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El verano que pone a prueba a las familias de niños con necesidades especiales

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] July 1, 2026
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Mientras la mayoría de las familias cuenta los días para que lleguen las vacaciones, hay otras que afrontan el verano con una mezcla de incertidumbre , cansancio y preocupación. Para muchas familias con hijos con necesidades especiales, la época estival no supone precisamente un descanso . Al contrario: la desaparición de las rutinas escolares, de las terapias y de buena parte de los apoyos que sostienen el día a día durante el curso convierte estos meses en un auténtico desafío. Durante el año, el colegio, las actividades extraescolares, las terapias y los profesionales de referencia proporcionan una estructura que aporta estabilidad tanto a los menores como a sus familias. Sin embargo, cuando llegan las vacaciones, gran parte de ese entramado desaparece durante semanas. Lo que para muchos niños significa libertad y desconexión, para otros puede traducirse en cambios difíciles de gestionar y en una mayor necesidad de supervisión, apoyo y acompañamiento.«Paradójicamente, el verano no siempre es un tiempo de descanso», explica Ana González, psicóloga sanitaria especializada en neurodesarrollo y fundadora de Busca & Encuentra. «Durante el curso existe una estructura diaria que aporta seguridad y apoyo; cuando llega el verano, gran parte de esa red desaparece y las familias se enfrentan a jornadas muy largas con pocos recursos disponibles». La pérdida de las rutinas tiene un impacto que va mucho más allá de la organización diaria. Los entornos escolares y terapéuticos no solo ofrecen aprendizaje, sino también relaciones sociales, hábitos saludables, predictibilidad y bienestar emocional. Cuando todo ello desaparece de forma repentina, pueden aumentar la ansiedad, las dificultades para dormir, los problemas de conducta o la necesidad constante de supervisión. Y aunque quien experimenta directamente estos cambios es el menor, la carga acaba extendiéndose a toda la familia.A ello se suma una realidad de la que se habla poco: la soledad social. Muchos niños y adolescentes con necesidades especiales mantienen gran parte de sus relaciones dentro del ámbito educativo. Cuando terminan las clases , esos contactos se reducen o desaparecen temporalmente. Son entonces los padres quienes asumen la responsabilidad de buscar actividades, organizar planes, favorecer encuentros y sostener emocionalmente a sus hijos durante unos meses en los que las oportunidades de socialización suelen ser menores. Recursos insuficientes para un verano muy largo.Noticia relacionada general No No Actualización de la CUME El Gobierno incluye el autismo en las ayudas por cuidado a niños enfermos Carlota FominayaLos campamentos adaptados y especializados se han convertido en uno de los recursos más valiosos para muchas familias durante las vacaciones. Sin embargo, la demanda sigue superando ampliamente a la oferta. Las plazas son limitadas, los programas no siempre cubren todo el periodo vacacional y, además, existen importantes diferencias según el lugar de residencia. «La realidad es que el verano es muy largo y los recursos disponibles son insuficientes para responder a las necesidades de todas las familias», señala Ana González. A esta falta de plazas se suman, en muchos casos, unos costes elevados y la dificultad para encontrar programas preparados para atender a menores con necesidades de apoyo más intensas.Viajar no siempre es un placerLa planificación de las vacaciones tampoco resulta sencilla. Mientras algunas familias pueden improvisar una escapada o decidir sobre la marcha qué actividades realizar, aquellas que conviven con necesidades especiales suelen necesitar una organización minuciosa. Aspectos como la accesibilidad de los espacios, los tiempos de espera, el ruido, las aglomeraciones, la disponibilidad de zonas tranquilas o la existencia de personal formado pueden marcar la diferencia entre una experiencia positiva y una situación muy estresante. Aunque en los últimos años se han producido avances en materia de accesibilidad e inclusión, muchas familias consideran que siguen siendo insuficientes. Encontrar alojamientos adaptados, restaurantes comprensivos con determinadas necesidades sensoriales o propuestas de ocio realmente inclusivas continúa requiriendo una importante inversión de tiempo y energía.Además, el verano incorpora una preocupación añadida: la seguridad. En entornos como playas, piscinas, campamentos o espacios muy concurridos pueden existir riesgos específicos para algunos menores con autismo, discapacidad intelectual o grandes necesidades de apoyo. Las conductas de fuga, las dificultades para comunicar una situación de peligro, la desorientación o una menor percepción del riesgo aumentan su vulnerabilidad. A ello se suman factores como las altas temperaturas, los cambios de rutina o la sobrecarga sensorial que pueden favorecer situaciones de desregulación. «No se trata de alarmar, sino de entender que existen riesgos específicos y que la prevención puede reducirlos significativamente», subraya la experta. Por ello, los especialistas reclaman una mayor formación para monitores, socorristas, personal de campamentos y servicios de emergencia, así como más medidas de accesibilidad cognitiva y sensorial en los espacios de ocio y vacaciones.MÁS INFORMACIÓN noticia No El curso escolar terminará y arrancará con protestas y más presión sobre la ministra de Educación noticia No Sobre la crianza de su hijo autista: «Le encanta ir a los partidos, pero porque está viendo películas en la tablet» noticia Si El servicio pionero que impulsa la inclusión laboral de autistas en Madrid noticia No Ahora que todo es salud mentalPese a estas dificultades, los especialistas insisten en la necesidad de ampliar los recursos disponibles durante los meses de verano y avanzar hacia una oferta de ocio más inclusiva. También reclaman una mayor formación para profesionales que trabajan en campamentos, actividades deportivas, espacios de ocio y servicios de emergencia, con el objetivo de responder adecuadamente a las necesidades de estos menores y sus familias. En este contexto, González recomienda rebajar la presión que muchas familias sienten durante las vacaciones. «Cada familia tiene una realidad distinta y, en muchos casos, lo más importante es construir un verano posible, con expectativas realistas, rutinas flexibles y espacios de bienestar para todos sus miembros», señala. Un planteamiento que, según la especialista, puede ayudar a afrontar un periodo que para miles de familias está más asociado a la reorganización de apoyos y cuidados que al descanso.

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