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"textContent": "Capítulo 15.\n\nMiércoles, 15 de Julio 2011\n\nEsmeralda bajó del taxi en el estacionamiento de la plaza comercial. Observó alrededor sin poder aceptar que su cita la esperara en una camioneta destartalada color blanco. Quiso llamar al taxi nuevamente, pero este ya se había marchado. Caminó hacia el árbol donde había quedado de verse y el joven le hizo señas con la mano para que se acercara.\n\n—Ni pienses que me voy a subir a esta porquería.\n\nJensen le mostró un fajo de billetes. Esmeralda sonrió. La puerta se atoró un poco al abrir y rechinó amargamente.\n\n—¿Cómo puedes manejar esta porquería si tienes tanto dinero?\n\nJensen comenzó a manejar sin responder, casi sin mirarla, como si le pesara su presencia.\n\nDespués de media hora llegaron a la playa, donde estacionó la camioneta. Desde ahí podían ver a las personas pasando un rato agradable.\n\nEl día era hermoso y la playa estaba muy concurrida. Un grupo de personas pasó junto a la camioneta con una grabadora tocando música alegre a volumen muy alto. El viento transportó hasta ellos el aroma a coco del bloqueador solar y sus pláticas entusiasmadas. Jensen y Esmeralda se mantuvieron en silencio hasta que las personas se alejaron.\n\n—¿Y luego? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué tienes en mente? ¿Te gusta hacerlo al aire libre?\n\n—En la guantera hay un par de binoculares. Sácalos.\n\n—Oh, eres voyerista… ¿verdad? —preguntó con sonrisa morbosa.\n\n—No, solo míralos y dime qué ves.\n\nEsmeralda acercó los binoculares a sus ojos para sondear a las personas. Padres jugando con sus pequeños, parejas interactuando con las olas mientras rozaban sus cuerpos y varias personas tendidas recibiendo los rayos solares.\n\n—¿Exactamente qué buscamos?\n\n—¿Cuál de esas personas te parece atractiva y por qué?\n\nEsmeralda bajó los binoculares emocionada para voltear a verlo.\n\n—¡Lo sabía!\n\n—¿Qué?\n\n—Te he visto en el table. Has ido con tu amigo y te mantienes siempre observando, pero tú no ves como todos los demás, te la pasas viéndonos como si estuviéramos en cautiverio. No te interesan las mujeres ni los hombres. ¡Eres asexual! ¡Nunca había conocido a uno!\n\nJensen se puso rojo y su enojo fue evidente.\n\n—¿Soy qué?\n\n—No te molestes. Perdóname, no quise ser grosera, pero me emocioné porque te noté desde el principio. De hecho, esa es la razón por la que acepté venir. Los asexuales son personas que no tienen interés sexual. No es bueno ni malo, solo es poco común. Supongo que quieres investigar sobre el tema desde la perspectiva de una mujer. ¿Me equivoco?\n\nJensen se quedó desconcertado.\n\n—Sé lo que es el sexo, que las personas hacen cosas estúpidas por ello. No soy insensible al placer, pero no encuentro la motivación para enredarme con nadie. Simplemente no me llama la atención y quería ver si las putas disfrutan o solo es negocio para ellas.\n\n—¡Hey! ¡No soy puta, soy bailarina exótica! —Se quedó pensando—. Bueno, sí soy media puta porque me gusta el sexo, pero no por el dinero. Para eso bailo.\n\n—¿Cuál persona se te hace atractiva?\n\nEsmeralda volvió a escanear con los binoculares.\n\n—Pues realmente no hay nadie así como ¡wow! Pero si tuviera que elegir a alguien… digamos que no soy lesbiana pero la mejorcita es la chica de bikini rojo que está rodeada de hombres bajo aquella palmera. Con ella sí me sacrificaría.\n\n—¿Y si ella tuviera una cicatriz enorme en su cadera, seguiría siendo atractiva?\n\nEsmeralda aventó los binoculares sobre el asiento en medio de ellos y abrió la puerta con la mano derecha, pero sintió a Jensen sujetando su otra mano.\n\n—¡Suéltame!\n\nJensen la soltó, agarró su fajo de billetes y se los aventó a la cabeza. La mayor parte del dinero se esparció en la cabina y otra parte cayó al piso. Esmeralda bajó indignada, pero se quedó pensativa. Comenzó a recoger el dinero del piso mientras se fue relajando; cuando terminó levantó el dinero del asiento para poder sentarse nuevamente, todo sin levantar la vista.\n\n—Si tienes tanto dinero, ¿por qué no te compras otra camioneta? —preguntó viéndolo con los ojos inundados de lágrimas.\n\n—Quizá tienes razón. Tal vez soy asexual. Nunca lo había pensado. Ni siquiera conocía esa palabra. Pero lo que me intriga es otra cosa.\n\n—¿Qué?\n\n—¿Qué te pasó y por qué alguien de tu edad y con tantas cicatrices en el cuerpo obtiene tanto interés de los hombres? No logro descifrarlo. ¿Es algún tipo de morbo?\n\n—No te voy a decir qué me pasó aunque me avientes más dinero, pero respondiendo tu otra pregunta: es mucho más que morbo. Lleno un espacio en las vidas de algunos hombres. Un espacio que la juventud y la belleza no pueden cubrir. En la intimidad, cuando nadie nos ve, muchos se sienten atraídos a mis cicatrices. Las acarician, algunos las besan y se duermen abrazados a ellas. A veces siento caer sus lágrimas mientras acaricio su cabello. Es una comunión hermosa.\n\n—Eso no lo esperaba. ¿Pero no te dio pena mostrar tu cuerpo la primera vez?\n\n—No. Antes de ser bailarina, tuve un novio. Era un tipo muy peligroso. Yo acababa de llegar de Rusia cuando lo conocí. No tenía nada ni a nadie y él me ayudó mucho. Llegué a Colombia, donde aprendí a hablar español, y con él llegué a México. Él era traficante, acostumbrado a la malicia y la perdición, pero en la intimidad era muy tierno. De él aprendí que no todo lo preciado es como en las telenovelas, donde los protagonistas siempre son los más guapos. La realidad es mucho más variada y compleja.\n\nLa plática se fue extendiendo y la gente de la playa se fue marchando al irse acercando la oscuridad. En toda su vida Jensen no había tenido una conversación tan amena e interesante, y por primera vez alguien había hecho vibrar sus emociones. No logró saber cómo recibió esas cicatrices de fuego, ni cómo mataron a su novio. Solo que huyó de su matrimonio al morir su madre adoptiva. Que provenía de una familia muy rica económicamente pero que estuvo sometida al control de otros desde la infancia.\n\nMientras ella le platicaba que en aquel tiempo no tenía derecho de ser infeliz porque su madre la rescató de la pobreza extrema, Jensen comenzó a apretar ansiosamente el volante manteniendo la mirada ausente hacia la profundidad del océano.\n\n—Oye, tú, ¿cómo te llamas? ¿Estás bien?\n\nVicente volteó a verla, el ojo derecho estaba normal pero el izquierdo lo tenía entrecerrado. No respondió, solo recargó la cabeza en el volante y su cuerpo se reblandeció como si se estuviera desmayando. Después, con los ojos ya abiertos por igual y el ceño fruncido, irguió su espalda y un momento después se giró hacia ella con la velocidad de un cocodrilo atrapando a su presa para agarrar a Esmeralda del cuello y jalarla para recostarla en el asiento. Se deslizó ágilmente para quedar sobre ella. Las manos en el cuello, apretando.\n\n—El muchacho se llama Jensen —susurró junto a su oído, con una voz grave y distorsionada—. Yo soy Vicente.\n\nEsmeralda no forcejeaba. Había aprendido hace años que forcejear es la forma más rápida de morir. En cambio, puso las palmas hacia arriba —manos vacías, sin amenaza— y movió los labios en silencio: Espera.\n\n—¿Qué quieres? ¿Creíste que podías engatusar al muchacho, verdad? Era para ti otra conquista. Pero él está prohibido porque él soy yo y yo soy él —dijo aflojando las manos lo suficiente para dejarla respirar y dándole un momento para estabilizarse.\n\n—¡Espera! —Alcanzó a decir con dificultad. Inhaló profundamente, como si ese oxígeno fuera lo más maravilloso que hubiera respirado y le permitiera configurar su mente a un estado de paz.\n\nEsmeralda nunca consideró el suicidio, porque ello requiere acción y ella, como muestra de agradecimiento y humildad hacia la vida, prefería aceptar su destino, mientras alimentaba un fetiche muy íntimo. Fantaseaba con ser testigo de su propia muerte, por ser ese el momento de vida más intenso que pudiera experimentar. La muerte como una poesía y ella sería testigo hasta el último instante.\n\nEsmeralda vio a su alrededor. El volante cuarteado, el toldo lleno de polvo y, a pesar de tener los ojos abiertos, su mirada se perdió por un momento. Inhaló un poco de aire y después estiró el cuello viéndolo directamente a los ojos. Sin luchar, su mirada ausente de miedo, fija en él.\n\nVicente se sintió confundido. La aceptación de su propia muerte y la mirada franca, directa, generó en él un magnetismo que lo hizo dudar, pero no podía dejar testigos.",
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