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"publishedAt": "2026-05-22T12:05:18.131Z",
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"textContent": "# **Turno nocturno perpetuo**\n\nLas luces blancas del pasillo destellaban con una intermitencia violenta, hiriendo mis pupilas a cada paso. El chirrido metálico de las ruedas de la camilla resonaba contra el suelo de terrazo, amplificado por el eco de un edificio antiguo. A mi derecha, un joven médico de apenas unos veintitrés años —con el rostro demacrado por el cansancio— empujaba la estructura con desesperación; a mi izquierda, un par de monjas vestidas con hábitos impolutos asistían al muchacho en silencio, moviendo las manos con una presteza mecánica y fantasmal. Intenté hablar, preguntar qué había sucedido, pero mi voz se ahogó en la garganta. De repente, la realidad se desvaneció y todo se sumergió en una absoluta y densa oscuridad. Cuando recuperé el conocimiento, lo primero que percibí no fue la luz, sino el olor. Un aroma penetrante a alcohol antiséptico, humedad y medicamentos rancios inundaba el aire, confirmando mis peores sospechas: estaba en un hospital. «Puta», pensé para mis adentros con amargura. Los últimos recuerdos flotaban en mi mente de forma fragmentada: el galope errático de mi caballo, un mal paso en la penumbra del camino, la pérdida del control y el impacto seco contra el suelo. El resto era un vacío confuso. El crujido de la madera interrumpió mis pensamientos. La pesada puerta de la habitación se abrió de par en par, permitiendo el ingreso de la monja y el joven interno que había visto antes de perder el sentido. El médico se acercó a los pies de la cama, desveló una tabla con papeles y comenzó a dictar en voz alta con un tono monótono:\n\n—Paciente masculino de 30 años. Nombre: Rubén Mauricio Flores Bellorín. Estado: consciente.\n\nMientras el joven tomaba notas apresuradas, la religiosa se inclinó sobre mí para revisar mis signos vitales con dedos inusualmente fríos. Su rostro permanecía oculto bajo la sombra del hábito.\n\n—¿Alguna anomalía, Hermana Socorro? —preguntó el doctor sin levantar la vista de la libreta.\n\n—Ninguna, doctor. Todo en orden —respondió ella con un hilo de voz que helaba la sangre.\n\n—Bien —asintió el médico. Al clavar sus ojos en mí, noté las profundas ojeras que enmarcaban su mirada cansada; parecía llevar siglos sin dormir—. Bien, señor Rubén. Sufrió una caída fuerte, pero afortunadamente no detectamos daño neuronal ni traumatismos visibles. Solamente un pequeño esguince en el tobillo. Sin embargo, pasará la noche aquí en observación para asegurarnos de que todo evolucione correctamente. ¿Tiene alguna duda?\n\n—No, doctor —respondí, anhelando que se marcharan para poder descansar.\n\n—Perfecto. Si necesita cualquier cosa, toque la campana que tiene en la mesa de noche. Alguna de las hermanas o el médico de guardia vendrá a asistirlo. Buenas noches, don Rubén.\n\n—Buenas noches, doctor. Buenas noches, hermana —alcancé a decir mientras los veía cruzar el umbral y cerrar la puerta tras de sí.\n\nLa noche avanzó en una quietud sepulcral, interrumpida únicamente por el eco lejano del viento que golpeaba los ventanales del viejo hospital. El ambiente se volvió denso, casi masticable. De pronto, un espasmo violento recorrió mi columna. Un dolor agudo, punzante e insoportable se apoderó de mi cuerpo, naciendo desde el pecho y extendiéndose hacia las extremidades como si mis propios huesos intentaran astillarse dentro de la carne. Desesperado, estiré la mano temblorosa hacia la mesa de noche y agarré la pequeña campana de bronce. La agité con todas mis fuerzas. El tintineo agudo rompió el silencio de la madrugada una, dos, tres veces, repitiéndose durante lo que me parecieron horas. Nadie acudió. El pasillo exterior permanecía en un silencio absoluto, como si el hospital entero hubiese sido abandonado. Entonces, el ambiente se congeló. El pomo de la puerta giró lentamente y esta se abrió de golpe con un gemido lúgubre. Lo que entró por el umbral desafió toda lógica humana. Primero aparecieron unas extremidades largas, negras y articuladas; unas piernas idénticas a las de una araña gigante que se estiraban y se doblaban de forma grotesca para abrirse paso en el estrecho marco. El terror me paralizó las cuerdas vocales cuando el resto del cuerpo emergió de las sombras. Era una criatura aberrante: un torso humano vestido con la pulcra bata blanca de un doctor, pero sostenido en el aire por ocho patas aracniformes que crujían a cada paso contra el suelo. El miedo me invadió por completo; intenté gritar, levantarme de la cama, huir, pero mis músculos no respondían, sometidos a una parálisis absoluta ante la visión del monstruo. La criatura se acercó a mi camilla con movimientos fluidos y antinaturales. El rostro del doctor permanecía inexpresivo, con los ojos fijos en mi agonía.\n\nSin previo aviso, el ser alzó una de sus afiladas patas delanteras. La punta, negra y puntiaguda como una lanza, descendió con velocidad y se clavó directamente en el centro de mi pecho.\n\nCerré los ojos esperando el desgarro de la carne y el brote de sangre, pero la sensación fue desconcertante. No hubo dolor. Al contrario, un frío analgésico comenzó a expandirse desde la herida hacia todo mi organismo. El tormento que minutos antes me hacía retorcerme desapareció por completo, dejando en su lugar una paz profunda y anestésica.\n\nLa criatura, al observar que mi respiración se estabilizaba y que me encontraba mejor, retiró la extremidad con delicadeza. Dio media vuelta y, con el mismo caminar rítmico y espeluznante, abandonó la habitación perdiéndose en la oscuridad del pasillo.\n\nSe dice que en el Antiguo Hospital San Juan de Dios, ubicado en Granada, Nicaragua, la presencia de este misterioso doctor acecha las ruinas hasta el día de hoy. Los lugareños cuentan que, en los años de gloria del nosocomio, cuando un paciente padecía un dolor incontrolable y la medicina humana fallaba, esta entidad mística aparecía para asistirlo y aliviar su sufrimiento. Actualmente, el hospital está abandonado y yace en ruinas, devorado por la maleza; sin embargo, quienes se atreven a caminar cerca de sus muros durante las noches aseguran escuchar con claridad el eco de varias patas largas caminando al mismo tiempo sobre el asfalto.",
"title": "Pequeños cuentos de fantasmas.",
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