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"publishedAt": "2026-07-01T11:15:08.000Z",
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"textContent": "Los lefebvrianos han ordenado cuatro nuevos obispos y éstos, según el derecho canónico, han sido automáticamente excomulgados. Les ha impuesto las manos el español Alfonso de Galarreta, hecho obispo en 1988 por Marcel Lefebvre, lo que ya entonces le convirtió en cismático. En 2009 pidió perdón y clemencia por este gesto a Benedicto XVI y fue perdonado. Pero 17 años después vuelve a tropezar en la misma piedra. Si no fuera un drama para la Iglesia católica, lo ocurrido este miércoles en Écône (Suiza) podría considerarse una comedia. Los cuatro nuevos obispos han jurado nada más comenzar la ceremonia «combatir y perseguir a los herejes y cismáticos» y a quienes se rebelen «contra el Papa y sus sucesores». «Recibiré por mi parte con humildad las órdenes de la Santa Sede y las cumpliré con el mayor cuidado posible», han declarado.Parece que para ellos las palabras no siempre cuentan, pues en este caso la advertencia del Papa de que ser ordenados obispo sin su permiso constituye un «delito cismático» era suficientemente explícita.Noticia relacionada general No No León XIV, ante su propio Lutero: el cisma de los tradicionalistas lefebvrianos Javier Martínez-BrocalA primera hora de la mañana, ataviados con zapatos blancos y dalmáticas los cuatro nuevos obispos han entrado en procesión para la misa en la pradera de Écône. Vestían los mismos paramentos que sus predecesores en 1988, cuando ordenó obispos Marcel Lefebvre, y Galarreta ocupaba el mismo trono que Lefebvre usó entonces. La ordenación suele comenzar con la lectura de la bula con la que el Papa hace el nombramiento. En este caso no había bula, y el secretario general de la institución ha leído un texto compuesto por el superior de los lefebvrianos, Davide Pagliarani, para explicar la situación supuestamente «extraordinaria» que los ha llevado a proceder unilateralmente.«Consideramos que las eventuales penas y censuras contra este acto no tienen ningún valor», declaran.«Es la Iglesia católica y romana, siempre fiel a las tradiciones recibidas de los apóstoles, la que, en circunstancias totalmente excepcionales, nos exige que velemos por la salvaguardia de estas tradiciones», justifica. «Desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, las autoridades de la Iglesia se han visto animadas por un espíritu contrario a la fe y han actuado en contra de la santa Tradición. Ya no soportarán la sana doctrina», acusa. Termina con otra declaración unilateral: «Por estos motivos, consideramos que las eventuales penas y censuras contra este acto no tienen ningún valor». «Permaneced inmóviles»En un lugar privilegiado cerca del altar Pagliarani ha seguido la ceremonia y se ha encargado de pronunciar la homilía. «Nunca jamás retrocedáis. Eso es lo que significa ser como una serpiente. Darse cuenta de la doblez, de la ambigüedad, de la astucia que está en el mundo», les ha intimado. «Permaneced inmóviles antes de reaccionar como una serpiente», ha añadido. Galarreta, de 69 años, es el obispo lefebvriano que condujo los diálogos con el Vaticano entre 2009 y 2011, que concluyeron sin acuerdos. Nació en Torrelavega en 1957, pero durante su infancia emigró a Argentina. El gesto que ha cumplido con rostro serio y cansado este 1 de julio es de extrema gravedad para la Iglesia católica, pues concreta su desobediencia al Papa. Es grave también para los nuevos obispos lefebvrianos, el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.«¿Quieres ser fiel a todo lo que diga el Papa y sus sucesores?», les preguntaba uno a uno Galarreta. «Volo» (quiero), han contestado en latín. «¿Quieres vivir la humildad y la paciencia y enseñarla a los otros?» «Volo!», han respondido.La excomunión es automática para los cuatro nuevos obispos y para quienes los han ordenado. La excomunión es automática para todos ellos y para el obispo lefebvriano Bernard Fellay, quien ha intervenido en la ceremonia como co-consagrante. Para la declaración de cisma hará falta un pronunciamiento formal de la Santa Sede, que podría llegar ya hoy o, más probablemente, mañana. Antes del acto, el cardenal Gerhard Müller ya había anticipado el desenlace. «Se comportan como Lutero hace cinco siglos: aceptaré al Papa cuando el Papa acepte mi idea de la tradición. Todo esto es ridículo», resumió en una entrevista en el Corriere della Sera.El cielo no ha asistido en silencio. Al final de la ceremonia, igual que ocurrió en 1988, ha estallado una tormenta. Los obispos, los sacerdotes y las monjas que asistían a la ceremonia han estado a cubierto y no se han mojado. Pero los miles de peregrinos, unos 17.000 adultos según la organización, se han empapado. El tiempo dirá hasta dónde les salpicará esta excomunión.",
"title": "Un español desafía al Papa y ordena a los cuatro obispos lefebvrianos"
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