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"publishedAt": "2026-06-01T00:21:50.747Z",
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"textContent": "**Vidas Prestadas**\n\n**Por David Velázquez**\n\n**Capítulo 1 – Después del Fin de Todo**\n\n“Morí… o creo que morí.”\n\nLee volvía a esa frase porque era la única que no terminaba de traicionarlo.\n\nLa llamada llegó a las 6:14 de la tarde.\n\nNo recordaba el contenido exacto, solo la forma en que la voz del otro lado tardó en acomodarse, como si el lenguaje no alcanzara a sostener lo que tenía que decir. Había respiración contenida, un roce leve de papeles, el intento de alguien por mantener el control de algo que ya no lo tenía.\n\nHospital. Accidente. Esposa. Hija.\n\nDespués de eso, el tiempo perdió bordes reconocibles.\n\nLa taza quedó sobre la mesa durante días. El té se secó en el fondo hasta endurecerse, formando una costra oscura que nadie limpió. Los zapatos de Mei seguían junto a la puerta, el izquierdo apenas adelantado, detenido en un gesto que no había terminado de cerrarse.\n\nLee pasaba cerca de ellos sin tocarlos. A veces los miraba sin intención clara de mirar, como si el simple hecho de reconocer su existencia lo obligara a aceptar algo que todavía no podía nombrar.\n\nEl apartamento empezó a llenarse de presencias ajenas.\n\nPersonas que entraban sin insistir, que abrían ventanas como si el aire necesitara permiso para seguir existiendo, que hablaban en voz baja para no romper algo invisible en las paredes. Pronunciaban su nombre con una suavidad excesiva, como si ya no perteneciera del todo al mismo estado del mundo.\n\nUna mujer lloró en el baño una tarde. Nadie la interrumpió. Nadie supo exactamente cuándo había empezado ese llanto ni cuándo terminó.\n\nDespués dejaron de venir.\n\nEl silencio no llegó de golpe. Se fue quedando cuando ya no había resistencia para expulsarlo. No llenó el espacio: simplemente ocupó lo que otros habían abandonado.\n\nAntes de todo eso estaba el corazón.\n\nPastillas alineadas sobre la mesa, no del todo en orden, como si incluso la medicina hubiera perdido la paciencia con la rutina.\n\nAlarmas que sonaban en momentos que Lee dejaba pasar sin responder. Un cardiólogo que hablaba más con informes impresos que con él, siempre con la misma expresión contenida, como si ya hubiera aceptado un resultado que todavía no decía en voz alta.\n\nReyes.\n\nDespués dejó de tomar algunas dosis.\n\nDespués dejó de contarlas.\n\nLas mañanas se volvieron indistintas entre sí. Despertar dejó de ser un evento reconocible.\n\nA veces el teléfono aparecía en otra habitación sin que hubiera memoria del trayecto. La cortina del salón permanecía torcida desde hacía semanas; la luz entraba en una franja estrecha que avanzaba por el suelo lentamente hasta desaparecer sin transición.\n\nAfuera, Chicago continuaba sin detenerse.\n\nAutobuses. Sirenas. Un perro ladrando dos pisos abajo, siempre en el mismo tono.\n\nTodo llegaba amortiguado, como si el mundo hubiera empezado a perder consistencia.\n\nEl día en que ocurrió, Lee estaba sentado junto a la ventana sin hacer nada en particular. No había pensamiento claro, solo una permanencia sin dirección. Entonces algo cedió y no fue dolor primero. Fue interrupción.\n\nComo si una continuidad interna hubiera olvidado cómo sostenerse.\n\nLa respiración perdió su ritmo.\n\nEl pulso dejó de coincidir consigo mismo.\n\nY el nombre apareció otra vez.\n\nMei.\n\nNo como recuerdo completo.\n\nComo fragmento que no encontraba dónde asentarse.\n\nEl cuerpo intentó responder, pero la respuesta llegó tarde.\n\nEl suelo llegó antes.\n\nDespués, un intervalo sin forma. Ni sueño ni ausencia. Solo suspensión, y luego el frío.\n\nReal y persistente.\n\nCuando abrió los ojos, el techo era otro.\n\nManchas de humedad extendidas como mapas incompletos. Luz amarilla. Un espacio que no reconocía ni como amenaza ni como refugio.\n\nSu mano estaba frente a él. Moviéndose, no por orden, no por reflejo.\n\nSino como si algo hubiera decidido continuar usando el cuerpo sin pedir permiso.\n\nY en algún lugar imposible de ubicar con precisión, algo respondió.\n\n**Capítulo 2 – Abrí los ojos**\n\nEl frío no desapareció cuando intentó incorporarse.\n\nSeguía adherido al cuerpo como una segunda superficie, instalado debajo de la piel, avanzando lentamente por músculos que no reconocía del todo como propios.\n\nLee apoyó una mano sobre el suelo para levantarse y sintió una textura extraña, áspera y húmeda al mismo tiempo, parecida a piedra cubierta por una condensación fina. El equilibrio tardó en responderle. Durante un instante tuvo la sensación absurda de que el cuarto estaba ligeramente inclinado, como si la gravedad llegara desde un ángulo incorrecto.\n\nLa habitación era grande, aunque no podía calcular sus dimensiones con precisión. Las paredes no formaban esquinas limpias; parecían curvarse apenas hacia adentro, deformando la percepción del espacio. Había tuberías expuestas recorriendo el techo bajo una capa de vapor tenue que descendía lentamente y desaparecía antes de tocar el suelo.\n\nLa luz amarilla provenía de una abertura rectangular incrustada en la pared. No vibraba como una lámpara defectuosa ni emitía el zumbido eléctrico que esperaba escuchar. Permanecía estable, demasiado estable, proyectando sombras suaves que parecían no coincidir del todo con los objetos.\n\nLee respiró hondo y algo se sintió mal inmediatamente.\n\nNo era dolor ni era ritmo.\n\nEl aire entró demasiado fácil.\n\nNo había presión en el pecho. Ninguna resistencia familiar. Ningún retraso cardíaco después de inhalar. Esperó el latido irregular que normalmente aparecía después de cualquier esfuerzo mínimo, pero el cuerpo permaneció silenciosamente eficiente, funcionando con una naturalidad que le resultó ajena.\n\nSe quedó inmóvil.\n\nEntonces volvió a respirar, más rápido esta vez, casi desesperadamente, intentando encontrar la falla.\n\nNada.\n\nEl corazón respondió con una estabilidad imposible.\n\nUna sensación incómoda empezó a crecerle detrás de los ojos.\n\nBajó la mirada hacia sus manos otra vez.\n\nTres dedos largos. Uñas cortas.\n\nNo había las pequeñas manchas que habían empezado a aparecer con los años. No había resequedad alrededor de los nudillos. Incluso las venas bajo la superficie parecían acomodadas con una simetría incómoda.\n\nSe tocó el rostro rápidamente.\n\nLa barba no estaba.\n\nHabía pasado semanas sin afeitarse antes de morir. Recordaba claramente la sensación irregular sobre la mandíbula, el peso descuidado de alguien que había dejado de verse en espejos por razones que ya no necesitaban explicación.\n\nAhora la piel estaba lisa.\n\nEl pensamiento apareció completo esta vez, sin la neblina que lo había acompañado desde que despertó.\n\nPorque recordaba haber muerto.\n\nNo metafóricamente. No como una exageración nacida del dolor o del duelo.\n\nRecordaba el suelo acercándose.\n\nRecordaba el corte abrupto en la respiración.\n\nRecordaba la oscuridad posterior, esa suspensión informe donde incluso el tiempo parecía haberse detenido.\n\nY después había despertado ahí.\n\nUn sonido metálico atravesó la habitación.\n\nLee levantó la cabeza de inmediato.\n\nNo provenía de una puerta abriéndose ni de maquinaria reconocible. Era un golpe seco y hueco que pareció viajar por dentro de las paredes antes de extinguirse lentamente en algún lugar lejano.\n\nEntonces escuchó voces.\n\nNo entendió las palabras.\n\nEl idioma llegaba amortiguado, compuesto por sonidos fluidos que parecían deslizarse unos dentro de otros sin separación clara. Había una musicalidad involuntaria en la forma en que hablaban, aunque debajo de ella existía algo contenido, una tensión difícil de ocultar.\n\nEl impacto contra la superficie produjo un sonido más fuerte del esperado y las voces del otro lado se interrumpieron inmediatamente.\n\nSilencio. Después pasos. No eran pisadas humanas.\n\nNo exactamente.\n\nHabía una irregularidad leve en el ritmo, como si las articulaciones funcionaran bajo una distribución distinta del peso.\n\nLos pasos se acercaron lentamente hasta detenerse justo afuera.\n\nLee sintió el aire cambiar antes de que ocurriera nada más.\n\nLa pared frente a él emitió un chasquido bajo y una línea vertical apareció en el centro. No parecía una puerta visible hasta ese momento; más bien daba la impresión de que el material había decidido separarse.\n\nLa abertura se deslizó hacia los lados.\n\nLa figura del otro lado permaneció quieta.\n\nAlta y demasiado delgada.\n\nVestía una especie de tela gris adherida al cuerpo sin costuras visibles y tenía las manos extendidas ligeramente hacia adelante, mostrando las palmas vacías en un gesto que Lee reconoció antes de entenderlo.\n\nCalma.\n\nLa criatura lo observaba con una intensidad difícil de sostener.\n\nSu rostro conservaba proporciones inquietantemente cercanas a las humanas, pero había diferencias imposibles de ignorar. Los ojos eran más grandes y oscuros, sin una división clara entre iris y pupila. La piel tenía un tono pálido que parecía absorber la luz en vez de reflejarla. No había cabello. Tampoco cejas. El rostro entero transmitía la impresión incómoda de algo diseñado para parecer familiar sin haber comprendido completamente el concepto.\n\nLee sintió una presión inmediata en el pecho.\n\nNo por miedo sino por reconocimiento incompleto.\n\nComo cuando un sueño empieza a mezclarse con recuerdos reales.\n\nLa criatura dio un paso lento hacia adelante.\n\nDespués habló.\n\nY aunque las palabras seguían siendo incomprensibles, Lee entendió una cosa de inmediato.\n\nEstaban sorprendidos de verlo despierto.",
"title": "Vidas Prestadas Cap 1-2",
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