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  "publishedAt": "2026-05-26T04:11:29.368Z",
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  "textContent": "El tiempo no existe, más allá de nuestros ojos. Más allá de nuestra piel, entre la repulsión de nuestros órganos, en un instante donde la inmediatez se mezcla con la eternidad.\n\nUna noche Juana de Arco apareció en mi ventana, me dijo que podía hacer lo que quisiera con mi vida y, ante mi negativa, atravesó mi garganta con su lanza; luego voló en una tela de lino por los aires y se perdió entre un eclipse solar.\n\nMe gustaría que se hubiera quedado a entender por qué le dije que no, que tuviera compasión por mi garganta rota. No es progresista no mostrar compasión. Juana de Arco me dijo que podía hacer lo que quisiera, menos decirle que no.\n\nHace tantos días que no escribo, por falta de voluntad y temas, no lo negaré; pero justo hoy me empecé a sentir como una extraña en mi propio espacio, como un ser hambriento de productividad, con comillas hispanas, no “gringas”.\n\nY pensé que podía escribir sobre el amor; pero no quiero escribir sobre el amor, hay demasiados textos sobre el amor, como sentimiento, institución y mercancía, ¿qué podría decir yo sobre el amor?\n\nA veces me gustaría tener una pareja, que me amaran, tener a alguien que conozca mi corazón por siempre y poder estar callada, pero no te estoy hablando de amor, imposible escribirlo. El amor es individualista, una mutación en tiempos del capital.\n\nPor eso decidí que no me gustaría tener un amor, porque el amor es extraño. No sé si Juana de Arco tuvo un amor; nunca leí sobre ella, tampoco sé si tenía una lanza.\n\nEse día, cuando Juana surcó los cielos, me quedé pensando en un refrán chino que leí en un artículo periodístico:\n\n« _Árbol que crece torcido, vive su propia vida, pero uno que crece recto se convierte en madera_ ».\n\n¿Juana de Arco habrá vivido su propia vida o nació para ser progresista? Tampoco me respondió eso, y eso que yo le grité con todas mis fuerzas; sentí que mi voz creó ondas en el cielo y la tocó, pero parece que no la tocó de verdad.\n\nTe digo que, ese día, sí le grité, la toqué, la sentí; pero ella no me respondió. No la entiendo.\n\nEsa noche, cuando llegó y se sentó en el borde de mi ventana, me dijo: « _Te doy el mundo_ ». Así, como si yo la hubiera llamado, o peor aún, sin preguntarme si lo quería.\n\nEl mundo era grande; me lo mostró con las manos, cabía entre sus palmas. Tenía ciudades y ríos y gente que me amaría. Tenía proyectos del tamaño de montañas y propósitos y una versión de mí que crecía recta hacia arriba.\n\nPero yo a esa loca no la invité, así que le dije que no.\n\nNo me preguntó por qué. Supongo que no le gustó ser tratada como loca; porque para loca yo: el mundo entero y yo diciéndole que no, eso no tenía sentido. Entonces sacó su lanza; fue increíble.\n\nCuando Juana desapareció entre el eclipse, me quedé mirando el hueco que dejó en la ventana. El aire todavía olía a metal; tal vez a sangre. Me toqué la garganta, y apareció una ventana en el cielo diciendo que me podía curar si pagaba la suscripción de 0.50$ y un módico curso por 99.50$\n\nNo sé cuánto tiempo estuve así. El tiempo no existe, ya lo dije. Y tampoco quería pagar.\n\nEntonces escuché pasos.\n\nUna figura delgada, seria y con los lentes torcidos entró por la puerta de enfrente; era Simone Weil, y tenía una expresión de protagonista de novela.\n\nSe sentó en el piso y me miró con compasión, me preguntó por mi garganta, pero no le respondí. Así que ella habló, me dijo que había estado muy bien. Que rechazar el mundo era el primer gesto verdadero; que debía abrazar mi soledad, preservarla, esperar hasta que llegara un afecto verdadero.\n\nLa miré. Yo la conozco, y sé que no me estaba imponiendo nada.\n\nAun así, le dije: Simone, tú tampoco me preguntaste bien. Pues, ¿quién te crees que eres?\n\nElla abrió la boca, pero yo ya estaba gritando. Le grité que vería qué hacía con mi vida, que nadie me había preguntado si quería amor, que esto no se trataba de amor, que yo no había pedido ni el mundo ni la renuncia ni la santa soledad ni ninguna de las formas en que otros deciden lo que una necesita.\n\nSimone Weil me miró, pero no emitió palabra. Así que empecé a hablar sobre el amor.\n\n—¿Qué haré ahora con mi soledad? Las luces se hacen más opacas, el espacio se cierra a mi alrededor y tengo hambre; realmente no le quería gritar, no sé por qué esas palabras salieron de mi boca. ¿Cómo es posible que siga hablando en estas condiciones?\n\nWeil seguía sin hablar, me escuchó pacientemente por unos segundos más, hasta que me miró a los ojos, sonrió, se puso de pie y solo salió por la puerta. Fue increíble, Juana a la inversa.\n\nSe fue por donde vino.\n\n¿Era tan difícil sentir amor? Debí ser una estúpida. Claro que no era difícil hablar sobre amor; lo difícil siempre fue el sentimiento. La distancia, la realidad y la madera.\n\nPobre Juana, creo que ella también fue víctima del amor.\n\n¿Qué hice? No lo sé, porque tal vez me morí por no pagar la bendita suscripción.",
  "title": "Juana de Arco me susurra de noche",
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