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  "publishedAt": "2026-03-10T05:01:14.000Z",
  "site": "https://www.infolibre.es",
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    "Redes sociales",
    "Política"
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  "textContent": "El **malestar social** no surge de repente; se acumula gota a gota. Cuando el cercanías llega tarde otra vez, cuando a fin de mes apenas quedan unos euros, cuando para conseguir una cita médica hay que esperar semanas, o cuando trabajar no deja margen para proyectar una vida digna. Pero no es solo algo personal. **Muchas personas** viven experiencias parecidas. Compartimos **frustraciones y obstáculos** , y reconocerlo como algo colectivo ayuda a entender que nuestras dificultades no son fallos individuales, sino consecuencias de estructuras sociales, económicas y culturales.\n\nGran parte de ese malestar circula y se amplifica en entornos digitales: **redes sociales, plataformas y aplicaciones** que conectan experiencias, pero también influyen en cómo se perciben y se sienten.\n\nImponer agenda siempre ha dependido de tres elementos: **recursos económicos, conocimiento técnico y redes de influencia**. Eso no es nuevo; lo que ha cambiado con las redes sociales es la velocidad y el **alcance con que el malestar se transmite**. Las plataformas digitales multiplican y distribuyen nuestras emociones en cuestión de segundos. Pueden ofrecer explicaciones simplificadas, relatos emocionales o narrativas polarizantes que condicionan cómo vemos y sentimos la realidad.\n\nLa **conversación pública** ya no se construye únicamente en instituciones democráticas ni en medios de comunicación —que nunca fueron completamente públicos—, sino en **plataformas privadas gestionadas por intereses comerciales** que priorizan la atención, la viralidad y el beneficio.\n\nHablar de las redes siempre nos lleva a otra cuestión: el poder nunca ha sido neutral ni plenamente democrático, **tampoco en la revolución digital**. Por entonces, se difundió la idea del emprendedor hecho a sí mismo, que desde un garaje transformaba el mundo gracias a su talento, sin necesidad del Estado. **La realidad es muy distinta**. El sector tecnológico ha estado históricamente dominado por hombres blancos, mayoritariamente heterosexuales y formados en universidades de élite. Las plataformas digitales son un espacio más donde operan las mismas dinámicas de poder que han marcado la historia durante siglos. No es casualidad: desde los orígenes de **Silicon Valley** , algunos ideólogos del sector, como **George Gilder** , alertaban contra lo que llamaban el **“afeminamiento”** del mundo tecnológico, promoviendo un discurso abierto al desprecio hacia la diversidad y a la exclusión de mujeres y minorías. Hoy esa lógica persiste: Meta abandona programas de diversidad, Twitter se rebautiza como X y se impulsa un discurso contra la **“cultura woke”**.\n\nAlgunos lo llaman **tecnofascismo o tecnofeudalismo** , pero quizá el término más adecuado sea tecnocapitalismo: empresarios que buscan enriquecerse a costa de todo, aprovechando la mano de obra gratuita y la atención de millones de usuarios. No hablamos de **señores feudales** medievales, sino de **ricos queriendo ser más ricos**.\n\nAtribuir todos los males al entorno digital sería simplificar demasiado. No se trata de demonizar las plataformas, sino de reconocer que no las gobernamos colectivamente, y que su influencia depende de quién controla lo que vemos y leemos. Al igual que en el **siglo XIX la fábrica era un campo de disputa política** , nunca neutral, hoy el entorno digital funciona de manera similar. En aquel tiempo, el patrón imponía las reglas y podía despedir a quien quisiera si se alzaba la voz; hoy, **las plataformas concentran poder y beneficio privado** , y seguimos jugando en desventaja: no decidimos las reglas del juego y los algoritmos no los controlamos nosotros, aunque determinen cómo percibimos, compartimos y sentimos la información.\n\nPor eso, la batalla no se gana ignorando la tecnología, sino democratizándola. Eso implica exigir **transparencia, regulación, protección de derechos digitales** y modelos alternativos que no dependan únicamente del lucro. Gobernar la esfera digital significa convertirla en una herramienta de información, educación y debate democrático, y no en un instrumento de acumulación privada o manipulación emocional. Entre las medidas concretas están la**responsabilidad fiscal de las grandes corporaciones** , normas claras sobre contenido y diversidad, y estrategias de participación ciudadana que permitan disputar la narrativa dominante.\n\nEl malestar existe y **siempre existirá**. Lo decisivo no es su existencia, sino quién lo cuenta y cómo lo interpreta. Construir sentido común es, al final, una cuestión de poder: quien narra la experiencia compartida define el rumbo político de la sociedad. La pregunta no es si las redes son buenas o malas; el problema es que hoy no las gobernamos nosotros. El **futuro digital dependerá de nuestra capacidad colectiva para disputar esa narrativa** y poner la tecnología al servicio del bien común.\n\n_______________\n\n_**Ángel Muelas**_ _es codirector de ‘Ideas en Guerra’._",
  "title": "Cuando nuestro malestar se hace viral"
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