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"textContent": "_\n⚠️Advertencia de escenas con descripción explícita de agresión física, heridas, violencia y sexo homoerótico._\n\n_Otras etiquetas: #realismo-sucio #noir-psicológico #thriller-psicológico #sadomasoquismo_\n\nCapítulo 2. Parte 2\n\nLas 9:35 de la noche según el reloj de pared.\n\nAlejandro suspiró cansado. Terminó de ordenar las hojas de su manuscrito en el orden correcto y alineó las páginas con unos golpecitos sobre la mesa. No habían pasado 30 minutos desde que Luis se había ido y la chapa nueva de la puerta comenzó a agitarse. Alejandro detuvo en seco lo que estaba haciendo. Su corazón palpitó con fuerza. Miró hacia la puerta, que seguía haciendo el sonido metálico cada vez más insistentemente. “¿Entrará aún cuando cambié la cerradura?”, se preguntó con ansiedad.\n\n¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!\n\nLa puerta sonó con tal fuerza que Alejandro dio un salto desde la silla.\n\nSe deslizó con las ruedas del asiento con la duda de si debía pararse y abrir o llamar inmediatamente a la policía. La propia duda le hizo estremecerse.\n\n¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!, volvió a golpear con fuerza.\n\n—Nacho… —dijo la sensual y amenazadora voz desde afuera— abre, Nacho.\n\nLa voz de Felipe ya le era inconfundible, una mezcla siniestra y provocativa de seducción constante.\n\nAlejandro se puso de pie lentamente intentando no hacer ruido y miró hacia el teléfono, estaba tan lejos que se quejó internamente de estar indispuesto para correr. Sin embargo, había olvidado que tenía una mejor opción prácticamente en su mano. El celular que Luis le había dado estaba aún sobre su escritorio, ¿no lo había visto o no había querido verlo?\n\n¡Bam!\n\n—¡Nacho!\n\nFelipe golpeó de nuevo cambiando el tono apacible de su voz a uno agresivo.\n\nAlejandro agarró el celular y tecleó los botones de emergencia 0-6-0. Ahora, solo tenía que dar al botón de llamada, Felipe estaba tras la puerta y no tenía manera de entrar, la policía llegaría cuando le diera la gana, pero al menos podía encerrarse en su habitación si el acosador lograba entrar de alguna forma. Tendría tiempo, podía lograrlo esta vez. Puso el dedo sobre la tecla sin presionarla, sudaba aún con la temperatura baja de la ciudad.\n\n¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!\n\n—¡Ignacio! ¡No te voy a partir la cara si me abres!\n\n“Carajo”, pensó Alejandro, su respiración estaba cada vez más agitada, podía escuchar los pasos de Felipe caminando frente a la puerta como un león esperando a su presa del otro lado.\n\n¡Bam!\n\n“Soy un maldito loco. Me estoy volviendo loco” pensó Alejandro llevándose una mano a la cabeza con ansiedad.\n\nDejó el nuevo celular sobre la mesa con una fuerte parte de él arrepintiéndose de hacerlo y caminó cojeando del pie hacia la puerta.\n\n—¿Ya vas a abrirme, mi amor? —dijo Felipe modificando de nuevo el tono de su expresión.\n\nAlejandro metió la llave y puso su mano sobre la palanca de la chapa nueva, pero la puerta se abrió de golpe y retrocedió tan rápido como pudo para evitar ser golpeado por ella.\n\nFelipe Higuera lo vio a los ojos con una furia rebosante que casi le hizo temblar las piernas. El intruso cerró la puerta con un portazo sonoro sin apartar la mirada de su aterrado anfitrión.\n\n—¿Por qué cambiaste la cerradura? —preguntó en un tono neutral que le hizo dudar si realmente estaba molesto. La señal de que realmente lo estaba eran sus ojos verdes rabiosos y el puño que apretaba con fuerza.\n\n—Por seguridad —dijo Alejandro como si no tuviera nada que perder—. Fue una recomendación del detective que anda tras de ti.\n\n—¿Seguridad? —preguntó Felipe ignorando la parte de ‘detective’—. ¿Me tienes miedo, Nacho? —dijo mientras relajaba la mano del puño y le agarraba de la cara con fuerza.\n\n—…Sí —respondió Alejandro soportando el dolor de los dedos de Felipe contra sus mofletes.\n\nFelipe sonrió y le plantó un beso sonoro en los labios.\n\nLo soltó y metió su mano dentro de su chaqueta de donde sacó las antiguas llaves del departamento.\n\n—Esto ya no me va a servir.\n\nY se las entregó a Alejandro pegándolas contra su pecho.\n\nDesde que conoció a Felipe, Alejandro se pasaba más tiempo observándolo que hablando con él. No tenía intención de preguntarle nada pues sus respuestas casi siempre eran agresivas y sarcásticas. ¿Se podía dialogar con él? Era casi como un fantasma que solo asomaba en sus momentos de soledad, ¿podía leer su mente?, ¿le contaría su historia?, ¿respondería a sus preguntas? Intentaría obtener una respuesta.\n\n—¿Dónde está tu chaqueta amarilla? —preguntó al azar.\n\nFelipe, que se había ido directamente a la barra, le contestó mientras abría la alacena para tomar un vaso limpio.\n\n—¿Por qué? ¿Vas a regañarme por cambiarme de ropa?\n\nAlejandro le siguió el juego.\n\n—No sabía que tenías más.\n\nFelipe lo miró con sospecha mientras buscaba el whisky entre los gabinetes de la cocina.\n\n—¿Sabes qué más no sabías, Nacho?— preguntó y lo miró con orgullo— …que no me gusta el amarillo.\n\nAlejandro se quedó pensativo.\n\n—¿Y qué color te gusta? —se atrevió a preguntar después.\n\n—El rojo.\n\nAlejandro tomó asiento y se quedó mirando atónito a aquél hombre. Era hermoso, bestialmente sublime y se preguntaba cómo alguien así podía ser tan siniestro y sensual al mismo tiempo.\n\nEn su escrito ni siquiera consideró el rojo como un color significativo más allá de la sangre y la simbología de peligro; le parecía un color predecible, favorito de las mujeres y las compañías automotrices.\n\n—Puta madre, Nacho. ¿No compraste más whisky?\n\n“Es guapo pero es muy mal hablado”, pensó Alejandro con cierta decepción.\n\n—¿Por qué te gusta el whisky?\n\n—¿Qué es esto? ¿Una entrevista? —contrapreguntó Felipe abriendo la botella de tequila que estaba a la mano.\n\nAlejandro vio el reloj, era hora de bañarse pero no quería que se repitiera la escena de la noche anterior. Aprovechó para quitarse el suéter de lana con la intención de enfriar su cuerpo antes de mojarlo mientras Felipe, después de empinarse un rápido trago de tequila, se acercó a su muleta que estaba aún pegada a la pared.\n\nEl intruso lo volteó a ver y solo en ese momento se fijó en su pie enyesado al que le estaba comenzado a retirar la férula con cuidado.\n\nEra quizás la manera delicada en la que Alejandro se quitaba la rígida pieza de plástico y la ponía cuidadosamente a un lado, pero se quedó cautivado por sus manos. Mientras caminaba hacia él se quedó observando sus dedos largos que desataban lentamente las vendas de su pie. Sus manos, con los tendones y venas visibles acentuaban su masculinidad.\n\nAlejandro levantó la mirada después de darse cuenta de que, por un momento, había demasiado silencio. Casi dio un salto del susto al darse cuenta de que Felipe estaba de pie junto a él. Por instinto, alejó su pie herido aún con parte de la venda puesta.\n\nTanteó posibilidades para salvarse de su agresividad; quizás hablar con él lo mantendría tranquilo.\n\n—¿Te gustó el tequila? —preguntó nervioso mientras lo miraba sentarse junto a él.\n\n—No —contestó Felipe fríamente.\n\n—También tengo blr blr…\n\nFelipe le tapó la boca con la palma de la mano.\n\n—Dame tu pie —le ordenó.\n\nAlejandro dudó y no pudo evitar hacer con los ojos un gesto de incomodidad por la petición.\n\n—No te voy a lastimar —aseguró Felipe—. Dame tu pie.\n\nDe todas formas no había opción. El escritor levantó lentamente la pierna y se la acercó con el temor latente de sufrir el peor dolor posible si al tipo le daba la gana de provocárselo.\n\nFelipe le soltó la boca, agarró su pie con delicadeza con ambas manos y lo puso sobre sus rodillas. Entonces comenzó a desenrollar lentamente la interminable tira de venda con la nerviosa mirada de Alejandro sobre él.\n\n—Tsss, ugh —se quejó de dolor a pesar del cuidado de Felipe.\n\n—No voy a pedirte disculpas por esto —dijo finalmente el otro con una voz tranquila mientras seguía desenvolviendo—. Ha sido tu culpa por jugar al suicida.\n\nEra una palabra que Alejandro odiaba sobremanera. Su propio hermano había muerto por culpa de gente como esa y nunca había tenido esa clase de instintos donde la única salida era la muerte. Escribía porque, para él, esa era la verdadera salida de la dolorosa realidad de la vida.\n\n—No quería acabar con mi vida.\n\nAlejandro lo miró con suspicacia.\n\n—Sí. Sí querías huir de mi esa no era la mejor manera.\n\n—¿Lo sabes todo? —preguntó Alejandro con genuina curiosidad.\n\n¿Podía leer su mente? Si ya conocía sus instintos, ¿podía saber sobre sus miedos? ¿sobre sus dolorosos recuerdos?\n\n—No todo —contestó Felipe deslizando los últimos centímetros de la venda del pie de Alejandro que estaba parcialmente negro por los hematomas—. Es que eres muy predecible.\n\nSe levantó del sofá poniendo delicadamente el pie del escritor en el colchón y se inclinó hacia él.\n\n—Por ejemplo, ¿ahora estás pensando en sexo? —le preguntó poniendo una rodilla sobre el sofá y acercando su rostro al de él— porque yo sí.\n\nAlejandro puso su mano sobre su pecho para detenerlo. Felipe sujetó la mano con delicadeza y la fue dirigiendo lentamente sobre su cuerpo, sobre su camisa desde donde podía sentir la firmeza de su pecho y la dureza de su abdomen. Apretó con más fuerza la mano de Alejandro ante el inicial forcejeo de éste. No pudo evitarlo, casi se dejó llevar hasta que su mano tocó el duro bulto en el pantalón de Felipe.\n\n—¿Ves? —indicó el otro con una sonrisa maliciosa.\n\n—¿Vas a obligarme? —preguntó Alejandro con la voz temblorosa, entre miedo y excitación. Todo era confuso.\n\n—¿Tú quieres que te obligue?\n\nAlejandro cerró los ojos con fuerza y no contestó. ¿Había respuesta que valiera la pena? ¿Le haría caso si quiera? ¿Y si lo golpeaba ante la negativa?\n\nFelipe comenzó a desabrocharle la camisa de abajo hacia arriba.\n\n—No —contestó finalmente Alejandro—. No quiero.\n\nSu respiración era cada vez más agitada y se esforzaba por controlar la sangre que corría hacia sus ingles. No solía ser un hombre sexualmente activo y aunque en sus encuentros con mujeres él tomaba las riendas naturalmente forzado por la biología, con los varones había tomado la decisión de hacer lo mismo por libre albedrío. Tan solo una vez, muchos años antes, había cedido a una posición de sumisión, pero desafortunadas circunstancias le impidieron disfrutar del momento y no volvió a intentarlo nunca más.\n\nAlejandro detuvo su mano, sin darse cuenta ya estaba prácticamente acostado en el sofá con Felipe sobre él.\n\n—¿No ibas a bañarte? —preguntó Felipe mientras continuaba desabrochando los botones de la camisa de Alejandro dejando ver su moderada musculatura.\n\n—¿Puedo bañarme solo?\n\n—¿Eres un niño de cinco años? No sé ¿Puedes? —dijo a modo de mofa.\n\nFelipe chasqueó la lengua, se levantó visiblemente molesto y se dirigió al mueble donde estaba el minicomponente y la música.\n\nAlejandro se incorporó de nuevo bajando lentamente su pie herido del asiento. Miró su muleta a lo lejos y no tuvo valor para pedírsela a su visitante, así que como pudo, se puso de pie y se dirigió al baño sin decir palabra.\n\nSe desnudó y cojeando y haciendo muecas a causa del sutil dolor punzante del pie que apenas tocaba el piso para apoyarse a falta de la muleta, se metió a la regadera.\n\nDesde ahí comenzó a escuchar música que venía directamente de la sala. “¿Qué habrá encontrado esta vez?”, pensó, “no tengo nada de su gusto”.\n\nUn rock suave y sonoro invadió el departamento de nuevo y la letra se le hizo familiar\n\n_You can force it but it will not come\nYou can taste it but it will not form_\n\n_You can crush it but it’s always here_\n\n_You can crush it but it’s always near_\n\n_Chasing you home_\n\n_Saying_ …\n\nEl último álbum de Radiohead fue comprado por su última novia quién había dejado mucha música antes de partir a Estados Unidos para trabajar y comenzar una nueva vida. La gente viene, la gente va. El ruido de la música a volumen alto y de la regadera le impidieron escuchar el abrir de la puerta deslizable de la ducha.\n—¿Porqué tienes la mejor música arrumbada hasta el fondo de la caja? —dijo la voz de Felipe detrás de él.\n—¡Ahhh! —gritó Alejandro espantado ante la presencia inesperada de aquél hombre haciendo que se tambaleara.\nEl otro rápidamente lo tomó del brazo para que no se cayera.\n\n—Ay, Dios mío, Felipe —dijo Alejandro tocándose el corazón con angustia—, pensé que iba a poder bañarme solo.\n\n—¿Es lo que quieres? ¿Estar solo? —preguntó Felipe con arrogancia.\n\nAlejandro intentó ignorarlo concentrándose en enjabonarse el cuerpo.\n\n—Eres un malagradecido —espetó Felipe directo en su oído—. No tienes tu pinche muleta a mano y por eso vine a ayudarte.\n\n—¿Y para hacer eso te quitaste toda la ropa? —le preguntó Alejandro.\n\n—No voy a meterme a la ducha para mojarme la ropa.\n\n—Ya terminé de todas formas. No será necesario —aclaró Alejandro. “¿Lo digo?”— …Gracias.\n\nFelipe se quedó mirando con las manos en la cintura los penosos movimientos que Alejandro hacía para alcanzar la toalla y salir de la ducha.\n\n—Ningún “gracias” —dijo contundente.\n\nSe inclinó ligeramente frente a él y lo levantó desde las piernas haciendo que el torso de Alejandro cayera totalmente sobre uno de sus hombros y expusiera sus nalgas al aire.\n\n—¡No, no no! ¡Bájame! —gritó Alejandro sintiendo una punzada en la costilla debido a la incómoda posición de su cuerpo—. ¡Ah! ¡No mames, Felipe! ¡Bájame!\n\nFelipe aguantó estoicamente los golpes que Alejandro le daba en la espalda y resoplando por el peso de carga lo llevó a cuestas hasta la habitación.\n\n—¡Felipe, me duele!, ¡no!\n\nEn la habitación oscura, Alejandro apretó los dientes y los ojos y se aferró a él para ayudarse a bajar. Una vez su pierna sana tocó el piso, Felipe lo empujó bruscamente contra la cama.\n\n—No, Felipe… —dijo, levantando sus brazos con las palmas hacia el agresor en señal de que se detuviera—, puedo hacerlo… pero no así.\n\nEl sexo de Felipe comenzaba a levantarse por una excitación obscena al miedo y terror de Alejandro, quién sin entender aquél estímulo, comenzó a temblar de nuevo.\n\nEl hombre que había estado aterradoramente callado, finalmente acercó su cuerpo a él, lo agarró del cabello mojado y echó su cabeza hacia atrás. Alejandro lo agarró de la cintura con la única intención de alejarlo de él, pero era en vano. Felipe unió sus labios a los suyos y comenzó a besarlo salvajemente. Alejandro lo volvió a rechazar desde el pecho, pero Felipe estaba prendado a él por la boca.\n\nSabía que no valía la pena luchar, pero ¿cómo seguir el juego cuando había temor de por medio?\n\nCerró los ojos con fuerza, “si esto es inevitable, al menos que me deje respirar”, pensó.\n\n—Ngh… Felipe… —masculló con dificultad. No, no se podía dialogar con él así. Necesitaba que su oponente se separara de él un momento para tragar aire. La respiración desesperada por la nariz era insuficiente. Solo había una opción.\n\nBajó la mano lentamente hacia las piernas de Felipe y buscó su pene. Si lo lastimaba, él mismo terminaría en un peor estado en el que se encontraba, así que lo agarró desde abajo y lo comenzó a estimular.\n\nLa estrategia parecía funcionar. La intensa respiración de Felipe poco a poco se fue convirtiendo en un resuello que le hizo pausar los besos para inhalar mejor. Alejandro aprovechó ese instante para tomar aire sin evitar soltar un quejido. Cambió la posición de su mano que se aferraba al pene de Felipe para estimularlo con mayor comodidad.\n\n—Hah… —gimió la bestia.\n\nLa imagen que Alejandro tenía en frente era tan extraña como excitante. Un ángel caído acababa de emerger de los infiernos y se estaba purgando con los placeres sublimes de la tierra; y él, Alejandro, era el instrumento execrable de su purificación. Pero este instrumento también era un sacrificio y él no lo sabía.\n\nFelipe también vio una oportunidad a través del calor que comenzaba a emanar de su cuerpo y de la sed de violencia que siempre estaba latente en su sangre.\n\nSe separó de Alejandro por un momento y se incorporó. La mano que aún sostenía la cabeza del escritor lo empujó directamente hacia su miembro erecto. Alejandro forzó su cabeza hacia atrás al darse cuenta del objetivo de Felipe. Apretó los dientes y cerró la boca para que nada pudiera entrar por ahí, pero el otro lo agarró de las mejillas con su mano libre y lo obligó a abrir la boca metiendo su dedo índice con fuerza.\n\n—¡Mgh! —forcejeó Alejandro y después de unos segundos el dedo ya estaba completamente adentro.\n\nCon sus manos, Alejandro empujaba las piernas de Felipe para alejarlo de él pero el hombre era terriblemente fuerte y lejos de alejarse, se acercaba cada vez más.\n\nEl glande entró a su boca. No era la primera vez que practicaba sexo oral a un hombre, pero era la primera vez que era obligado a hacerlo. La naturaleza de este semental estaba por encima de los límites de su voluntad.\n\nEl falo entró todavía más por la cavidad bucal de Alejandro. Si antes se sentía asfixiado por sus besos, ahora sentía que iba a morir en definitivo.\n\n—Hah… saca la lengua —dijo finalmente Felipe con una voz áspera y sensual.\n\nNo había dicho absolutamente nada desde que salieron del baño y su silencio parecía todavía más aterrador que las palabras vulgares que salían de su boca.\n\nAlejandro comprendió que aquello era más una orden que un consejo, pero lo tomó como lo segundo y poco a poco sacó la lengua mientras lágrimas frías como reflejo de la asfixia, comenzaron a correr por sus mejillas.\n\nEmpujó la cabeza hacia atrás lo más fuerte que pudo rechazando el constante movimiento de Felipe, quien completamente excitado se movía de atrás hacia adelante con un ritmo suave para disfrutar de aquella operación.\n\n—Hah… Mh… —gemía con gusto mientras los sonidos de sutiles arcadas venían desde abajo.\n\n“Clemencia”\n\nComo si escuchara sus ruegos, Felipe le soltó repentinamente la cabeza y Alejandro se lanzó hacia un lado tragando un buen trozo de aire y tosiendo imparablemente con los fluidos de la cara escurriendo sin parar.\n\nFelipe tenía suficiente saliva en el miembro como para usarla de lubricante, agarró el brazo a Alejandro, quien seguía limpiándose los fluidos y lo arrastró hasta el centro de la cama, donde se subió por completo arrodillados sobre él.\n\n—Felipe… —dijo Alejandro en tono de súplica.\n\n—Cállate —ordenó el otro sin levantar la voz.\n\nFelipe levantó suavemente la pierna de Alejandro con el pie herido y la flexionó, luego levantó la otra e hizo lo mismo de modo que el escritor tuviera las piernas abiertas para recibirlo.\n\nFelipe se inclinó sobre Alejandro quien comenzó a respirar agitadamente.\n\n—No estoy listo para esto… —susurró Alejandro casi como un lamento.\n\n—No necesitas estar listo, necesitas estar dispuesto —dijo Felipe barriendo con la mirada el cuerpo desnudo y húmedo de su subyugado.\n\nEl rostro de Felipe se posicionó a centímetros del suyo. A pesar de la oscuridad, podía ver el verde de sus ojos y podía recorrer el camino de su nariz recta hasta la cumbre de sus labios rojos. Felipe sacó lentamente la lengua y le lamió la barbilla, recorrió el camino hacia su cuello, luego bajó hacia la clavícula y volvió a lamer de abajo hacia arriba hasta llegar a su oreja.\n\n—Yo voy a hacer que te sientas mejor, Ignacio —susurró golpeando con su aliento cálido el oído de Alejandro.\n\nNo se había sentido así antes, aquella voz le hizo estremecerse y se sintió extrañamente excitado.\n\n—Mhm… —gruñó Felipe afirmando suavemente con la cabeza. Su mano bajó limpiamente y acarició el cuerpo de Alejandro, desde su pecho hasta su vientre y de su vientre hasta sus caderas y sus piernas. El destino eran sus glúteos, los que levantó ligeramente para acomodarlo mejor bajo su cuerpo.\n\nAlejandro, que había vacilado con sus manos sin saber exactamente dónde ponerlas, se aferraba por momentos a las sábanas y por momentos, a los fuertes brazos de su apresador. Le desconcertaba el tipo de hombre que era Felipe Higuera, por momentos sádico, por momentos delicado, ya no sabía qué hacer, ni qué decir, ni cuándo decirlo. De lo que estaba seguro era que prefería al Felipe que le quitaba las vendas y le susurraba al oído, no había ninguna otra cosa positiva que sacara de él fuera de su belleza.\n\nLa lengua de Felipe exploró todavía más lejos de su rostro, besó y mordió su cuello, bajó hacia su pecho y lamió sus pezones haciéndole gemir. Felipe lamió y mordió con vehemencia los pequeños bultos ante la sensibilidad de su presa.\n\n—Ah…Hm… —gimió Alejandro retorciéndose sutilmente y llevando una de sus manos a la cabeza.\n\n_“Regalaba a la cabeza ese halo de pureza. Es un fenómeno extraño. Me siento flotar. Quizás solo así podía vivir sin remordimientos. ¿Estaba loco? ¿Estoy loco? Es como un ángel, puedo ver sus alas, puedo ver esa luz en medio de tanta oscuridad, de mi propia oscuridad. Así era Felipe Higuera…”_\n\nAlejandro podía imaginar las palabras con sensaciones luego escritas sobre papel. Felipe lamió su sexo desde la raíz hasta la punta una y otra vez. Su lengua jugueteó un rato la circunferencia del tronco y lo hundió en su boca.\n\n_“¿Puedes ver los sentimientos? ¿Puedes ver el peligro? ¿Sabes a que huele el color negro? ¿El color rojo? No le gusta el amarillo. Era libertad y era perdición. Estarás volviendo a él, como yo, como todos. Le pertenezco y él no le pertenece a nadie.”_\n\nAlejandro arqueó el cuerpo debido al placer y hundió sus uñas a la espalda de Felipe, quien lo abrazó de la cintura y lo jaló hacia él. El miembro hinchado de Alejandro le avisaba que ya estaba listo que, al menos, el placer sería más fuerte que el dolor.\n\nFelipe escupió un poco de saliva sobre su propio pene y lo embarró. Se lamió un dedo y lo insertó suavemente en el ano de Alejandro.\n\n—Dios mío… —profirió Alejandro con ligera vergüenza.\n\nFelipe metió otro dedo y estimuló el hoyo para relajarlo.\n\n_“Sensación extraña. Un mundo descompuesto por pensamientos asonados con ritmos invasivos y silenciosos. Luego el silencio y el aire de su respiración. Una simbiosis de estímulos y temores.”_\n\nInsertó la punta. Alejandro dio un pequeño salto sobre la cama, era una sensación completamente extraña. Apretó los dientes, levantó su pierna buena y comenzó a empujar a Felipe para reducir la fuerza de penetración hacia su cuerpo.\n\n—Mh… qué buena idea —espetó Felipe. Agarró el pie de Alejandro y lo levantó solo para incrustarse más a él.\n\n—!Ah…! duele, Felipe… —gimoteó Alejandro empujando, ahora con su mano, la pierna de aquél bárbaro— No mames… ¡Ugh…!\n\n—Que grosero —se mofó el otro. Se inclinó hacia él y le dio una palmada en la cara, lo suficientemente suave para que Alejandro apenas moviera la cabeza hacia un lado—. Si no te quedas quieto voy a tener que amarrarte a la cama.\n\nDe repente, Alejandro comenzó a sollozar y se llevó las manos a la cara para esconder sus lágrimas.\n\n—No te pegué tan duro… —le dijo Felipe disminuyendo el ritmo de su penetración.\n\n—Uh… no es…\n\n—¿A poco la tengo tan grande? —preguntó el otro con cierta sorna.\n\nAlejandro inhaló su nariz acuosa y se secó las lágrimas.\n\n—El pie… Agh… —se quejó.\n\nFelipe volteó a mirar el pie morado de Alejandro que tras perder el punto de apoyo en el otro, comenzó a presionarse contra la cama provocándole un agudo dolor. Entonces Felipe, que lo miró con un rostro casi inexpresivo, lo agarró con delicadeza y lo subió a su hombro.\n\nFue así que las dos piernas de Alejandro estaban levantadas con los pies al aire. Su dolor no parecía provocar ninguna reacción empática en Felipe, pero de alguna manera, entendía los límites de lo que él mismo provocaba. No, no pediría disculpas, pero tampoco iba a pisar de nuevo el pie que había lastimado.\n\n_“Un encuentro como aquél sólo llevaba desgracia. Aquél halo se escurría entre los dedos de su amante y quemaba entre el azul y el púrpura. Púrpura, el color de la gangrena que se transforma en un negro pernicioso. Y luego negro, como un agujero en el universo de donde ya no hay salida y todo se deforma.”_\n\n—¡Huh!, ah… uff…\n\nFelipe resoplaba al ritmo de una excitación creciente. El choque rítmico de su cuerpo con el de Alejandro era la música que hacía exaltar sus sentidos. Sobre él, la carne se hinchaba en un rojo vivo que le preparaba con pequeños impulsos, que la visita al paraíso iba a llegar. Un paraíso efímero.\n\n—¡Hah!.. ha… ¡ha! —gemía Alejandro entre cada respiración. El dolor había aminorado dando paso al placer otorgado por un punto escondido entre su cuerpo.\n\nLo conocía pero pocas veces había sido explorado. Se aferró a los brazos tensos de Felipe y simplemente se dejó llevar. Sus piernas se agitaban en el aire al mismo ritmo del baile de su acompañante. Su sexo, solitario, recibía la visita constante de su mano que lo estrujaba con ímpetu y buscaba el mismo destino del otro.\n\nChocaban enérgicamente mientras el cuerpo de Alejandro se sacudía debajo de Felipe, éste último alternaba el apoyo entre sus manos y sus codos, acercándose y alejándose a su amante y besándole los labios y los hombros, hundiendo su cara en su pecho y nuevamente en sus besos. Alejandro se desconoció a sí mismo aferrándose al cuello del otro cada que lo visitaba recordando que nunca había sentido algo así.\n\n—Hah, Felipe… ¡Ah!\n\nSu cuerpo se estremeció de repente. Los latidos de su corazón se extendieron por todo su cuerpo y fue así que estallaron los sentidos, primero él, luego Felipe, quien golpeaba y golpeaba hasta que sus rodillas que aplastaban la cama se tambalearon y entumecieron haciéndole caer una vez más sobre Alejandro.\n\n—¡Haah…! —gruñó también con las nalgas tiesas, que poco a poco se fueron relajando hasta dejar de moverse.\n\nEl sexo es humildad cuando dos cuerpos desnudos se mezclan y comparten lo único que tienen en el mundo.\n\nYa sabía lo que escribiría en su máquina de escribir. Alejandro había escuchado el sonar de las teclas como si la lírica le hubiera hablado a través del placer. Gajes del oficio. Sería a la mañana siguiente, cuando su cuerpo hubiera descansado de tanta agitación que se sentaría en la silla giratoria y describiría lo que solo Felipe Higuera había sido capaz de hacerle sentir.",
"title": "Punto y coma; Capítulo 2. Parte 2",
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