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"publishedAt": "2026-05-22T12:05:22.817Z",
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"textContent": "# **Prólogo: León es marrón rojizo.**\n\nEl cielo está gris. Es el segundo domingo de Octubre y, aunque dice el señor del tiempo que desde el centro de España para abajo luce el Sol con 30º, aquí, en León, el cielo está gris. No es que haga frío —al menos no como los paisanos de aquí lo consideran— , pero la sensación es un poco desesperanzadora.\n\nEn Sevilla, mi ciudad natal, hasta que no llega la primera semana de Noviembre no necesita una «una chaquetita», ¡y eso por la noche! Es algo que recuerdo perfectamente de mis años de desasosegada juventud, donde intentaba celebrar mi cumpleaños con un botellón en las orillas del río: poco dinero y ganas de beber suficiente.\n\nSin embargo, León no es gris. En mi escala de colores emocionales para las ciudades Madrid sí lo es; Sevilla en cambio es dorada y León es de un cálido marrón rojizo. Eso la sitúa bastante mejor para mi humor que Madrid, pero peor que Sevilla. Me parece que ninguna otra la podrá superar.\n\nEs obvio que cuando una se muda a otro sitio, habiendo disfrutado del lugar anterior mucho tiempo y considerándolo su hogar: se le queda una imagen idealizada. No se va a corresponder con la real, claro, pero tampoco con la real actual, con esa muchísimo menos. Hace unos años que juego con la teoría de que el que migra ha perdido su “lugar” en el sitio del que se marcha, no es que no pueda volver —igual tiene un piso allí, su familia o esos objetos que no quieres tirar pero que no eran tan importantes como para llevártelos—; no se trata de eso. La idea a la que me refiero es que: habitaba en un punto del tiempo, espacio, desarrollo personal y con un círculo de personas a su alrededor que solo confluía en ese lugar y momento, entonces ya, aunque vuelva, todo eso no lo va a conseguir repetir, ni retomar, ni revivir. Las cosas cambian, la gente se habitúa a vivir sin ti, tu lugar allí es invadido, mutado, variado, despersonalizado. Todo se adapta, como tú te adaptaste a vivir en otro espacio. Es triste para el migrante, pero ya no tiene patria en ese sentido ni lugar en el mundo; los que tenía se perdieron en el paso del tiempo.\n\nGris, triste, desesperanzador… es curioso que describes el tipo de climatología del día y ya te estás traicionando a ti misma con tus palabras. ¿Acaso no sabes ser discreta? ¿Tener la boca callada? ¿Despersonalizar un texto? Pues no. Cuando una escribe algo de ella siempre va detrás de lo que teclea. En cualquier caso yo no me encuentro ahora mismo ni gris, ni triste, ni desesperanzada. No especialmente. Si decido hacer una pequeña introspección seguramente llegaría hasta el hecho de que no soy una persona optimista, me gusta decir que «soy realista» aunque creo que muchos piensan que soy simplemente negativa y tocapelotas. Supongo que ese aire se tiene que colar en mis palabras y que, en lugar de intentar esquivarlo, debería convertirlo en mi sello de identidad: una fina ironía con giros de humor negro, crítica constante y cierta amargura vital. Presumir de todo lo que sale mal y hacer ver que me río de ello.\n\nComo si el libro de la Ley de Murphy fuera una comedia.",
"title": "La vida en un ratito: Crónicas de lo cotidiano. Prólogo.",
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