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    "Cine",
    "interpretado por Taron Egerton",
    "farsa correspondiente a la tragedia"
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  "textContent": "Richard Lester quería que su película se titulara _La muerte de Robin Hood porque_ era lo más lógico y respetuoso con la fuente: al fin y al cabo la idea central del desenlace se inspiraba en la balada inglesa _Robin Hood’s Death_ , datada del siglo XVII, y ambas **compartían su vocación de despedida trágica**. En Columbia Pictures no lo vieron comercialmente prometedor, sin embargo, y la película llegó a cines en 1976 como _Robin y Marian_. Se prefirió enfatizar un carácter dual, que erigía como pareja de protagonismo equivalente a los personajes de Sean Connery y Audrey Hepburn.\n\nIgualmente, y sin desdeñar el asunto amoroso, el planteamiento se mantenía: _**Robin y Marian**_**estaba consagrada a la muerte de Robin Hood** , el film ceñía su razón de ser a la última escena y nunca se apartaba del elemento fúnebre. _Robin y Marian_ hablaba de un final y lo hacía acorde al _western_ crepuscular de los años 60, combinándose con el espíritu del nuevo cine comercial de los 70. Esto es, que **Robin Hood no podía tener una muerte tranquila, ni encomendada al amor de Lady Marian**. Robin Hood tenía que morir peleando y esta muerte no podía ser heroica o sacrificial, sino levemente patética, propia de un viejo _cowboy_ que no sabía morir sino con las botas puestas.\n\nUn _cowboy_ **incapaz de abandonar su modo de vida aventurera** incluso cuando el motor ideológico que la había legitimado quedaba en suspenso. En el caso de Robin Hood, la justicia redistributiva (robarle a los ricos para dárselo a los pobres) y la lealtad al rey Ricardo Corazón de León. Esta segunda noción era la primera que desmantelaba _Robin y Marian_ , presentando al rey de Robin como un gobernante déspota y ridículo, a escasos grados de separación de su hermano Juan sin Tierra. Una vez moría y Robin regresaba a Sherwood habiendo perdido su brújula, él podía **escoger entre una vida plácida con Marian o volver a la acción** porque sí, por mera inercia. Como su eterno enemigo, el _sheriff_ de Nottingham (Robert Shaw), estaba tan desorientado como él, le daba la excusa que necesitaba para seguir luchando. Luchar por sus botas, por quien había sido.\n\nAsí de lúcidamente enterró _Robin y Marian_ a Robin. Así de triste pero majestuosamente —no dejaba de ser una película espectacular— despidió Robin y Marian al mito, pues así lo exigía la época. Los 70 exigían la cariñosa ridiculización de Robin Hood tanto como la Modernidad había exigido en su día que **aquel héroe legendario posibilitara una reparación ciudadana ante los crímenes de los poderosos** , entre su oportuna recuperación a manos de Walter Scott con _Ivanhoe_ (1883) y la euforia de Howard Pyle al recopilar las baladas como ágiles cuentos en _Las alegres aventuras de Robin Hood_ (1883). La alegría de Robin Hood ha tenido que ir variando según los tiempos.\n\nEl Robin Hood de Errol Flynn era bastante alegre. **Cómo no serlo, con el Technicolor y la bisoñez del Hollywood de los años 30**. Y también lo era el Robin Hood animal/animado de Disney, algo antes de _Robin y Marian_. Luego estuvo aquel de Kevin Costner representando los excesos optimistas del blockbuster de los años 90, el Robin Hood de Russell Crowe como paliducha ampliación de lo que había sido _Gladiator_ , e incluso un Robin Hood superheroico, interpretado por Taron Egerton en la última iteración antes de que le tocara el turno a Michael Sarnoski.\n\nSarnoski, por su parte, se ha salido con la suya ahí donde Lester no pudo. Su película se titula _La muerte de Robin Hood_ y **quiere ser tan revisionista como** _**Robin y Marian**_ , solo que ajustándose —eso es lo que acostumbra a hacer el personaje— a la época que toca. Y en esta época ocurre algo ciertamente lamentable: Robin Hood, en su construcción arquetípica, no tiene mucho sentido. De alguna forma, **los aristócratas y gobernantes millonarios del presente han logrado hacerse pasar por los nuevos Robin Hood** , reclamando para sí la rebeldía del hombre de verde. Donald Trump y compañía se hacen pasar por los justicieros del pueblo contra unos endebles muñecos de paja —lo woke, la corrupción de la socialdemocracia, el gran reemplazo, lo que sea— y sacan rédito electoral por ello. El príncipe Juan es hoy por hoy el arquero de Sherwood.\n\nAsí que **¿cómo diantres va a funcionar Robin Hood en esta época?** La respuesta es que no lo hace, que no puede. Sarnoski debe ser consciente de ello hasta cierto punto, y por eso la jugada fundamental de esta nueva _Muerte de Robin Hood_ pasa por extirpar cualquier heroísmo que le quedara. **Este Robin Hood, bastante más viejo de lo que fue Sean Connery, nunca ha sido nada parecido a un héroe** , no necesita desengañarse como le pasó a la versión de Lester porque nunca fue más que un forajido y un asesino sin coartada: su mayor aprieto moral viene de comprobar cómo las canciones y la cultura popular le han convertido en alguien que no es, y de los mínimos remordimientos esperables a una vejez solitaria y apartada del mundo.\n\nNo diremos que _La muerte de Robin Hood_ es una actualización oportuna del personaje —francamente, ¿necesitamos algo así a estas alturas?—, aunque sí parece ser lo que debe, lo que toca. **Otra cosa es lo bien que funcione el enfoque de Sarnoski**. A primera vista este director parecía adecuado para un proyecto así. Sus dos películas previas —la fabulosa _Pig_ , la algo más discreta _Un lugar tranquilo: Día 1_ — ya habían jugado con escenarios de catástrofe y derrota, habitados por personajes agotados que deambulaban con el ansia desesperada de encontrar una razón para seguir viviendo. En _Pig_ era una cerdita la que determinaba los pasos de Nicolas Cage, en _Un lugar tranquilo_ el deseo de comerse una pizza en el fin del mundo. El problema fundamental de _La muerte de Robin Hood_ es que esta razón hipotética está totalmente diluida.\n\nAhora es **Hugh Jackman** quien interpreta a Robin Hood. Y tiene su gracia porque nos acordamos inevitablemente del citado (y horrendo) Robin Hood superheroico de Taron Egerton, **estrenado cuando el género no daba la grima que da ahora**. Entonces todavía podían estrenarse películas estupendas como _Logan_ —protagonizada igualmente por Jackman antes de que destruyera del todo al personaje en _Deadpool y Lobezno_ , la farsa correspondiente a la tragedia—, y estas películas, aun queriendo ser crepusculares y “adultas”, se las apañaban para reivindicar unos valores, un disfrute por contar historias desde el ímpetu hipersticional: si seguíamos creyendo en la grandeza de los cómics, esta grandeza se haría realidad. _La muerte de Robin Hood_ quiere efectuar, frente a _Logan_ , el vaciado de estos remanentes, porque este Robin no tiene ningún heroísmo que recordar.\n\n**Robin solo quiere, en fin, morir. Arrastrarse, buscar una zona cómoda donde expirar**. Y puede ser una decisión tan interesante —seguramente a Sarnoski le haría ilusión que mentáramos cosas como el _Lancelot du Lac_ de Robert Bresson, por su austeridad antiépica—, como finalmente arbitraria. Sarnoski se la ha jugado a que como espectadores contemporáneos miremos a este Robin Hood ferozmente contemporáneo —esa es una de las escasísimas virtudes del film— y **nos preguntemos de qué sirve**. Qué podemos sacar de él, ya que es un espejo de la nada y no se esfuerza en convencernos de que merece la pena observarle deambular, acompañarle en su muerte.\n\nY _La muerte de Robin Hood_ es una película aburrida. Espantosamente, obscenamente aburrida. Tal es el resultado, y no lo es tanto por la voluntad crepuscular heredada de Lester y _Logan_ como por la **ausencia de un relato que estructure esta agonía** , uno que Sarnoski ha sido incapaz de encontrar. La prueba está en cómo _La muerte de Robin Hood_ transita por lugares ya vistos en _Robin y Marian_ —Jodie Comer es la priora de un convento a poca distancia de los hábitos que había tomado Audrey Hepburn, mientras que la susodicha muerte vuelve a realizarse en términos similares a los de aquella balada—, **sin lograr dar con una iconografía estimulante**.\n\nSarnoski reutiliza los entornos desérticos y nublados de _Pig_ y _Un lugar tranquilo_ para ambientar la vejez de su personaje, en una continuidad estética que nuevamente (pese a antojarse adecuada para el material) se termina revelando de lo más estéril. **Tras unos primeros minutos de violencia impactante y mal iluminada** —lo necesarios para que Robin encare este viaje final— el film golpea al espectador con una arrítmica sucesión de diálogos apesadumbrados y secuencias rutinarias, que apenas rascan una mínima entidad psicológica. **El film, en resumen, no saca partido del sugerente trabajo fotográfico** o de la entrega de Jackman, y se resigna a esperar una muerte anunciada que, para cuando llega, parece más la prórroga de una siesta que el final de una existencia.\n\nSe resigna, así las cosas, a una defunción totalmente carente de rebeldía. Lo que sin duda es lo peor que podía pasarle al personaje y la prueba, pese a todo, de que **no hay mejor título para lo que acabamos de ver** que _La muerte de Robin Hood_. Nunca una muerte había parecido tan definitiva.",
  "title": "‘La muerte de Robin Hood’, una deconstrucción del mito mortalmente aburrida"
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