{
"$type": "site.standard.document",
"bskyPostRef": {
"cid": "bafyreif43kjwdeol7nbfthnumtnxt3vonqregx6fpufn3z5zltuhbzs4lu",
"uri": "at://did:plc:vzh4bg7wcdwdz7dh5cf2niuz/app.bsky.feed.post/3mnnptyaycpa2"
},
"coverImage": {
"$type": "blob",
"ref": {
"$link": "bafkreih7rewkrkjymsnvqa5rbgxt6gxk6s7u6eph6efwxs234xtfjtsl6m"
},
"mimeType": "image/jpeg",
"size": 222120
},
"path": "/d/3126-punto-y-coma-capitulo-1-parte-3/1",
"publishedAt": "2026-06-06T22:39:39.493Z",
"site": "https://fictograma.com",
"textContent": "_⚠️Advertencia de escenas con descripción explícita de agresión física, heridas, violencia y sexo homoerótico._\n\n_Otras etiquetas: #realismo-sucio #noir-psicológico #thriller-psicológico #sadomasoquismo_\n\nCapítulo 1. Parte 3.\n\nLa policía cateó la casa de Alejandro de arriba a abajo y en todos sus rincones.\n\n—No parece que algo haya sido forzado —dijo el detective—. Ya checamos las puertas, las ventanas, todas están en perfecto estado.\n\nAlejandro resopló decepcionado y aliviado a la vez.\n\n—Me lleva, Nacho —se quejó Luis— ¡¿Porqué no me dijiste nada?! de saber que iba a pasar esto no me hubiera ido de tu casa ayer. Mira como te dejó la cara ese hijo de la chingada.\n\nLuis caminó desde la cocina con un trapo con hielo y se lo dio.\n\n—Ponte más hielo en la frente.\n\n—Ya me puse hielo toda la noche, Luis. Gracias—respondió Alejandro rechazando el hielo y poniéndose de pie—. Y gracias a usted, detective. Si no hubiera venido hubiera estado más intranquilo. La policía no se mueve si no hay víctimas.\n\n—Así están las cosas en este país. No queda de otra que pagar por cosas que deberíamos tener gratis. Con la seguridad no se negocia.\n\nEl detective, un hombre mayor de estatura media, pero de mirada aguda y carácter serio, terminó de hacer sus apuntes y continuó.\n\n—Las cámaras del edificio no muestran a nadie con las características que menciona, ni para entrar ni para salir. Ningún inquilino lo vio, ni ha visto a una persona parecida por aquí jamás; a excepción de una mujer mayor del sexto piso que dice que se parece a su sobrino, pero con la diferencia de que es paralítico.\n\n—No pos si es una gran diferencia —comentó Luis con mofa.\n\nEl detective dio algunas órdenes a su ayudante y antes de salir del departamento le informó a Alejandro.\n\n—Aún falta checar las cámaras de vigilancia de las calles colindantes. Hay una en la plaza de la esquina y otra del otro lado sobre la avenida que tiene visibilidad a un pedazo del edificio desde el estacionamiento. Vamos a intentar acceder a ellos.\n\nAlejandro los acompañó hasta el elevador.\n\n—Mientras tanto —continuó el detective—, ponga seguro a sus puertas y ventanas… y compre un arma. Quizás estemos hablando de un acosador.\n\nRegresó a su apartamento. Luis se había vestido con pants de deporte y una playera de manga larga para pasar la noche.\n\n—No tienes que quedarte, Luis. Te agradezco —le dijo Alejandro, más temeroso de lo que pudiera sucederle a su amigo que a él.\n\n—Tonterías. Eres mi amigo y también el escritor que nos provee dinero en la editorial —contestó con gracia y sarcasmo— si te pasa algo, ¿de dónde sacamos a otro escritor revelación?\n\n—Qué honestidad, eh.\n\nAlejandro sonrió y fue hacia la recámara para buscar una sábana o cobertor para Luis, que dormiría en el sofá grande de la sala.\n\n—Va a decir tu esposa que te fuiste de juerga.\n\nLe entregó las prendas de cama.\n\n—¡Qué buena idea!, ¿y si salimos a beber unas copitas?\n\nLuis inmediatamente se puso de pie.\n\n—Mientras menos tiempo estés aquí, menos probabilidades hay de que el acosador regrese y te ataque.\n\n—Ya son más de las diez, Luis —insistió Alejandro para quedarse en casa.\n\n—La noche es joven y es la mejor hora para echar desmadre.\n\n—Tu solo quieres empedarte.\n\n—Sí.\n\nLuis agarró de nuevo su ropa de vestir y se dirigió al baño para cambiarse.\n\n—Y tú necesitas empedarte — le ordenó apuntándole con el dedo.\n\n**\n**\nRegresaron pasadas las 2:30 de la mañana. Las carcajadas de dos borrachos se escuchaban desde el pasillo del cuarto piso.\n\n—¡No mames! ¡No mammes! —exclamó Luis cuando palpándose el cuerpo intentando encontrar su cartera entre sus bolsillos.\n\n—¡Shh! cállate, pff… —le ordenó Alejandro ahogando su risa mientras se apoyaba en la pared para no caerse.\n\n—Guey, pensé que sse me perddió esta madre —dijo Luis levantando con la mano su cartera que luego se le volvió a caer.\n\n—Ja, ja, ja.\n\n—Esstás muy peddo… Nashoo —balbuceó Luis mientras también se aguantaba la risa y apoyaba su mano contra la pared para no tropezar mientras caminaba— por esso no tomas, porque tte pega con ganas.\n\nAlejandro abrió la puerta de su departamento.\n\n—¡Tú ni puedes hablar! Ja, ja —se burló.\n\nAmbos entraron tambaleándose.\n\n—Échate allá. Me voy a bañar —dijo Alejandro señalando el sofá y quitándose la chamarra y los zapatos.\n\n—¿Y si nos bbañamos juntoss? —sugirió Luis quitándose el abrigo y apoyándose en el escritorio para no caerse—. Así como cuates.\n\n—Los cuates no se bañan juntos.\n\nAlejandro se carcajeó.\n\n—Entonces como eshcritor y edditor.\n\n“Ese te quiere coger”\n\nAlejandro borró su sonrisa.\n\n—No —dijo avergonzado pero contundente.\n\nLuis no tardó en darse cuenta de la gravedad de su “sugerencia”.\n\n—No, no… —dijo Luis alejándose y dirigiéndose al sofá— era broma, Nasho, era broma.\n\nFingiendo la risa o no, Luis se recostó y se quitó los zapatos para refrescar los pies mientras esperaba a que Alejandro saliera del baño.\n\nA las 4:30 de la mañana ambos estaban ya bien dormidos, sin embargo, Alejandro despertó en medio de la oscuridad al escuchar ruidos de vasos en la cocina. “¿Está despierto Luis a esta hora?”, pensó, y se reacomodó en la cama sin darle mucha importancia. La llave del lavabo sonaba y los pasos no lo dejaban tranquilo. Preocupado porque su amigo también estaba solo en la sala decidió salir.\n\nSe frotó los ojos y su mirada se dirigió al sofá donde Luis estaba acostado, completamente dormido con el cobertor protegiéndolo de la baja temperatura.\n\nUn escalofrío recorrió su cuerpo.\n\nSus ojos acostumbrándose a la oscuridad se dirigieron hacia la cocina y ahí lo vio. Al intruso de nuevo, de pie, con una camisa blanca sirviéndose un whisky a las 4:45 de la mañana.\n\nAlejandro retrocedió con los ojos bien abiertos y las piernas temblorosas. Podía gritar y despertar a Luis para juntos atrapar al hombre, pero no lo hizo. Estaba como mudo. Además, el hombre estaba más cerca de Luis que Alejandro y temía que pudiera hacerle algo antes de poder protegerlo.\n\n—Shh… —dijo Felipe poniendo su dedo índice sobre sus labios—. Está durmiendo.\n\nAlejandro se dirigió hacia la puerta casi por instinto.\n\n—Está cerrada, ¿no te acuerdas? —le dijo Felipe caminando hacia él—, yo me quedé con tu llave.\n\n—¿Así es como entras? ¿Con esa llave? —le preguntó Alejandro armándose de valor para enfrentarlo.\n\n—No exactamente.\n\n—¿Y cómo exactamente?\n\nAlejandro se acercó a su escritorio para agarrar su bolígrafo con la intención de usarlo de arma.\n\n—Yo entro porque tú me dejas entrar.\n\nEl hombre, que ya estaba parado a un lado del sofá donde profundamente dormía Luis, se inclinó hacia el hombre dormido.\n\n—¡Déjalo! ¡A él no lo toques! —dijo Alejandro con un grito ahogado.\n\n—¿Por qué? ¿Te gusta? —preguntó Felipe. Y haciendo caso omiso, le dio unas palmaditas a Luis en la mejilla apenas haciendo vibrar su piel. Luis apenas movió la cabeza acomodándose en el sofá.\n\n—Está bien pedo, ¿viste?\n\n—¡¿Qué es lo que quieres?! —preguntó Alejandro con la desesperación en el rostro y el brazo levantado con el bolígrafo apuntando al intruso.\n\nFelipe se acercó a él sin una pizca de miedo en su expresión.\n\n—Ahora mismo solo quiero ver tu cara.\n\n—¡Alejate de mí! ¡Eres un acosador! —exclamó Alejandro sin levantar demasiado la voz—. ¡Tengo a un detective trabajando para atraparte!\n\nFelipe, que había estado mirándolo con un rostro serio y amenazante, de repente soltó una risotada.\n\n—¡Ja, ja, ja! ¡No mames, Nacho! —dijo sacudiéndose de risa—. ¿De verdad quieres que me atrapen? —le preguntó genuinamente.\n\nAlejandro no entendía el origen de la pregunta con una respuesta tan obvia.\n\nFelipe levantó el brazo para agarrar la mano de Alejandro con el bolígrafo, pero este se apresuró y lo dirigió de golpe hacia su garganta.\n\nFelipe lo esquivó y le dio tal bofetada que tiró a Alejandro a la alfombra haciéndole soltar el bolígrafo de su mano.\n\nAnte el estruendo, Luis apenas se movió del sofá permaneciendo completamente dormido.\n\nFelipe se agachó, se acercó a Alejandro y lo agarró del pelo para verle la cara.\n\n—Si quieres que me atrapen ¿por qué no gritas? —le preguntó fríamente.\n\nAlejandro aprovechó su posición para tomar fuerza y darle un codazo al hombre directamente en la cara.\n\n—Agh —gimió el intruso bajando la cabeza y agarrando su cara, justo a un lado del ojo donde había recibido el golpe.\n\nAlejandro aprovechó a correr y encerrarse en su habitación, donde ya había dispuesto una navaja debajo de la cama. Se pegó a la pared frente a la puerta y esperó lo peor.\n\n“Toc, toc”, sonó la puerta.\n\n—Nacho… —dijo la voz serena y amenazante del hombre— Nacho… solo quiero ver tu cara. ¿Cómo siguen tus heridas?\n\nAlejandro temblaba de miedo. Miró hacia la ventana y barajó la posibilidad de salir por ahí, pero no quería dejar a su amigo con ese loco. Se sentía terriblemente mal por siquiera pensarlo pero el terror ya no podía con él.\n\n—Nacho… —volvió a decir el hombre detrás de la puerta—. Oye, ¿cuánto tiempo crees que tu amigo aguante la respiración?\n\n—No, no… —susurró Alejandro para sí mismo. Luego le gritó con evidente angustia: —¡No le hagas daño, por favor!\n\nEscuchó los pasos alejarse de la puerta.\n\n—¡Por favor, no! —gritó de nuevo. Si había alguien en ese edificio, definitivamente tendría que haberle escuchado.\n\nNo quería salir de la habitación, pero su amigo definitivamente sería asesinado si no hacía algo.\n\nHabía total silencio. Abrió lentamente la puerta de la habitación con la navaja en mano. Los ojos ya estaban completamente acostumbrados a la oscuridad así que fue fácil ver a Felipe sentado en el sofá junto junto a Luis, quien seguía profundamente dormido por la borrachera mientras el hombre el acariciaba el cabello.\n\n—Es una lástima que esté casado con lo guapo que es, ¿verdad? —dijo Felipe mirando con curiosidad el rostro de Luis—. Pero se ve más viejo que tú. Tampoco creo que hagan buena pareja.\n\n—Por favor —intervino Alejandro con la navaja apuntando a Felipe—, dime que es lo que quieres y lárgate.\n\nEstaba cansado, le dolía la cabeza por el alcohol y los ojos le ardían debido al sudor, que no había dejado de chorrear sobre su frente. Además, tenía las heridas y el nuevo golpe del bofetón que acababa de recibir. Estaba exhausto.\n\n—Escribe —ordenó el intruso.\n\n—¿Qué? —preguntó completamente confundido y cansado.\n\n—Tu novelita… escribe.\n\nNo era hora de escribir. Tenía la cabeza hecha un lío y no eran las mejores circunstancias. Su rutina era irrompible tanto para escribir como para descansar.\n\n—¿Quieres que lo mate? —preguntó amenazante Felipe, quien acercó a él la almohada decorativa que había agarrado del otro sofá. Era evidente lo que pensaba hacer con ella.\n\n—Basta… yo… no es momento para escribir —dijo Alejandro bajando el brazo con la navaja y la cabeza en señal de derrota. Las ojeras evidenciaban el agotamiento físico y mental después de dos días de invasión a su vida. Se sentó frente al escritorio con los ojos adormilados.\n\nSintió la presencia del intruso detrás de él, quien puso una hoja en blanco dentro del rodillo de la máquina de escribir. Puso a un lado la navaja de Alejandro y agarró suavemente sus manos para ponerlas sobre el teclado. Felipe sostuvo su cabeza con sutileza para dirigirla hacia la máquina y besó su mejilla.\n\n—Escribe —le susurró al oído. Y comenzó a acariciar su cabello.\n\nAlejandro casi por inercia comenzó a teclear. Aún con el cerebro medio dormido y los ojos casi cerrados, podía recordar lo que escribiría esa tarde.\n\n_“Felipe Higuera bebió el whisky sobre la barra, su sabor se le hizo amargo._ (táca taca tica… tác)”\n\nSe quedaba dormido.\n\n¡Clap! una palmada retumbó junto a él y despertó de nuevo.\n\n—Escribe — volvió a ordenar la voz de Felipe Higuera.\n\n(tica táca taca taca) _“salió de la habitación a las 7:00 de la mañana, para tomar el tren y dirigirse a la casa de Marianne. La coartada era perfecta…_ (táca tica) _Así ella no lo vería llegar y pensaría que estuvo a su lado toda la noche.”_ (táca taca… tica)\n\n(tica tica… táca…)\n\n(tac…)\n\nAlejandro cerró los ojos por completo y perdió contra su cabeza tambaleante que no sabía dónde caer dormida. No hubo otro golpe ni estruendo que le volviera a despertar.\n\n“No le digas a nadie” —escuchó en el aire sin saber su origen, como un susurro que se perdía en el viento—. ”Nadie te va a creer.”\n\nSobre su escritorio, junto a su máquina de escribir, apoyó su mejilla y se durmió.\n\n**\n\n**\nHabía luz. Un hombre estaba de pie junto a él sosteniendo algo en sus manos. Hojas, papeles. Alejandro abrió lentamente los ojos y sintió la suavidad de una almohada bajo su cabeza, pero aún estaba sentado.\n\n—Buenos días, Nacho… —dijo la voz masculina.\n\n—¡Ah!\n\nAlejandro se paró de golpe asustado y mareado por la súbita presión de la sangre en su cabeza, cayó al piso.\n\n—¡Nacho! —gritó Luis dejando las hojas sobre la mesa y corriendo hacia él.\n\nAlejandro, que todavía veía en negro por el mareo, se agarró la cabeza con dolor.\n\n—¿Luis? —preguntó, y comenzó a sollozar.\n\n—Si, soy Luis, Nacho. Vamos, vamos a la recámara —le dijo su amigo, ayudándole a levantarse.\n\n—Ay Luis, me duele la cabeza —se quejó Alejandro mientras caminaba con un brazo rodeando los hombros de Luis.\n\n—Ya sé, Nachito, es la cruda.\n\nEntraron a la recámara y Luis dejó caer suavemente a Alejandro sobre la cama. Le quitó el cárdigan que le había puesto sobre los hombros desde que lo vio dormido sobre la mesa y lo arropó con el duvet. Luego se sentó en la cama y suspiró mientras lo veía adormecerse. Luis acercó lentamente su mano hacia la cara de Alejandro y le secó tiernamente una lágrima que había corrido por su mejilla.\n\nLa cabeza dolía, la mejilla dolía, los ojos aún ardían y todavía tenía mucho sueño. Alejandro, seguro de que su amigo lo protegería mientras estuviera a su lado, se volvió a dormir.\n\n**\n\n**\n“Creo que estaba muy cansado”\n\nEscuchó la voz de Luis fuera de la habitación. Hablaba con alguien.\n\n“No pues, de hecho, creo que fue mejor que se desestresara…”\n\n“¿Papá?” pensó Alejandro mientras abría los ojos.\n\n“No, es que igual y no era el momento. Estamos con lo del libro, las juntas, las entrevistas….”\n\n“Ay no, hombre. Muchas gracias por cuidárnoslo.”, dijo la voz de una mujer mayor. Su madre.\n\nHubo un silencio y arrastres suaves de los sillones.\n\n—Entonces tú eres el editor de Nacho —dijo el padre de Alejandro como si quisiera confirmar algo. Su mujer le lanzó una mirada amenazante y forzó una sonrisa amable al mirar a Luis de nuevo.\n\n—Así es, don Juan Carlos —contestó Luis con cordial naturalidad—. Luis Chahín, editor de Boya ediciones. Cuando guste —y le extendió su tarjeta.\n\nAlejandro salió de su habitación.\n\n—Su hijo acaba de entrar a la primaria —dijo Alejandro de pie en el umbral de la sala y con una sonrisa orgullosa.\n\n—¡Mijito! —exclamó la madre de Alejandro que se acercó corriendo a él para llenarlo de besos—, ¡mira como tienes la cara!, ¡¿ya fuiste a denunciar?!\n\nSabía que no podía ocultarle a sus padres todo el problema del acosador, imaginó que probablemente Luis les había dicho durante la visita. De todos modos, con los golpes de la cara, iban a preguntar.\n\n—Ya, pero ya sabes cómo es esto. Fue inútil.\n\nDon Juan Carlos un tanto avergonzado por sus sospechas infundadas sobre las relaciones de su hijo, le sonrió a Luis quien ya se marchaba.\n\n—Aprovecha cada momento porque los hijos crecen rapidísimo y ni cuenta te das. —Le dijo el hombre mayor con un amable aire paternal.\n\nLuis sonrió y comentó:\n\n—Muy cierto, todavía siento que nació ayer y ya está en la primaria. Ni yo me lo creo.\n\nAlejandro se acercó a él, le estrechó la mano y lo abrazó.\n\n—Gracias por cuidarme, Luisillo.\n\nNo solía llamarle así, pero estaba especialmente agradecido.\n\n—Un gusto, Nacho. Cuídate. Estamos en contacto.\n\nLuis se despidió cordialmente de los padres de Alejandro y tras la negativa de ser acompañado por él hasta el vestíbulo, se marchó.\n\n—¿Está casado? —preguntó la madre una vez sintió que Luis ya no estaba en el piso.\n\n—Y tiene un hijo —les confirmó Alejandro mientras iba por vasos con agua.\n\n—De todas formas está un poco viejo, ¿no? —juzgó el padre.\n\n—Yo también estoy viejo pero ustedes no quieren darse cuenta —contestó Alejandro con una sonrisa.\n\n—¡Viejos nosotros! —exclamó la madre—. Y aún así nos vamos de viaje, salimos a pasear y salimos a cenar como cuando éramos jóvenes, ¿verdad, Juan Carlos?\n\n—Así es, así es —contestó el otro con una sonrisa.\n\nAlejandro sonrió con ternura y les asentó los vasos sobre la mesa de centro.\n\n—Ahora sí, ¿qué te dijo la policía, Nacho? —preguntó su padre después de beber un trago de agua.\n\n—La policía solo juzgó las circunstancias. Tuve que contactar a un detective privado con ayuda de Luis para que alguien tuviera que venir a investigar.\n\n—Pinche país… —se quejó el hombre—. ¿Y si no pudieras pagarte eso?, ¿que chingados harías?— insultó como si tuviera a los funcionarios de frente—. ¡¿Van a esperar a que te maten?!\n\n—¡Juan Carlos! —exclamó la madre exigiendo recato.\n\nEsa palabra estaba prohibida en la familia.\n\nDon Juan Carlos respiró profundo y se tranquilizó.\n\n—Nomás mira tu cara… —dijo el hombre con cierta compasión y rabia contenida.\n\nEl moretón con un halo amarillo en su frente aún estaba visible, la hinchazón de la nariz estaba disminuyendo, pero aún estaba cubierta por una tira de cierre que usaba para que no se volviera a abrir la herida.\n\n—Mejor vente con nosotros, Nacho —dijo su madre con preocupación—. Unos días en lo que atrapan al criminal ese.\n\n—Gracias mamá, pero prefiero quedarme —dijo con una sonrisa condescendiente. —Tengo mucho trabajo y prefiero seguir mi rutina para terminar mi libro lo más pronto posible.\n\n—Cuando tengas algún problema, llámanos —aconsejó su padre—, ya sabes que la casa es tu casa.\n\n—Lo que menos quiero es involucrarlos. Todavía tengo que regañar a Luis por haberles dicho.\n\n—Nosotros venimos a verte porque no nos llamas. Y que bueno que nos dijo —reconvino la señora.\n\n—Solo no quiero darles angustias.\n\nAlejandro bajó la mirada haciendo alusión, entre líneas, a aflicciones pasadas.\n\nSu madre lo miró comprendiendo la preocupación de su hijo.\n\n—No hay angustia alguna, hijo, si tú estás bien y eres feliz nosotros también —dijo la mujer con una sonrisa y tono maternal—. La preocupación de un padre no se termina nunca aunque los hijos ya sean mayores.\n\n—Les prometo —dijo Alejandro poniendose de pie y levantando los vasos vacíos—, que cuando termine el libro voy a la casa a pasar unos días. Haya criminal detenido o no.\n\nTerminaron de comer la comida que su madre había llevado, hablaron del viaje de sus padres a Chicago y su próxima aventura a Canadá, la cual sería la última por la salud de su padre, que con sesenta y cinco años, ya caminaba con dolores de rodilla y espalda. A pesar de las circunstancias actuales, sus padres se alegraron de su éxito y su buena economía, aconsejándole a salir de viaje de vez en cuando y conocer gente. Alejandro sabía hacia dónde iban esos consejos, siempre.",
"title": "Punto y coma; Capítulo 1. Parte 3",
"updatedAt": "2026-06-06T22:08:02.000Z"
}