External Publication
Visit Post

Capítulo 1 - Ruido de fondo

fictograma [Unofficial] April 4, 2026
Source

Mi madre decía que todo sonido tiene una causa. Incluso los que no sabemos explicar.

El archivo apareció mientras limpiaba una pista de voz para un cliente. Un podcast mediocre sobre rutinas matinales, nada que exigiera demasiado. Respiraciones mal editadas, clics de saliva, un ventilador constante al fondo. Lo típico.

A las 02:17, cuando ya estaba a punto de exportar, vi una carpeta que no recordaba haber creado.

“L. VIDAL — CASO 03”

No estaba allí antes.

No dudé en abrirla. Supuse que sería algún backup antiguo. Mi madre guardaba todo, incluso lo que no servía. Sobre todo lo que no servía.

Dentro había seis archivos de audio.

Fechas de hace nueve años.

Los nombres eran simples:

• Sesión 1 • Sesión 2 • Sesión 3 • Registro nocturno • Transcripción • Final

Me quedé mirando la pantalla más tiempo del necesario. No por lo que veía. Por lo que no recordaba.

Mi madre nunca hablaba de su trabajo en casa. Nunca. Y menos después de… bueno.

Hice doble clic.

El primer audio duraba 18 minutos.

La voz de mi madre llenó los auriculares con una claridad que me resultó incómoda. No la recordaba así. Tan… firme.

—Paciente masculino, ocho años. Mateo Ríos. Primera evaluación. Conducta estable. No presenta signos de disociación ni delirios estructurados…

El tono era el suyo. Clínico. Preciso. Sin fisuras.

Se oía el roce de papel. Un bolígrafo. Nada fuera de lo normal.

—Refiere la presencia de un “amigo” con el que interactúa de forma cotidiana. No muestra angustia. Tampoco apego excesivo.

Una pausa.

—Se recomienda observación en entorno doméstico.

El audio terminaba ahí.

Silencio limpio.

Demasiado limpio.

Abrí el segundo archivo.

Este duraba menos. 11 minutos.

—Sesión 2. Mismo paciente. El menor mantiene el relato sin variaciones. Introduce un elemento nuevo: el “amigo” no siempre responde cuando se le habla.

Mi madre hizo una pausa más larga esta vez.

—Pero afirma que siempre escucha.

Algo en la forma en que lo dijo me hizo fruncir el ceño. No era duda. Era… incomodidad.

Avancé unos segundos.

—Se realiza prueba de interacción indirecta. Se solicita al menor que formule una pregunta en voz alta…

Un leve cambio de sonido. Como si el micrófono se hubiera movido.

Entonces lo escuché.

No era una voz. No exactamente. Era algo… encajado dentro del audio.

Un murmullo.

Muy bajo. Irregular.

Como si no perteneciera a la misma grabación.

Me quité un auricular.

Lo volví a poner.

Rebobiné.

Nada.

Avancé otra vez.

Ahí estaba.

Ese mismo punto. Ese mismo sonido.

Abrí el ecualizador por puro reflejo. Bajé frecuencias. Limpié ruido. Aislé canal.

El murmullo no desaparecía.

Tampoco se aclaraba.

No seguía ningún patrón.

No era interferencia.

No era ambiente.

No era nada que pudiera etiquetar.

Y eso no tenía sentido.

Cerré el archivo.

Miré la carpeta.

Había trabajado con miles de pistas. Sabía cómo suena un fallo. Un artefacto digital. Una mala compresión.

Esto no era eso.

Me quedé quieta un momento, con el cursor parpadeando sobre el siguiente archivo.

Sesión 3.

No lo abrí.

En su lugar, hice algo que no suelo hacer.

Busqué el nombre del caso.

Mateo Ríos.

Nada relevante.

Demasiado común.

Cerré el navegador.

Volví a la carpeta.

No debería estar ahí.

No en ese ordenador.

No en una carpeta que uso a diario.

Mi madre no sabía usar software de edición. Nunca lo necesitó.

Entonces, ¿cómo…?

Un golpe seco me hizo levantar la vista.

La puerta del estudio.

Cerrada.

Como siempre.

Esperé.

Nada.

Probablemente el edificio. Tuberías. Vecinos.

Volví a mirar la pantalla.

El último archivo.

Final.

Duraba apenas 27 segundos.

No sé por qué elegí ese y no el siguiente.

Quizá porque era corto.

Quizá porque no quería escuchar más.

Hice clic.

Ruido blanco.

Un segundo.

Dos.

Luego, una respiración.

No la de mi madre.

Demasiado cerca del micrófono.

Demasiado… presente.

Me incliné hacia delante sin darme cuenta.

—…Clara.

Se me helaron las manos.

No era la voz de mi madre.

Pero dijo mi nombre.

El audio se cortó.

No me moví.

El cursor seguía parpadeando.

27 segundos. Archivo terminado.

Miré la línea de tiempo.

No había más.

Reproduje otra vez.

Mismo resultado.

Ruido. Respiración.

Mi nombre.

Esta vez no quité los auriculares.

Esta vez escuché algo más.

Muy al fondo.

Justo antes de que dijera “Clara”.

Otra voz.

Más baja.

Superpuesta.

Como si hablara al mismo tiempo.

Como si repitiera algo que no llegaba a entender.

Cerré el programa.

No guardé nada.

Me quedé mirando el reflejo oscuro de la pantalla apagada.

Y entonces lo vi.

Detrás de mí.

En la puerta del estudio.

Una rendija.

Negra.

Inmóvil.

No recordaba haberla dejado así.

Discussion in the ATmosphere

Loading comments...