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"publishedAt": "2026-06-06T04:37:28.220Z",
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"textContent": "**Capítulo 30**\n\nLos padres de Edna trataron de prepararla cada uno a su manera para superar las inclemencias de la vida. Él con la fe en el creador, ella con la resiliencia humana, pero ahora el creador se mantuvo ausente y fue precisamente el factor humano el que le desgarró la dignidad, la fe. Todo.\n\nSentía como si flotara en medio de ese sótano. Podía ver con su conciencia hacia todas las direcciones sin girar el cuello, porque no tenía forma física. Quería irse de ahí, trascender. Ya no había motivo para vivir, con la confianza en el destino despedazada. Prefería pensar que Dios no existía; de otro modo podría considerar su ausencia como complicidad, y así… así no valía la pena vivir.\n\nHabía visto a Jensen llegar por la espalda de Pancho para ahorcarlo y después darle un beso en los labios. Edna quiso huir, asqueada de la realidad, y no quería encontrarse con el alma de aquella bestia inmunda, pero los espejos eran como portales que la regresaban al mismo lugar. Como si su conciencia rebotara entre ellos y no pudiera dejar de mirarlos sin ser transportada de regreso al centro del sótano.\n\nJensen hablaba solo antes de comenzar a darle compresiones en el pecho para reanimar a su cuerpo desnudo, vulnerado.\n\nEdna sintió una extraña atracción psíquica hacia Jensen, no hacia su propio cuerpo. Comenzó a preocuparse al no poder alejarse, como si se aproximara a la caída de una cascada. En ese momento percibió la vibración en el techo del sótano y sintió en el ambiente unos gruñidos extraños. Los golpeteos sobre la madera se dirigieron hacia el cuarto donde estaban los escalones. Después vio descender a un animal tan extraño que no parecía pertenecer a la misma realidad o a la misma época.\n\nEl cuerpo parecía una especie desconocida de reptil prehistórico, lleno de escamas gruesas de colores vivos, verde, rojo y amarillo, alargado, con un parecido a un dragón chino, con la mandíbula cuadrada y dientes grandes con cuatro colmillos. Tenía cuatro extremidades pequeñas, dos estaban en la parte alta y las otras dos cerca de la parte baja, con garras filosas en sus dedos pequeños.\n\nLa criatura bajó para enfrentarse con Jensen, quien, sorprendido, se puso de pie y protegió con su brazo una mordida que iba a la cara, pero que terminó atrapando el hombro izquierdo para sacudirlo fuertemente.\n\nCon su mano derecha, Jensen alcanzó la pistola que sostenía en el cinturón para comenzar a disparar en medio del zangoloteo.\n\nPara su sorpresa, Edna sintió con gran intensidad la vibración del sonido provocado por los balazos. Durante el forcejeo tiraron la silla; el crujir de la madera y de los huesos rotos de la clavícula de Jensen incomodaron a Edna, quien seguía sintiendo que su alma gravitaba lentamente hacia Jensen como una brújula hacia el norte. Quería alejarse de ellos, pero no podía sostenerse.\n\nLograron levantarse durante el forcejeo y tiraron las dos veladoras, una de las cuales cayó sobre la ropa de Edna. Comenzó a encenderse rápidamente mientras ellos seguían peleando.\n\nLas balas rebotaban en las escamas, hasta que una logró penetrar el cuerpo de la bestia. Jensen logró escabullirse para subir los escalones intentando cerrar la puerta, pero el animal logró alcanzarlo y lo jaló de regreso; ambos cayeron al piso. Jensen quedó encima.\n\n—¡Los dos vamos a morir! —gritó con la voz distorsionada.\n\nLa bestia finalmente logró enredarse en Jensen. Le mordió la cara, destrozándole el rostro con sacudidas violentas. Después le mordió el cuello, desgarrándole la yugular, y la sangre comenzó a salpicar su propio hocico, entrando por sus fosas nasales.\n\nCuando aquel animal se convirtió nuevamente en Justino en medio de una luz brillante, el fuego estaba creciendo rápidamente. Corrió desnudo hasta el cuerpo de Edna tratando de reanimarla, pero no despertaba. No tenía pulso.\n\n—¡Te comando que regreses a tu cuerpo! —gritó con convicción Justino mientras apretaba con su mano derecha la herida de bala que tenía en el costado izquierdo, arriba de la cintura.\n\nEl cuerpo de Edna se sacudió con un espasmo e inhaló aire contaminado con humo. Su cuerpo adormecido por el dolor y el cansancio no podía moverse.\n\nJustino, muy debilitado por la pérdida de sangre y la transformación de cuerpo, la cargó sobre su hombro derecho haciendo un esfuerzo sobrehumano para intentar subirla por los escalones. Edna logró colaborar para ascender por la puerta y salir bajo el calor del piso por el que se escapaban fumarolas de humo.\n\nDe salida, Justino vio su ropa desgarrada tirada en el piso junto a las ataduras mordisqueadas. Levantó su ropa para cubrir a Edna con su gabardina y él se cubrió con el resto.\n\nEdna se paralizó. Al visualizar cómo sería su vida a partir de ese momento, no quería salir de la cabaña, pero Justino la sacó a jalones al no poder cargarla.\n\n—¿Por qué me salvaste? No puedo regresar, no puedo vivir así. ¡No quiero vivir así! —gritó Edna tosiendo mientras se dirigían caminando descalzos hacia los caballos.\n\n—¿Crees que yo viviría en la sierra como un ermitaño, alejado de todo, si no hubiera pasado por algo como lo que tú estás viviendo? Lo sé, parece imposible, pero en este momento no se trata de ti. Se trata de tu familia. Dales una oportunidad. Sube.\n\nLlorando, Edna iba a montar el caballo, pero vieron que algo se acercó a Justino. Ambos voltearon sorprendidos.\n\nLa misma liebre que Jensen había aventado al río regresó llena de lodo, extremadamente agotada, con los ojos abiertos pero la mirada perdida, acercándose insistentemente a Justino. No lo miraba a él. Miraba algo detrás de sus ojos.\n\nAmbos se alejaron en los caballos y la liebre corriendo detrás.",
"title": "La liebre",
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