¿Conoces a Polo D´Poc? Capítulo 3
¡Hola, amigos ! Gracias al buen recimiento que le dieron a mi historia,decidi subir una parte mas.
Cualquier crítica o sugerencia es más que bienvenida.
¡Muchas gracias!
—¿Polo D’Poc? —preguntó el gerente, entusiasmado.
—Soy yo —respondió Polo, para nada entusiasmado.
Estaba rodeado. De un lado, adolescentes emocionados ante la posibilidad de entrar a la cadena Jumbo Jimmy. Del otro, personas con el ánimo hundido por el desempleo. Y detrás de la barra, empleados ya contratados con el ánimo hundido por el empleo.
Mientras tomaban lista, él se había parado entre un adolescente flaco con dientes teñidos de violeta que no paraba de morderse las uñas y una mujer que, al igual que él, tenía la misma expresión hastiada de quien preferiría estar en cualquier otro lugar antes que mendigando trabajo en un local de comida rápida.
Bueno, no igual a mí, a menos que ella también esté por convertirse en una de las mejores plumas de este siglo, lo cual por su pinta dudo mucho.
El gerente continuó con la lista: —¿Miya Bojum?
—Acá —dijo la mujer a su lado con desgano.
—¿Juambo Mimy?
El chico de los dientes violetas levantó una mano sin dejar de morderse las uñas de la otra.
El gerente era un hombre de aspecto andrógino, con el pelo totalmente blanco, camisa negra, pantalones blancos y una corbata a juego. Parecía una ficha de dominó viviente. En el local de Jumbo Jimmy, todo era estrictamente blanco o negro: las paredes, los carteles, los alimentos coloreados artificialmente que los clientes devoraban. Incluso el sector de juegos, donde niños hiperestimulados saltaban alrededor de un empleado disfrazado de la mascota, Jumbo Jimmy.
Un poco de dignidad, amigo , pensó Polo al ver aquel pobre desgraciado que luchaba por no caerse.
—¡Bueno, ya estamos todos! —exclamó Joby abriendo los brazos—. Bienvenidos. Me llamo Joby y dirijo la sucursal número treinta y cinco mil setecientos diecinueve de Jumbo Jimmy. Hoy quizás tengan el privilegio de formar parte de la Jumbo-Family.
Hizo una pausa teatral y se llevó la mano al pecho, visiblemente emocionado. —Perdón… siempre me conmuevo en estos momentos. Sus caritas me recuerdan a cuando yo entré, nunca me imaginé que iba a llegar tan lejos, pero ese sueño fue posible para mí y también lo puede ser para ustedes.
Polo se inclinó hacia Miya y le susurró: —¿Tanto lío por servir hamburguesas?
Miya esbozó una sonrisa, pero no respondió. Joby se acercó a él con una velocidad inquietante.
—¡No, no, no! —levantó un dedo acusador y, poniendo una expresión seria, afirmó—: Nunca. Repito: nunca usen la palabra con “H”. Acá legalmente no podemos anunciar que vendemos h-a-m-b-u-r-g-u-e-s-a-s. Lo que ofrecemos es una experiencia proteica sin elementos orgánicos. Solo la Yummy-soda contiene leche, pero es de donantes que pueden consentir darla.
Joby se volvió a alejar y recuperó la sonrisa al instante. —Hoy haremos varios juegos lúdicos para evaluar si tienen lo necesario para ser Jumbo Hosts. Algunos lo lograrán… otros, tal vez no. Independientemente del resultado, todos se llevarán un Jumbo Combo y su muñeco personalizado en 3D.
Le señaló la máquina donde varios clientes hacían fila para escanear su rostro y que esta, a los pocos minutos, le entregara un muñeco de ellos mismos disfrazados como Jumbo Jimmy.
—Solo firmen esta cláusula de exención de responsabilidad, que voy a estar pasando como una formalidad.
Polo firmó sin leer. Miya, en cambio, leyó varias líneas con el ceño fruncido antes de firmar.
—¿Alguna pregunta antes de empezar? —preguntó Joby. Miya levantó la mano. —Sí, ¿qué significa “erupción por alergia ántraxi…”?
—¡Excelente! Síganme, por favor —exclamó Joby ignorándola.
Los bajaron al subsuelo. En el centro había una piscina rectangular llena de un líquido blanco.
—El primer juego: El Jumbo-Bautismo —anunció Joby, parado al borde del tanque—. Es una prueba de confianza absoluta. Deben tirarse de espaldas y dejar que sus compañeros los rescaten.
—Disculpe —dijo una chica a la derecha de Polo—, ¿esto es obligatorio? Preparé mi outfit para la entrevista y no quisiera arruinarlo.
Joby sonrió de manera paternal.
—No, querida, la Yummy-soda es un fluido no-newtoniano, no moja, pero sí tiende a la succión.
Para probarla, hundió su brazo derecho —camisa de vestir incluida— en el líquido blanco hasta el hombro. Lo mantuvo allí un segundo y luego, con bastante esfuerzo, lo sacó. La tela negra de su manga estaba impecable, sin rastro de humedad. El gerente señaló un complejo sistema de poleas que colgaba del techo negro. De los cables pendían arneses de cuero gastado.
—Van a pasar de a tres. Uno de ustedes se entregará al abismo con el arnés puesto. Los otros dos deberán tirar de la cuerda con todas sus fuerzas para evitar que la succión del fluido lo ahogue. Es una danza de equipo, deben ser uno solo. La individualidad será su fracaso.
A Polo le tocó grupo con Juambo Mimy y Miya Bojum.
—Juambo al tanque. Polo y Miya, a la cuerda —ordenó Joby—. ¡A ponerse en posiciones!
Juambo temblaba al borde del tanque. Miraba el líquido blanco con los ojos desorbitados mientras se colocaba el arnés. —Disculpe, ¿esto es seguro? —susurró Juambo con la voz quebrada—. Yo no sé nadar muy bien y esa cosa… —Es una danza de equipo, Juambo. No seas una nota discordante en la sinfonía —lo presionó Joby, acercándose con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Si querés ser parte de la Jumbo Family , tenés que poder confiar plenamente en tus compañeros.
Miya suspiró, ya posicionada con la cuerda entre las manos. —Dale, nene, no pasa nada. Nosotros te sacamos.
Polo asintió mecánicamente, como para mostrar que algo de toda esa situación le importaba. Los demás equipos ya estaban listos.
—¡Bautismo en tres, dos… uno! —gritó Joby.
Activó su reloj y el subsuelo explotó con un beat de pop-urbano. La voz autotuneada de la cantante Mery-G empezó a sonar mientras Juambo se dejaba caer.
Daddy, no te quedes chill, que yo me chorreo como una Juicy Jumbo Grill…
El líquido blanco trepó por el cuerpo del aterrado chico como si estuviera vivo y lo tiró hacia el fondo. La cuerda se tensó brutalmente. Miya tiraba con fuerza. Polo hacía lo mismo… hasta que su celular vibró. Sin pensarlo dos veces, soltó la cuerda con una mano y atendió, dejando casi todo el peso sobre Miya.
—¿Hola? —jadeó. —¿Señor Polo D’Poc? Le hablamos de Editorial Factor Vanguardia. Analizamos el manuscrito de “El hombre minimalista” que mandó a nuestra convocatoria y tenemos el agrado de informarle que quedó seleccionado.
Polo sintió un calorcito en el pecho frente a semejante validación. —¡Flaco, ¿qué estás haciendo?! ¡Ayudame! —le gritó Miya, señalando con la cabeza a Juambo, quien intentaba desesperadamente emerger del líquido.
Polo la miró con fastidio y le señaló que estaba hablando por teléfono mientras se apartaba para escuchar.
—¡Por supuesto! —exclamó—. Sabía que alguien con suficiente sensibilidad e intelecto notaría el potencial del texto. —¡Absolutamente! —siguió el editor, mientras de fondo se escuchaba el ruido de alguien riéndose—. Esa parte donde el hombre se vuelve… más minimalista todavía… uff. Se me puso la piel de gallina. No cualquiera logra escribir algo así.
Yammy-Yammy… masa negra, fluyendo como un fuego, dame masa daddy te lo ruego…
—¡Es una obra maestra de la supresión! —dijo el editor.
—¡Siempre lo supe! —exclamó Polo.
—** ¡Dame masa daddy, dame masa!** —cantó Mery-G.
—¡Ayudame, estúpido! —gritó Miya.
—¡Auxilio, me ahogo! —rogó Juambo.
—Solo necesitamos un depósito de 500 dólares para cubrir los gastos operativos de la imprenta y la distribución inicial…
—¡Entonces no es un premio! ¡Me tienen harto estas convocatorias falsas! —gritó Polo y colgó, sintiendo que la furia le quemaba la cara.
El enojo le dio una fuerza inesperada. Agarró la cuerda con ambas manos y tiró hacia atrás con un rugido de frustración. Con un sonido similar al de un descorche, Juambo Mimy salió disparado del tanque.
—Estoy… bien… confié en la jumbo family —dijo el chico colgado del arnés, escupiendo líquido blanco.
Miya se giró hacia Polo: —¿Estás demente? ¡Casi lo ahogamos por una llamada! ¿Tan importante era? —No lo vas a entender —murmuró Polo, mirando sus manos paspadas—. Era de una convocatoria editorial… decían que mi novela es una obra maestra.
Miya soltó una risa seca. —¿Eran de Factor Vanguardia? Esos aceptan publicar lo que sea que mandes con tal de que les pagues. Es una estafa clásica.
Ante el silencio avergonzado de Polo, la mujer le puso la mano en el hombro. —Sí que te entiendo, pibe. Yo escribí una novela de romance oscuro y me pasó lo mismo. Pero no hay que bajar los brazos.
Polo se sacudió el hombro con repulsión y se fue sin decir nada. Escribís novelas románticas. Qué lindo que te compares conmigo.
Joby se acercó con una sonrisa tensa. —Un poco distraído con las telecomunicaciones, D’Poc. Tu individualidad te juega en contra. El ego es el enemigo del flujo.
Polo no respondió. Le ardían las manos y seguía siendo un escritor inédito.
—¡Prueba dos: El Armado de Chakras! —anunció Joby.
La segunda prueba fue aún más humillante. Tenían que entrenar para armar pedidos, pero no había comida real, solo una máquina de metal cromado que dictaba órdenes cada vez más rápido con una voz sintetizada y monótona. Frente a ellos, miles de bloques de madera perfectamente cúbicos, divididos estrictamente en blanco y negro, debían ser apilados siguiendo una lógica geométrica imposible.
—¡Dos Ying-Ra negros! ¡Un Chakra-Yang blanco en base de Kundalini-Zenn! —ladraba la máquina.
Polo no paraba de equivocarse. Sus dedos, entumecidos por la tensión, hacían que las estructuras colapsaran apenas intentaba encastrar un Nirvana-Square sobre un Dharma-Link. Miya armaba las estructuras con una concentración feroz y una precisión sorprendente. Se notaba que necesitaba el trabajo de verdad.
Cuando la máquina validó una de las torres de Miya con un destello verde, Joby se acercó casi corriendo, con los ojos húmedos. —¡Increíble! ¡Esto es armonía pura! Miya… ¿puedo abrazarte? ¡Sos una Jumbo-Star!
Miya dio un paso atrás de inmediato. —No, gracias —respondió seca.
Joby se quedó un segundo descolocado, pero recuperó la sonrisa al instante. —¡Respeto el espacio personal! Eso también es parte de la Jumbo-filosofía.
Cuando llegó a la estación de Polo y vio el desastre de bloques, su expresión cambió radicalmente. —D’Poc… te falta el equilibrio espiritual indispensable para tener un puesto acá.
Polo no tenía ganas de discutir. Ya estaba derrotado. Joby se dirigió al grupo: —Subamos. Voy a anunciar a quienes pasan a la siguiente ronda.
Minutos después, mientras subían de vuelta al salón principal, el ambiente cambió de golpe. La gente alarmada miraba el sector de juegos, donde el empleado disfrazado de Jumbo Jimmy se tambaleaba de forma errática. De pronto, un chorro grueso de masa negra brotó de la rejilla de la boca del disfraz, haciendo gritar a todos los niños. El hombre se desplomó pesadamente.
Joby y dos empleados corrieron hacia él y lo arrastraron rápido hacia la puerta de “SOLO PERSONAL”. Quince minutos más tarde, Joby regresó con una sonrisa radiante.
—¡Oportunidad de oro, Jumbo-Family! —exclamó Joby, aplaudiendo como si nada hubiera pasado—. Todos los que todavía están aquí pasan directamente a la Experiencia Real de Trabajo.
Al oír esto, Miya, Juambo y los demás postulantes se alegraron. Un empleado que seguía a Joby les indicó que lo siguieran y se dirigieron a la cocina. Polo se dispuso a seguirlos, pero la mano de Joby se posó en su hombro, deteniéndolo.
—¡D’Poc! ¿Cuáles son tus medidas?
Polo se las dio, algo confundido. —Perfecto —dijo Joby, mirándolo de arriba abajo—. La cocina no creo que sea lo tuyo. Vos sos un alma más artística, más profunda.
Polo sonrió, halagado. —Te lo agradezco, Joby. No sé cómo, pero me sacaste la ficha.
Lo escoltó hasta el depósito trasero que daba a una pequeña ventana a la calle. Polo vio cómo subían al empleado anterior a una ambulancia. El hombre tenía los ojos en blanco y vomitaba masa negra. En la vereda de enfrente, una chica de traje oscuro le preguntaba algo a la gente. Le pareció escuchar claramente:
—¿Conocen a Polo D’Poc…?
Joby le puso bruscamente en las manos la enorme cabeza del disfraz. —Ponete esto. Si lo hacés bien, es casi seguro que después puedas cobrar.
Polo miró la cara sonriente de Jumbo Jimmy, miró la ambulancia y miró hacia la calle, donde la chica ya no estaba. Finalmente, tomó la cabeza gigante y se la colocó.
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