bajó las escaleras para intervenir.\n\n—¡Eh, cabrones! ¡Dejadle en paz!\n\n—¿¡Qué carajo estás haciendo!? —Gritó Lupe, con un tono algo enfadado.\n\n—¡Si tú no quieres ayudarlo, quédate atrás! —Respondió gritándola y girando la cabeza en su dirección.\n\nLupe se quedó callada por un momento, suspiró y bajó junto a ella.\n\n—¿Y ustedes qué? ¿Están con el feo este?\n\n—Aléjate de él.\n\n—Si lo hago, vas a tener que pagar tú por él. —Dijo mientras comenzaba a acercarse a Mérida mientras el resto de pandilleros se mantenían alertas.\n\n—Quiero verte intentarlo.\n\nEl pandillero cargó contra Mérida e intentó pegarle un golpe en la cabeza con la cañería, pero ella lo esquivó con un barrido agazapado, haciendo que su contrincante cayese al suelo. Lupe se acercó a él para neutralizarlo y Mérida corrió hacia el resto de pandilleros para enfrentarse a ellos.\n\nDos de ellos trataron de golpearla en la cabeza y el estómago, siendo capaz de esquivar los golpes hasta poder interceptar la muñeca de uno de ellos para empujarlo fuera del conflicto. Habiendo apartado al otro pandillero, Mérida golpeó el hígado del que tenía enfrente, provocando que se agachase del dolor y, posteriormente, retrocedió un paso para darle una potente patada frontal en la cara, haciéndole caer de espaldas.\n\nEl marero que había apartado volvió al combate, tratando de golpear a Mérida por la espalda. Sin embargo, Lupe se lanzó rápidamente contra él para empujarlo y evitar el impacto. Mientras Lupe se encargaba de él, Mérida se ocupó de un pandillero que corría escaleras abajo con un cuchillo en la mano, sacando su pistola y disparándole en las dos piernas, cayendo por las mismas escaleras mientras gritaba de dolor.\n\nSeguidamente se acercó a Lupe para ayudarla con el marero con el que se estaba enfrentando, golpeándolo entre las dos hasta que cayó inconsciente. Mérida se quitó el sudor y unas gotas de sangre de la frente con el antebrazo mientras jadeaba.\n\n—¿Te encuentras bien? —Preguntaba Mérida mientras se acercaba a Emilio.\n\n—No. —Respondió, aún en el suelo.\n\n—Tranquilo, ya vamos a volver a casa. ¿Puedes levantarte?\n\n—Creo que no.\n\n—Tenemos que llevar las cajas. —Interrumpió Lupe. —¿Cómo pretendes llevarlo?\n\n—Puedo cargarlo a él y a las cajas. —Dijo mientras se echaba el cuerpo de Emilio a uno de los hombros. —Bájalas.\n\n--\n\nMérida llevó a Emilio en uno de sus hombros de vuelta a El Provincial mientras rodeaba una de las cajas con su otro brazo y contra su cadera. Una vez alcanzaron la base, Lupe pateó la puerta ligeramente un par de veces, al tener las manos ocupadas.\n\nSorprendentemente para Mérida, quien abrió la puerta del otro lado fue el policía del que Mérida corrió el día anterior, dejando escapar un ligero suspiro de susto y quedándose paralizada.\n\n—Hola, Alexander. —Saludó Lupe al policía con una sonrisa.\n\n—Siempre es bueno verte, “Halcón”. —Alexander se percató de la presencia de Mérida y examinó su rostro. —¿Tú no eres la chica que huyó de mí ayer?\n\n—¿N-no? —Respondió algo nerviosa.\n\n—No te preocupes, Mérida. Alexander colabora con nosotros. —Explicó Lupe después de reírse ligeramente. —Es nuestro corrupto favorito.\n\n—Ah… Ya.\n\n—Parece que estáis ocupadas.\n\n—Sí, déjanos pasar. Esto pesa y aquí mis ojos lleva el doble de peso.\n\nAlexander dejó pasar a Mérida y Lupe antes de cerrar la puerta.\n\nCuando Mérida llegó al salón principal, dejando la caja en el suelo y aún con Emilio en brazos, Greg se levantó del sofá en el que se encontraba con una mirada de horror al ver el estado de Emilio y se acercó corriendo a ella.\n\n—¿Qué le ha pasado? —Preguntó angustiado.\n\nMérida se sorprendió ante la preocupación de Greg, tanto en su forma de actuar como en su rostro, pues parecía ser el único en aquella sala que se preocupaba por él.\n\n—¡Mérida! ¿Qué le ha pasado a mi hermano? —Preguntó nuevamente, alzando la voz.\n\nCuando Greg se refirió a Emilio como su hermano, Mérida se incomodó al entender la preocupación del “Lágrima”, tratando de explicar lo ocurrido lo más suavemente posible.\n\n—Hemos tenido unos problemas en el trabajo y… Ehm… Lo ha pagado él. —Mérida le pasó el cuerpo a Greg, quien lo aguantó con cuidado con ambos brazos.\n\n—Hermano… —Greg llevó a Emilio a una camilla con prisa. —¡Médico!\n\nUna “Lágrima” salió apresuradamente de la oficina de David junto a él y se dirigió a la camilla, examinando la cabeza de Emilio. La estatura de la médico era considerablemente baja y llamaba la atención, sobre todo, porque un cuerno le atravesaba la frente. Sus mejillas parecían adornadas por pecas, como Mérida. Pero cuando esta se fijó mejor en el rostro de la médico, se dio cuenta de que en realidad se trataban de unos ojos diminutos con las escleróticas negras, al igual que sus ojos normales.\n\n—No parece muy grave, tranquilo. —Aseguró la médico, dificultándosele un poco pronunciar la “r”. —Yo me encargo de él.\n\n—Gracias, Eir.\n\n—¿Cuántas veces más…? —Murmuraba para sí misma.\n\nGreg se retiró de la camilla y se acercó a David, quien se había quedado observando la escena en el marco de la puerta de su oficina.\n\n—Exijo una explicación.\n\n—¿Qué tienes que exigirme tú a mí?\n\n—¿Qué hacía Emilio en una misión? Sabes que no está en condiciones.\n\n—Cálmate lo primero. Ya sabes lo que hago con las “Lágrimas” maleducadas. —Respondió de mala forma. —Si mandé a Emilio es porque esperaba que esas dos pudieran cuidar de él mejor que él mismo, pero parece ser que me equivocaba.\n\n—¡A nosotras no nos eches la culpa, malparido!. —Rechistó Lupe. —Te avisé que esto iba a pasar.\n\n—¡Sois todos igual de responsables! —Le gritó de vuelta Greg.\n\n—Greg, vuelve a levantarle la voz a mi jaina y ya sabes lo que te espera. —Dijo amenazante David.\n\n—Me da igual. Siempre me castigas por cualquier excusa. Por lo menos así me quedo con la satisfacción de decir que tu chica es igual de hija de puta que todos vosotros.\n\n—Ven conmigo. —Ordenó finalmente tras un momento de silencio incómodo, guiándolo al interior de la oficina.",
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