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Bonellia y Viridis – Carmela Greciet

fictograma [Unofficial] February 27, 2026
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Confirmó la sospecha de su propia mengua el día en que se vio obligado a empinarse para besarla. Pronto supo también que aquel ir consumiéndose estaba directamente relacionado con su amor hacia ella: a medida que su pasión por Bonellia aumentaba, él, el gran, el viril Viridis, disminuía. Tras hacer muchos cálculos, llegó aterrado a la conclusión de que, con cada orgasmo, se le iban aproximadamente dos centímetros de sí mismo: teniendo en cuenta que sus encuentros arrebatados se producían a diario, suponía Viridis que el 1,80 de su vanidad tardaría unos tres meses en acabar de extinguirse. Entonces, se propuso olvidarla. Viajó para ello a un país lejano. Pero el deseo por Bonellia, enraizado en la fibra más honda de su cerebro, también viajo con él y hubo de regresar torturado a sus brazos, aceptar su condena y seguir amenguando. Tras su vuelta, Vindis asistía impotente al proceso de su destrucción, mientras para Bonellia la merma progresiva del amante parecía avivar su efervescencia. Cuando, semanas más tarde, quedó reducido al tamaño de un dedo, ella empezó a jugar con él: riendo, le colocaba sobre sus pechos-duna, y Viridis, empujado por un movimiento de gelatina semejante a un naufragio, se aferraba a sus pezones, tersos y oscuros como dátiles, para acabar resbalando a la llanura de su vientre de arena. Dos centímetros apenas le quedaban a Viridis de sí mismo el día en que, tras una fuerte caída, se perdió entre el vello de palmeras que adornaba el pubis de su amada. De pronto, sintió que la inmensa mano de Bonellia le empujaba con mimo hasta introducirlo entero y para siempre en aquel oasis que había sido objeto de sus mermas y desvelos. Allí, rodeado de cálida humedad y carne rosa, Viridis recibe a diario la visita tumultuosa y viril del nuevo amante de Bonellia. Desde su situación privilegiada, y con todo el tiempo del mundo para hacer cálculos, comprueba con satisfacción vengativa cómo el nuevo amante también se va reduciendo a medida que ama. «Dentro de pocos días, cabrón, vas a querer viajar a un país muy lejano.»

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