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"textContent": "# Capítulo 21\n\n## **No Puedo Oírlo**\n\nLa oscuridad invade el bosque, la luna brilla en lo alto y los árboles los reciben con los brazos abiertos. El frío mantiene el pasto húmedo, sus calzados se humedecen y los calcetines no son suficientes para mantener sus pies calientes.\n\nLas linternas que cargan iluminan un par de metros más adelante, forman sombras tras cada superficie que bloquea aquella luz, por lo que esta apenas sirve para ver por donde caminan.\n\n—Oye, ¿Crees que vamos bien de tiempo? Estamos tardando bastante…\n\n—Vamos, no seas delicada, déjame ver… según el mapa, no nos falta mucho.\n\n—Es que no se puede ver nada con estos árboles, ¿Y por qué el camino de tierra acabó tan pronto? Tengo mis zapatillas empapadas por el pasto…\n\n—Te dije que tenías que tomar unas botas impermeables.\n\n—Es que son muy cómodas…\n\n—Entonces aguanta. Espera un segundo, paremos aquí.\n\n—Estoy harta de ver tantos árboles.\n\n—A mí me gusta.\n\n—Me refiero a que esperaba que ya nos hubiéramos topado con algo.\n\nAiden deja la linterna en el suelo junto a su mochila y espada.\n\n—Lo sé, también yo. Antes de seguir echaré un vistazo.\n\nSe acerca a un robusto árbol cercano y posa su mano sobre él.\n\n—¿Qué vas a hacer?\n\nAiden sujeta la corteza con ambas manos, intenta jalarse a sí mismo hacia arriba. —Esto… Iba a intentar escalar este árbol para observar un poco más lejos, pero realmente no tengo fuerza para hacerlo, y eso que antes fue tan fácil…\n\n—¿Y acaso sabes escalar tú solito?\n\n—Déjame solo… —murmura, suelta el árbol y se da la vuelta para recoger sus cosas.\n\n—Oye, pero, de todas formas, antes de que nos fuéramos de la cabaña dijiste que sentías el peligro—\n\n—No es que lo sienta, o sea… No lo sé, no es algo de lo que pueda depender o usar a voluntad.\n\n—Oh, entonces adiós a esa opción.\n\n—Bien, solo sigamos, si hay alguien a donde sea que vamos, al menos debería haber alguna clase de luz.\n\n—¿Y si no?\n\n—A ver, solo intento ver el lado positivo, no quiero pensar en qué pasaría si no, aunque sea algo imprudente… No, mejor no. —Toma la empuñadura de su espada y descansa el filo en su hombro.\n\n—Ya sabía yo…\n\nAmbos vuelven a seguir su camino, esta vez Aiden solo se enfoca en sostener su espada con fuerza y mirar a los alrededores, mientras que Erina camina detrás suyo e ilumina su camino.\n\n—Oye, si escuchas cualquier ruido que no provenga de nosotros dos, te escondes rápido tras un árbol.\n\n—¿Y si me caigo?\n\n—Entonces te arrastras.\n\n—¿Y si me rompo el cuello al caer?\n\n—Te lo enderezas y sigues…\n\nUn corto silencio.\n\n—Perdón, es que hago bromas cuando me pongo nerviosa.\n\n—Sí, ya vi.\n\nCada paso que dan sacude el pasto a su alrededor, caminan lento y con cautela. Las pequeñas ramas caídas de los árboles se rompen bajo la presión de sus pies.\n\nA medida que avanzan, el bosque comienza a abrirse. Los árboles están cada vez más separados, dejando a la vista decenas de troncos talados a ras de suelo. Mientras más caminan, los tocones se multiplican y solo un par de enormes troncos aún se mantienen erguidos.\n\nUnos suaves destellos parecen dar forma a algo, a unas paredes… o más bien a unas—\n\n—¡Mira Aiden, unas murallas!\n\n—¡Erina! —la reprende.\n\nEl haz de luz se asoma por la cima de la muralla, esta mide algunos metros de altura, por lo que es difícil ver de dónde proviene o quién sostiene la luz exactamente.\n\n—¡¿Quién está ahí?!\n\nUn grito proveniente del muro. Aiden empuja a Erina con un solo brazo a un lado, provocando que sus pies se enreden y casi caiga, pero al menos ocultándola tras un árbol.\n\n—Bien hecho, al menos ahora sabemos que sí hay gente —susurra.\n\nLa luz se agita por todos lados hasta encontrarse con Aiden. Todo su brillo impacta en su rostro, y este ante la cegadora luz, se cubre con su brazo izquierdo.\n\n—¡¿Quién eres tú?! ¡¿Eres un Conforme?!\n\n—¡No sé qué es eso! ¡¿Pero no crees que es una pregunta muy estúpida?!\n\n—¡¿Ah, sí?! ¡¿Y qué te parece una flecha en el pecho?!\n\n—¡Creo que ya comienzas a hacer las preguntas correctas!\n\nNo hay respuesta, alguien parece discutir allí arriba, no se escucha qué dicen, pero otra persona toma el control de la enorme luz y la apunta a un lado de Aiden, evitando que la luz lo ciegue.\n\n—¡Ignora a ese sujeto! ¡Ningún Conforme va a discutir esa clase de cosas! ¡Acércate un poco más para que hablemos sin gritar!\n\nAiden no responde, mira de reojo el tronco donde está apoyada Erina por unos instantes, para luego caminar lentamente hacia el muro. Una vez allí, alguien se apoya sobre el borde de la muralla e inclina su cabeza, mirando a sus pies.\n\n—Dime muchacho, ¿Qué estás haciendo aquí a estas horas?\n\n—Solo caminaba…\n\n—Vamos, no tienes que mentirme… Y puedes dejar de usar tu enorme espada de paraguas, nadie te va a disparar, nos alegramos de saber que queda alguien vivo ahí fuera.\n\nAiden, que había usado la hoja de su espada para cubrirse instintivamente, duda por un segundo, pero termina por bajar el arma.\n\n—¿Por qué tanta confianza? ¿Y si soy uno de esos Conformes de los que hablas?\n\n—No lo eres, estoy seguro. Es por eso que no tengo a 10 de mis cazadores apuntándote con arcos, solo soy yo.\n\n_¿Cazadores? ¿Son alguna clase de guardias o qué?_\n\n—Bueno, yo ya respondí tu pregunta, ahora te toca, ¿Por qué estás aquí realmente? Este lugar está muy apartado de la ciudad.\n\n—Estoy aquí por esto… —Aiden toma la nota con las coordenadas de su bolsillo y la alza en dirección al hombre.\n\n—Oye chico, no sé por quién me tomas, pero no puedo leer desde aquí. Voy a bajar, a tu derecha está el portón de la entrada. —Toma el foco de luz y lo apunta al camino de la derecha.\n\nAiden mira hacia el costado, a pocos metros de él, hay un camino de tierra despejado que se extiende varios kilómetros.\n\n_¿Cómo mierda no alcanzamos a ver el camino? Y allí nosotros mojándonos los pies…_\n\nCamina hacia la entrada con su espada aún sobre su hombro. Un sonido metálico proveniente de dentro se hace presente al mismo tiempo que las puertas comienzan a abrirse. Suaves luces se aprecian a medida que las puertas metálicas dejan ver su interior, y de allí, el hombre con el que hablaba se acerca con calma y sus manos levantadas a la altura de su cabeza.\n\nEs difícil apreciar su aspecto estando a contraluz, pero al parecer tiene entre 40 y 50 años, pelo largo y recogido. También lleva una especie de parche en el ojo derecho, metálico por la forma en la que la luz se refleja en él.\n\n—Ya está, vengo desarmado, puedes bajar tu espada. Como dije, nos alegramos de ver a alguien más con vida.\n\n—¿Y qué hay del otro sujeto? ¿El de la flecha en el pecho?\n\n—Es un poco paranoico, acaba de terminar su entrenamiento y es su primera noche de guardia, espero que puedas disculparlo. Ahora, muéstrame lo que sostenías.\n\nAiden le acerca la pequeña tarjeta.\n\n—“Cuando todo comience, búscanos” —Recita el hombre.\n\n—Sí, del reverso tiene las coordenadas de este lugar.\n\nEl desconocido lo guarda en uno de sus bolsillos. —Bueno, estas son notas que repartimos a algunos de nuestros miembros cuando partieron de este lugar, también se las dimos a sus familias lejanas. ¿Dónde la encontraste?\n\n—Alguien me la dio…\n\n—¿En serio? Bueno, solo pregunto por curiosidad, ya que da igual. ¿Estás de viaje o planeabas quedarte?\n\n—¿Esa es una opción?\n\n—Claro, siempre hemos recibido personas, incluso cuando el cielo se inundó de rojo aquel día. En mi comunidad no hay salvajes, no lo permitimos, así que si quieres puedes quedarte, aunque tienes que contribuir, pero supongo que es esperable.\n\n—Sí… Aunque no vine solo, ¿Puede venir también?\n\n—¿Hay alguien más? ¡Estupendo!, claro que sí.\n\nAiden voltea hacia atrás. —¡Erina!\n\nDe uno de los árboles, Erina asoma la cabeza y mira la escena. Solo entonces sale de su escondite y camina hacia la entrada. Se para detrás de Aiden.\n\n—Así que debes ser tú, es un gusto, mi nombre es Raél, soy el jefe de este lugar. —Extiende su mano para saludar.\n\nErina nota la sinceridad de las palabras del hombre, por lo que deja de cubrirse tras la espalda de Aiden y se pone a su lado.\n\n—Un gusto… Si es que él no se ha presentado, se llama Aiden, yo soy Erina.\n\n—Muy bien, Aiden, Erina, sean bienvenidos a nuestro humilde hogar.\n\nAmbos siguen los pasos de Raél, quien los guía hacia dentro de los muros.\n\n—Intentemos no hacer más ruido, a esta hora ya la mayoría duerme.\n\nLos muros se cierran a sus espaldas y un piso de gravilla suelta los recibe, las piedrecillas crujen bajo sus húmedas botas. Dentro, lo que podría haber parecido solo un campamento, se vuelve un pueblo pequeño. Hay casas, cabañas y algunos edificios de 2 pisos de alto, los caminos son estrechos y se filtran entre la arquitectura.\n\nParece que este lugar está hecho para maximizar el espacio disponible, pero aún así no es el único lugar que llama la atención. Mientras caminan hacia donde Raél los guía, hay una zona de campo abierta levemente iluminada y una especie de cabaña o bodega también abierta, la oscuridad no deja apreciar bien los lugares.\n\n—¿Aiden? —susurra —¿No huele como a humo?\n\nAiden tarda unos segundos en responder —¿De verdad? Yo no huelo nada…\n\nErina observa con curiosidad cada poste de luz del exterior, casi como si fuera la primera vez que ve algo de electricidad. Sus pasos resuenan por los estrechos pasillos interrumpiendo aquel silencio que, con todo el caos de fuera, casi parece imposible.\n\nLos 3 llegan a una pequeña casa con grandes ventanales, la puerta está abierta, Raél enciende las luces y los invita a pasar. En el centro hay una mesa pequeña y un par de sillas. No hay nada que destaque, el lugar está limpio, y si no fuera por ese olor a químicos de limpieza, parecería abandonado.\n\n—Muy bien, aún no es muy tarde, así que hablemos un poco, tomen asiento.\n\n—Bueno… —responde Erina\n\nErina va a la mesa y jala a Aiden de la ropa para que haga lo mismo, quien se había quedado mirando por los ventanales. Dejan sus cosas en el suelo.\n\nRaél se sienta frente a ellos y se relaja en la silla. Erina rompe el silencio.\n\n—¿Cómo es que aún tienen electricidad? Creíamos que se había cortado por completo hace algunos días.\n\n—Son los paneles solares que tenemos fuera de los muros, cerca de los campos de cultivo.\n\n—¿Campos de cultivo?\n\n—Claro, con todo lo que ocurrió allí fuera, lo menos que podíamos hacer era estar preparados y ser autosuficientes. Pero dejemos eso de lado, cuéntenme, ¿De dónde vienen?\n\nErina mira de reojo a Aiden, quien se encuentra sentado a su lado con sus ojos apagados y párpados entrecerrados. Su cabeza está ligeramente encorvada.\n\n—Esto… Venimos de la capital, estábamos almorzando en el centro de la ciudad cuando pasó lo que pasó.\n\n—¿En el centro? ¿Cómo terminó la ciudad?\n\n—¿Qué? ¿No lo sabe? La mayoría… Ambos huimos a duras penas y nos refugiamos en casa de Aiden a un par de kilómetros fuera de la ciudad, en una zona rural. La ciudad terminó destrozada… Al igual que sus habitantes…\n\n—Oh, siento haber preguntado, la verdad es que nosotros vivimos aquí desde hace mucho, estábamos preparados para lo que se avecinaba, así que intentamos alejarnos de las ciudades…\n\n—Parece que saben que es lo que está pasando con el mundo, ¿Cómo pueden saberlo?\n\n—Bueno, no sabíamos cuando ocurriría, pero sí el porqué lo haría, aunque es una historia muy larga que por ahora resumiré en que… De hecho, ni siquiera sé cómo resumirla —Ríe ligeramente.\n\n—Llaman a esas bestias por sus nombres, ¿Por qué? —interrumpe Aiden.\n\n—Vaya, creí que te habías dormido. —Raél voltea a ver a Aiden.\n\n—Solo estoy descansando un poco, estoy muy cansado.\n\n—Pues, parece que han tenido un día duro, sobre todo tú, estás todo lastimado… Y sucio.\n\n—Lo sé, ¿Entonces?\n\n—Oh, bueno, lo que preguntaste es más fácil de responder. Esas criaturas tienen nombres, Fracturas, Disformes y Conformes.\n\n—¿Ustedes les pusieron esos nombres? —Pregunta Erina.\n\n—No realmente, así se les conoce desde la antigüedad.\n\n—Creía que era algo de ahora…\n\n—Para que veas que la historia es muy larga. Pues bueno, resumiendo, esas criaturas vienen de las profundidades de la tierra, y aunque ahora no lo entiendan, llevan allí miles de años. Existen tanto tiempo como nosotros. Es un conocimiento que se ha extendido por mucho tiempo.\n\n—Entiendo, o sea no mucho, pero algo.\n\n—Lo sé, es difícil si no tienes el contexto, pero creo que ya es algo tarde para hablar, y tu novio parece estar a punto de caerse de la silla. —Se pone de pie.\n\n—N-no es—\n\n—Miren, les dejo las llaves de la puerta para que cierren cuando me vaya y tengan algo de privacidad, la puerta de allí —Indica con el dedo —es una habitación con una cama, los cobertores están en el mueble de esa misma habitación. Pasen una buena noche. —Abre la puerta de la entrada.\n\n—Espera un segundo —interrumpe Aiden sin voltear a verlo. —¿Cómo sabes realmente que no soy uno de esos… Conformes?\n\n—Hmm, eso es fácil. Lo sé porque puedo sentir que eres especial, justo como yo. —Sale al exterior y cierra la puerta tras de sí.\n\nLa casa queda en completo silencio luego del portazo, Erina se acerca a la mesa para recoger las llaves y cerrar la puerta. Se pone junto a Aiden y toca su hombro.\n\n—Oye, ya se fue, vamos a dormir.\n\n—S-sí…\n\nErina toma el brazo de Aiden y lo pone sobre sí misma para ayudarlo a caminar. Con lentitud, ambos caminan hacia la habitación, y dentro, se encuentran con un ropero y una cama individual, Erina guía a Aiden con cuidado sobre el colchón y lo sienta sobre él. Se toma unos momentos para quitarle las botas húmedas y la chaqueta, dejando caer ambas cosas al suelo. Luego parte al mueble de la habitación.\n\nLa base de madera de la cama cruje cuando Aiden se recuesta. El colchón parece ser de espuma; es sorprendentemente blando, y cada parte de su cuerpo se hunde sobre él, casi como si lo absorbiera.\n\nSolo hay un par de cobertores en el armario, Erina los toma y los acomoda en el colchón, cubriendo a Aiden.\n\n—Creo que no hay otra cama… No te preocupes, buscaré donde dormir—\n\n—Oye… —Aiden la toma de la muñeca y la detiene con voz débil. —Si no te incomodo, puedes dormir aquí también.\n\n—¿E-estás seguro? ¿No te estorbaré?\n\n—No puedo dejar que duermas en el suelo, además, ya has dormido conmigo, ¿No?\n\n—S-sí…\n\n—No te preocupes, no miraré, ni siquiera tengo fuerza para abrir los párpados.\n\n—Está bien…\n\nErina comienza a desvestirse, quedando vestida solo con una camiseta y su ropa interior. Aiden tiene la cabeza inclinada hacia un lado, aunque, de todas formas, la oscuridad de la habitación no les deja ver mucho.\n\nErina levanta las sábanas y se acomoda con cuidado a su lado.\n\n—¿No apesto? —pregunta Aiden.\n\n—No demasiado… pero ¿No te da vergüenza?\n\n—No tengo cabeza para sentir vergüenza ahora.\n\n—C-claro…\n\n—¿Y tú?\n\n—Bueno, un poquito… Aunque me recuerda a cuando te estaba cuidando hace tiempo.\n\n—Sí, a mí también…\n\nEl corazón de Erina late con fuerza, sea por el nerviosismo o por algo más, ni ella misma lo sabe.\n\n—Erina… ¿Puedo confesarte algo?\n\n—¿S-sí…? O sea, sí, claro.\n\n—La verdad es que, desde que luché contra ese gigante, hay algo que me… O más bien, hay algo que ya no está.\n\n—¿A qué te refieres? —Erina respira profundamente.\n\nUn breve silencio, ni siquiera se oyen grillos ni ninguna clase de animal fuera.\n\n—Creo que… Tengo miedo…\n\nErina voltea a ver a Aiden, o más bien, a intentar verlo, trata de forzar su vista, pero lo único que logra divisar es una ligera silueta. Aún así, se mantiene en silencio.\n\n—Todo está tan callado… Hay tanto silencio, que lo había olvidado. Mi cabeza estaba llena de tanto ruido desde que mi familia murió, o incluso desde antes, y ahora… Creo que tengo miedo de perderme.\n\nErina guarda silencio, no sabe qué responder, es una confesión después de todo, ¿Qué más podría aportar?\n\n—Estaba acostumbrado a que todo fuera tan ruidoso, a cuestionar cada palabra, cada acción, cada movimiento que daba. Y ahora estoy intentando buscar dentro de esa oscuridad, pero no hay nadie. Él habitaba allí, y no estoy seguro de si se fue realmente… —Se le rompe la voz ligeramente. —Estoy aterrado por el hecho de poder acostumbrarme a ese silencio, y que me lo arrebaten de nuevo… Erina, yo…\n\nEl brazo de Erina se posa sobre el pecho de Aiden, parece que lo está rodeando con él.\n\n—Temo que al final de todo, solo queden retazos de mí mismo; perder mis memorias, mis sentimientos, y terminar por volverme un cascarón vacío.\n\nErina no responde.\n\n—A pesar de eso, hablar contigo me hace sentir como si recuperara una parte de lo que estoy perdiendo, o de lo que ya se fue… No necesitas responder, no te pido que me arregles o algo así, me basta con, al menos una vez, dejar de ocultar esas cosas dentro de mí.\n\nSu pecho se siente húmedo, la camiseta de Aiden se moja ligeramente.\n\n—¿Estás llorando? —pregunta Aiden.\n\n—N-no… —Habla Erina con la voz completamente rota y con suma dificultad.\n\n—Oye, vamos, lo siento…\n\n—Es que es solo que… Me dio mucha pena, perdón por ser tan llorona…\n\n—No te preocupes, uno de los dos tiene que hacerlo.\n\nErina se suena la nariz congestionada, parece haber estado llorando en silencio por un rato. Aún así, interrumpe el silencio.\n\n—Estás calentito.\n\n—Lo sé…\n\n—No te vas a perder…\n\n—Lo sé…",
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