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  "textContent": "# Capitulo Cinco: Mal presagio\n\nUna vez dentro de la fortaleza el único ruido que se hacía presente en aquel podrido lugar era el grito de las armas y el choque del acero\n\nShin luchaba como siempre, como una dragón desatado entre ovejas.\n\nEl destructor derribado seguía prendido fuego al lado de las murallas. Algunos soldados republicanos salían de él mal heridos, otros mutilados y en llamas con gritos agónicos. Algunos imperiales los miraban como si fuera un espectáculo digno de admiración. Otros los sacaron de su sufrimiento rápidamente, sin ceremonia.\n\nA Shin poco le importaba. Solo era carne, y la carne podía arder o romperse como ella misma lo estaba haciendo con los republicanos que poco podían hacer ante su mandoble o ante sus propias manos.\n\nLos pasillos de la fortaleza eran estrechos y oscuros, ventajosos para quien los conocía y una trampa para quien no. Los republicanos los conocían. Aun así cedían. La Legión de la Noche no necesitaba ventaja táctica cuando tenía la voluntad de avanzar sin importar el costo. Cada habitación era una pelea distinta. Cada puerta abierta era una amenaza nueva. Pero la marea imperial no se detenía, y poco a poco los pasillos se teñían de un solo color.\n\nLos últimos defensores de la artillería antiaérea murieron atrincherados en la sala de control, disparando hasta que sus armas dejaron de tener munición. Nadie en el Imperio los recordaría. Shin tampoco.\n\nPoco después de haber tomado la fortaleza, la artillería comenzó rápidamente a ser usada contra las propias fuerzas de la República. Su fuego implacable se desató en tierra y cielo mientras ella observaba desde lo alto de una torre desmoronada que dejaba una vista panorámica hacia el sangriento campo de batalla.\n\nAhora con la fortaleza en su poder y el destructor derribado, la victoria sobre ese campo de batalla en Elisium estaba asegurada para el Imperio. Al menos eso era lo que la princesa creía.\n\nShin se quitó el casco y lo dejó en el suelo con cuidado mientras acomodaba su cuello con la mano en la nuca. Settdrik se quedó de pie detrás de ella en silencio, los brazos detrás de la espalda.\n\n—Es un legado, ¿no?\n\nComentó ella mientras movía su cuello en círculo con el sonido de la guerra alrededor.\n\n—¿Un legado? —respondió Settdrik con un tono dudoso.\n\n—Mi padre luchó en este mismo planeta cuando levantó el Imperio… y yo ahora lucho aquí también, ganando esta guerra…\n\nElla soltó su cuello y miró hacia atrás sobre su hombro a su compañero con una sonrisa leve encarnada en sus labios.\n\n—Es un legado. Mi legado. Y es uno que a futuro, cuando ganemos esta guerra, será recordado.\n\nNo esperó respuesta. Volvió a mirar hacia el campo de batalla con los brazos cruzados, observando cómo este comenzaba a ser dominado por sus fuerzas. Soldados, cazas y dragones hacían retroceder cada vez más a sus enemigos jurados, y eso le hacía sonreír con el borde de los labios, satisfecha por los resultados.\n\nAmbos se mantuvieron en silencio un breve momento antes de que el comunicador se encendiera con una voz masculina.\n\n—Capitana, tenemos una híper entrada al sistema.\n\nShin suspiró sin responder y tomó su casco del suelo, limpiándolo con el pulgar.\n\n—Tenemos más trabajo, Seth…\n\nNo alcanzó a decir el nombre completo de su compañero cuando un proyectil aéreo cayó frente a ellos en la fortaleza causando tal explosión que los sacó volando desde metros de altura.\n\nUno tras otro, proyectiles desde sobre la atmósfera comenzaron a diezmar la fortaleza y a quienes estaban adentro, haciéndola pedazos hasta el polvo.\n\nEntre el polvo y el martillante sonido, Shin se levantó aturdida por la sucesión de explosiones mientras escuchaba de manera doble la voz entrecortada de su comunicador.\n\n—F.E.E.R… Sol Divino…\n\nShin sacudió su cabeza para recomponerse mientras miraba alrededor buscando a Settdrik, pero lo único que veía eran soldados corriendo, algunos sosteniendo partes de sus cuerpos que habían sido separadas de ellos por las explosiones. Todo era difuso a través del humo hasta que de la nada, frente a ella, un soldado chocó con ella y cayó de espalda al suelo mientras ella no se movió un centímetro.\n\nEl soldado se levantó rápidamente con una expresión de horror, pero no alcanzó a poner un pie delante antes de que su pecho fuera atravesado por una espada que lo cortó hacia arriba, dejándolo caer de manera grotesca al suelo.\n\nShin se puso en alerta de inmediato, dando un paso hacia atrás y buscando su mandoble a la espalda. También había salido volando con la explosión.\n\nElevó y apretó los puños cuando comenzó a sentir la presencia y el aura de alguien que claramente no era un soldado.\n\nDe entre el humo espeso de las explosiones y la fortaleza ardiendo, poco a poco comenzó a salir la figura de un hombre alto de cabellos largos hasta los hombros, como una melena de color rojizo, y unos ojos tan dorados que eran hipnóticos.\n\nShin se puso en guardia al reconocerlo de manera inmediata.\n\nEl hombre salió por completo del polvo apretando su espada con fuerza mientras su armadura dorada con joyas irradiaba una luz levemente cegadora sobre ella.\n\n—Por fin te encuentro otra vez…\n\nLo dijo con una voz seca mientras dejaba salir una respiración aliviada. Shin bufó por la nariz apretando más sus puños.\n\n—Omerys…\n\nFue lo único que dijo cuando sus ojos se cruzaron entre el rojo sangre y el dorado solar.",
  "title": "Los Viajes de Shin",
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