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Los Viajes de Shin

fictograma [Unofficial] May 21, 2026
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Capitulo Ocho: Eclipse

La nieve crujía bajo sus pasos. Cada uno era un recordatorio de que el frío aquí no era el mismo que en aquel vacío que había dejado atrás. Allí era un frío abstracto, imposible de describir. Aquí, en cambio, era real. Cortante. Vivo. Se abrazaba a sí misma mientras respiraba el aire helado, un aire que sabía a pino quemado y a algo más antiguo, más podrido, que el viento arrastraba desde algún lugar que aún no podía ver. Sus heridas, aunque aún ardían, comenzaban a cerrarse, dejando un hormigueo febril bajo la piel como si su propio cuerpo luchara por no quebrarse en aquel terreno hostil.

Las nubes formaban una espiral alrededor de la rasgadura en el cielo, la cual parecía crecer a medida que avanzaba entre los densos árboles del bosque nevado. Tenía un resplandor azulado, tormentoso, cargado de truenos y relámpagos. Fue interrumpido cuando de entre las propias nubes comenzaron a caer meteoritos en llamas, uno tras otro, hacia la lejanía. Una lluvia de fuego que la acompañaba con cada paso.

Cuando emergió del bosque, su visión la hizo abrir los ojos un poco más.

Ante ella se extendía un campo de muerte. Montañas de cadáveres ennegrecían la nieve. Acero retorcido yacía junto a máquinas de guerra humeantes. Restos de naves ardían a lo lejos como brasas en un desierto blanco. El aire estaba cargado de un olor putrefacto mientras las criaturas del bosque y los carroñeros se hacían un festín con los soldados caídos.

No era una vista ajena para ella. Había visto campos de batalla similares a este, incluso peores. Así que caminó entre los cadáveres evitando pisarlos, mirando alrededor y buscando algún símbolo reconocible, alguna pista que le dijera en qué planeta estaba y cómo pedir una extracción. Sin su armadura solo llevaba el uniforme de capitana, que no era práctico para un clima así. Cada tanto se detenía junto a la maquinaria que ardía para robarle un poco de calor antes de seguir.

Se agachó cerca de uno de los cadáveres y lo volteó. Estaba completo, a diferencia de muchos de los otros a su alrededor. Un tiro limpio en el cráneo, entrada y salida. Había sido un final rápido.

Limpió su pecho con la mano y buscó en los bolsillos de su chaqueta de piel algún comunicador. Solo encontró un mapa y documentos personales.

Suspiró con decepción. Levantó el cadáver, le quitó la chaqueta con cuidado y la sacudió para quitarle la nieve y el polvo. Luego lo dejó acostado otra vez.

Miró los hombros de la chaqueta buscando insignias.

127 Aerotransportada de Exquema.

Elevó una ceja y se la puso encima para obtener otra capa de calor. Siguió buscando entre los caídos, uno por uno, por descarte. Alguno debía tener un mapa o al menos una ubicación.

Encontró papeles, documentos personales, placas de reconocimiento. Nada útil.

Siguió avanzando por el campo, que no parecía acabar, hasta llegar a un árbol del que colgaba de cabeza desde un paracaídas un piloto derribado. La cuerda enredada en su pie, el cuerpo lleno de agujeros de bala.

Tiró de él para dejarlo caer frente a ella y buscó en sus ropas. Si era piloto debía tener alguna ubicación.

Así era.

Encontró un mapa de vuelo en papel manchado de sangre, demasiada para ver la ubicación exacta, pero suficiente para dejar ver el nombre del planeta en la esquina superior.

—Elisium…

Lo murmuró en voz baja. Miró alrededor una y otra vez sin creerlo.

Elisium era un desierto. No quedaban bosques en él y mucho menos nevaba en aquel planeta destrozado por cien años de guerra. Pero ahí estaba. En un Elisium blanco, nevado y sangriento.

Buscó un poco más entre los documentos del piloto.

—Ankin Novanoh… Imperio de… —Sus palabras se cortaron. Releyó con más atención— Nuevo reino de Exquema…

Dejó los documentos sobre el cadáver y caminó hacia los siguientes.

—Nuevo reino…

—Nuevo reino…

—Nuevo reino de Exquema…

En todos. El sello del Imperio de Exquema tachado a mano y reemplazado con las mismas palabras escritas encima. Tragó saliva y apuró el paso sin dejar de revisar.

Encontró otro campo de batalla unos metros más adelante, un claro total que se extendía por hectáreas de muertos. Miró alrededor respirando de manera pesada.

Todos llevaban el mismo uniforme. No había otro enemigo en ese campo de batalla. Todos eran del nuevo reino de Exquema.

Todos, hasta que revisó el último cadáver a sus pies y leyó sus documentos con un nudo en la garganta.

—Vazil Renov… Imperio de Exquema…

No estaba tachado.

Dejó caer el documento y levantó la vista lentamente. No había señales de la República. Nada que se le pareciera. Comenzó a recordar lo que había ignorado durante su búsqueda. Toda la maquinaria del campo también era de Exquema. Los soldados llevaban todos el mismo uniforme.

Abrió los ojos cuando lo entendió.

No era una guerra contra la República.

Por alguna razón, estaba en medio de una matanza entre ciudadanos, entre soldados, entre su propia gente.

Una guerra civil.

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