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Los viajeros subterráneos

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] July 1, 2026
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Naturalmente, Madrid tiene su censo de ciudadanos de superficie y su censo de ciudadanos de subsuelo. Quiero decir que tenemos los que hacen ciudad a pie, entre escaparates y glorietas, y luego estamos los otros, los viajeros subterráneos, que descendemos a diario a ese otro Madrid de túnel , corriente de aire y andén, como quien baja a la jornada minera, pero con abono transporte. El metro, alcalde, es una de las grandes invenciones de la civilización. También una de sus resignaciones. Nos ahorra distancias, y nos lleva con seguro reprís de un extremo a otro de la ciudad, pero tiene algo de penitencia cotidiana, mayormente cuando aprieta el calor y uno descubre en el viaje bajo tierra la modernidad del infierno. Madrid presume, con razón, de su red subterránea, que es extensa, puntual muchas veces, y hasta admirable. Pero una ciudad puede tener un gran metro y, al mismo tiempo, una ciudadanía fatigada de esperarlo, o de soportarlo. Es lo que hay. Las virtudes generales no evitan los sofocos particulares. Hay una humanidad específica de andenes, alcalde. Gente que no parece esperar un tren, sino una revelación. Ejecutivos con la corbata ya moralmente deshecha. Muchachos que escuchan música con la devoción con que otros escuchaban misa. Señoras con bolsas de compra que han hecho del equilibrio en vagón una disciplina olímpica. Jubilados que miran el panel luminoso con la paciencia de quien ya ha aprendido que la vida, en el fondo, es una espera. Y luego está el fenómeno del vagón lleno, esa democracia del apretón donde desaparecen de pronto las clases sociales y sólo queda la condición universal del prójimo comprimido. Uno entra con dignidad y sale con intimidades involuntarias. Hay quien conoce antes el desodorante ajeno que el nombre del vecino de escalera. El subsuelo es una condición tropical.

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