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"publishedAt": "2026-05-23T00:06:38.206Z",
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"textContent": "# Capitulo Nueve: Caminante en mis pies\n\nShin llevaba varias horas atravesando campo de batalla tras campo de batalla.\n\nUn mapa manchado de sangre, una brújula y un reloj convencional eran su única compañía. La vista a su alrededor no había cambiado. Soldados y maquinaria destrozada, meteoritos cayendo del cielo en una lluvia constante, la espiral en el cielo amenazante pero silenciosa. Sus pasos, antes lentos y cautos, se habían vuelto más rápidos y pesados. Los brazos ya no cruzados sino a los lados, los puños apretados. En horas de caminata no había encontrado una sola alma viva y eso comenzaba a irritarla.\n\nEl cielo se oscurecía dejando ver una luna cobriza que teñía la nieve de naranja.\n\nSe detuvo junto a un río de corriente lenta, rojo como todo lo demás en este lugar. Miró hacia donde llevaba. Solo más bosque.\n\nPegó un grito al aire y pateó el agua, salpicándose ella misma y todo a su alrededor. Luego tomó el mapa otra vez e intentó ubicarse, pero la sangre reseca en el papel se lo dificultaba y en todo el recorrido no había encontrado otro en mejor estado.\n\nSe agachó junto al río con el mapa extendido sobre las rodillas, mordiéndose el pulgar con leve fuerza mientras analizaba lo poco que podía distinguir.\n\nPasaron varios minutos hasta que algo cayó al otro lado del río frente a ella, no con estruendo pero sí con suficiente peso para notarse. Un vapor de humo comenzó a salir de la nieve. Luego otro impacto.\n\nOtro más.\n\nVarios golpes extraños al otro lado del río la hicieron levantar la mirada hacia el cielo ya estrellado.\n\nEl cielo sobre ella estaba tapado por una enorme bola de fuego que caía directo hacia su posición.\n\nSe puso de pie de un salto apretando el mapa en la mano y comenzó a correr en dirección contraria.\n\nMás impactos caían frente a ella, a sus lados, por detrás, cada vez más grandes. Uno cayó directo frente a su nariz con tal fuerza que la tiró sentada sobre la nieve.\n\nFue entonces cuando notó que lo que caía envuelto en llamas no era roca.\n\nEra metal.\n\nPedazos enormes de estructura destrozada comenzaban a llover a su alrededor, lo que la hizo ponerse de pie y correr más rápido mientras los esquivaba. Se adentró en el bosque espeso pero la bola de fuego impactó justo detrás de ella causando una explosión que la sacó volando entre los árboles. Las ramas se rompían contra su cuerpo y los troncos se hacían pedazos a medida que una enorme nave en llamas se arrastraba por el suelo tras su impacto.\n\nCayó varios metros antes de detenerse.\n\nSe puso de pie de manera lenta, jadeante, limpiándose la cara con el brazo mientras miraba el caos producido a su alrededor. El bosque comenzaba a incendiarse. La nave ardía en su centro como una hoguera de acero.\n\nTodos los meteoritos que había visto caer durante el día podían ser naves. Naves entrando a la atmósfera.\n\nSe acercó a la nave con pasos pesados, bajando por el terreno húmedo apoyándose con las manos. Cuando se acercó lo suficiente oyó el fuego devorando el metal por fuera y por dentro, pero también oyó otra cosa. Un golpeteo irregular en el interior de la carcasa.\n\n—¿Atrapados?…\n\nMurmuró para sí misma mientras avanzaba por el costado buscando la cabina. El calor que irradiaba la nave era agradable en aquel frío, pero la obligaba a entrecerrar los ojos.\n\nEl golpeteo se hizo más fuerte, más constante, hasta ser interrumpido por un impacto desde adentro que abolló la carcasa hacia afuera. Shin se detuvo en seco. Otro golpe sacudió la nave entera y el metal cedió de manera estruendosa cuando alguien fue lanzado hacia afuera por el agujero que había abierto con su propio cuerpo.\n\nShin se tiró al suelo pecho tierra. Era lo único que podía hacer sin nada con qué defenderse.\n\nObservó desde ahí.\n\nEl que había salido era un soldado de armadura negra con pinchos en los hombros y un casco con dos grandes cuernos en la cabeza y otros dos laterales, forma de dragón. Uno de los lados estaba partido, hecho pedazos, dejando ver la mitad del rostro de un hombre joven cuya expresión, iluminada por el fuego de la nave, hablaba de cansancio y dolor físico. Se sujetaba el costado con una mano mientras miraba el agujero en el metal.\n\nShin hizo lo mismo.\n\nDel interior comenzó a salir otra figura. Primero las manos apoyándose en la carcasa destrozada, luego un pie al frente. Una armadura roja de diseño similar a la negra, con un casco cuyas diferencias eran varios cuernos más pequeños a lo largo del yelmo y, en la parte trasera, una larga trenza de cabello blanco que caía desde el interior del casco.\n\nAmbos se miraron a la cara.\n\nShin permanecía oculta, demasiado cerca para moverse sin ser descubierta.\n\nLa de armadura roja levantó su espada hacia el de armadura negra y una voz metálica pero femenina salió del casco.\n\n—Entra en razón, Karvios… por favor…\n\n—Tú eres la única loca aquí.\n\nLa mujer dejó salir un largo suspiro y bajó la espada lentamente sin apartar la mirada.\n\n—Si ya decidiste morir por él… que así sea, Hermano…\n\nEl de armadura negra no se movió. No levantó las manos. No se inmutó. Se dejó apuñalar directo en el pecho con un sonido rechinante de acero contra acero, cayendo ambos sobre la nieve con ella encima de él.\n\nShin podía ver el lado descubierto del rostro del chico. Las lágrimas que caían mientras miraba hacia arriba, hacia una hermana cuya expresión permanecía oculta bajo el casco.\n\nNo se escuchaba nada de ella más que su respiración. Él sí logró decir algo.\n\n—Déjame… al menos verte…\n\nLo murmuró con una voz apagada.\n\nLa chica de armadura roja se puso de pie sobre su hermano y retiró la espada de su pecho lanzándola hacia un lado. Llevó la mano a su cuello y la apretó levemente. Un sonido metálico se oyó desde el casco y este comenzó a abrirse desde la nuca, separándose por los lados y acomodándose sobre los hombros como charreteras puntiagudas.\n\nShin se tapó la boca con la mano.\n\nTodo le subió por la garganta de manera ácida cuando vio el rostro de aquella chica.\n\nSu rostro.\n\nSu mente se mareó. La vista se le difuminó. Quería dejar de mirar pero algo en su cuerpo no se lo permitía.\n\nLa chica solo miraba hacia abajo, hacia su hermano, el cual sonrió una última vez con lágrimas cayendo antes de murmurar.\n\n—Siempre… serás mi hermana, Shin…\n\nFue lo último que dijo ante una hermana muda que tomó su espada y la guardó en la vaina al costado de su cintura.\n\nShin retenía el vómito con todo lo que tenía, más ahora que había oído ese nombre, pero se le hizo imposible soportarlo con tantas preguntas arrasándole la mente. Lo dejó salir de manera audible.\n\nLa otra Shin, que ya había dado la espalda y dado unos pasos, oyó el sonido y se giró.\n\nSus miradas se cruzaron.\n\nAmbas se quedaron con la misma expresión, cejas alzadas, ojos clavados en los ojos de la otra, como mirarse en un espejo roto que devolvía algo que no debería existir.\n\nLa otra llevó la mano al estómago con la misma sensación que la propia Shin sentía en sus entrañas, cubriéndose la boca con la otra mano mientras daba un paso hacia atrás.\n\nShin hizo lo mismo.\n\nLa otra sacudió la cabeza y dio un paso hacia adelante sin quitarle la mirada.",
"title": "Los Viajes de Shin",
"updatedAt": "2026-05-22T22:41:35.000Z"
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