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  "publishedAt": "2026-03-15T21:03:05.018Z",
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  "textContent": "\n\nEl vecino ha encendido una hoguera. Lo veo desde mi ventana mientras aviva las llamas como si temiera morir congelado. Agrega combustible muy seguido. El aire huele a madera y también a plástico y queroseno. Está lejos, en el medio del patio. Pero brilla como un sol nocturno. Incluso a esa distancia, sus brillantes lenguas hieren mis ojos, obligándolos a esconderse tras los párpados y luego, tras la cortina. Mejor. Me siento en el diván y doy un suspiro de alivio mientras mis ojos se acostumbran de nuevo a la oscuridad.\n\nHace unos días, lo saludé desde mi ventana. Fingió que no me veía. El muy cretino ocultó su rostro en el periódico hasta que dio de bruces con la puerta y pudo entrar. ¿Quién hace eso? La curiosidad me picó, así que decidí pasar a presentarme.\n\nUna noche, llamé a su puerta, pero no hubo respuesta. Pude oírlo allá adentro. Tranquilo, cual ratón asustado. Envuelto en aquel silencio tan ruidoso que produce quien quiere pasar desapercibido. Así pues, me retiré.\n\nSin embargo, no tardé en volver. Esta vez lo pillé junto a la ventana. Sus ojos chocaron con los míos. Sonreí. Esa noche no habría excusas. Llamé tres veces, los cerrojos crujieron uno por uno y la puerta se abrió lentamente, con cautela.\n\n—¡Señor González! Déjeme darle la bienvenida a nuestro hermoso vecindario —saludé con toda la alegría que pude.\n\nÉl sonrió. La sangre subiéndole a las mejillas.\n\n—Gracias, pero creo que no nos conocemos, señor —tartamudeó. Su aliento olía a carne asada. Me dio hambre.\n\n—Por supuesto que no nos conocemos. Tiene tres días evitándome. Déjeme decirle que no le servirá de nada. Soy su vecino y no me iré a ninguna parte. ¿Me invita a entrar? Aquí tengo una botella de vino tinto. Va bien con la carne roja.\n\n—Qué pena, acabo de terminar.\n\n—También sirve como aperitivo. Cosecha propia. Cincuenta años —dije, presentando la botella. Aún tenía polvo del sótano—. No me rechace el regalo de bienvenida, hombre. ¿Puedo entrar?\n\nEl muy patán me miró como si fuera alguna clase de ladronzuelo y se ocultó tras la puerta.\n\n—Le agradezco mucho el detalle, pero hay que trabajar mañana. Puede volver en la tarde si quiere.\n\n—¿Me está invitando a venir mañana por la tarde?\n\n—Sí, sí. Mañana.\n\n—¿Y podré entrar?\n\nCreo que la pregunta lo tomó por sorpresa. Tal vez fui demasiado directo. Sus ojos se detuvieron en mi sonrisa.\n\n—Supongo —dijo con el ceño fruncido.\n\n—Entonces nos vemos mañana, vecino.\n\nAhora espero. Sentado en el diván. Mientras el reflejo de las llamas baila sobre la botella de vino. Ya tengo una invitación. El dulce néctar rojo espera. Tengo tanta sed. Pero el vecino ha encendido una hoguera.",
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