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  "publishedAt": "2026-05-21T10:02:46.871Z",
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  "textContent": "Sus manos temblaban, su pecho iba a un ritmo particular, acelerado pero no lo suficiente para alarmarse, su cabello volaba en marañas parecidas a garabatos en un libro infantil. Podría decir que la habíamos perdido en cuanto la atrapamos, pero por alguna razón parecía que era ella la que nos evadía en las sombras con elegancia. Era entendible. No tenía nada que ganar, y lo que había perdido yacía en el suelo: Una horquilla hecha de lo que parecía ser metal mezclado con una roca desconocida que al mirarla a la luz de los rayos del Sol destellaba en mil colores y un cuaderno de notas.\n\nEl cuaderno era antiguo, a pesar de eso no estaba desgastado, se apreciaba en sus hojas amarillentas. Sin lugar a dudas parecía mucho más común que la horquilla, de no ser por los extraños motivos dorados con círculos y polígonos que aparecían en su portada dependiendo de en que dirección lo sostuvieras.\n\nLa postura de la mujer se mantenía estoica sobre una roca con el lago a sus espaldas. Los primeros indicios del atardecer despertaban en tonos rojizos en el cielo, en el agua y en los nubarrones de su cabello castaño.\n\n—Nada de esto te será devuelto hasta que no expliques su procedencia—expliqué, aunque más con un tono de sentencia.\n\nEl silencio que siguió amplificó mi sensación de desconexión con mis compañeros de vigía y me permitió bocetear los rasgos de ella en mi memoria. Su piel era clara dando forma a un rostro rectangular, sus ojos marrones de nutria se veían enfrascados en una batalla que distaba mucho de ser con nosotros aunque su nariz corta y aguileña rezumaba frialdad y brotes de resquemor. Tal vez vestigios de una heráldica aristocrática.\n\n—Fue un regalo de mi existencia. Ella decidió equiparme con ellos desde que vine al mundo.—habló por fin con una voz suave pero grave y que no iba dirigida a ningún lugar.\n\nResoplé. Me negué a mirar a Barton, Evans y Raciel sólo para imitar la expresión aturdida, que bien sabía que compartíamos desde que capturamos a aquella mujer.\n\nLa gravedad en su voz me hizo dudar por primera vez de si aún se encontraba en control de ella misma. Crucé mis brazos, perfilé mi mirada para estudiarla con más atención aún. Mi ojo derecho, el que era especialmente bueno desmontando farsas se endureció y su respectiva ceja se arqueó.\n\n—No quieras jugar a los acertijos y los laberintos ahora. Sé que tienes miedo.—respondí después de hacer mi diagnóstico.\n\nSabía que debía esperar el momento adecuado. Lo veía en sus mejillas rígidas. Esperé hasta que vi que los dedos de su mano izquierda envolvieron el índice derecho con la velocidad de una flor marchitándose y sus ojos con ésa misma extraña solemnidad moribunda decidieron encontrarse con los míos.\n\n—Lo que en verdad te ayudará, será decir lo que sabes que debes decir y no mentir—agregué casi seguro de que había logrado ser lo suficientemente conciente con ése énfasis final en “no mentir”.\n\nLos ojos de una nutria y un halcón no se entienden bien al primer instante. Quise hablar de nuevo, con mucha más franqueza cruda para dejarle claro que no toleraría otro silencio disidente. Sin embargo, empezó a sentirse seca. La inevitable necesidad de toser. Dejé que mi cuerpo hiciera lo suyo, lo que nunca esperé fue que siendo llamados mis ojos a cerrarse desobedecieran. No podía dejar de mirar a ésos ojos ambiguos de nutria que absorbían los colores del atardecer mientras mi garganta luchaba por absorber oxígeno.\n\nMe doblé un poco cuando una de mis manos llegó a mi garganta. Lo que pasó por mi mente, fue que justo así se sentían los prisioneros antes de caer de rodillas en las ejecuciones.\n\nLa palma de Barton cayó sobre mi espalda con todo su peso.\n\n—Ey, ¿estás bien?—lo escuché decir.\n\nLo siguiente que percibí por el rabillo del ojo, fue su silueta avanzando para ponerse frente a mí, lo noté con dificultad pues mis ojos seguían atados a los de ésa extraña inquietante que ahora respiraba en a un compás aún más preocupante que el mío y en el borde de sus iris pude apreciar un brillo similar al de la piedra en su horquilla.\n\n—¿Q-qué está pasando?—preguntaron Evans y Raciel al unísono.\n\nApenas Barton se puso frente a mí, empezó a vibrar. Como lo harían las cuerdas de una guitarra. Por un momento pensé que estaba temblando pero era demasiado rítmico, y lo que me daba más certeza de que aquello no era algo normal: Seguía viendo, a través de él, los ojos de la bruja.\n\nElla se levantó despacio de la roca, inclinando ligeramente la cabeza y entornando la mirada, lo que resaltó aquella aura extraña en sus iris.\n\n—Tú estás muy cerca de mis obsequios—hizo notar, señalando con su brazo extendido—Y tú pides explicaciones como si pudieras entenderlas—sentenció con el mismo tono de voz que había usado antes pero esta vez sonó atronador.\n\nSupe de inmediato que ante mí tenía otra mirada de halcón a la que enfrentarme, porque mientras la miraba a ella podía ver a Evans y a Raciel tras de mí, sosteniendo sus armas como un par de chiquillos inexpertos que habían olvidado el abecedario del entrenamiento.\n\nApenas tenía algún control sobre mi cuerpo y no comprendía nada de lo que estaba sucediendo. Ya ni siquiera sabía si el tiempo transcurría normalmente. Barton estaba suspendido, como si fuera una imagen residual atrapada por error. Y yo, aunque sentía que me ahogaba no me había desmayado. Tal vez era que aún no sucedía.\n\nAquella mujer, aquella “cosa”, avanzó hacia los objetos tirados sobre la hierba. De inmediato sentí que el atragantamiento crecía junto a una repulsión visceral. No podía estar seguro, pero era como si mi caja torácica vibrara debido a toda la impotencia que cargaba en su interior. Nada era seguro, ni siquiera la supervivencia de mi patrulla. Caí de rodillas frente a Barton. Supuse que mis ojos por fin se cerrarían pero no pasó. ¿Qué había ocurrido? ¿De pronto era un espectador en mi propio cuerpo? ¿De pronto sentía interés genuino en mis compañeros de patrulla?\n\nElla se inclinó a recoger la horquilla, la ocultó dentro de la manga ancha de su vestido. Pese a que sus manos seguían temblando y su respiración se desbocaba sin aviso, sus movimientos fueron ágiles. Me pregunté si todos ésos “síntomas” eran resultado de lo que estaba provocando o si cuando la perseguimos por el bosque sintió terror real. Después de todo si podía hacer esto desde el principio, ¿por qué no lo hizo? ¿Por qué no acabó con nosotros?\n\nDe pronto, su mirada volvió a aproximarse a la mía como si viniera a cientos de kilómetros atravesando el campo. Nuestros ojos se impactaron tal cual balas de cañón lanzadas en curso de colisión irremediable.\n\n—¿Qué se aleja como uno y vuelve como varios? ¿Y sigue apareciendo aún cuando ya no existe?—preguntó con un hilo de voz cuando estuvo a mi nivel del suelo.\n\nLa respuesta era tan sencilla, pero temí decirla incluso para mis adentros. El aire comenzó a escasear con más fuerza y eso provocó que mi cuerpo se apretara con furia.\n\n«Un recuerdo.» pensé y mis ojos comenzaron a cerrarse. No esta vez. Quise que se abrieran aunque siguiera observando a cada una de las leyes de la naturaleza romperse. No quería saber qué venía después.\n\nSupe que la mínima resistencia que pude poner había fallado, cuando me encontré sosteniéndome de una cuerda que lijaba mis manos al descender. Supe de inmediato dónde estaba al oler la inconfundible humedad de la roca proveniente de la caverna a cientos de metros bajo nosotros. Ésa misma certeza cruel no dejó ninguna duda de a quién encontraría al girar mi cabeza hacia la izquierda.\n\nEntonces la vi, con su uniforme negro de vigía y su gran sonrisa que hacía un perfecto contraste. Era tan real. Podía ver cada mechón de su cabello rubio siendo movido por el viento, hasta que siguió su descenso.\n\nDe las profundidades de la caverna, emergieron unos rugidos que hicieron a la roca temblar. Reaccioné tal como se suponía que debía hacerlo.\n\n—¡Deberíamos volver!—grité.\n\nPor un instante se sintió bien volver a tener aire en los pulmones. Desde arriba y a lo lejos pude ver que una de las comisuras de sus labios se elevaba en ése gesto sarcástico que yo tanto despreciaba.\n\n—¿Por qué tienes miedo?—respondió bajando otro poco.—Deben ser corrientes de aire. No creo que sea un tigre y si lo es, yo te protegeré—agregó volviéndose a mirarme de nuevo con aquella sonrisa que podría echar abajo una fortaleza de argumentos.\n\nAún así, otro rugido golpeó mis oídos y supe que debía seguir intentando. Seguir el manual. Seguir las instrucciones de seguridad. Sólo así sobreviviríamos. Era lo primero que decían en el entrenamiento.\n\n—Eso no importa. Pero la roca tiembla, podría fracturarse o romperse.—repliqué aferrándome con ambas manos a la cuerda y haciéndole un gesto a Havers con la cabeza para que subiera.\n\n—¡Entonces hay que bajar más rápido!—gritó dejándose caer, y sin esperar ni un segundo comenzó a preparar otro descenso, mientras lo hacía reía desenfrenadamente.\n\n—¡No espera! ¡Vas muy rápido!—grité. Mi rostro se sentía caliente por la furia. Comencé a preparar el descenso y bajé con cuidado.\n\nYa iba por el siguiente, cuando otro rugido se hizo sentir debajo de la roca. Me volví a mirar al lado contrario de Havers, al vacío.\n\n—No olvides bloquear tu cuerda—murmuré poniendo mi mano libre sobre la roca.\n\n—¡Emmett!—gritó ella y yo volteé, sólo para ver su cuerpo cayendo y siendo absorbido por la oscuridad.\n\nMi nombre rebotó en las paredes y fue escupido en mis oídos con una desesperación que me hacía desear arrancar mis orejas.\n\n—¡Havers!—chillé como un animal herido, o peor, como un niño acosado por sus peores pesadillas.\n\nYa sabía que partir de entonces nuestros nombres se unirían en la misma agonía. Por eso no tenía sentido luchar, intentar cambiarlo o resistirlo.\n\n—¡Ursula, no!—vociferé con todas mis fuerzas. Con la tristeza, la ira y el miedo que me hacían querer destrozar una caverna con las manos.\n\n«Un eco.» Escuché o percibí desde ninguna parte.\n\nEstaba destrozado. Moría dos veces, por dentro y por fuera. Y aún seguía colgado de aquella maldita cuerda. Dejé de sostener mi peso, buscando el abismo.\n\nMientras me perdía en la oscuridad turbia, una neblina entre blanca y transparente comenzó a bailar sobre aquel pozo de desesperación que parecía no tener fin. Se alzó poco a poco abriéndose paso hacia mí. Todavía quedaban dentro de mí todas aquellas emociones que me llamaban a luchar. Pero, ¿qué se supone que hiciera contra una neblina etérea? ¿Qué se supone que hiciera contra una bruja que jugaba a capricho con el espacio, el tiempo y la mente?\n\nPara mi sorpresa, cuando la neblina me envolvió sentí un alivio inmenso. Cerré los ojos y al abrirlos. Vi la mano pequeña, elegante pero curtida por el trabajo embadurdando mi pecho infantil con mentol. La sensación de frescura era total. Después de lo que había pasado, era como volver a inaugurar mi pecho.\n\n«¿Qué ocupa espacio aunque no tiene cuerpo?» escuché la voz de mi madre mezclada con la de la bruja del lago.\n\nMe congelé. Había escuchado ése acertijo en mi infancia. Deseaba tanto decir que estaba seguro. Deseaba tanto escuchar como única dueña de ésas palabras a mi madre. Para mi desgracia, la realidad ahora era capas superpuestas de dolor y confusión.\n\nEra jugar a la ruleta rusa a toda velocidad cada segundo, con la condición clara de que perder no significaba descanso.\n\nLa falta de oxígeno volvió, apenas algo cruzó por mi mente.\n\n«El humo.»\n\nLos ojos empezaron a escocerme, luché por interpretar el juego de luces y sombras que el humo velaba. Mis oídos y mis ojos quedaron enajenados con el crujir de la madera y con su olor antiguo, seco y quemado. El color, naranja de las llamas que chisporroteaban, abarcaba buena parte de lo que podía distinguir.\n\nDespués de frotarme los ojos, tuve la imagen completa. Las llamas envolvían ferozmente el exterior de la cabaña. Con su única puerta abierta y sus dos ventanas en la parte superior emulaba el rostro de una persona alarmada.\n\nÚrsula daba vueltas al ritmo de una melodía que sólo ella conocía. Enfundada en su mono de mezclilla favorito. Sus ojos verdes se transformaban al ámbar con el frenesí de las llamas. Brío que compartía su sonrisa infantil aunque nuestros rasgos adolescentes más endurecidos estaban empezando a brotar.\n\nSus piernas y brazos moviéndose libremente al calor del fuego me provocaron una incomodidad contradictoria. Estaba disgustado, pero no tanto como quería aparentarlo.\n\n—Estás loca—dije acompañando cada palabra con la expresión más despectiva que tenía, para luego retroceder y no quedar atrapado en sus ruedas.\n\n—Tal vez. Aún así es épico ver arder algo grande, ¿no?—replicó con simplicidad, como si ésas palabras vinieran grabadas en sus cuerdas vocales desde el día de su nacimiento.\n\nTodo mi ser se sacudió al pensar esto. Vacilé.\n\n—Nunca debí traerte aquí—dije sintiendo que la resequedad y la falta de aire en mi garganta hacían estragos en el resto de mi cuerpo.\n\n—Conseguiremos una más grande. Dijiste que había más.—respondió sin volverse a mirarme. Fascinada por el espectáculo que ella misma se había procurado, parecía una llama peligrosa que se había escapado del incendio.\n\nFue así como entendí porqué estaba tan cansado, con ella nunca había sido suficiente. Ninguna advertencia, ninguna frase de decepción. Intenté probar sus límites tantas veces, para ver qué tan auténticos eran. Yo le presenté el fuego, aunque siempre pequeño y rodeado por piedras. Yo le presenté las cabañas, pero esperaba que lo viera como un refugio apacible, después de todo antes habían resguardado familias.\n\nQuería que fuera un secreto compartido entre los dos y ella lo hacía estallar en llamas.\n\nSin embargo cuando estaba calmada, cuando algo no bullía bajo su piel me sentía engañado, sentía que estaba envuelto en una farsa.\n\nUrsula se volvió a mirarme, y por un segundo pude ver sus ojos absorbiendo el fuego. La sensación de ahogo me tomó por sorpresa. Lo que estaba viendo eran los ojos de la bruja absorbiendo el atardecer.\n\nYa no podía ver a Barton, ¿acaso había desaparecido?\n\nCaí sobre la hierba de lado. Percibí el olor del humo impregnándose en mí. Escuché la risa de Ursula.\n\n—La presencia—habló la bruja.\n\nDejé de sentirme ahogado. De algún lugar desconocido me llegaron unas fuerzas inmensas para luchar contra lo que fuera “eso”.\n\nIntenté alcanzar la pistola que tenía enfundada en la cintura, mientras aquellos ojos que me atravesaban seguían cambiando entre el negro, el rojo, el verde y el ámbar.\n\nMi mano derecha se movió unos centímetros cerca del pantalón.\n\nSin ningún sentido, tal como había surgido aquel caos. Los vórtices que absorbían el atardecer, volvieron a ser “ojos de nutria”.\n\nMe di cuenta porqué los llamé así la primera vez que los ví, había un atisbo de sensibilidad en ellos. Busqué profundizar en ellos, hasta encontrar ése fuego que detestaba y que tanto me aterraba. Lo hice hasta que me encontré de nuevo con los ojos de Ursula.\n\nMe quedé perplejo. Noté que mi cuerpo estaba temblando sin control. Pude sentir ésas ganas de luchar de nuevo. Pude sentir lo incontrolable, lo impredecible, pero también una felicidad incomprendida por vivir el momento, por disfrutar aventuras en soledad pues muy pocos querrían compartirlas.\n\nDejé de intentar alcanzar mi arma.\n\n«Todos los que puedan entenderlo seguirán existiendo aunque desaparezcan porque serán uno que vuelve como varios. Y llenarán galaxias enteras aunque no tengan cuerpo.»\n\nLa voz extraña, ya de algún modo tan reconocida, se esparció por el bosque aunque también era como si proviniera de él.\n\nLos dedos largos y lechosos de la mujer tocaron la cubierta del cuaderno, en respuesta de la cubierta provino una explosión suave de color y símbolos imposibles. Al terminar aquel acto, lo que había detrás de aquella “mujer” lucía cada vez más lejano. Ya no temblaba, cada movimiento era digno de un estudio de anatomía, que fluía al ritmo de hojas de árbol que flotaban en el aire sin ninguna corriente de aire dirigiéndolas.\n\nSus piernas alargadas la llevaron al borde del lago. Sentí cuando sus pies tocaron el agua. Para mí llegó como bocanadas de aire constante.\n\nElla siguió sumergiéndose en el lago, a medida que avanzaba, el color de su cabello, su piel y su vestido empezaron a desvanecerse para ser reemplazados por los mil colores en su horquilla. Siguió así, hasta convertirse en un velo y tal como un velo que no está sostenido a nada cayó en el agua y al hacerlo el agua destelló en tantos colores como palabras no hay para nombrarlos a todos.\n\nYo empecé a poder hacer pequeños movimientos con los dedos, logré poner el brazo que no estaba atrapado bajo mi cuerpo sobre la hierba. Los ojos empezaron a escocerme. Parpadeé.\n\n—¿Y ahora qué te pasa viejo? ¿El plan es quedarnos aquí hasta que caiga la noche y nos coman los lobos?—preguntó la voz de Barton a mis espaldas.\n\nEscuchar a Barton me revitalizó, a pesar de que una colmena de dudas y temores zumbaba en mis oídos.\n\nMe levanté, jadeando.\n\nAl ver a Evans confundido entendí aún menos. Al observar a Raciel mirando el lago con lo que quedaba de luz en los ojos, cruzó por mi mente que tal vez eso era porque estaba comprendiendo demasiado.\n\nPor fin pude sonreír. Fue una sonrisa agridulce.",
  "title": "El atardecer de las vidas posibles",
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