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  "textContent": "Me veo a veces fingiendo alegría por la gente ¿Por qué? Sé que lo tengo que hacer. Me enseñan fotos de sus hijos logrando algo o que van a ser padres, me cuentan que han conseguido un ascenso en el trabajo o que han cambiado a uno mejor… y sé que tengo que alegrarme por ellos. Lo hago. Me esfuerzo.\n\nIgualmente, al revés, si les ha ocurrido algo malo: pérdida de empleo, una enfermedad grave a un familiar o a ellos, suspender un examen… en todas esas cosas finjo tristeza.\n\nSé que debo decir ‘lo siento mucho’ o ‘¿cómo estás?’. Y lo hago. Pero no es porque lo sienta. Es porque así se mantienen las formas. Es lo que espera que haga esa persona; cada persona.\n\nLlevo años entrenándolo; llevo muchos años viviendo entre la gente y soy consciente de qué cosas son motivo de alegría y qué cosas de tristeza. Sin embargo, no siento realmente esa empatía, no hago míos sus sentimientos. Solo alcanzo a saber, por aprendizaje social, que debo sentirlo. Finjo para parecer normal. Finjo para ser aceptado. Finjo para no ser visto como un bicho raro.\n\nEn realidad, todo lo que le pasa a la gente me da igual. A ver, no. Igual, igual… no. Pero no me llena de emoción. No conecto con sus sentimientos. No quiero que se muera nadie conocido… Lamento su pérdida desde un punto de vista más funcional que afectivo: no lo voy a volver a ver. Si me dicen que se van a morir, que su gato se ha muerto o que van a operar a su padre, al no verlo, no haber una conexión física con el momento futuro o real, solo puedo entristecerme por convención social.\n\nPensando en abstracto, no me importaría que la humanidad se extinguiera una vez que yo muera. A veces creo que ni siquiera si ocurriera antes de que yo muriera, me provocaría angustia. No encuentro nada positivo en ella, tan solo el aporte social y de bienes y servicios que me provee para mi supervivencia física y mental… por lo demás, podría desaparecer ya mismo.\n\nEn ocasiones reflexioné sobre mi afecto a los animales. Dudé si sentía más por ellos que por los humanos. Tampoco lo he conseguido descifrar. Diría que están al mismo nivel, pero en ellos tengo más aprecio por la supervivencia de una u otra especie, ¿sabe? No quiero que se extinga el rinoceronte blanco y como consecuencia, la pérdida de un individuo de ellos me provoca pena, una pena que no viene desde la emoción sino desde la fría lógica: si se muere uno, hay más posibilidades de perder a la especie entera. Tengo profundo respeto y admiración por la vida. Me parece un evento maravilloso y posiblemente único en el universo.\n\nLa verdad es que nadie sabe esto. Nunca se lo he contado a nadie. No quiero ser diferente, no a ese nivel.\n\n—Entonces ¿por qué ha venido a mi consulta, señor Martínez? – preguntó la psiquiatra sin levantar la vista de su carpeta donde tomaba notas.\n\nSe incorporó levemente del diván y giró la cabeza hacia su interlocutora, que no reparó en ello.\n\n—No tengo una vida plena. No hago amigos… solo conocidos.\n\nVolvió a tumbarse.\n\n—¿Hay algo en particular que le preocupe de su forma de sentir o relacionarse?\n\n—Los amigos… los voy perdiendo… distanciando, no soy capaz de hacer relaciones a largo plazo. Al final, no sé si se dan cuenta de esto, pero algo deben notar. Quizá la ausencia de feeling o de una relación profunda y plena. No soy capaz de relacionarme plenamente, siento que todo lo que digo y hago cuando debo profundizar es falso. La familia al final… está ahí, aunque sea por obligación. Te aceptan como eres sin pensarlo mucho.\n\n—¿Cree que comprende lo que los demás sienten, aunque usted no lo experimente igual?\n\n—Lo intento. Todo el tiempo que llevo interactuando con la gente me ha hecho saber más o menos lo que son, lo que sienten. ¿Sabe una cosa?\n\n—Dígame, Señor Martínez.\n\n—Llámeme Mikel —dijo —me siento más cómodo así.\n\n—Entendido. Dígame Mikel… —Repitió ladeando la cabeza.\n\nSe giró hacia ella para tratar de tener contacto visual. La doctora lo observaba impasible. Sus ojos buscaban con movimientos rápidos por el despacho para encontrar algún diploma donde figurara el nombre de la doctora. Esta no le quitaba la mirada de encima. Lo hacía con un burdo intento de disimular. Solo encontró alguna foto familiar y un cactus moribundo.\n\n—Mikel… basta de fingir. Si no se acuerda de mi nombre, pregúntemelo.\n\nA Mikel le solía pasar; cuando le presentaban a alguien, no conseguía retener el nombre si no había nada interesante en él.\n\n—Disculpe, doctora. No recuerdo su nombre.\n\nElla le sonrió con ternura.\n\n—Me llamo Adia Garza. Dígame en qué pensaba, Mikel\n\nApretó los labios. Realmente no recordaba que iba a decir. Adia lo miraba fijamente, analizando cada gesto suyo. Tras unos segundos, intervino:\n\n—Me estaba hablando de los sentimientos de las demás personas…\n\n—¡Ah! Sí, sí… Lo que iba a decir es que, realmente en ocasiones tengo la duda de si las demás personas fingen como yo esa empatía o realmente la sienten dentro. La verdad es que, si es así, debo admitir que son unos magníficos actores y actrices, todos o casi todos. Pronto lo olvido…\n\nLa doctora apuntó mientras apretaba los labios.\n\n—¿Podría describirme qué suele hacer cuando alguien le cuenta una buena o una mala noticia?\n\n—Ya se lo he dicho. Finjo que me importa lo que dice. Finjo que lo que dice me afecta, que me solidarizo con ello. Lo que he comprendido con el tiempo es que, al final, a pesar de fingir y de hacerlo moderadamente bien, doy la impresión de ser inexpresivo. A veces es motivo de burlo y finjo que me hace gracia. Realmente, no es que sea una impresión, es que no alcanzo a empatizar con su situación.\n\n—¿Qué siente, si es que siente algo, cuando alguien le habla de un sufrimiento personal?\n\n—Nada. A ver, no me gusta que a mi familia le pasen cosas malas. Desde ese punto de vista no quiero que le pasen cosas malas… el problema es que no experimento el mismo sentimiento que ellos. No tiene intensidad, es algo vacío, simplemente responde a una demanda social.\n\n—Entonces ¿Le resulta difícil conectar con las emociones de otras personas?\n\n—Eso es… no llego a experimentar una conexión emocional cuando la situación si lo requiere ¿para qué, si no, te iban a contar nada? Para que experimentes junto a ellos y así puedan desahogarse y ¿superarlo?\n\nLa doctora golpeaba rítmicamente el bolígrafo contra su barbilla.\n\n—¿Suele fingir emociones para encajar en situaciones sociales?\n\n—Solo en aquellas en las que se requiere conectar de forma empática. En otras situaciones, puedo sentir alegría o tristeza, pero debe ser por algo que me afecte directamente. Solo aquellas que me atañen directamente a mí son capaces de despertar emociones en mi interior.\n\nRecuerdo una vez. Estaba a punto de cruzar y una mujer fue atropellada frente a mí. Llamé a emergencias. La cubrí con mi abrigo. Le hablé con voz suave. Me miraban con admiración. Pero dentro… nada. Solo pensaba si alguien me daba el relevo para poder seguir mi camino.\n\nNo me fui porque la gente habría pensado mal de mí. ¿Qué dirían los que me vieran si actuara de esa forma?\n\n—¿Ha perdido a alguien importante para usted? ¿A algún familiar?\n\n—¿Cuándo?\n\n—Cuando sea…\n\n—Sí, claro que sí.\n\n—¿Se acuerda si la perdida de algún familiar le ha ocasionado dolor? ¿Cómo vivió ese momento?\n\n—Por supuesto. Pero lo veo como un dolor por motivos egoístas. No ver más a mi padre, por ejemplo, que al fin y al cabo me ayuda y tengo conversaciones con él. Echo de menos hablar con él. Con mis abuelos. Los quería y desearía que estuviesen conmigo. Su muerte supone no volver a verlos… siento tristeza desde un punto de vista egoísta.\n\n—Por lo tanto ¿Echas de menos a esas personas por lo que significaban para usted, o por lo que aportaban a su vida cotidiana?\n\n—Sí. Echo de menos a todos mis amigos y familiares que ya no están. Sin embargo, no empatizo con las madres de los hijos muertos o viudos y viudas… Pero añoro hablar con ellos.\n\n—¿Identifica sentimientos similares si no hay algún tipo de recompensa? Por ejemplo, ¿la muerte de alguien famoso?\n\n—¿Por la muerte de alguien famoso?! Eso no tiene sentido.\n\n—Sí. No tenga la menor duda que hay gente que siente la muerte de famosos, que siente profunda tristeza por ellos.\n\nLevantó la vista hacia arriba durante unos segundos.\n\n—Diría que no.\n\n—Dígame ¿Recuerda haber sido feliz de niño?\n\n—Sí, claro. Los niños son felices y disfrutan con cualquier cosa. Creo que al final, soy como ellos, ellos no son capaces de interiorizar sentimientos ajenos…\n\n—¿Desde cuándo tiene la sensación esta de no sentir empatía por la gente?\n\n—No lo sé. Creo que nunca la he sentido especialmente. Es algo que me ha acompañado desde siempre, desde que me acuerdo.\n\nPensó unos instantes. Su rostro se arrugó como si escudriñara una fila de libros en busca del necesitado.\n\n—Aunque… es posible que de pequeño todas estas cosas me afectaban más. Tampoco he sentido un amor ni un cariño desmedido por mis padres. No se equivoque. Sí, los quiero, pero nunca tuve una devoción por ellos… no como mis hermanos. No siento su dolor como propio. Quizá de pequeño sí tenía ese sentimiento. No me acuerdo. Empecé a ser consciente tras la adolescencia.\n\n—¿Tiene amigos cercanos en los que confíe?\n\n—¿Confiar? Es difícil de decir. Tengo amigos a los que les cuento cosas, que me cuentan cosas… con los que quedo y lo pasamos bien. No les cuento esto… esto es mi secreto. Tengo miedo a ser juzgado a que piensen que les he estado engañando. A que piensen que toda nuestra relación es mentira. Podrían pensar que no los considero amigos, que no los aprecio. No es eso, es otra cosa. No puedo alegrarme como ellos por sus éxitos… No puedo entristecerme de sus fracasos… no al menos como ellos lo hacen para conmigo.\n\n—¿Le han dicho alguna vez que parece frío o distante emocionalmente?\n\n—Sí —respondió rápidamente —mi última pareja me lo decía a menudo. Siempre necesitaba que fuera mas sentimental, mas cercano. Creo que por eso me dejó. Nunca asimiló como era. Ella necesitaba otro tipo de pareja.\n\n—¿Ha tenido otras parejas? ¿Ha sentido que sabían de sus carencias?\n\nPasó una página del historial clínico, hacía atrás y luego la volvió a sujetar.\n\n—Sí, he tenido otras. Puede que notaran algo. Tan solo la última llegó a profundizar en mis carencias afectivas. Las demás por una cosa o por otra, no alcanzaron a profundizar tanto. Siempre las dejé o me dejaron antes de que fuera evidentes.\n\n—Ya me has dicho antes que siente afinidad por los animales, en ocasiones más que por las personas ¿Qué emociones le genera ver a un animal sufrir?\n\n—No sé. Creo que… sí, nada. No me gusta la muerte. Ya le he dicho que siento una profunda admiración por la vida. Cada organismo es una prueba de la magnificencia de la vida.\n\n—¿Ha hecho sufrir o ha matado a algún animal en busca de algún tipo de sentimiento o como diversión?\n\nAdia tragó saliva, preparándose para la respuesta. Sabía que aquel momento era importante, para reconocer ante qué tipo de persona se encontraba.\n\nMikel no respondió de inmediato. Adia escuchaba atentamente el ritmo calmado de la respiración de su paciente.\n\n—No me ha gustado esa pregunta —sentenció finalmente.\n\nAdia carraspeó para aclararse la garganta. Colocó toda su melena por detrás de su hombro derecho, mientras inspiraba con fuerza. Ya tenía una respuesta.\n\n—Solo quería saber qué percepción tiene usted del bien y del mal ¿Cree que tiene un sentido del bien y del mal? ¿Cómo lo define?\n\n—¡Por supuesto! La sociedad dicta unas normas. Yo entiendo lo que es una buena acción o una mala acción. Si algo perjudica a una persona o da beneficio… el problema real es que ello no me afecta.\n\n—Y ¿es sólo es eso lo que evita que haga el bien o el mal?\n\n—¿Qué que me separa cometer delitos u homicidios?\n\nAdia encogió los hombros sutilmente y moviendo la mano le invitó a que continuase.\n\n—Bueno… dos cosas, primero, sé que está mal socialmente y que tiene repercusiones para mi persona, cárcel o incluso peor. Segunda, sé que una persona cuando muere, pierde todo lo que tiene, pierde todo lo que ha tenido y todo lo que podría tener. Asesinar a alguien destruye todo lo que una persona podría llegar a hacer, ver, ser, tener, … Que no sienta empatía por la gente o que no me importe que la humanidad desaparezca no quiere decir que yo quiera matar… además, ¿para qué? Si es incluso posible que no me genere ningún sentimiento.\n\nSe hizo el silencio. La psiquiatra se recolocó en su butaca. Levanto la vista con timidez, como sin querer llamar la atención, conteniendo la respiración. Lo observó, pensó que estaba barajando la idea de qué sentimientos podría ofrecerle el asesinato.\n\n_¿Estará sopesando el asesinato como medio para obtener nuevos sentimientos?_\n\nSe arrepintió de haber sacado el tema. De pronto, sus ojos se encontraron. Fríos e inexpresivos. Al igual que su rostro. Le pareció calculador. Sintió inquietud. Movió los ojos con velocidad y retiro la mirada hacia la ventana, mientras se tocaba la nariz.\n\n—Definitivamente no, no tengo interés en matar a la gente. Quizá si hubiera nacido en otra época, con otras convicciones morales, sí participaría de homicidios o matanzas… imagínese, cuando estaba bien visto matar herejes o infieles. Aquellas mujeres acusadas de brujería que eran quemadas sin piedad. I**ncluso un vecino molesto. Hubo tiempos en los que débiles, los deformes o los derrotados** eran despreciados y apartados de la sociedad. Pero eso lo hacían muchos, sin remordimientos y sin mi problema. Es lo que tienen las convenciones morales y sociales: cambian, y de pronto lo habitual se vuelve impensable y escandaloso.\n\nAdia guardó silencio tras la intervención de Mikel. Anotó en su libreta con gesto serio, sin mostrar ninguna emoción. Mikel miraba al techo, aguardando.\n\n—Eso, Mikel, es bastante… mucha gente actúa igual. Mucha gente no comete delitos por las consecuencias. De hecho la sociedad está un poco organizada de esa forma. Las normas, las leyes, no solo tratan de castigar, sino de reprimir ciertas actitudes ante la amenaza de un posible castigo…. Multas, sanciones, expedientes, juicios… todos siguen la misma filosofía. Lo que siente, es normal.\n\n—A veces pienso que es mejor así, como yo. Guiarse por unas normas sociales sin atisbo de sentimientos. Casi como un ordenador.\n\nSoltó el aire por la nariz, sin llegar a suspirar. Apretó suavemente los labios antes de responder.\n\n—Pero alguien tiene que hacer esas normas. Piénsalo… y para ello es necesario sentir la empatía, sentir que algo está mal o bien… y así decidir lo que es bueno o malo.\n\nAsintió.\n\n—Tiene razón…\n\nAdia miró el reloj de la pared y lo cotejó con su reloj de pulsera. Se ajustó las gafas.\n\n—Ya es la hora de acabar Mikel… ya terminamos la sesión – Interrumpió con delicadeza la doctora.\n\n—Oh… ¿ya?\n\nLa mujer asintió, sonriendo. Cerró la carpeta con decisión.\n\n—¿Se siente mejor?\n\n—No – respondió convencido.\n\nLa mujer arqueó las cejas, ante la sinceridad del paciente. Pasó los dedos por la correa del reloj notando su tacto desgastado\n\n—¿Y eso le preocupa? —preguntó agarrándose la barbilla y ya con las gafas en la otra mano.\n\n—No. Pero sé que debería.\n\n—¿Volverá entonces?\n\n—Sí – contestó igual de firme.\n\n—¿Acaso cree que las sesiones podrían ayudarle? Que yo puedo ayudarle. ¿Qué espera conseguir hablando de esto conmigo?\n\n—No lo sé. No sé si lo que tengo tiene cura. Ni siquiera sé si tiene sentido hablar de curar…\n\nLa psiquiatra posó las gafas sobre la mesa y comenzó a recoger y ordenar la documentación relativa a Mikel, distraída, mientras esperaba su respuesta.\n\n—No lo sé. Pero empiezo a pensar que fingir ya no es suficiente. Quiero intentarlo, ya no me basta con parecer humano. Me gustaría saber si puedo serlo. Me gustaría saber qué se siente al serlo.\n\n—Querer cambiar es siempre un punto de partida. Eso está bien ¿Hay algo que le motive a intentarlo?\n\n—Sí.\n\n—¿Y el qué? Si me permite preguntar…\n\n—Bueno… creo que, aunque no consiga experimentar esos sentimientos, usted puede ser una estupenda maestra a la hora de aprender a fingir empatía para con los demás. A hacerlo de forma de forma convincente, como usted lo hace.\n\nLas palabras interrumpieron su tarea de recoger. La petrificaron. Permaneció un instante con la mirada perdida. Se volvió hacia él, que permanecía en la puerta, inmóvil. Apretó los labios, como si fuera a replicar. Se contuvo.\n\nMikel no pudo evitar sonreírla desde la puerta, justo antes de cerrarla tras salir.",
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